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¿Coca-Cola o Pepsi-Cola? Obama vs. Romney, el martes 06/11

El martes 01/11, los estadounidenses no solo escogerán un partido, un candidato, un eslogan sino que, más allá de que en términos globales Barack Obama y Mitt Romney resultan matices distintos pero no debates de fondo, quienes decidan ir a las urnas (el voto es voluntario) van a elegir entre 2 caminos, 2 visiones opuestas que definirán al país del siglo 21. Sucede que en democracias representativas organizadas, en los matices se encuentran las grandes diferencias porque lo básico ya está consensuado. Por lo tanto, el debate es bien diferente (¡ojalá fuese así en la Argentina del banco y del negro...!). Todo se va a resumir en el papel que el gobierno federal tendrá en la vida social, económica y política de USA.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El 20/01/2009 fue en Washington DC un día frío, pero eso no impidió que 2 millones de personas asisiteran a la posesión de Barack Obama. Ya se había comenzado la enorme crisis económica (herencia de George Walker Bush y sus republicanos) pero el optimismo desbordaba. Eso era lo que precisaba 'el Sistema' para que no ocurriesen desvíos ni desbordes.
 
En su discurso, Obama se presentó como la reencarnación de Franklin D. Roosevelt, el presidente que sacó a USA de la Gran Depresión en los años '30 con una intervención federal masiva llamada New Deal. Obama prometió: "No solo crear puestos de trabajo, sino sentar nuevas bases de crecimiento. Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que nutren nuestro comercio y nos unen a todos". 
 
El nuevo presidente le inyectó US$ 800.000 millones a la economía para estimular el crecimiento. Invirtió en infraestructura, en asistencia para los más pobres, en educación, en salud, en vivienda, en energía renovable, e hizo algunos recortes fiscales. Impuso una reforma a los banqueros de Wall Street, reguló las industrias que más contaminan e impulsó una ley para proteger a los consumidores. En 2009 salvó de la bancarrota a General Motors y a Chrysler, los dos colosos de la industria automotriz nacional. Según su campaña, gracias a eso más de 1 millón de personas conservaron sus empleos. 
 
En 2010 Obama dio un paso más al promover una megarreforma al sistema de salud. Hasta entonces en USA solo estaban asegurados los que quisieran o los que pudieran. Así, más de 45 millones de estadounidenses vivían a la merced de la enfermedad. 
 
El ciudadano estadounidense votante de Obama, Ron Rothenbuhler, le contó al semanario colombiano Semana que antes del 'Obamacare', como se ha venido a conocer la ley, "había ciudadanos de 2da. clase, si de pronto se encontravan en una situación sanitaria grave, solo le quedaban 2 salidas: morirse o empeñar su casa para pagar la hospitalización". Ahora la cobertura es obligatoria para todos y se subsidia con créditos federales o aportes de los empleadores. 
 
Pero, mientras el intervencionismo de Washington aumentaba, también lo hizo la deuda pública: enorme problema de Obama. Aunque el problema de la deuda venía desde antes (George Walker Bush destruyó todos los aportes de Bill Clinton para reducir la deuda), los economistas ortodoxos crucificaron a Obama por gastar en tiempos de vacas flacas. Y Obama no encontró cómo evitarlo. O, de lo contrario, cómo explicarlo mejor.
 
Cuando él recibió la Casa Blanca esta era de US$ 10,7 billones. Ahora es de más de US$ 16 billones, y promete seguir creciendo, pues la economía no despega.
 
No obstante, también es cierto que hay 13 millones de estadounidenses desempleados, 47 millones de personas con ayuda federal para alimentarse, 16%  de la población es pobre y se proyectan cifras que demuestran que este año la economía crecerá menos de 2%. 
 
Para muchos Obama fue demasiado lejos. En una entrevista, la intelectual Camille Paglia, quien votó por él hace 4 años, dijo que "el 'Obamacare' es una intrusión estalinista en la cultura estadounidense ". 
 
La revista Forbes (de Steve Forbes, un republicano bien conservador pero que le vende la franquicia argentina de su publicación a Sergio Szpolski) incluso escribió que Obama era un "socialista en la tradición reformista marxista europea". En USA decirle eso a alguien es peor que mentarle la madre. 
 
El politólogo Paul Kengor, autor de El Comunista: Frank Marshall Davis: la Historia No Contada del Mentor de Barack Obama, dijo que "Obama va hacia el socialismo, cree en el colectivismo, en el Gran Gobierno. Él está a la izquierda de la izquierda. Eso es lo que es". 
 
