En el inicio del cónclave, Scola vs. Scherer
El día antes del cónclave de los cardenales, la prensa ya lo tiene asumido: la jefatura de la Iglesia Católica Apostólica Romana se jugará entre el italiano Angelo Scola y el brasileño Odilo Pedro Scherer. Son 2 papables parecidos físicamente, divergentes en las formas y sus alianzas. Al italiano lo promueven los extranjeros; y al brasileño, los italianos. Ambos celebraron sus últimas misas públicas antes del cónclave y esbozaron los que podrían ser sus programas de pontificado.
11 de marzo de 2013 - 06:53
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El martes 12/03 comienza el cónclave de los cardenales que elegirán al nuevo Papa.
Será una jornada con mucha actividad ritual. La agenda
7:00. Los cardenales electores ocuparán las habitaciones asignadas por sorteo en la Casa Santa Marta. En Cónclaves anteriores, los electores se trasladaban a este edificio ubicado en el interior del Vaticano la víspera del inicio de las votaciones. Antes de las diez de la mañana deberán estar todos ubicados.
10:00. Comienza la llamada Misa votiva 'Pro eligendo Papa', que será presidida por el decano del Colegio Cardenalicio, Ángelo Sodano, en la Basílica de San Pedro y a la que asistirán todos los fieles que lo deseen, así como el Cuerpo Diplomático.
13:30. Almuerzo de los cardenales en la Casa Santa Marta. Desde este momento, las únicas personas con las que tendrán contacto los electores serán quienes forman parte del servicio doméstico, así como los guardias que velan por su seguridad y los conductores de los minibuses que hacen el camino de ida y vuelta entre la Casa Santa Marta a la Capilla Sixtina.
15:45. Los cardenales se trasladan desde la Casa Santa Marta al Palacio Apostólico. Una vez en la Capilla Paulina se dirigen en procesión hasta la Capilla Sixtina, donde tras el canto del 'Veni Creator Spiritus' y proceden al juramento por el que se comprometen a mantener el secreto. Después, el Maestro de Ceremonias Pontificias pronuncia la frase: "Extra omnes", y todos los ajenos al Cónclave deberán salir de la capilla.
16:30. Inicio del Cónclave. Meditación con el cardenal Prosper Grech, y posteriormente primer escrutinio. El 1er. día habrá solamente una fumata (previsiblemente negra), alrededor de las 18:00. A las 19:15 horas rezarán las Vísperas y a las 19:30 regresarán a la Casa Santa Marta.
20:00. Cena en la Casa Santa Marta.
Especulaciones
La hipótesis de otro Papa extranjero, después de Karol Wojtyla y de Joseph Ratzinger, se impone. Una encuesta realizada el sábado 09/03 por el diario Il Corriere della Sera entre 8 vaticanistas y estudiosos de la Iglesia Católica, arrojó que el candidato más votado era el actual arzobispo de Boston, Sean O’Malley, de 68 años, seguido por el arzobispo de São Paulo, Odilo Pedro Scherer, de 64 años. Angelo Scola, de 71 años, el papable italiano mejor situado, quedaba 3ro.
En el último siglo, hubo 2 papas no italianos, aunque abundaron los secretarios de Estado italianos: todos, con la excepción del francés Jean-Marie Villot, mano derecha de Pablo VI.
Monje capuchino, O’Malley, un políglota, no habla un buen italiano; y los medios insistieron en que necesitará la ayuda de un secretario de Estado que conozca el Gobierno vaticano y sus complicados códigos.
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Los errores de Benedicto XVI, quien colocó como N°2 al cardenal Tarcisio Bertone y provocó una rebelión adversa en la curia, demuestran que la nacionalidad no lo es todo. Puede ser italiano o no italiano, pero deberá ser 'de la Casa'.
Con todo, Bertone aún puede permanecer un tiempo. El Vaticano no se precipita en los relevos. Ratzinger mantuvo un año al portavoz vaticano de su antecesor, el español Joaquín Navarro-Valls, y más de 2, a su secretario de Estado, Angelo Sodano.
Por fortuna, Bertone ha cumplido ya 78 años, superando en 3 la edad de jubilación. Un detalle que facilitará un rápido relevo.
Por motivos no del todo comprensibles, los vaticanistas italianos apuntan el nombre de Leonardo Sandri, un cardenal argentino con larga experiencia en la curia, muy próximo a Sodano, como un secretario de Estado muy posible.
