ARGENTINA

Lo que no entiende De la Sota

Cuando Urgente24 desnudó la mediocridad de José Manuel De la Sota -al menos alguien la describió entre tanta prensa genuflexa que visitan sus allegados-, la respuesta fue alguna presencia en los medios de comunicación porteños, declaraciones cuidadosamente "infladas" para que parecieran más audaces e inteligentes de lo que realmente fueron, y así él consideró que cumplía con el desafío. Pero el dinero sigue sin aparecer y no aparecerá.

 

por EDGAR MAINHARD
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). José Manuel De la Sota vive pendiente de las encuestas, igual que Daniel Scioli o Mauricio Macri o Cristina Fernández de Kirchner. Y les está yendo igual que a ellos: mal.
 
La Presidente de la Nación, en caída permanente que, por el ciclo económico, no pudo frenar su descenso, que le provoca no solo malhumor sino también exabruptos, ni expropiando YPF ni amenazando con Malvinas; Mauricio Macri se encuentra consumido en el choque con ella aunque lo que incrementó su imagen negativa fue no hacerse cargo del servicio del tren subterráneo, gambeteando el desafío de esa gestión; y Daniel Scioli, todavía cree que puede seguir ascendiendo en base a la indefinición como si no fuese una táctica ya agotada en su sorprendente carrera como funcionario público.
 
Ni Macri ni Scioli caen porque se enfrentan a Cristina ya que, de hecho, intentan menguar las diferencias. Ellos tienen estilos diplomáticos, lenguajes alambicados suficientes para que nada quede en negro sobre blanco. En todo caso, Macri y Scioli se pinchan porque no plantean alternativas definidas, lo suficientemente atractivas para la opinión pública. No se comportan como líderes sino que esperan que la necesidad de la sociedad los rotule como líderes.
 
Las encuestas de tendencia de opinión pública permiten conocer el resultado de lo que ya sucedió pero no son fiables a la hora de elaborar el futuro. Utilizar las encuestas de opinión pública como herramienta para la elaboración de lo que vendrá solamente ocurre cuando falla la iniciativa, cuando fracasa el liderazgo, cuando se terminan las ideas. 
 
De la Sota regresó a la Gobernación con la ambición de ser presidenciable. No había otro objetivo. Pero ha cometido errores que obligan a creer que ha perdido tiempo y espacio en esa carrera.
 
Por ejemplo, pese a que Mario Elletore, el ministro de Economía de Juan Schiaretti, era su hombre de confianza, no supo evaluar y prevenir en forma conveniente la situación financiera provincial. Además, De la Sota menospreció los problemas de relación con Cristina Fernández de Kirchner, quien durante años fue testigo habitual de la desconfianza, cuando no la inquina, que Néstor Kirchner manifestaba por De la Sota. Con esos datos a mano, De la Sota tendría que haber elaborado una estrategia bien diferente, pero no lo hizo.
 
Luego, él avanzó, en forma innecesaria, solo para satisfacer su ego, hacia la competencia municipal en Río Cuarto, creyendo que con una seguidilla de recitales musicales (desde 'la Mona' Giménez a 'Palito' Ortega) y su propia presencia, ganaría un comicio que perdió, y si bien esa fragilidad pudo ocultarla gracias a la prensa paga en Córdoba, en la Casa Rosada tomaron nota del resultado y lo descendieron otro escalón.
 
La devaluación de De la Sota tiene un motivo profundo: el gobernador con más experiencia en la política entre todos los que están en ejercicio, se ha olvidado de la importancia de la política. Él imita a Macri o a Scioli, quienes precisamente están en crisis por desconocimiento/menosprecio de la política.
 
Además, ni Macri ni Scioli tienen su origen en la política sino en diferentes oportunismos que permitió la ausencia de la política en las grandes cuestiones nacionales. Ambos son hijos de la crisis de 2001:
 
> en el caso de Scioli, pudo abandonar un escaño en la Cámara baja que le había obsequiado Carlos Menem como ex campeón motonáutico, y ascender a ambicioso ministro de Turismo y Deportes, trampolín hacia la Vicepresidencia de la Nación y luego la Gobernación bonaerense;
 
> en el caso de Macri, pudo convertir sus campañas exitosas como presidente de Boca Juniors -en sociedad no querida con Carlos Bianchi- en una ambición que, en aquella etapa inicial, le ayudó a financiar Francisco De Narváez, y la víctima siguiente fue Ricardo López Murphy. La tontería de Néstor Kirchner/Alberto Fernández, desplazando a Scioli al territorio bonaerense para dejar al inexistente Daniel Filmus en la Ciudad, facilitó la tarea más adelante.
 