Ocurre que en USA los más conservadores rechazan todo lo que venga de Washington, así sea para salvarles la vida. 
 
Jim Irvine, pro-armamentista de Ohio y que vota por Romney, dijo que "sus políticas son antilibertad. Las armas son libertad. Con eso cazo y alimento a mi familia sin ayudas gubernamentales. Con eso me defiendo, no necesito llamar al 911 cada vez que hay un problema". 
 
¿Fue Obama demasiado lejos? Esa fue la lectura que hizo Mitt Romney al cabalgar sobre esas voces extremistas y profundizar las divisiones. 
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Hace unos años, Romney era un político moderado, centrista, que siendo gobernador de Massachusetts pactó con los demócratas para sacar adelante una agenda conjunta y que incluso aumentó la intervención del Estado. Ahora es el campeón del antigobierno, alguien que ha dicho en la campaña, citando a Ronald Reagan, "el gobierno no es la solución a nuestros problemas, es nuestro problema". 
 
Ese cambio radical tiene mucho de oportunismo político. 
 
Samuel Popkin, asesor demócrata de las campañas de Bill Clinton y de Al Gore y autor de The Reasoning Voter: Communication and Persuasion in Presidential Campaigns, le dijo a la revista Semana que "en el Partido Republicano hay una guerra civil, con 3 fuertes movimientos de base: 
 
> los religiosos del Sur, 
 
> los millonarios que no quieren impuestos y
 
> los blancos furiosos, el Tea Party. Los locos de la base le ganaron a la élite republicana y Romney está atrapado. Llevó la campaña demasiado a la derecha y ahora trata de volver al centro, pero es demasiado tarde". 
 
Romney promete recortar, cercenar, amputar de cualquier manera el Presupuesto federal. Quiere disminuir los gastos federales en US$ 500.000 millones, privatizar los trenes Amtrak, acabar con el 'Obamacare', reducir los subsidios artísticos, eliminar programas de planificación, disminuir la cooperación exterior y someter la burocracia a dieta. 
 
Tal como dijo un asesor republicano, "hay que tener un gobierno lo suficientemente pequeño para que lo podamos ahogar en la tina". La otra parte del plan de Romney es reducir los impuestos. Muchos no entienden cómo va a lograrlo en tiempos de crisis, pero en todo caso el programa tiene radiantes a los radicales. 
 
Así, si para algunos Obama es un comunista, Romney es un vampiro capitalista. Él no se ayudó con una declaración, filmada por una cámara escondida, en la que dijo que "no nos sirve el 47% de los votantes. Dependen del gobierno, creen que son víctimas, creen que el gobierno tiene la responsabilidad de ocuparse de ellos, creen que tienen derecho a salud, a comida, a vivienda, a cuanta cosa". 
 
Lo racial
 
Mitt Romney lleva 23 puntos de ventaja a Barack Obama entre los blancos. 
 
Obama lleva a su rival 90 puntos de ventaja entre los afroamericanos; 50 entre los inmigrantes de América Latina; y 9 entre los asiáticos. 
 
En 2008, el actual Presidente consiguió el 44% del voto de los blancos. En éstas, las encuestas apuntan a que apenas alcanzará el 37%.
 
En líneas generales, los blancos votan a Romney y las minorías (asiáticos, afroamericanos y latinoamericanos) a Obama. 
 
De hecho, éstas son las elecciones con mayor polarización racial en USA desde 1988, cuando el republicano George Bush padre derrotó al demócrata Michael Dukakis. En aquella ocasión, Dukakis tenía el apoyo de las minorías.
 
La gran diferencia es que las minorías son ahora más. En 2010, el 69,1% de los estadounidenses eran blancos. En 2012, esa proporción había descendido al 63,7%. Y en 2050 los blancos dejarán de ser mayoría en USA. Eso implica que los republicanos tienen un grave problema: su electorado está camino de ser minoritario.
 
En estas elecciones, de hecho, la gran cuestión para el Partido Republicano es cómo conseguir incoporar a las minorías. 
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Un ejemplo: un tercio de la población de Texas es de origen hispano. Hasta ahora, ese grupo apenas ha votado. Pero, si sigue la misma dinámica que en California, incrementará gradualmente su participación y se orientará hacia los demócratas. 
 
Si Texas llega a convertirse en un Estado que los republicanos no tengan garantizada la victoria en unas elecciones presidenciales, ese partido verá gravemente amenazada su base de poder.
 
