Los científicos, ya se sabe, necesitan respuestas concretas y racionales para todo, incluso, para hablar de cosas tan inconcretas e irracionales como los sentimientos. Ni siquiera el amor, el rey de todo lo ilógico, ha podido escapar a este afán racionalizador y desde hace décadas la ciencia ha venido desmenuzando ese complejo conglomerado de sensaciones y convulsiones exclusivas del ser humano, buscando explicaciones físicas, químicas, fisiológicas o psicológicas que puedan dar cuenta de este cataclismo en que se convierten el cuerpo y la mente de los enamorados. El amor romántico -no confundir con el deseo sexual- está considerado como el más poderoso de todos los sentimientos. Capaz de sobreponerse a cualquier otro instinto, incluido el de supervivencia, el amor no conoce limitaciones. Por amor se mata y se muere, se deja de comer y de dormir. Por amor las emociones suben y bajan en una montaña rusa, de la depresión a la euforia sin solución de continuidad. La imagen de la persona amada puede tornarse en algo obsesivo y ocupar toda la atención y la capacidad de concentración de una persona, incapacitándola para muchas otras tareas. * Comienza el romance También los científicos, por supuesto, se enamoran. La única diferencia es que ellos quieren saber exactamente por qué. Un equipo de expertos de la Universidad Estatal de Nueva York, encabezado por el neurólogo Arthur Aron, un antropólogo y un psicólogo social, acaba de establecer por vez primera qué zonas de nuestro cerebro se activan, y con qué intensidad, durante el enamoramiento y las primeras fases de un romance. Y han encontrado que el proceso del amor tiene mucho más que ver con la espera de una posible recompensa que con emociones o instintos puros, incluido el sexual. Por lo menos eso es lo que revelan las imágenes cerebrales (obtenidas con resonancia magnética) de diecisiete jóvenes universitarios (diez mujeres y siete hombres), todos ellos enamorados recientemente (entre hace uno y diecisiete meses), es decir, desde el momento de máxima ebullición amorosa hasta la frontera misma de una relación a largo plazo. * Urgencia biológica El estudio se publicó ayer en el "Journal of Neurophysiology" y su conclusión más relevante podría resumirse en el hecho de que el amor romántico es un auténtico estado de 'urgencia biológica', pero completamente distinto -y mucho más fuerte-, que el deseo sexual. El perfil neurológico del amor, explican los autores, está más cerca al del hambre o la ansiedad que a un estado emocional 'puro' que implique afecto o excitación. A medida que una relación se hace más profunda y estable, los escáneres cerebrales sugieren, además, que la actividad neuronal relacionada con el amor romántico se altera levemente y pasa a centrarse en zonas «más profundas» del cerebro primitivo. Los participantes en el estudio contemplaban alternativamente una foto de la persona amada y otra de un conocido al mismo tiempo en que se les realizaban los escáneres. Los científicos comprobaron una mayor actividad en el núcleo caudado derecho, una zona del cerebro que en los mamíferos está asociada a los mecanismos de motivación y recompensa y muy alejada de la zona que regula la atracción sexual.
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Revelan que el enamoramiento está más cerca del hambre que del afecto
Científicos de USA captan las primeras imágenes de la reacción del cerebro de los enamorados. Los escáneres demuestran que el amor romántico estimula la mente con mayor fuerza que la atracción sexual (Por José Manuel Nives, Madrid).
06 de junio de 2005 - 11:15