Benedicto XVI le hizo cardenal y le encargó la dirección de un ministerio de cierta proyección política, el que se ocupa de las iglesias orientales. Pero su poder emana de los casi 8 años en los que estuvo en la Secretaría de Estado, a las órdenes de Sodano.
Pero ¿qué ocurriría si el Papa fuese un conocedor del Vaticano como lo es el italiano Scola o el ministro de Cultura del Vaticano, Gianfranco Ravassi, lombardo de 70 años?
Lo mismo corre para el brasileño Odilo Pedro Scherer, quien pertenece al comité de vigilancia del Instituto para las Obras de Religión (IOR), la famosa banca vaticana.
Scola
El domingo 10/03, las 9:30, Scola comenzó su eucaristía. Desde una hora antes, decenas de periodistas ya estaban apostados, con sus cámaras, ante la iglesia de los 12 Apóstoles.
En su última misa pública antes del cónclave, el papable de los medios italianos propuso una de las claves de su eventual pontificado: ofrecer al mundo el rostro de Dios padre misericordioso.
Scola salió de la sacristía por debajo de una enorme estatua de Clemente XIII, un Papa nacido en Venecia, donde Scola fue Patriarca, y que reinó del 1758 al 1769. Elegido después de casi 4 meses de deliberaciones, fue el Pontífice que expulsó de España a la Compañía de Jesús, en 1767.
Acompañado de los franciscanos conventuales, que dirigen la basílica donde están enterrados los apóstoles Santiago el Menor y Felipe, el cardenal Scola recorrió, antes de llegar al altar, un buen número símbolos históricos. La mayoría, antiguos, pero alguno también modernos, como el monumento al cardenal Agostino Casaroli, el recordado secretario de Estado de 4 Papas.
Alto, con personalidad, bendice con elegancia y habla con aplomo. A pesar de ser un gran teólogo, predica con suavidad y convencimiento.
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En una iglesia repleta de fieles (un grupo numeroso de milaneses que lo acompañó) y de decenas de periodistas (entre ellos, prestigiosos vaticanistas como Andrea Tornielli), Scola escuchó el evangelio del día: la parábola del hijo pródigo.
"La misión de la Iglesia es anunciar siempre que la misericordia del Padre es fuente de esperanza, incluso en tiempos oscuros como éstos". Por eso, a "anunciar al Dios misericordioso", que necesitamos "porque no somos inocentes, somos pecadores redimidos": Así concluyó su homilía, para continuar la misa entre los cantos del coro y la solemnidad de los grandes eventos.
Scherer
En Santa Andrea al Quirinale también hubo una nube de periodistas, la mayoría medios extranjeros. La iglesia es una joya de Bernini, conocida como 'la perla del Barroco', y la llevan los jesuitas: pequeña y circular, donde ofreció la misa el cardenal Scherer, con menos pompa, pero similar emoción.
2 jesuitas concelebraron con el cardenal. Entre los asistentes, la presencia uniformada (con sus raros uniformes de caballeros medievales) de algunos Heraldos del Evangelio. Una misa sencilla, emotiva, cantada por 3 novicios jesuitas, acompañados con una guitarra, un banjo y un tambor africano.
En la homilía, Scherer destacó: "Lo que Dios quiere es la misericordia, que acoge a los pecadores, para que no vuelvan a pecar, siempre que se dejen reconciliar con Dios". Por eso, para Scherer, es "hora de alegrarnos, porque Dios es bueno y misericordioso con todos". Y, por eso, también, "es hora de que la Iglesia anuncie la misericordia de Dios, que tanto necesita la humanidad".
Scherer habló sin papeles, con énfasis, con entonación, con una forma de decir sencilla: él mismo se agachó para recoger algo que se le cayó al suelo a una señora que comulgaba.
Al final, mandó acercar a una pareja de ancianos, que llevaban 70 años casados. "70 años. Yo no había nacido. Es de veras posible disfrutar de 70 años de matrimonio. Demos gracias a Dios. Que Dios les siga acompañando hasta el fin de sus. ¡Qué belleza!", explicó, y bendijo a los 2 ancianos, y las cámaras de TV tuvieron su festín.
Scherer se dejó fotografiar, saludó a todo el mundo y se retiró hacia la sacristía, entre decenas de cámaras y periodistas. Una periodista brasileña le preguntó:
-¿Usted es el papable número uno?
Respuesta:
-La eucaristía ha sido bellísima, ¿verdad?