Los países también hacen sus apuestas
 
 
"(...) El Gobierno español está convencido de que una victoria de Romney impulsaría las bolsas y eliminaría incertidumbres, al menos de forma inmediata, toda vez que el llamado precipicio fiscal (fiscal cliff) se podría salvar con un acuerdo rápido con el Congreso estadounidense, donde los republicanos seguirán teniendo una holgada mayoría gane quien gane este martes.  En caso contrario, puede abrirse la caja de los truenos. Entre otras cosas porque la facción más radical -la vinculada al Tea Party-  no estará dispuesta a facilitarle el camino al nuevo presidente de EEUU en caso de que sea demócrata. Y de ahí que el Gobierno suspire por una victoria de Romney. No por razones ideológicas, sino puramente pragmáticas.
 
Si algo está claro es que la sintonía política del Partido Popular con lo que representa Romney es nula. O casi nula. Al contrario que ocurría en la época de Aznar, EEUU no es ya la prioridad de la política exterior española, volcada en las cancillerías de Berlín, París y Roma no sólo por razones tácticas, sino estratégicas. Entre otras cosas debido a que Europa es cada vez menos relevante para EEUU, tanto para Romney como para Obama, que sólo han mencionado el viejo continente en sus mítines -y en particular a países como España- para destacar sus problemas. Lo que preocupa en Washington es Oriente Medio y el eje Asia-Pacífico. Y, por supuesto, que la crisis del euro no contagie al resto del planeta.
 
Se impone, por lo tanto, el pragmatismo. Y para  hacerse una idea de lo que está en juego para España sólo hay que tener en cuenta que un fracaso a la hora de saltar el precipicio fiscal supone retirar de la circulación de forma casi inmediata los estímulos fiscales aprobados tanto por Bush Jr. como por Obama. Y que afectan a partidas como las prestaciones por desempleo, la reducción de impuestos para los asalariados, el recorte automático del gasto en algunas partidas clave o, incluso, los recortes impositivos aprobados durante el primer Gobierno Bush.
 
En total, más de medio billón de euros (el 50% del PIB de España) se iría por el desagüe de una economía tocada, pero no hundida, que conserva todavía cierto dinamismo gracias a las medidas no convencionales de la Reserva Federal y los estímulos fiscales. Si no fuera por ello, la economía estaría muerta.
 
(...) En el horizonte económico más inmediato, incluso, se teme que un pulso entre el nuevo presidente demócrata de EEUU con el Congreso, provoque un repunte de la prima de riesgo de los bonos estadounidense, situados en estos momentos ligeramente por encima de los alemanes. O dicho en otros términos, un triunfo de Romney facilitaría la prioridad de la política económica de EEUU, que no es otra que evitar una contracción fiscal excesiva a corto plazo, algo que le será complicado realizar a Obama, atado de pies y manos por la mayoría republicana en el Congreso. Se trata del mismo Congreso que tiene la llave de elevar el techo presupuestario de EEUU.
 
Como se ve, el Gobierno español no tiene en este asunto un planteamiento ideológico, sino que simplemente espera ganar tiempo para evitar el rescate, consciente de que si se activa el programa de asistencia financiera, Rajoy sería ya un presidente claramente deslegitimado a expensas de lo que diga la ‘troika’. Un golpe mortal desde el punto de vista político. Y fatal desde el ángulo de la estabilidad política. (...)"
 
El caso de la Argentina es totalmente diferente.
 
Basta con mencionar que Romney aparece vinculado a Paul Singer, el personaje más conocido de los llamados 'fondos buitres'.
 
Urgente24 ha publicado:
 
"El estadounidense Paul Singer tiene 68 años, está divorciado y es padre de un hijo gay. Gestiona, como director del fondo Elliott Capital Management, un capital superior a US$ 15.000 millones (11.500 millones de euros). Y este fondo, a su vez, es propietario de NML Capital, la empresa que ha conseguido confiscar la fragata argentina Libertad. 
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Singer lleva décadas especializándose en comprar deuda de países como Perú o Congo cuando su valor se encuentra por los suelos para después reclamar un precio mucho más elevado. Opera en Wall Street, es asesor del candidato republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney, y uno de los principales contribuyentes a las campañas electorales de este partido. Además, influido por su hijo, quien se casó en 2010 con otro hombre, ha donado más de US$ 12 millones para las campañas a favor del matrimonio homosexual.
 
