Claves del dólar a $ 10 en breve
La Argentina necesita exportar pero no fue capaz ni de lograr inversiones privadas ni realizarlas el Estado con los millonarios ingresos por regalías. Hay cuellos de botellas enormes y es evidente la imposibilidad de conseguir los dólares que puedan abastecer al ilíquido Banco Central. Los excesivos controles implementados por la Aduana amenazan con hacer estragos en el incio de la cosecha de soja. Fuentes del mercado aseguran que la demora que estas medidas oficiales generan en los puertos no sólo llevan a un incremento en los costos "provocando la pérdida de competitividad relativa de los puertos argentinos en relación con los sudamericanos", sino que también se corre el riesgo de que el sistema portuario del país vuelva a ser considerado “sucio”. A la vez, los problemas estructurales que se acumulan y las inconsistencias de política económica que se amplifican han llevado a que el consumo privado y la inversión le pongan un techo a la tasa de crecimiento del modelo productivo, que paradójicamente termina dependiendo cada vez de las exportaciones.
23 de abril de 2013 - 16:56
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Antes de ir al cuello de botella, el contexto en que esto ocurre. Economía & Regiones afirma:
"(...) Nuestra economía necesita crecer nuevamente a tasas elevadas para poder generar puestos de trabajo y evitar que la tasa de desempleo se incremente durante el próximo lustro. Sin embargo, los problemas estructurales que se acumulan y las crecientes inconsistencias de política económica hacen que en la actualidad este modelo ajuste vía menor nivel de actividad. La combinación de política fiscal súper expansiva con fuerte emisión monetaria, cepo con brecha cambiaria, trabas a las importaciones y política oficial de "desendeudamiento", conducen nuestra economía hacia un escenario con cada vez menos nivel de actividad y más inflación.
El cepo y el desdoblamiento cambiario explican el enfriamiento del nivel de actividad y de su propagación hacia todos los sectores de la economía doméstica. La brecha cambiaria acelera las expectativas de inflación y depreciación, posponiendo las decisiones de consumo e inversión, lo cual afecta negativamente la absorción doméstica privada1 y el nivel de actividad.
En efecto, el crecimiento del consumo privado registrado en 2012 fue el menor desde el 2003.
Paralelamente, al igual que en 2009 la inversión cayó el año pasado. Este pobre crecimiento de la absorción privada fue “inflado” con el consumo (gasto) público, que creció entre un 6.0%4 y 6.5%5 en 2012.
Sin embargo, el consumo público no puede ser un motor sustentable del crecimiento de largo plazo. Por el contrario, en un marco de déficit fiscal creciente y sin fuentes genuinas de financiamiento, la expansión a estas tasas del gasto público “agranda” los problemas macro, porque genera más aceleración inflacionaria, mayores expectativas de devaluación y más brecha cambiaria, impactando negativamente sobre el consumo y la inversión privada.
Las exportaciones y el sector externo de la economía son las únicas variables que contrarrestan significativa y sustentablemente el menor dinamismo de la absorción doméstica (consumo + inversión) privada. En la actualidad, el sector externo y las favorables condiciones internacionales funcionan como un pulmotor artificial para nuestra economía.
Las exportaciones en términos reales se contrajeron entre un ‐7.0% (E&R) y ‐6.6% (INdEC) el año pasado, como consecuencia principalmente del factor climático (menor cosecha) y sólo en menor medida como consecuencia del menor nivel de actividad en Brasil, sin llegar a compensar el menor dinamismo de absorción interna.
La pregunta clave es ¿El crecimiento económico de 2013 será igual, mayor o menor al registrado en 2012?
En 2013 la absorción doméstica privada tampoco podrá dinamizar la tasa de crecimiento del PBI. El cepo se mantendría e inclusive se fortalecería durante este año y paralelamente la brecha cambiaria se ensancharía6, por ende la tasa de crecimiento del consumo privado seguiría debilitándose y la inversión muy probablemente continuaría cayendo.
Además, la caída del salario real, el aumento de la presión tributaria y el incremento de algunas tarifas atentarían contra el ingreso disponible del sector privado, impidiendo que el consumo privado conserve el dinamismo del año pasado.
(...) En este escenario base, la tasa de crecimiento del PBI de 2013 será menor, igual o mayor que la de 2012, dependiendo del comportamiento de las exportaciones. Si en 2013 las exportaciones volvieran a presentar una caída en términos reales, la tasa de crecimiento del PBI sería menor que el año pasado. Por el contrario, si las exportaciones volvieran a crecer en términos reales, entonces la tasa de variación del PBI 2013 superaría la observada el año pasado (+1.4%). A modo de ejercicio, se podría mencionar que según las estimaciones de nuestro escenario base, si las exportaciones medidas en términos reales crecieran 3.0%, 6.0% ó 10%, la tasa de crecimiento del PBI ascendería a 1.8%; 2.1% y 2.5%, respectivamente. Por el contrario, si las exportaciones no crecieran ni cayeran, la tasa de crecimiento del PBI 2013 (1.4%) sería la misma que la observada el año pasado. (...)".
Y sobre llovido, mojado: los puertos argentinos atentan contra las exportaciones, complicando todo en forma innecesaria y profunda.
Por lo tanto, la cotización del dólar libre hoy día ($ 8,68) es relativamente baja. Es un dólar subvaluado.
