CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). ¡Te vas a quedar ciego! Esa debe haber sido una de las frases más graciosas que me tocó escuchar acerca de la masturbación. La escuché en una comedia italiana antigua, no recuerdo el título de la película pero el argumento básicamente trataba de una familia hacinada en algún suburbio de las zonas más pobres de Italia.
Algunos apuntes sobre la historia reciente de la masturbación
La práctica de la masturbación es tan vieja como la humanidad. Pero conforme las culturas se desarrollan, aparecen nuevos mitos y dudas. Está más que claro que la masturbación es un acto natural que no conlleva peligros para la salud. A continuación, un completo repaso por algunas de las más recurrentes fantasías relacionadas con esta práctica.
En una sola habitación vivían aproximadamente una decena de personas de todas las edades, todos familiares directos y políticos. Gran parte de la película discurría bajo esta escena de aglomeración con todas las confusiones que se daban sobe todo por las noches. Uno de los miembros de la familia era un chico de aproximadamente 14 años, que, como supondrán, estaba en plena efervescencia hormonal y por las noches, cuando creía que el resto de la familia dormía profundamente, procedía a autoestimularse los genitales. El problema –y lo gracioso- de la escena era que la cama en la que le tocaba dormir era bastante inestable. A decir verdad, le hago un favor al llamarla cama. Era prácticamente un somier de alambres entrelazados artesanalmente y sobre el un colchón que poco o nada amortiguaba.
El hecho es que la escena resultaba muy cómica pues el jovenzuelo arrancaba con movimientos pausados, muy estudiados como para no hacer sonar su lecho, pero poco a poco iba entrando en trance, los ojos de le desorbitaban y los vaivenes de su mano eran más extensos hasta que, en pleno paroxismo sexual, poco o nada le importaba el rechinar de su somier. La escena fue magistralmente exagerada y, sobre los instantes finales del proceso, el mozalbete prácticamente rebotaba en su colchón, con los ojos desorbitados, al mejor estilo de Linda Blair en El Exorcista, cuando era poseída por el demonio Pazuzu. En este punto fue de pronto se escuchó un grito en medio de la penumbra que lo reconvenía a dormir, acompañado de la frase que abrió este artículo. En ese momento el frenesí se desaceleró instantáneamente, quebrando las leyes físicas de la inercia a lo que habría que sumarle la cara de pánico del joven.
Esta, bien puede ser la escena que pinta de cuerpo entero la visión que se tenía de la masturbación y hasta hace no mucho, me atrevería a decir. Incluso, ahora mismo debe haber por ahí, sueltas, muchas familias chapadas a la antigua que deben mantener estos equivocados preceptos.
Llama la atención que, personajes tan destacados del conocimiento y saber humano, adelantados a su propio tiempo incluso, como Sigmund Freud, hayan tenido igualmente opiniones equivocadas acerca de la masturbación. Para hacer justicia al padre del psicoanálisis, debemos decir que fue el primero en señalar que la masturbación se daba de manera común en la infancia. Esto no quita el hecho de que pasó mucho tiempo en la oscuridad del pensamiento que le atribuía a ala masturbación cualidades nefastas como ser el punto de origen de las neurastenias, desorden orgánico producto de una fatiga crónica tanto a nivel muscular como de terminales nerviosas en el cerebro. Por su parte, Havelock Ellis, otro estudioso del tema, fue el encargado de abrir un poco el horizonte acerca de la masturbación de cara al siglo veinte al señalarla como una práctica natural y común independientemente de la edad del individuo, haciéndose extensiva esta al sexo femenino. Para el siglo veinte, ya estaba bien claro que la masturbación no era exclusiva del género masculino y la industria no tardó en aparecer con el lanzamiento al mercado de los primeros vibradores que facilitaban esta tarea a las mujeres sobre todo.
Hacia mediados del siglo veinte, junto con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, llegó el Informe Kinsey en 1948 donde se ponía de manifiesto que la masturbación era más común de lo que se pensaba. Mientras tanto, la postura de la Iglesia Católica no había cambiado mucho que digamos y para 1983, el Vaticano se pronunció al respecto con el documento titulado Orientaciones Educativas Sobre el Amor Humano, en donde se encargó de relegar a la masturbación a un plano más bajo y culposo, tildándola de conducta amoral y grave desorden moral, además de enchufarle el status de pecado mortal.
Pero la nota anecdótica llegó hacia finales del siglo veinte. Se terminaba el año 1994, cuando, en el colmo de la audacia, la Jefa del Cuerpo Comisionado del Servicio de Salud de los Estados Unidos se pronunció respecto a la masturbación diciendo que ésta debería ser enseñada en las escuelas dentro de los programas de educación sexual. Al poco tiempo fue cesada de su cargo por Bill Clinton, presidente de los Estados Unidos en ese entonces. En una burla del Destino, el propio Clinton se vería envuelto en un caso de infidelidad con detalles y filigrana sexual incluida, quedando entre la espada y la pared y viéndose obligado a admitir su desliz con la becaria Mónica Lewinsky. Ya en nuestro tiempo, el cristal con que se miraba a la masturbación parece más pulido e incluso ya se hacen estudios sobre los beneficios de esta práctica. Un estudio realizado en 2003 y dirigido por el australiano Graham Giles concluyó que la masturbación frecuente puede reducir sustancialmente el riesgo de padecer cáncer de próstata en los hombres. Las tabulaciones de ese estudio señalaban que hombres entre 20 y 30 años de edad y que se masturbaron con una frecuencia de 5 veces a la semana, alcanzaron un 30% menos de probabilidades de desarrollar el cáncer de próstata.
El hecho es que, actualmente, se ha demostrado científicamente que la masturbación no conlleva efectos físicos ni mentales y que su práctica es más bien natural al hombre y antiestresante. Por último, hasta se puede considerar como el mejor método anticonceptivo y de protección contra enfermedades de transmisión sexual, por más que los apocalípticos puedan señalar que su práctica masiva y exclusiva acabaría con la especie humana. ¿Usted que opina?
Educa Sexo






