LATINOAMÉRICA

Arreaza, muchas manos en un plato hacen mucho garabato

La dirección colectiva de la Venezuela que viene es una ambición explicitada por el oficialismo que solo incrementa la sensación de desgobierno y de caos que persiste en ese país, y que solo oculta la desazón de los simpatizantes del chavismo por la muerte de su líder, pero que augura días terribles.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Un refrán propio de la lengua española afirma:
 
"Muchas manos en un plato hacen mucho garabato: Cuando muchas personas tienen injerencia en un tema, el resultado no puede ser positivo."
 
Algunos le han respondido con otro refrán:
 
"Mucho ayuda el que no estorba".
 
Esto último puede ser cierto pero requiere de una precondición ineludible: la meritocracia aplicada a los que participen. Que sean los mejores.
 
El chavismo no cree en eso. Sus patrones de conducta, desde el inicio del Movimiento V República tuvo que ver con una mal comprendida "lealtad" y peor aplicado "amiguismo", que sólo derivó en "caprichismo".
 
Imposible no recordar todo esto al escuchar al vicepresidente venezolano y yerno del mandatario fallecido Hugo Chávez, Jorge Arreaza, quien sostuvo que la dirección de lo que el llama "la revolución" pasará de individualista a colectiva, para muchos una forma de devaluar a Nicolás Maduro Moros, el candidato presidencial del PSUV y designado su heredero por Chávez. O de reconocer sus limitaciones.
 
De acuerdo al relato de Ocarina Espinoza, en el diario El Universal, de Caracas, Arreaza dijo que la política oficialista actual avanza en la dirección de la revolución de forma colectiva.
 
"(...) Para Arreaza no hay compromiso sin lealtad y viceversa. "El compromiso para con su espíritu (el de Chávez), sus enseñanzas, es absoluto. Nuestra lealtad no es solo con el hombre, sino con sus ideas, con el proyecto de futuro que nos dibujó y es de por vida, como ha dicho Nicolás Maduro: ‘si hubiese otra vida, seguiríamos siendo fieles a su proyecto'".
 
En este contexto de dirección colectiva y de lealtad es que se enmarca su nombramiento. Relató que Hugo Chávez decidió designarlo el 6 de diciembre de 2012 como vicepresidente de la República, versión expuesta originalmente por el presidente encargado Nicolás Maduro.
 
"Fue una designación del propio comandante, el 6 de diciembre, dos días antes de que viniera al país a comunicar su decisión de someterse a una muy delicada cirugía que podía tener consecuencias fatales, como eventualmente las tuvo, en el plano físico de su existencia. Le dio instrucciones claras a Nicolás Maduro y me pidió a mí acompañarle". 
 
Arreaza ve en Chávez el principal impulsor de nuevos liderazgos, el de él incluido. "Hoy hay un pueblo despierto, hay liderazgos en todas partes, cualquier consejo comunal en cualquier colectivo se encuentran dispuestos a explicarle al país la necesidad de la transformación".
 
"Hugo Chávez fue un forjador de conciencia (Hay) una abismal diferencia entre el pueblo venezolano en la primera década de este siglo con respecto a lo que fue por ejemplo en los años 80.  Fue siempre un pueblo en batalla pero estaba adormecido entre la alienación de los medios de comunicación, entre el falso juego democrático, el bipartidismo absurdo que era el gobierno continuo de la burguesía", expresó en entrevista realizada por José Vicente Rangel.
 
El vicepresidente admitió que el gobierno y los seguidores de Hugo Chávez se encuentran en un dilema ante la necesidad de decidir como lo hubiese hecho el mandatario ante cualquier circunstancia en el país.
 
"A veces queremos despertar y que esto haya sido un mal sueño, una pesadilla y que esté el comandante Hugo Chávez en su despacho, en Miraflores y que suene el telefonito interministerial con el timbre y que nos diga que estamos haciendo algo bien o nos regañe porque estamos haciendo algo mal, pero la realidad es otra", expresó el vicepresidente.
 
"En un principio nos sentimos solos. Cualquiera lo llamaba a cualquier hora y él era capaz de decidir entre varios escenarios cuál era el pertinente, con la capacidad que tenía de interpretar al pueblo porque hay que decirlo, fue el mejor intérprete del pueblo venezolano pero nos corresponde asumir este rol en un momento de dolor, de duelo", añadió. (...)".
 
Curiosamente, hay una extraña coincidencia entre los dichos de Arreaza y las palabras de Henri Falcon, gobernador del estado Lara y jefe de campaña de Henrique Capriles.
[ pagebreak ]
 
Entrevistado por Edgar López para el diario El Nacional, también de Caracas, hay un fragmento del diálogo que es muy revelador de lo que ocurre:
 
"—¿Cómo afrontar la última voluntad de Chávez, que pidió a sus seguidores votar por Maduro?
 