Las demoras en los puertos debido a las medidas implementadas por la Aduana causan gran preocupación en el sector agroexportador, específicamente en el incio de la cosecha de soja.
Fuentes del mercado aseguran que entre octubre de 2012 y marzo pasado se produjo una demora acumulada de alrededor de 10 mil horas en la actividad de los puertos agroexportadores, que afectó a 649 buques, el 58% del total. Estos atrasos, aseguran, llevan a que la logística portuaria incremente sus costos y entorpecen la exportación del complejo sojero en momentos en que se inicia la nueva cosecha.
La gran responsable de estas demoras es la Aduana, que dispone controles excesivos y redundantes. Y su persistencia en época de cosecha pinta un panorama oscuro: se prevé que afecten gravemente la sincronizada logística requerida, causando sucesivas demoras en sus distintas etapas, e incrementen significativamente los costos, perjudicando la eficiencia y provocando la pérdida de competitividad relativa de los puertos argentinos en relación con los sudamericanos.
Los operadores comentan que, como consecuencia de la mayor cosecha, este año más de 3.200 buques estarán involucrados en la exportación de productos de la agroindustria.
Entre las medidas de la Aduana que generan demoras cuantiosas se encuentra la ampliación de contra verificaciones de las cargas realizadas en los buques para cada permiso de embarque (por calado o “draft survey”, un sistema que sólo se emplea en puertos donde no hay balanzas electrónicas o para minerales, por ejemplo) y, por la aplicación de controles de estupefacientes sin plazo.
En relación con la primera de las medidas, las Resoluciones 2914/94 y 2220/90 de la Aduana admiten, además del usual sistema de balanzas electrónicas, el de calado y sondaje de tanques (“draft survey”) como contramedida para el peso de las cargas sólidas y líquidas a granel, que funciona como un sistema de estimación visual pero no de determinación electrónica.
Sin embargo, lo novedoso es que ese sistema se realiza por cada uno de los permisos de embarque (hasta ahora sólo se aplicaba por buque completo y en forma aleatoria), lo que afecta seriamente la agilidad que requiere la operatoria aduanera de exportación.
La adopción de esta última modalidad no sólo implica un considerable tiempo adicional en la carga, con sus respectivos costos, sino también aumenta el nivel de imprecisión de este tipo de mediciones tornándolas aún menos confiables de lo habitual, denuncia las fuentes del mercado.
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Los operadores aseguran que estos inconvenientes resultan innecesarios ya que el sistema de pesaje por balanzas se realiza con aparatos electrónicos de última generación aprobados por el INTI, sistema que posibilita, además, lograr una mayor precisión en un menor tiempo, favoreciendo así la celeridad de las operaciones, característica que ha puesto al “origen argentino” entre los más competitivos del mundo.
El sistema de medición por calado para el control de carga tiene numerosos inconvenientes e imprecisiones, por lo cual ha quedado en desuso internacionalmente y es utilizado únicamente en aquellos puertos en los que no existen sistemas alternativos de pesaje.
En la Argentina, que dispone del más eficiente sistema de balanzas electrónicas, aquel método sólo se justifica para detectar, como contramedida, variaciones significativas de las mediciones de balanza pero sin ser técnicamente válido para sustituirlo, debido a sus manifiestas imprecisiones.
Esa situación expone, durante la cosecha a pleno, a una reducción en el recibo de granos en las instalaciones para exportar, ya que los depósitos se ocuparían con mercadería que no se podría cargar.
La imprevisibilidad en la aplicación de las contra verificaciones por calado o “draft survey” agrega demoras por cuanto las empresas deben contratar peritos propios y buscar lanchas para su desplazamiento, atrasos que obligan a modificar la secuencia programada de buques.
Asimismo, los dilatados atrasos en la carga y zarpada de los buques pueden aumentar la cantidad de buques en espera y generar gravosos costos, en especial durante la cosecha, lo que se traducirá en un aumento de los costos de los fletes hacia puertos argentinos.
Otra medida que genera importantes tardanzas es la puesta en práctica de controles de estupefacientes (Resolución 3341/12), ya que los equipos multidisciplinarios carecen de plazo para la realización de esos procedimientos.
Estas demoras provocan incertidumbre sobre los horarios operativos e impactan directamente sobre toda la cadena logística al impedir coordinar los pedidos del personal de SENASA, estiba, inspectores privados, etcétera, incrementando el costo general.
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Las demoras ocasionan a menudo la alteración de la dinámica logística al exponerla a eventuales cambios frecuentes en los programas de cupos de descarga de vagones y camiones, y recepción de barcazas, a raíz de la incertidumbre acerca del momento para cargar y de la disponibilidad de espacio para estibar la mercadería.
Como consecuencia, los depósitos con productos agroindustriales, listos para ser embarcados, en un momento de mayor movimiento pueden congestionarse, generando paradas no programadas en las líneas de producción.
Esos retrasos constituyen otro factor negativo que pone en riesgo de que el sistema portuario del país vuelva a ser considerado “sucio”, con el encarecimiento de los costos asociados por penalizaciones internacionales.
Si persiste, el atraso en los embarques provocará incertidumbre en los bancos del exterior que pre financian a los exportadores argentinos (se calcula que el monto
involucrado ronda los US$7.000 millones), ya que la demora en las exportaciones se traduce en el atraso en las devoluciones de los créditos.









