OPINIÓN

Adiós a la re-reelección, y lupa sobre Lázaro, Cristóbal y otros

La re-reelección no tiene chance. Es un sueño de noches que ya pasaron, para la mayoría de los se alistan para la competencia que ya comienza: el país que viene. Tal como acostumbra en los finales de época en la Argentina pendular, también habrá redistribución de negocios, y varios empresarios contemplan absortos: unos, cómo hacen para defender sus privilegios adquiridos durante estos años, y otros cómo hacen para quitárselos. Cuidado: algunos pueden perderlos solamente por su torpeza y genuflexión en el cumplimiento de los deberes que les pide ella, en su ocaso.

 

por ROBERTO GARCÍA
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES. Por suerte para ellos, Mauricio Macri y Hugo Moyano no tendrán el desenlace tragico del poeta Rilke (Rainer Maria), quien murió por tocar una rosa. Más precisamente, la espina de una rosa. Asi cuenta la leyenda lírica, aunque otros le atribuyen el fin a la vulgar leucemia. Pero el  ingeniero  y el sindicalista que esta semana intercambiaron una rosa blanca sin ninguna prevención sanitaria  --al menos a las que podría recurrir cualquier informado lector de los versos del checo que fue amante de la esplendida Lou Marie Salomé--, en todo caso se preocuparon por exhibir una concordia política casi revulsiva para el oficialismo, iniciativa que además comparten con un generico frente cívico sin nombre que incluye a otros dirigentes del peronismo. No necesitan bautismo, interesa más la fotografía, tanto para propios como para enemigos. Hay que sumar en la conveniencia al candidato presidencial José Manuel de la Sota, al gobernador Daniel Scioli, al intendente Sergio Massa y al politizado empresario Francisco de Narvaez. Siguen los nombres. Gente que, en principio, comparte un mismo criterio sobre lo que no quiere (la re-reelección de Cristina de Kirchner, por ejemplo) más que coincidencias sobre lo que verdaderamente quiere. Característica humana bastante común, casi siempre relacionada con las actitudes que provoca un antagonista, alguien que se ubica enfrente, hostil.
 
Van juntos entonces contra la pretensión onírica de Cristina Eterna. Saben o intuyen que, al decir de ciertas formaciones cercanas al Gobierno --de la hoy declinante Campora, con parcial jibarización de algunos jefes (caso José Ottavis) al promovido sucedáneo Unidos y Organizados, con menos acné y fernet-- el acontecimiento del 7D contra Clarin es apenas una pelea de semifondo, ya que el combate por el título nacional será el año próximo con el intento de continuidad cristinista. Si el escrutinio ayuda y los precios –no de la canasta familiar—se mantienen. Obvio: se une el contingente debido a que la permanencia sine die de la señora Fernandez en el cargo inhabilitaria cualquier otro sueño presidencial, inherente hoy a estos defensores de la Constitución. Salvo De Narváez, quien no puede aspirar al cargo por su origen extranjero. De ahí que trate de imponer, para no devaluarse como un par relevante, que sus potenciales asociados en la causa guarden por el momento la exigencia de ser candidato. No lo consigue con De la Sota, el más activo hoy en primerear en la campaña (hizo entre 6 y 8 actos de entretenimiento cordobés en todo el país, estrena en la capital federal el 2 de diciembre).
 
La implicita unidad persiste a pesar de los atajos, siguen pegados por la expectativa de la manifestación popular contra la re-reelección del próximo 8N, en la que no serán protagonistas a pesar de que tal vez contribuyan a la movilización. Tan curiosa esa adhesión sin presentarse a la convocatoria --ninguno quiere atravesar la rechazada intrepidez de Elisa Carrió cuando ella quiso subirse al palco de la protesta del campo, en el 2008-- como la singular situación de Cristina: éste frente le imputa (hay que incluir tambien a radicales y a socialistas) la vocación perpetua de gobierno justo cuando más circulan versiones sobre una presunta pérdida de voluntad para encabezar otro ciclo, sea o por cuestiones de salud, o dificultades para dormir, o dolorosas quejas musculares, o complicaciones familiares, o desaveniencias de sus funcionarios  (lo que ha transformado su caracter en más irascible), hartazgo e impotencia frente a la sucesión de problemas en su mayoría generados por su propia gestión más que en la morbosa autoría de corpos destituyentes, según le soplan los organismos dedicados a vender miedo para sobrevivir.
 