De la Sota no comprende que, además, la Nación no cuenta con recursos disponibles como en el pasado, y el dinero de Córdoba lo utilizará, en el mejor de los casos, en mantener a algun aliado político más necesario para Cristina.
 
Por lo tanto, no hay negociación posible. De la Sota está condenado a luchar, si es que realmente tiene el año 2015 como horizonte, y eso no se lo dirán las encuestas sino su intución como político, y la solidez de su deseo. Luchar no quiere decir boxear sino imaginar escenarios convenientes para su ambición, y utilizarlos para alentar su precandidatura.
 
Por ejemplo, el kirchnerismo está en crisis, de la que ya no se recuperará porque construye su destino con errores en la política económica + errores en la política económica. Justo la relación con Brasil -tema en el que De la Sota, en su rol de ex embajador- se considera un experto, comienza a tambalear, corroborando que el aislamiento es una decisión política que acompañará a Cristina Fernández hasta el final de su mandato. Pero De la Sota se encuentra en silencio.
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Considerar a Heriberto Muraro o a Julio Aurelio como asesores de las decisiones pendientes lleva a De la Sota a imitar a Mauricio Macri con Jaime Durán Barba. Pero, en el caso de De la Sota, confirma la peor de las sospechas: Ramiro Agulla no solo le hacía los spots televisivos de campaña sino que también opinaba sobre el contenido... Agulla puede vender jabón en polvo pero no trazar estrategias políticas.
 
Así, surge una profunda contradicción en De la Sota: si la opinión de Muraro y Aurelio es tan importante como lo era la de Agulla es porque él ya se siente en campaña 2015, intentando desconocer que la prioridad es gestionar en 2012 porque la asfixia financiera borrará el futuro, y porque no ha consolidada nada en el presente que le permita tener una plataforma hacia adelante.
 
Así, De la Sota se hunde.
 
Obviamente, no es lo que opina De la Sota.
 
 
"Diferenciarse sin pelearse, es la consigna. El tiempo pasa, la plata no aparece y ya pocos creen que llegue. Y José Manuel de la Sota sigue el consejo que le dictan las encuestas desde que regresó a la Gobernación.
 
“Los cordobeses no quieren que me pelee con Cristina porque piensan en su gran mayoría que a ellos y a la provincia les iría peor si me enfrento con la Nación”, repitió el viernes luego de leer y repasar las cifras y sus interpretaciones que le alcanzan cada mes Julio Aurelio y Heriberto Muraro.
 
De la Sota sufre como gobernador lo que él mismo, como dirigente con aspiraciones de correr la carrera presidencial, observa bajo la forma de una oportunidad.
 
En el papel de jefe de la administración cordobesa, sufre las evasivas y el desprecio del gobierno de Cristina Fernández.
 
Pero el veterano dirigente del peronismo lee que el encapsulamiento del cristinismo abre la posibilidad de tejer viejas y nuevas alianzas al interior de un partido que junta herrumbre tras cada discurso presidencial.
 
Como cualquiera que camine por la política, De la Sota observa cómo crece a la velocidad de la luz la necesidad de que alguien represente los descontentos que levantan el estilo de Cristina y la inflación.
 
¿Es el grito de Hugo Moyano una oportunidad para salir a captar adhesiones? De la Sota sospecha que el jefe de los camioneros no enterrará jamás su aspiración de ser el Lula argentino, el obrero metalúrgico dos veces presidente del Brasil convertido en potencia mundial.
 
“Pero el peronismo nunca fue un partido laborista”, evoca, para ponerle un límite al único sindicalista peronista que aspiró al poder político después de Augusto Vandor, asesinado durante el onganiato.
 
Como Moyano, el gobernador de Córdoba jamás archivará su ilusión de ser presidente. “Seré el candidato presidencial más viejo en 2015”, dice a mitad de camino entre la broma y el convencimiento de que se encamina a serlo.
 
¿Competidores?
 
El bonaerense Daniel Scioli, por estas horas objeto de presiones al estilo paraguayo por parte del cristinismo, el salteño Juan Manuel Urtubey y, tal vez, el chaqueño Jorge Capitanich.
 
Si del primero De la Sota todavía duda que se lance en contra del Gobierno, sobre Urtubey estima que no tiene más remedio que armar una lista propia de candidatos a diputados nacionales, el año próximo. Al chaqueño lo ve en las filas del oficialismo.
 
