Fue prohibido el beso en público en Inglaterra antes de los 16 años

Enorme polémica en el Reino Unido por que desde hoy, los menores de 16 años no podrán tocarse o besarse dentro del territorio inglés. Si lo hacen estarán violando la ley que hoy entró en vigor. Para muchos, tratar a quienes se besan como delincuentes es una cruel ironía. Los que defienden la medida dicen que ayudará a frenar el sexo adolescente. ¿?

A partir de hoy, los británicos menores de 16 años no podrán tocarse o besarse. Si lo hacen estarán violando la ley que hoy entró en vigor.

La ley en cuestión, la Sexual Offences Act, califica como delito el "contacto sexual" con menores de 16 años y, para que no queden dudas sobre su alcance, define el concepto central de la norma con sesudo detalle legal.

Según la ley, "contacto sexual" es "cualquier tipo de contacto físico, incluyendo el toqueteo de cualquier parte del cuerpo, directo o a través de cualquier cosa, por ejemplo, a través de la ropa".

El objetivo explícito de la ley es el castigo de pedófilos y abusadores sexuales adultos pero, según varias ONG, la torpe redacción de la norma representa un retroceso de la legislación británica a los puritanos años de la posguerra, cuando el sexo ocurría, pero raramente se mencionaba.

"Estamos creando una confusión absoluta respecto a lo que un menor puede hacer. A partir de ahora, 2 menores que se estén besando estarán violando la ley. ¿Tenemos que suponer que ellos son los delincuentes?", señala Terri Dowty, directora de política de Action on Rights for Children.

Consciente de esta incongruencia, pero sin deseos de admitir un error o la necesidad de una modificación, la oficina del Home Office (ministerio del interior) encontró una solución que arroja nuevas dudas sobre la existencia misma de un racionalismo lógico anglosajón.

El ministerio emitió una circular interna por la que dejó en claro que no tenía ninguna intención de llevar a la justicia a los menores que tuvieran contacto sexual "de común acuerdo". En otras palabras, el departamento gubernamental encargado de velar por el cumplimiento de la ley, autoriza su violación, siempre y cuando ésta sea de mutuo acuerdo.

En otra señal de magnanimidad, la circular extendía su benevolencia a los casos en que interviniera un mayor de edad, pero con una diferencia muy corta con el menor, "por ejemplo, para la relación física entre alguien de 18 años y alguien de 15".

Así las cosas, varias ONG sugirieron que se introdujera una enmienda a la ley que legalizara el "contacto físico de mutuo acuerdo" entre dos menores de edad. El Home Office no quiso saber nada del asunto. Según un portavoz del ministerio, una enmienda de esta naturaleza "perjudicaría gravemente el funcionamiento de la ley".

# Pragmatismo británico

En un país que ha convivido durante tanto tiempo con la vetusta institución monárquica sin darle más uso que el de adorno, donde el "rey reina, pero no gobierna", es perfectamente posible que se pueda mantener pragmáticamente este paradójico estado de cosas en el que se legisla sobre un tema para no castigar parte de las actividades sancionadas, porque se reconoce que la ley no es demasiado racional, aunque al mismo tiempo se niega toda posible modificación para volverla más lógica.

Herederos del filósofo empirista David Hume, quien estimaba que las relaciones de causa y efecto no eran más que un hábito mental, los británicos han hecho gala a lo largo de su historia de un flexible sentido común para sortear las vicisitudes de su historia.

Lo que no quita que hoy varias ONG expresen serias reservas sobre las consecuencias en algunas áreas de este pragmatismo.

"Alguien que está de acuerdo con esta ley puede iniciar una acción legal contra una menor porque la encontró besuqueándose con su novio. A partir de esto, entramos en una zona muy problemática", señaló Terri Dowty.

En esta zona problemática caen desde el arbitrario autoritarismo paternal hasta la presencia de minorías ultrapuritanas, como algunos sectores de los más de dos millones de musulmanes británicos que, en muchos casos, siguen arreglando los matrimonios de sus hijos.

En la acera de enfrente se encuentra la inmensa mayoría de los adolescentes. Según las estadísticas, el besuqueo no es más que una de las antesalas sexuales que exploran los menores británicos desde hace tiempo.

Prueba de esto es que Gran Bretaña es uno de los países de la Unión Europea con mayor porcentaje de madres solteras menores.

Según datos oficiales, el número de menores de 18 años que quedaron embarazadas subió de 40 mil 966 en 2001, a 41 mil 868 en 2002. Otras encuestas revelan que desde hace años el promedio de pérdida de la virginidad de los británicos se sitúa alrededor de los 16 y 17 años, para hombre y mujer, respectivamente.

Si ésta es la media, quiere decir que hace largo rato que un considerable porcentaje de británicos incurre en conductas que hoy se consideran ilegales.

Por otra parte, más que un error ocasional o una excepción, la Sexual Offences Act es el último eslabón de una serie de incongruencias oficiales respecto a la sexualidad adolescente.

A pesar de que la ley autoriza a los mayores de 16 años que mantengan relaciones sexuales, para ver películas pornográficas deben esperar hasta los 18, aunque pueden sumergirse en la práctica de las perversiones más estrafalarias que, por demás, se encuentran al alcance de una clic en internet.

En otra clara indicación de las contradicciones oficiales en la materia, diversos distritos municipales británicos han autorizado que se dé la píldora del día siguiente a quien lo solicite, sin prestar atención a la edad.

En estos municipios a partir de hoy, las adolescentes no podrán siquiera tocarse o besarse, pero tendrán acceso a la píldora en la farmacia del barrio.

# Sexo adolescente: fantasma y negocio

Para explicar tantas contradicciones, algunos especialistas señalan que la sexualidad adolescente es un territorio donde convergen fuegos cruzados: los temores y fantasías adultas, la vulnerabilidad de una edad compleja y los intereses comerciales vinculados al mercado adolescente.

Según cifras recientes, este mercado equivale a miles de millones de libras. Uno de los más florecientes sectores son las revistas para adolescentes que están clasificadas de acuerdo con un riguroso target de edades: para chicas de 17, 14, 12 y hasta 9 años de edad.

Imitando a las revistas femeninas adultas, estas publicaciones abordan continuamente el tema de la sexualidad con notas sobre "cómo gustar a los muchachos" o "295 trucos para ser sexy".

En un contexto de bombardeo constante de los medios de comunicación, con iconos como Jennifer López, Britney Spears o Kilie Minogue, que hacen de su sexualidad un símbolo, algunos especialistas opinan que la nueva ley es un esperpento con buenas intenciones y patética realización.

Entre las ONG vinculadas al tema de la planificación familiar, el temor es que la nueva ley se convierta en una traba para que los jóvenes reciban educación sexual. "Hay mucha confusión entre los padres, adolescentes y profesionales sobre el impacto concreto que va a tener esta ley. Los menores no saben si pueden pedir consejo sobre temas sexuales. Los profesionales –médicos, educadores– no saben si pueden darlo", señaló Anne Weyman, de la Family Planning Association.

En este clima de patente confusión, algunos adolescentes entrevistados por la prensa británica parecen tan ajenos a la nueva ley como a una buena parte de las ansiedades del mundo adulto.