Polanski, un hombre que quiere cerrar un escándalo de 32 años

En 1977 Roman Polanski fue acusado de haber mantenido relaciones sexuales con una joven de 13 años. Polanski era el encargado de realizar unas fotografías a la joven para una revista en casa de Jack Nicholson, quien por aquel entonces era pareja de Anjelica Houston. Los sucesos entre Polanski y la menor ocurrieron en un jacuzzi con alcohol y drogas. El director de cine abandonó el país mientras estaba en libertad bajo fianza, luego de haber pasado algunos meses en prisión en Chino (Los Ángeles), previendo una condena mayor. Nunca volvió a pisar suelo estadounidense.


El realizador francés de origen polaco Roman Polanski fue acusado en 1977 de abusos sexuales a una niña de 13 años (Samantha Gaimer). El caso provocó que el director se exiliara en Europa en 1978, y no regresara nunca más a USA, donde pesa sobre él una orden de arresto inmediato. 
"Bajo ninguna circunstancia fueron relaciones sexuales consensuadas", escribió Samantha Geimer en Los Angeles Times en el año 2003. "Yo le había dicho que no repetidas veces, pero él nunca aceptó la negativa como respuesta.Yo no sabía qué hacer. Fue algo terrible y, visto desde la distancia, sumamente desagradable".
Ella vive en Hawaii con su marido y 3 hijos.
En 2003, cuando Polanski fue candidato a un premio Oscar, Samantha Geimer aseguró que se debería permitir a Polanski volver a USA, dado que él no fue nunca un fugitivo durante el tiempo que duró el proceso que ella mantuvo abierto contra él.
"Parece que mi actitud ha sorprendido a mucha gente", escribó ella. "Pero la gente no sabe lo mal que fuimos tratados todos por la prensa en aquella época. Hablaban incluso de sentimientos violados. Los medios de comunicación lograron que aquel año fuera un auténtico infierno para mí y, desde entonces, siempre he estado intentando olvidar todo aquello".
  
Pero los días como prófugo de Roman Polanski podrían estar contados. Un juez californiano se negó el martes 17/02 a desestimar el caso abierto hace más de 30 años contra Polanski por violación, ya que consideró que mientras el director mantenga su condición de fugitivo sus manos están atadas.
Sin embargo, el magistrado Peter Espinoza aseguró que reconsideraría la sentencia si el director comparece ante su corte.
La historia de la violación se encuentra en un documental de la cadena HBO, Roman Polanski, Wanted and Desired (Roman Polanski, querido y deseado), difundido en USA con producción de HBO, prueba que el juez -ya fallecido- que condenó a Polanski incurrió en mala conducta profesional al violar los acuerdos alcanzados con los abogados del cineasta.
En 1977 Polanski se declaró culpable de haber mantenido relaciones sexuales en la casa del actor Jack Nicholson, durante una sesión de fotos, con una niña de 13 años. Y negoció con el juez Laurence Rittenband que los cargos probados de violación y sodomía quedarían fuera de los tribunales. Polanski admitió haber mantenido relaciones sexuales con Gaimer cuando era menor de edad, pero no haber abusado de ella.
Como parte del acuerdo, pasó 42 días en la cárcel.
Pero el juez Rittenband tenía una personalidad ávida de notoriedad y emprendió una caza de brujas contra el marido de la asesinada actriz Sharon Tate (cuando estaba embarazada de 8 meses por los seguidores de la secta de Charles Mason), firmando una orden de busca y captura contra el director, a quien le había otorgado la excarcelación contra el pago de una fianza. Fue entonces cuando Polanski decidió huir.
El documental de HBO probablemente fue un movimiento legal de los abogados pero el trabajo fílmico de Marina Zenovich, demostrando las irregularidades del proceso judicial de un juez ya fallecido, resultó muy ponderado tanto en Sundance como en Cannes.
El juez Peter Espinoza reconoció que existió falta de diligencia por parte del juez Rittenband, pero aún así insiste en que Polanski debe presentarse en su juzgado y pasar por la fase oral ante un tribunal, antes del próximo 07/05, si quiere que sus alegaciones sean tenidas en cuenta. Sólo así se estudiará el sobreseimiento de un caso que dura ya 32 años.
En cualquier caso, cuando se encontraba en libertad bajo fianza, Polanski se exilió en Francia, donde vive desde entonces.
La orden de detención que pesa sobre él impidió que en 2003 recogiera el Oscar por la película El Pianista, protagonizada por Adrien Brody, ya que el director teme que se le obligue a entrar en prisión al poner un pie en USA. La condena por abuso sexual de una menor podría haberle costado a Polanski hasta 50 años de cárcel.
Él siempre estuvo sospechado de protagonizar acontecimientos sexuales.
Una revista lo acusó de intentar seducir a una modelo noruega el mismo día del funeral de su mujer Sharon Stone. Polanski llevó a la revista a los tribunales y ganó el caso.
Pero él reconoce haber tenido aventuras con otras mujeres durante su matrimonio con Tate y, posteriormente al asesinato de ésta, haber llevado una vida sexual desenfrenada. Según el propio Polanski, era la mejor manera que tenía de quitarse la depresión.
Se le ha acusado en multitud de ocasiones de tener relaciones con mujeres extremadamente jóvenes. Chicas de 16 y 17 años andan entre sus muchas conquistas. El propio Polanski dice que el preferirlas así de jóvenes le pasa a la mayoría de los hombres.
Mantiene una buena relación con la hermana menor de su fallecida ex mujer, Sharon Tate.
No ha vuelto a USA desde 1978. El juez que llevaba su caso prometió encerrarlo de por vida y pidió al gobierno francés en multitud de ocasiones su extradición a territorio norteamericano, que fue denegada. Este juez murió en 1989.