El foco contra la re-re no se detiene en la política. Aparece en otros sectores, por ejemplo la Unión Industrial. Si bien el titular José Ignacio de Mendiguren puede invocar lo que otras gestiones no consiguieron --la deseada nueva ley de ART--, ese premio no le alcanzaría para hacerse reelegir en el instituto, a pesar del impulso, la venia y cierta complicidad del gobierno. Mas que objecciones personales, los distintos grupos empresarios se han dispuesto a mantener la alternancia comprometida hace años entre sus miembros y, a pesar de las tentaciones, rechazar un cambio institucional. Inclusive, a pesar de que no disponen --como en la Corte Suprema, casi con un único y repetido titular, Ricardo Lorenzetti, debido a incapacidades o limitaciones de los otros magistrados—de postulantes para suceder a De Mendiguren. Tanto que hasta han imaginado alternativas como la invitación a una figura profesional  (como Daniel Funes de Rioja en la cámara de alimentos) o un empresario notorio ajeno a la política de la UIA. 
 
Pero la rueda gira sobre los clásicos que avalarán Techint y Arcor, de Cristiano Ratazzi a Miguel Acevedo de la cerealera Aceitera General Deheza, del joven José Urtubey –el bueno de esa familia salteña-- al veterano Héctor Mendez. No abundan otros y, en rigor, estos hombres exhiben condicionamientos de sus propias empresas y, además, pueden padecer la ofensiva declarada del “expropíese” Guillermo Moreno, verdugo de cualquier aspirante que no sea De Mendiguren. Aún asi, la voluntad de los industriales resiste: si no vamos a apoyar propuestas de re-reelección presidencial tampoco podemos ejercer ese privilegio en nuestra casa.
      
Pero esa elección no constituye una urgencia, más bien los empresarios se distraen hoy por peripecias de colegas, especialmente por un par de eminentes boligarcas (denominación que le cabe al grupo de amigos-bendecidos por el gobierno, tipo Lázaro Baez, posible candidato a gobernador en Santa Cruz) como los hermanos Cirigliano y el zar del juego, Crístóbal Lopez. El fallo que procesó a los Cirigliano y se olvidó de otros funcionarios parece preocupar a varios (si los frenos no fallaron, ¿cómo el maquinista quedó exculpado?, se preguntan), inquietud que tampoco se desvanece por el hecho de que no los hayan enviado a prisión tal como parecía descontarse. Ingresaron los hermanos al capítulo apartado que tambien integra la familia Eskenazi y, si bien se reconocen tangentes aleatorias, sorprende que gente tan vinculada a la Administración haya quedado desguarnecida.  
 
Otro nombre en danza de esos mentideros corresponde a López, quien aguarda el permiso del Banco Central para quedarse con un banco y cumplir un sueño que no alcanzan siquiera los popes lúdicos de Las Vegas ni otros menos conocidos del mismo negocio, rusos u orientales: disponer en una sola persona de la fabrica de dinero y de la entidad financiera que lo desvía, para utilizar términos que no sean agresivo. Si no fuera la Argentina, donde los controles son tan exhaustivos por parte de la Afip, habría sospechas tenebrosas sobre esa conjunción especial. 
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Por su meteórico éxito, seguramente, Lopez es considerado con alguna envidia como un agigantado nuevo rico, quizás por su nueva debilidad por los caballos de Palermo, el triunfo en las carreras, su interes por los equinos de raza criolla, los autos de turismo especial con talleres propios para que compitan sus hijos y, tambien, una vida más disipada que la austera que lo caracterizaba como workholic de la lejana Chubut. Hombre amplio de conexión evidente con Cristina y sus estamentos, pero de comunión frecuente con Scioli –tema que provoca dolores de cabeza entre los seguidores de la mandataria--, quien en su estreno mediático de los últimos dos meses le atribuyen más intencionalidades políticas que informativas (su antecesor en la empresa, Daniel Hadad, aseguran que dice: "Yo no hacía ni permitía ciertas cosas"), con tendenciosos informes sobre el gobernador Sergio Peralta y el intendente bonaerense Jesús Cariglino
 
Ambos le respondieron con dureza, como si fuera el propio gobierno, al margen de que determinadas carpetas se enarbolan como amenazas (por ejemplo, una referida a colaboradores inmediatos como Fabian de Souza). Lo concreto es que, como posible represalia por los agravios, Peralta le aumentó el canón del juego y le intervino areas petroleras, y Cariglino directamente le quitó la concesión de un casino en Los Polvorines. Por supuesto, todo es precio, se negociará de vuelta –le sobran a Lopez condiciones en ese aspecto—pero se admite en el mundo empresario que, por el momento, el experto en casinos pasó de apretador a apretado.