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BUSCANDO UN EQUILIBRIO

El FMI, Guarino y el ajuste

Vie, 13/11/2020 - 7:59am
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Demasiadas tonterías sobre el futuro acuerdo con el Fondo Monetario Internacional se lee y se escucha por estas horas. Es previsible que la izquierda que nunca llegará al poder cuestione todo pero es más complicado cuando lo hacen quienes gobiernan. No es comparable Excursionistas o Barracas Central con River Plate o Boca Juniors.

Kristalina Georgieva y Martín Guzmán
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Kristalina Gueorguieva y Martín Guzmán.
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El Fondo Monetario Internacional es "un banco" que no cambió nada, tal como sí pretende afirmar, dijo el periodista Julián Guarino en la pantalla de C5N. El FMI no es un banco debería conocer quien, además, es el responsable de Economía del diario Ámbito Financiero.

El FMI es un organismo multilateral que, junto al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (más conocido como Banco Mundial), integran las instituciones definidas en la pos 2da. Guerra Mundial, en los acuerdos llamados 'de Bretton Woods'.

Pero es muy interesante el concepto de "banco" que mencionó Guarino en su editorial televisivo porque expresa lo que opina la multitud de personas que argumenta acerca de estos temas con la frivolidad argentina que provocaba que casi todos fueran especialistas en táctica militar durante la guerra de Malvinas o que exhiban dotes de director técnico cada vez que hay un partido de fútbol en la pantalla o puedan opinar sobre epidemiología y vacunas ahora que hay una pandemia.

De todos modos, hay un concepto válido acerca del FMI ya sea "banco" u organismo multilateral: administra recursos que no son propios. En el caso de una entidad bancaria, los recursos son ahorro de los depositantes. En el caso del organismo multilateral son las cuotas que aportan los países integrantes.

No es menor esta definición que, sin duda, un periodista preparado como Guarino debe conocer: cuando la Argentina incumple con el FMI en verdad le deja de pagar tanto a Perú, Brasil y Colombia como a China, USA y Alemania o Pakistán. Enfrentarse con el FMI es chocar con un 'board' o Junta de Gobernadores de la que participan 188 países además de la Argentina, que son los acreedores, más allá de que el gobierno estadounidense tenga una participación destacada porque es el que tiene la cuota-parte más abultada del FMI.

188 funcionarios que informan a sus cancilleres, ministros de Economía y líderes empresariales, además de financistas privados, qué está ocurriendo con ese país polémico Nº189.

Es importante tenerlo presente porque los 'todólogos' argentinos tienden a construir una falsa idea del FMI como fuerza supranacional con dinero e intereses propios, y esto provoca un error muy grave: desconocer que existen normas y patrones de conducta entre los países, y transgredir tiene el riesgo de convertirse en... Venezuela, por utilizar un estándar tan escuchado en estos días como sinónimo del aquelarre.

Es cierto que el pésimo gobernante Mauricio Macri abusó de la idea que el influenciable 'loser' Donald Trump 'compró' del kirchnerismo, y así fue como el FMI se convirtió otra vez más en corresponsable de la deuda que la Argentina acumuló con el propio FMI. Pero esto no se resolverá enojándose con el FMI. Y es una estupidez suponer que Joe Biden es León Trotsky.

El fondo del Fondo

Ahora bien, ¿por qué el enojo de Guarino?

En verdad, él estaba haciéndose eco de un malestar que recorre el interior de buena parte del Frente de Todos: ¿por qué el gobierno nacional y popular tendrá que hacer el ajuste fiscal que no hizo Macri?

Pero es un interrogante incorrecto porque lo que el FdT (antes Frente para la Victoria) está cuestionando es que Macri haya logrado saltarse el ajuste que le había dejado de herencia a Macri... y ahora le vuelve a caer al FdT que ya no puede evitarlo.

Este cronista recuerda una tarde en el ex Banco Comercial del Norte, donde Ricardo Arriazu -todo un atrevimiento juntarse con él en un diario Clarín que todavía seguía aferrado al frigerismo y su incomprensión de los fenómenos monetarios- explicaba los fundamentos de lo que se denominó 'tablita de convergencia', y la pregunta, ante tanta coherencia teórica, fue: "Pero ¿qué falló, entonces?".