Sara Brito escribió en la web Público:
Roman Polanski rodó en 1974 Chinatown, reinvención del cine negro que ponía el dedo en la corrupción de la ciudad de Los Ángeles. La película, protagonizada por su amigo Jack Nicholson, le valió 11 nominaciones a los Oscar y la entrada al olimpo de los grandes autores del cine americano. Aquella oscura visión sobre el triunfo de la injusticia parece haber servido como prólogo de un juicio que, 3 años después, le situó en el centro de un linchamiento público.
El trasfondo de manipulación judicial y presiones mediáticas, que provocó giros repentinos en las decisiones judiciales, no sería destapado hasta que la directora de documentales Marina Zenovich lo pusiera al descubierto en en su documental.
"Nada excusa el comportamiento de Polanski con Samantha Gaimer pero, desafortunadamente, lo que hay detrás es la historia de un juez fascinado con los medios que no quiso pasar a ser conocido como el blando que dejó en libertad a Polanski, aunque, para ello, tuviera que pasar por encima de la joven que denunció", asegura Marina Zenovichdesde su casa de Los Ángeles. "Aquello fue un juicio con dos víctimas: Samantha y Roman", asegura.
Para buena parte de la sociedad biempensante americana Polanski era un alien: el polaco medio enano, que había perdido a sus padres en el Holocausto; que rodó la inquietante indagación en el ocultismo de Rosemarys baby; el esposo de Sharon Tate, que murió asesinada brutalmente por la familia Manson en 1969, mientras él "sospechosamente", dijeron algunos titulares estaba en Londres. También fue el hombre que se había entregado a una vida alejada de la moralidad puritana, que era considerada impropia. Roman no era precisamenteun angelito.
Así que, cuando en 1977 le cayó una denuncia por haber violado a una joven de 13 años en la casa de Jack Nicholson, Polanski, de 43 años, fue el chivo expiatorio para limpiar de mugre el libertinaje que había vivido Hollywood en los años sesenta y primeros setenta.
"Esta es la historia de la fascinación de un juez por los medios"
La defensa demostró que había sido una relación sexual ilícita al tratarse de una menor y no violación. La acusación quiso llegar a un acuerdo con la defensa para salvar a la joven de la sangría mediática. Pero esto poco le importó a un juez que coleccionaba recortes de prensa donde aparecía él mismo.
"Desafortunadamente este tipo de expiaciones públicas es algo que ocurre en USA cada tanto", afirma Zenovich. Recuerden, si no, el caso del actor de cine mudo Fatty Arbuckle, cuyo turbio caso, novelado, acaba de ser publicado en España por Anagrama, bajo el título Yo, Fatty.
Con mesura y sin entregarse a los brazos de Polanski, Zenovich se mete en las turbias aguas de un juicio, cuya causa sigue abierta 30 años después. Para contar esta historia trágica y sucia están el abogado del director, del de la acusación, amigas de Polanski como Mia Farrow, la propia Samantha Gaimer y el fiscal del distrito del caso, que llega a afirmar en el documental: "Si yo hubiera sido Polanski también hubiera huido del país".
Polanski no ha podido entrar a USA desde que huyó a Francia en 1978. Ni siquiera para recoger el Oscar que se le concedió en 2003 por El pianista.
El caso ha vuelto a abrirse ahora gracias a que el documental de Zenovich ha sido presentado como prueba del comportamiento poco ético del juez que llevó el caso. ¿Se cerrará finalmente después de más de 30 años?
"La justicia americana no quiere oír hablar de sus errores, así que están intentando reabrir el escándalo sexual, como cortina de humo, cuando ni siquiera la víctima quiere oír hablar de ello. Así pueden ignorar sus fallos", opina Zenovich.
Y ¿vio Polanski el documental?
"Él no quiso participar, aunque iba dando el visto bueno a sus amigos para que yo pudiera entrevistarlos. Pero lo vio semanas antes de Cannes y me agradeció mi coraje".