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Masturbación y sexo oral: Sepa todo acerca del 'servicio' que se le presta a los hombres

Masturbar a un hombre o hacerle sexo oral no deja de ser un "servicio" que se le presta, aunque sea con todo el amor del mundo. Ellos la pasan muy bien y lo agradecen mucho. La cuestión es ¿qué saca la mujer de todo ello?

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) La mayoría de las mujeres que acceden con buen talante a realizarle este tipo de práctica a sus parejas le sacan no poca satisfacción a hacerlo. Y extraen de ello diferentes tipos posibles de satisfacción. Claro que existen mujeres a las que no les gusta tener este tipo de experiencias. En unos casos se trata de una posición ideológica: no hacer nada que alimente el papel sumiso de la mujer en la sociedad y en las relaciones de pareja..., ¡y menos aún si no hay reciprocidad!
Pero en otros, es una cuestión de escrúpulos: por mucha higiene que haya, existen mujeres que no soportan la idea de tocar el pene con las manos y, mucho menos, utilizar la boca para estimularlo. Hay señoras que no sienten empacho alguno en masturbar a sus hombres, por ejemplo, pero no soportan encontrarse con el semen en sus manos tras la eyaculación.  Razón por la que finalmente terminan rechazando masturbar a sus parejas si no tienen un condón puesto. En no pocas ocasiones, a otras mujeres les encanta practicar sexo oral a sus parejas, por ejemplo, pero como sienten ese rechazo visceral al semen (que dicho sea de paso, es un producto de secreción -glandular y limpio- y no de excreción -de desecho y sucio-) no pueden admitir que él eyacule en la boca. A veces, incapaces de decírselo por temor a que se sientan dolidos, evitan el sexo oral para no encontrarse en esa tesitura (podrían acabarlo, manualmente, fuera de la boca). A otras mujeres no les importa que ellos les eyaculen en la boca durante el sexo oral, pero se niegan a tragar el semen. A ellas hay que decirles que no es obligatorio ingerir el semen en la felación porque no añade placer al chico, aunque psicológicamente se sienta mejor aceptado. Pero pueden deshacerse del semen sin ningún problema. Tener un pañuelo cerca para escupirlo ahí es una buena opción, emocionalmente mejor para el chico que salir corriendo al baño para escupirlo. Es obvio que en estos casos, como en todos, hay que respetar la posición de cada cual respecto a estas prácticas, en su totalidad, o en algunos aspectos parciales de las mismas, y negociar el tipo de actividades que se está dispuesto a compartir. Porque de eso se trata: de compartir y dar las contraprestaciones pactadas. Que uno sólo de los miembros de la pareja mantenga siempre el papel activo en este tipo de prácticas resulta al final disfuncionante y ocasiona roces, recelos, hostilidad y, finalmente, ruptura (física, emocional o ambas a la vez). No obstante, en ocasiones, si uno de ellos no puede realizar una de estas actividades, no se le puede obligar a hacerlo. Pero se puede acordar el tipo de satisfacción que van a intercambiarse. Hay mujeres con una infinita capacidad de asombro, que encuentran atractivo ese comportamiento independiente que parece tener el pene al manipularlo. Les gusta verlo en erección, les encanta contemplar los cambios que experimentan sus amantes en sus rostros cuando llegan al orgasmo, y les gusta observar el fenómeno de la eyaculación. Son misterios masculinos que ven desvelados, de algún modo, cada vez que practican alguna de esas dos actividades. Eso, ya les resulta una fuente de satisfacción por sí sólo.
En la mayoría de las ocasiones, las mujeres que aplican estas técnicas a sus hombres encuentran que les resulta placentero ocasionarles a ellos esas sensaciones. Y disfrutan verdaderamente del todo el proceso. Les encanta ser capaces de estimularlos, contemplar en sus rostros cómo avanza la excitación, ver cómo tensan el cuerpo durante el orgasmo, comprobar las contracciones de la eyaculación en el pene. En definitiva, encuentran placer en su capacidad de darle placer al otro. Y esa sensación les hace sentirse más unidas a ellos y estrecha los vínculos afectivos de la pareja. Sobre todo cuando este tipo de atenciones es recíproca. Hay mujeres que encuentran en este tipo de actividades sexuales satisfacción para sus necesidades de dominio o de poder. El hecho de ser ellas las que ocasionan la erección del pene, de retrasar el placer de él las veces que se les antoja, provocarles la eyaculación (más que el orgasmo) y contemplar cómo el pene termina perdiendo su rigidez gracias a la actividad mantenida por ellas, les genera una sensación de poder muy gratificante. Lo más habitual es que estos tres tipos de sensaciones (curiosidad, goce por dar placer, y sensación de dominio) se encuentren mezcladas en una combinación que tendrá cada ingrediente en diferentes grados de intensidad. En definitiva, cuando estas dos actividades son libremente consentidas, dejan de ser un servicio que se le presta a otro para formar parte del arsenal de recursos existentes para afianzar los lazos de la pareja. Tanto por el placer que se le proporciona a él, como por la satisfacción que produce a ella dárselo.