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EL HARTAZGO Y LA NECESIDAD DE LOS JÓVENES

Fiestas clandestinas y una batalla que se anticipa "perdida"

Lun, 28/09/2020 - 1:12pm
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Por Urgente24

Las fiestas desarticuladas este fin de semana en territorio porteño, donde desde la semana pasada, se habilitó a bares y restaurantes, son noticia hoy en muchos canales de TV. Pero lo cierto es que no son nuevas, ni tampoco únicas y muchos menos exclusivas de los bares. Exceden ampliamente a la Ciudad y se registran día a día a lo largo y ancho del país. ¿Por qué? Porque para un sector muy amplio de la sociedad, ya no manda el "miedo", sino la "necesidad" y el "hartazgo".

Las fiestas de fin de año, ideales para cometer infidelidades.
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Las fiestas clandestinas se multiplican a lo largo y ancho del territorio.
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En las últimas semanas, las fiestas clandestinas comenzaron a proliferar en todo el territorio nacional, y se volvieron una situación prácticamente incontrolable. 

Si bien los medios nacionales se hicieron eco de las que se produjeron en Palermo, mucho más lejos, en territorio como Misiones, anoche detectaron y clausuraron más de 20 eventos con importantes aglomeraciones de personas.

Misiones

Según publicó 'El Territorio', algunos de los procedimientos se concretaron en la capital de la Provincia y otros en el interior. 

En cuanto a las cantidades, en uno de los eventos, en un bar, había un total de 250 personas, en otro, 200, y en otro, 150, entre los más concurridos.

También hubo fiestas de 15, en domicilios particulares, con hasta 100 invitados, cumpleaños, y otros eventos. Incluso, con menores de edad.

En La Pampa, esta madrugada fueron detenidas 19 personas que participaban de dos fiestas. En una de ellas se festejaba el día del empleado de comercio ya que se trató de trabajadores de una cadena de supermercados.

Según publicó 'El Diario de Cuyo', allí uno de los asistentes a la reunión se resistió a la detención y rompió parte de un patrullero.

En San Martín de los Andes, provincia de Neuquén, fue clausurado anoche un bar céntrico, en el cual, según el diario 'Río Negro', había 92 personas.

Según publicó este  fin de semana el diario de Córdoba, 'La Voz', allí las fiestas de jóvenes se multiplican diariamente, se realizan "fiestas Covid", en la que incluso se paga $500 por bailar. Los jóvenes salen en grupos de 20 y 30 de manera habitual y se reúnen en casas. 

Córdoba

Más al norte del país, según la agencia 'Télam', fue detenido este viernes un hombre de 30 años durante un allanamiento en un domicilio de la ciudad de Salta, donde se realizaban también fiestas clandestinas.

La investigación había comenzado el sábado 19 de septiembre, cuando personal policial tomó conocimiento sobre una fiesta clandestina, con gran cantidad de gente, música y bebidas, por lo que fueron infraccionadas 29 personas.

Salta

Pese a la actuación policial, en el mismo domicilio se realizó otra fiesta clandestina el martes siguiente, lo que motivó nuevas denuncias vecinales y otra actuación policial.

Se secuestraron equipos de sonido, luces y reproducción de música; bebidas alcohólicas y elementos utilizados para la realización de las fiestas.

En la madrugada de este domingo, la Policía de Tucumán también desbarató una fiesta clandestina en la que había más de 60 personas, según publicó el sitio 'Vía Tucumán'.

Fue una fiesta privada que se desarrolló en un domicilio de la Capital. Fueron detenidas 31 personas "mayores de edad, entre los que había mujeres y varones", pero también "aprehendimos a 30 menores de edad que también estaban en el lugar. Se dispuso que los mayores sean alojados en las instalaciones del Complejos Belgrano y que se dé intervención al Juzgado de Menores de Turno, que dispuso que los menores sean entregados a sus padres", detalló la autoridad policial.

En Chaco, la Municipalidad de Resistencia desarticuló este fin de semana, según 'Chaco Día por Día', tres fiestas clandestinas y varias reuniones en espacios públicos.

Chaco.

Hubo de todo: cumpleaños, reuniones familiares y fiestas con hasta más 200 personas, en plena Fase 3 del distanciamiento social, preventivo y obligatorio.

Y lo cierto es que la lista no termina acá, el asunto excede largamente la fiesta de este sábado en Palermo, donde los agentes de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) constataron que en un bar de la calle Fitz Roy al 1600, sonaba la música fuerte y se escuchaba bullicio, ingresaron y confirmaron que había cerca de 85 personas, envases vacíos de cerveza, latas de bebidas energizantes y fraperas.

Tampoco fue la primera vez que ello ocurrió en territorio porteño, donde desde la semana pasada, se habilitó a bares y restaurantes de la ciudad a que usen terrazas y patios, además de las mesas al aire libre, hasta las 12 de la noche.