Lo que en Buenos Aires fue leído como una ayuda extorsiva a Scioli, en el despacho del gobernador cordobés fue interpretado como otra muestra de destrato hacia los cordobeses. Scioli recibió una ayuda especial equivalente al tercio de lo que necesitaba para pagar salarios y aguinaldos (SAC).
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Esos mil millones de pesos que la provincia de Buenos Aires recibió no apagaron el incendio que se prenderá esta semana, tras el anuncio de que el SAC se pagará en cuatro cómodas cuotas.
 
“A Scioli le dieron mil millones a cambio de nada; a nosotros nos deben más de mil millones y no atinan a darnos nada; ésa es la diferencia”, apuntó un ministro que refleja sin cambios el pensamiento del gobernador.
 
Al cabo de un semestre de angustias y esperas infinitas, gobernadores como De la Sota o intendentes como el radical Ramón Mestre por poco no salen a celebrar poder cumplir con la rutina de pagar a los empleados.
 
El jefe del gobierno capitalino negó haber pagado con endeudamiento el aguinaldo, pero lo que emitió en letras es una suma semejante, por no decir igual, a la erogación extra de medio año. Una gestión que no conoció la luz pública de Mestre ante De la Sota hizo que Juan Jure, el intendente de la segunda ciudad de la provincia, Río Cuarto, pueda pagar el medio aguinaldo con un préstamo provincial.
 
De la Sota y Mestre no romperán su acuerdo más allá de los tiroteos verbales que en las últimas semanas cruzaron legisladores radicales con ministros peronistas.
 
Teléfonos apagados. El De la Sota que confiesa que hace un par de semanas largas que los contactos con la Casa Rosada se interrumpieron es el mismo que pone bajo un signo de espera sin final la decisión de plantear una demanda ante la Corte Suprema por la deuda que Córdoba demanda a la Nación, por la mitad impaga del acuerdo bianual de financiamiento a la Caja de Jubilaciones de la Provincia. ¿Imagina otro lugar que no sea la Corte para ir a reclamar? Silencio.
 
Si los teléfonos ya no comunican a la Casa Espejada con la Casa Rosada, las últimas noticias llegaron por boca de diputados nacionales que representan al kirchnerismo en Córdoba. Fueron ellos los que ridiculizaron el reclamo que empezó Juan Schiaretti y sigue De la Sota. En el mejor de los casos, dijeron Mónica Gutiérrez y Fabián Francioni, el Gobierno cordobés podría aspirar a cobrar algo más que un tercio de los más de 1.200 millones que reclama por el total de la deuda acumulada en 2011.
 
Fueron los cordobeses los que pusieron a Gutiérrez y Francioni en la Cámara de Diputados, al hacer triunfar la lista que convocaba a la reelección de Cristina Fernández. Ellos nunca prometieron defender los intereses de Córdoba, que en coincidencia, aunque con lenguajes y tonos distintos, dicen que protegen el peronismo de De la Sota y las primeras espadas del radicalismo y el juecismo, los otros dos partidos grandes de Córdoba. 
 
Mal se les podría reclamar ahora que dejen de recitar el catecismo que desprecia el pedido de Córdoba, si fueron elegidos por los propios cordobeses. Fue en esas mismas elecciones en las que, como un gesto de conciliación, De la Sota levantó la lista peronista de candidatos a diputados nacionales.
 
De gira
 
No pasará lo mismo el año que viene. De la Sota quiere que Schiaretti se ponga al frente de la lista de diputados nacionales, aunque su gente acepte que todavía no hablaron formalmente del tema. ¿Es la vicegobernadora Alicia Pregno una posible candidata en esa nómina? No, aseguran en la Casa Espejada.
 
Hasta que esos juegos por el voto de los cordobeses se abran en el lejano 2013, De la Sota caminará en un doble juego.
 
El gobernador seguirá atado a números que le permiten poco y lo obligan a pensar en conseguir fondos para financiar el funcionamiento del Estado y créditos internacionales para alguna obra importante, como la autovía a Río Cuarto.
 
El dirigente que quiere ser tenido en cuenta fuera de Córdoba girará por algunas provincias para hablar del boleto educativo gratuito y de la ley contra la trata. Una incipiente forma de propaganda que se completará con embajadas cordobesas que llevarán humor y cuarteto a otras tierras.
De la Sota no abrirá mucho la boca contra el cristinismo en esos viajes. Lo suyo será diferenciar estilos mostrando sus formas más conciliadoras, como contracara de las guerras dialécticas que la Presidenta desata ante cada atril.
 
De la Sota lo intentará y pasará por encima de las miradas que no le auguran ninguna chance nacional. Al fin, nunca ocultó que regresaba a la gobernación para tener otra oportunidad, su última oportunidad."

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