Pelear con Morales Solá es más peligroso que con la Triple A (?)
Para opinar acerca de 'Néstor Kirchner, la película' es imprescindible haber visto el film. Al respecto, muy interesante el punto de vista de un realizados cinematográfico como Guillermo Raffo, quien le dijo al bisemanario Perfil: "Descontábamos que no iba a ser como Don’t Look Back, ni como Nixon. Los antecedentes de Néstor Kirchner, la película clausuraban toda posibilidad de ambivalencia o reflexión. Pero podría haber sido a favor, podría haber aspirado a cierta eficacia extra-cinematográfica en la línea de Michael Moore, quien nunca nos convenció de nada pero a su público algo le vende. Tal vez la primera versión, de Adrián Caetano, haya sido algo así. La que nos tocó, porque siempre ligamos las peores versiones de todas las cosas, es la de Paula de Luque: una hagiografía imposible cuya ambición declarada –hacer de Néstor un santo– es tan extrema como su incapacidad para conseguirlo. (...)". Pero también muy interesante el punto de vista de un periodista de profunda visión de la política:
02 de diciembre de 2012 - 09:18
por CARLOS SALVADOR LA ROSA
CIUDAD DE MENDOZA (Los Andes). Para su inmenso y genial documental, “Perón, sinfonía del sentimiento”, Leonardo Favio toma como excusa la historia de un hombre para contar la historia de un pueblo. En “Néstor Kirchner, la película”, su directora Paula de Luque toma como coartada la historia de un pueblo para contar la historia de un hombre. Favio decía estar orgulloso de Perón, pero soldado se sentía sólo de su pueblo, por eso cantaba: “Soy soldado de mi pueblo y estoy orgulloso de mi general”. Paula de Luque sólo se siente soldada de Néstor y Cristina.
“Néstor...” busca convencer a los ya convencidos. Ni siquiera adoctrinar, sino militar para militantes. Como una misa laica, pero sin sermón, sólo con el rito, ese que siempre se repite igual. Que no genera pasión, sino mera comunión para el creyente.
Hay películas tan militantes que al “contrera” lo hacen enojar y hay películas también muy militantes que, sin embargo, aunque uno rechace lo que se defiende, igual conmueven porque el arte se impone al relato. En cambio “Néstor...” no llega a nadie, salvo a los que ya llegaron, mientras que al resto ni siquiera lo enoja, sólo logra su indiferencia. No es una mala película sino una no película, impuesta ideológicamente por dos productores a una señora que emplearon como directora, que aceptó serlo cuando echaron y censuraron a Adrián Caetano, quien desde su afecto y pasión por el ideario K intentó hacer una película, no un encargo.
El film dice que es un documental, pero en absoluto pertenece a esa categoría. La primera parte pertenece a la categoría de los videos familiares, la segunda a la de los spots publicitarios, y la tercera es un discurso con imágenes que tiene un fin político inmediato: influir en el llamado 7D.
La “prehistoria” política de los Kirchner, que va desde los ’70 hasta 1983, pone algunos documentales políticos de época, pero no consigue relacionarlos jamás con la pareja protagonista, que es mostrada a través de filmaciones caseras, editadas del mismo modo en que hoy se editan los videos para las fiestas de quince años o los casamientos, y tan mal editados como éstos, pese a que en este caso se contó con bastante más dinero de lo que tienen los papás de una quinceañera o una pareja que se casa.
La película no busca hacer una crónica de esos tiempos en que los Kirchner iniciaron su militancia, sino poner a la pareja como protagonista central de aquella historia: explicar a través de ellos dos todo lo demás. En el film no son dos jóvenes más, sino la expresión de todos los jóvenes de ese tiempo. Una exageración, por no decir una tergiversación, que busca una retro-mitificación: los Kirchner ya eran en los ’70 todo lo que son ahora, sólo que el mundo aún no lo sabía.
La segunda parte va desde 1983 a 2003 y tampoco es un documental, sino una mera sumatoria de spots publicitarios de campañas electorales o discursos de comité. Según la película, toda esa etapa Néstor se la pasó básicamente encerrado en Santa Cruz, en medio de la nieve, como si él nada hubiera tenido que va con la democracia debilucha de Alfonsín y mucho menos con la neoliberal de Menem.
Es una operación política que busca imponer el siguiente amañado relato: Kirchner, el fundador de un nuevo país, no puede haber existido políticamente en el país previo a su fundación, salvo en Santa Cruz. Mientras la seudo-democracia marchaba hacia su estallido de 2001, él, que no tuvo nada que ver pero intuía lo que pasaría, se recluyó en su pago chico para preparar desde allí la segunda independencia, continuando a San Martín cuando éste se recluyó en Mendoza para gestar la primera independencia, escapándose en su ínsula cuyana de los aprietes de porteños y unitarios.
La tercera parte tampoco es un documental sino un discurso al cual se subordinan todas las imágenes. De la presidencia de Néstor no se muestran realizaciones concretas, sólo tres gestos armados mediante el montaje para que digan lo que la directora quiere decir: el primero, viene Bush a la Argentina y Kirchner da un discurso como si lo estuviera retando mientras Bush, sorprendido, pone una cara con la que parece estar diciendo “cómo me c... este tipo”.
El segundo, Kirchner obliga a los militares a desmontar el cuadro de Videla para después mostrarse en un acto donde reta a los militares, que lo miran, sorprendidos, con caras de estar diciendo, “cómo nos c... este tipo”. El tercero es cuando declara la segunda independencia económica de la Nación, pagándole cash al FMI.