Arriazu, que no era la 'vaca sagrada' que es hoy día sino que en un mal llamado 'establishment' tan 'panqueque' como siempre tenía trabajo sólo porque Federico Zorraquín se había atrevido a desafiar a casi todos, respondió: "Es que en 1978 los militares decidieron ser populares". Por lo tanto, gastaron un dinero que no podía financiarse en forma genuina, y no hubo 'convergencia'.

La anécdota permite comprender que la fascinación por el gasto público que no se puede financiar excede a los civiles demócratas y también se remonta a aquellos militares procesistas. Son muy breves los fragmentos históricos en los que la Argentina alcanzó un equilibrio fiscal.

Ahora bien, en vez de reconocer que esos procesos estuvieron asociados a baja inflación y buen crecimiento, la mayoría de los líderes políticos argentinos reivindica vivir de prestado, ya sea con el dinero que se pide y luego no se quiere pagar o lo que es más grave, provocando inflación, que es una forma de gravar injustamente a toda la población, destruyendo la moneda propia, agravio que comienza por los más pobres.

Si los líderes argentinos tuvieran esto asumido, no haría falta ningún FMI. Es más: los informes periódicos del FMI no provocarían demasiada atención aún cuando fuesen negativos.

El Señor de las Tijeras

La Administración Fernández sabía que llegaría este ajuste inevitable luego de la horrible experiencia de Macri. No puede manifestarse sorprendida. ¿O es que no lo sabía? Esta sospecha provoca terror.

Todos sabemos que asumir el poder fue para resolver cuestiones judiciales antes que de gobernanza.

Y el debate interno que ha comenzado llega con retraso consecuencia de la pandemia pero tendría que haber comenzado antes.

Sin embargo, sorprende que el ministro Martín Guzmán haya tenido que esforzarse para convencer a Alberto Fernández que no hay alternativa. Y lo que más llamativo resulta es que la realidad haya tenido que sudar tanto para convencer al propio Guzmán de lo que era obvio.

¿Realmente creían que el papa Francisco haría un milagro para su futura beatificación?

Este cronista recuerda una reunión con otros periodistas en el FMI años atrás, cuando apareció toda esta discusión sobre los ajustes, y el economista que respondía los interrogantes dijo algo clave: "El Fondo no dice cómo tienen que hacerlo sino que explica lo que hay que corregir en un programa de estabilización. Si el país en cuestión decide hacerlo de forma equitativa, mucho mejor; y si consigue que lo respalde también la oposición, estupendo".

Nada ha cambiado desde aquellos días de Michel Camdessus a este presente de Kristalina Gueorguieva porque, en definitiva la Argentina tendrá que reducir su déficit fiscal en forma permanente y sostenible ya que no puede financiar su gasto público demasiado elevado para sus recursos disponibles. Hay que asumir que el mundo no cambiará. Que si todos los autos van de contramano en la autopista es porque uno está equivocado.

Hay dos formas de hacerlo: en forma planificada y proactiva o en forma traumática.

Luego, son los líderes argentinos quienes deben encontrar una mística del ajuste, y es el oficialismo el que tiene que buscar cómo ingresar a la oposición en el esfuerzo porque esto no termina en 2023 sino que recién comienza. Y si la oposición cree que heredará el Gobierno consecuencia de que el ajuste erosionará al oficialismo, sólo hay que compadecerlos y preguntarles ¿Quién los asesora, Macri? Já.

Aclarado esto y para no hacer más larga la nota -Roberto García siempre se enojaba en la Redacción de Ámbito con las notas largas e impaciente le dijo a este cronista: "Si querés que se lea que no tengan más de 25 renglones", y ya me he excedido-, no será enojándose con el FMI como se resolverán estas cuestiones. Es hora que los políticos trabajen de políticos y no sean tan holgazanes que no pueden parir ni un miserable acuerdo.