En la provincia de Buenos Aires, la Policía Bonaerense también irrumpió en una fiesta que se había organizado dentro de una casa quinta en González Catán. Por el operativo detuvieron al dueño del lugar y demoraron a 150 personas acusadas de violar el aislamiento preventivo por la pandemia de coronavirus. También se secuestraron bebidas alcohólicas, equipos de música, mesas de juego y autos de alta gama.

En La Plata, la Policía demoró a los dueños de un salón de fiestas denominado 'Bagdad', en Villa Elisa, La Plata, que habían organizado un fiesta para unos 20 jóvenes, quienes también terminaron detenidos por violar el aislamiento social preventivo y obligatorio. 

Sin dudas, estos hechos se vienen contabilizando a lo ancho y largo del país, desde hace tiempo y continuarán replicándose. ¿Por qué? Simplemente, por necesidad y hartazgo frente a las medidas de confinamiento.

Universidades del mundo entero, que han hecho foco en la salud mental de la población durante el confinamiento, han llegado a conclusiones similares a los resultados del relevamiento de un grupo de científicos de la facultad de Psicología de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), en Argentina. Los indicadores vienen coincidiendo en que son los jóvenes entre 18 y 39 años, los que experimentan mayor nivel de ansiedad, depresión y estrés en el encierro que el resto de los rangos etarios.

Es este grupo justamente, el que forma parte de los eventos antes descriptos, el que atraviesa las emociones más negativas de soledad, nerviosismo y tristeza.

"El aprendizaje de las capacidades para experimentar emociones positivas, a partir del encuentro y el intercambio con otros jóvenes, funciona como un recurso necesario para el desarrollo del proceso resiliente en este particular período de crisis global", afirmaron investigadores españoles.

"Necesitan, imperativamente, vida social con sus iguales; en la adolescencia y la juventud una de las funciones del cerebro es encontrar el sitio de cada uno dentro de su entorno, y eso incluye a sus iguales, otros jóvenes, porque será con ellos con los que van a construir la sociedad", dijo David Bueno, doctor en biología y profesor de genética en la Universidad de Barcelona y reconocido experto en neurociencia.

El hartazgo

"Somos seres biológicos. Lo que tratamos de hacer es la preservación de la especie y de nosotros mismos. Cuando vino una medida restrictiva (a partir del 20 de marzo), nos fuimos preparando mentalmente para frenar dos semanas. Como está relacionado con la preservación, se hace y no se discute. Es fácil sostener algo que te genera una gran incomodidad por poco tiempo", explicó Gabriela Ithurralde, licenciada en Psicología, especialista en psicoterapia cognitiva y especialista en el modelo sistémico.

"Al principio actúa el temor: miedo a enfermar, miedo a morir y a enfermar a otros que queremos", consideró Ithurralde sobre el comienzo de la cuarentena y sobre el miedo, profundizó: "Cuando una persona tiene miedo, percibe algún tipo de amenaza que es más grande que los recursos que tengo para hacerle frente. Cuando decían 'lo único que podés hacer es quedarte en casa', nos estaban dando el único recurso que teníamos para enfrentar a una enfermedad desconocida".

Pero lo que en principio iban a ser algunas semanas, terminó siendo medio año: "Lo que empezó a pasar después es que esa incomodidad cambió: no es lo mismo estar en una cuarentena con tranquilidad económica o no, no es lo mismo para aquel que sigue teniendo trabajo y el que lo perdió. Empiezan a aparecer otras incomodidades que, como se tienen que sostener por más tiempo, es más difícil para nuestro cerebro", puntualizó Ithurralde.

Sobre el miedo también habló Nicole Blachman, licenciada en Psicología: "En marzo la cuarentena era algo novedoso y por un plazo corto, pero esto no fue así. Los humanos tenemos la capacidad de habituarnos a las situaciones y así también al miedo. El término utilizado es 'desensibilizarnos'. Entonces: la cuarentena comenzó con mucho miedo al Covid-19 pero, con el paso de los días, este miedo (que antes motivaba al encierro) se fue perdiendo y empezó a ganar la desmotivación, lo que lleva a romper el aislamiento".

"A esto le sumamos que al sentirnos aislados o solos entramos en un estado donde lo emocional supera lo racional. Ahí arranca la sensación de que la vida pasa y nos la perdemos", ahondó Blachman sobre lo que nos genera el encierro.

"Siempre que hacemos un esfuerzo sostenido durante un tiempo nos va a generar fatiga. Siempre hay momentos en donde la tensión baja y los elementos del entorno te llevan a hacer otra cosa. Cuando la fatiga es muy alta perdemos el control inhibitorio y pasamos al otro extremo", señala Fernando Torrente, director del Instituto de Neurociencias y Politicas Publicas de la Fundación Ineco.