Y mientras él se le animaba al imperio desendeudándose con valentía épica, la película explica que ya en ese entonces Alberto Fernández y Roberto Lavagna eran dos tipos aterrados que sólo le pedían moderación y prudencia a Néstor, vale decir, eran ya dos futuros entregadores de la revolución. Es que la mitología K exige que nadie puede hacerle sombra al líder. Que para eso está el cine revolucionario, para borrar de la historia a los contrarrevolucionarios infiltrados en la revolución.
Luego llega la primera presidencia de su esposa, a la que la película busca equiparar con la historia del primer peronismo. Así, la Ley de Medios es presentada como una remake de la Constitución de 1949, como el documento fundador del dogma K, salvo que en vez de darle los derechos sociales a los obreros como hizo Perón, los Kirchner le dieron los derechos laborales a los periodistas afines. Esta ley, que a tres años de su sanción aún no se aplica, tuvo aun así el milagroso efecto de darle trabajo en el Estado a miles de periodistas con sueldos fabulosos sólo a cambio de que defendieran el relato.
Los actos del Bicentenario son presentados como el 17 de Octubre del kirchnerismo, como los que lograron “quebrar culturalmente al enemigo” según en la película dice Máximo que le dijo su papá. O sea, para este film, el 17 de Octubre del kirchnerismo fue un multitudinario festejo popular apartidario, algo así como si a un gobernador mendocino se le ocurriera mostrar como el mayor acto político a su favor la Fiesta de la Vendimia.
El final es la crónica de la muerte de Néstor, que, de lejos, constituye la parte más discutible de toda la película ya que aquí la directora recurre a dos hechos de increíble demagogia para intentar emocionar con las peores artes. Primero, esboza la tesis de que Néstor no murió por causas naturales, ni siquiera porque se peleó con Hugo Moyano. No, según esta cosa que se llama película, Kirchner murió de pena porque unos sindicalistas que se decían oficialistas mataron al joven opositor Mariano Ferreyra.
Luego, en el entierro del ex presidente, se muestra un cartel que dice que Néstor volverá y será millones, algo que cualquier director de cine medianamente serio, aún ultra K, hubiera excluido, para evitar la comparación fácil, sensiblera y artificial entre Evita y Néstor. Esto no se hace, mejor dicho no se debería hacer.
Según la película, los Kirchner son un matrimonio que luego de haber participado activamente en la revolución, tras el golpe militar se van a Santa Cruz sin un mango, perseguidos por cobijar a un amigo ex montonero. En el sur caen presos y en la cárcel cuentan los largos días del martirio. Cuando salen libres, él la obliga a ella a terminar la carrera de abogada que ella no quería terminar y luego se casan. Hasta que en 1983 empiezan a vivir de la política. Con lo cual la película deja en claro que esa pareja de militantes que en 1976 no tenían un mango, en 1983 ya eran millonarios, porque es difícil suponer que se pueden haber hecho ricos después, con los míseros sueldos de intendente o gobernador él, o de legisladora local ella. Aunque esa parte, la de los abogados exitosos, en la película no está.
Máximo es presentado como el principito. El heredero que habla poco pero lo preciso, a través de moralejas. De chiquito jugaba con soldaditos de plomo, pero cada vez que lo hacía el papá le rompía los soldaditos, dando a entender el film que al pibe los soldaditos no se los regalaba el papá que se los rompía, sino la hermana Alicia, de la cual las malas lenguas gorilas dicen que trabajaba para los milicos que su hermano y su cuñada combatían. En otra escena, Máximo se enoja él, ya no su papá, porque Clarín critica a su mamá. Al final, el principito cierra el film dando una versión bien K de la historia: “Si me preguntan si hay algo que cambiar yo no cambiaría nada”, dice el pibe, mostrando con esa definición su nula capacidad autocrítica como una virtud, como la moraleja final.
En todo el film hay un solo enemigo en serio de los Kirchner, que aparece en la última parte: se trata, claro, de Clarín. Ni el campo ni Cobos son enemigos reales, sino meros títeres del mal. La película lo dice contundentemente en el más fuerte mensaje que desea transmitir: Clarín es hoy lo que fue la Triple A en los ’70 o los golpistas y la oligarquía siempre. Es su continuación ampliada, por eso el gobierno de los K es más revolucionario que todos los anteriores, porque su enemigo es más poderoso que todos los anteriores.
O sea, si los Montoneros se enfrentaron con la Triple A y con el Ejército, si Alfonsín se enfrentó con las juntas militares y con Rico, si Menem se enfrentó con Seineldín y Duhalde con un país en llamas, los Kirchner se enfrentaron con Clarín. Y viendo la talla del enemigo se puede perfilar la talla del héroe.
En ese sentido, la película no deja dudas sobre que pelear contra Morales Solá (el único periodista “enemigo” citado por Kirchner en la película) es mucho mas peligroso que haber peleado contra la Triple A, Videla, Rico, Seineldín o la anarquía. Ese es el mensaje que desea transmitir “Néstor Kirchner, la película”, en realidad es para lo único que fue hecha: como instrumento para la lucha política de ocasión, para el 7D. No para la historia grande ni siquiera para el homenaje permanente a un político importante, sino para un día muy particular de diciembre. Intención bien modestita, si las hay.