Desde hace varios años, Singer se ha convertido en la pesadilla del Ministerio de Asuntos Exteriores de Argentina. Cada vez que en la Casa Rosada se prepara un viaje se tiene muy presente que los despachos de abogados de Singer permanecen al acecho.
 
Cuando la presidenta Cristina Fernández viaja a Estados Unidos, la larga mano de Singer ya ha pagado con antelación a jóvenes que reparten folletos contra la política del Gobierno allá donde la Presidenta se presenta. (...)".
 
Hagan sus apuestas
 
La gestión de Obama ha estado condicionada por 2 circunstancias fundamentales. Tal como lo explicó el diario madrileño El País, esos 2 ejes fueron:
 
> las descomunales expectativas desatadas por su elección en 2008 y 
 
> el estado desastroso del país que encontró a su llegada a la Casa Blanca. 
 
Si se compara con lo primero, el balance de Obama puede considerarse mediocre. Pero si se compara con lo segundo, puede incluso alcanzar la categoría de extraordinario.
 
Cuando Obama asumió la Presidencia, Estados Unidos sucumbía a una de las peores crisis económicas desde la Gran Depresión. Sólo en ese enero de 2009, se perdieron más de 800.000 puestos de trabajo. En su primer año en el cargo, se destruyeron 4,3 millones de empleos. El plan de estímulo aprobado en esos meses, no sólo contuvo la hemorragia, sino que contribuyó a la creación de 5,5 millones de empleos durante el resto del mandato.
 
La gestión de Obama ha estado condicionada por dos circunstancias fundamentales: las descomunales expectativas desatadas por su elección en 2008 y el estado desastroso del país que encontró a su llegada a la Casa Blanca
 
La industria financiera, al borde del precipicio, está de nuevo en pié y algo mejor regulada. La industria del automóvil, en la antesala de la quiebra, vuelve a dar beneficios. El PIB crece al 2% y el mercado de la vivienda empieza a ofrecer signos positivos. Aún existen dudas y no ha desaparecido del todo el peligro de una recaída, pero el optimismo es hoy mayor y la Bolsa de Nueva York se acerca a su máximo histórico.
 
La extensión de la cobertura sanitaria a toda la población, el nombramiento de dos brillantes mujeres –ambas comprometidas con la defensa del aborto- para el Tribunal Supremo, la eliminación de las trabas para los homosexuales en el Ejército, las ayudas a los universitarios, la protección del derecho a la educación para los inmigrantes sin papeles, las restricciones, todavía tímidas, impuestas a las industrias más contaminantes son, entre otras, las razones de Obama este martes.
 
El progreso es aún más notable en el ámbito internacional. Sin debilitar el liderazgo de USA, Obama le ha devuelto el honor al cargo de comandante en jefe, el prestigio a su país y, al mismo tiempo, ha creado un entorno mucho más favorable para la cooperación entre los países. Igualmente hay puntos oscuros en esta materia. El uso desmedido de los drones y la prolongación del diálogo estéril con Irán son lógicos motivos de preocupación.
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Todos esos méritos pueden verse degradados desde la perspectiva de lo que se esperaba de Obama, que fue elegido en medio de una ola de entusiasmo popular como no se ha conocido en la historia. Se contaba con un Presidente transformador que cambiara la política en Washington y en el mundo. El propio Obama es responsable de haber desatado esas expectativas. Pero no sólo él. En una época de desasosiego y ausencia de liderazgo, Obama fue el espejo en el que cada cuál reflejó sus propios deseos.
 
Era difícil que eso no desembocase en cierta frustración. Desde el punto de vista de la derecha, Obama no ha procedido a la renovación de un modelo de estado generador de déficit y deuda insostenibles. Desde el punto de vista de la izquierda, no ha cerrado Guantánamo ni ha acabado con el poder de los lobbys de las armas y las grandes corporaciones. Tampoco ha cumplido sus promesas de bipartidismo, obstaculizado por una oposición cerril que le niega incluso su derecho a ser norteamericano.
 
Obama ha sido, ciertamente, diferente en la Casa Blanca, de lo que fue como candidato. El gran orador, el gran inspirador de esperanza, ha resultado ser un presidente frío y distante. Lo ha pagado con la disolución de su carisma. Condicionado por la complejidad de su propia biografía, Obama ha resultado ser también un Presidente con aversión al riesgo. Esa prudencia, en cambio, se ha convertido en un plus en el manejo de la guerra de Afganistán o de crisis envenenadas, como las de Egipto, Libia o Siria. El Obama de hoy ha perdido encanto, pero ha ganado confiabilidad, un valor mucho más estimable en su posición.