—El oficialismo es víctima de una crisis de liderazgo derivada del culto a la personalidad del presidente fallecido. No sólo se trata de la última voluntad de Chávez, sino de la voluntad de los dirigentes y militantes del PSUV, que no están totalmente de acuerdo con entregar las riendas del proceso político a Nicolás Maduro. Para nadie es un secreto que hay fuertes enfrentamientos en el sector oficialista, precisamente porque algunos desconocen esa última voluntad del presidente fallecido.
 
—¿Quiénes integran esos sectores?
 
—Ellos se conocen y la gente lo intuye.
 
—Las supuestas disputas con los militares fueron aclaradas por el ministro de la Defensa, que fue explícito y enfático al apoyar a Maduro.
 
—El ministro es una individualidad en la Fuerza Armada que no compromete la honorabilidad de la institución. No es precisamente el único y más calificado vocero del sector militar. Pero no es sólo lo que ocurre en el sector militar, sino también en la Asamblea Nacional, en el Gabinete Ejecutivo y en el PSUV. El problema ya no es Chávez, es Maduro.
 
—Chávez sigue siendo el principal aval del oficialismo.
 
—Deberíamos sacar a Chávez de la contienda electoral y dejar que descanse en paz.
 
—En todos los procesos electorales los militantes del chavismo se han manifestado disciplinadamente.
 
—La disciplina del oficialismo se ha roto cuando Chávez no participa directamente en los comicios. Sube la abstención y los que más se abstienen son los chavistas. Hay un sector importante que sólo se moviliza por Chávez. Es gente que no pertenece al PSUV y que no reconoce otro liderazgo que el del presidente fallecido. En el gobierno de Chávez no habíamos visto una crisis tan aguda como la que vive Venezuela. La inseguridad ciudadana sigue cobrando vidas en forma alarmante. La gente no consigue los productos esenciales como harina de maíz, pasta dental o papel higiénico. Los hospitales están peor que nunca. El desempleo es cada vez mayor y las perspectivas son desalentadoras por la destrucción del aparato productivo. No se ha logrado resolver ni siquiera 10% del déficit habitacional. Las fallas eléctricas son la regla en algunas regiones del país. La ineficiencia del Gobierno es un padecimiento cotidiano de la gente, pero sobre todo desde que Maduro está al frente. Estos 100 primeros días de él en el poder han sido de golpes contra la pared. Desde diciembre para acá hemos visto una paralización absoluta del país. Ese es el origen de los verdaderos problemas de la gente y lo que debemos discutir para convencerlos de votar por un cambio. (...)".
 
La crisis de liderazgo es evidente en el PSUV, aún cuando gane Maduro porque el problema es su autoridad cuestionada desde adentro del oficialismo, y que le obligará a 'purgas' domésticas antes que a concentrar su energía en la gestión de los muy difíciles problemas que tiene Venezuela por delante.
 
La crisis de liderazgo en el PSUV fue el origen de las mentiras sobre la salud de Hugo Chávez, y hasta del incumplimiento parcial de su última voluntad, todo lo cual le provocó un desgaste a la credibilidad del chavismo. Y la crisis de liderazgo provocará que la mentira no se detenga.
 
A propósito, una columna de Xabier Coscojuela, en el diario Tal Cual:
 
"La mentira de este gobierno ha sido una constante durante 14 años, hasta convertirse en parte de su política oficial.
 
No son embustes que llamamos como piadosos, mentiras blancas, sino engaños, triquiñuelas, falsedades que llevan la impronta de que salen de Miraflores, no de algún medio de comunicación.
 
Basta recordar los 17 intentos de magnicidio denunciados por el Gobierno y de los cuales nunca se mostraron pruebas de ninguno de ellos, por muy insignificante que fuera. La versión endógena del Agente 007 descubrió varios planes de invasión. Pura paja.
 
No hablemos de las distintas promesas anunciadas en cadena nacional y no cumplidas, porque la lista se vuelve interminable. Pero el episodio donde la mentira y la manipulación alcanzaron un grado de desarrollo insuperable fue con el manejo de la enfermedad del Presidente.
[ pagebreak ]
 
Desde distintos sectores del país, incluyendo esta página editorial, se preguntó varias veces durante el inicio de la campaña electoral sobre las facultades del aspirante a la reelección para poder ejercer un nuevo mandato constitucional. Quienes tengan algún conocimiento de lo que significa un padecimiento como el cáncer sabrán que las dudas tenían sobrados fundamentos, pues se trata de una enfermedad terrible.
 
La respuesta, oída por todo el país, fue que el cáncer había desaparecido. Incluso el fallecido mandatario aseguró que del cáncer ni se acordaba. Lamentablemente la realidad fue muy distinta.
 
En esas condiciones y engañando a todo el país, los líderes del chavismo, con su jefe a la cabeza, afrontaron la justa electoral, campaña que no pudo sino empeorar la salud del primer mandatario.
 
Lo más sensato, lo más honesto, habría sido que el chavismo presentara otro candidato y que el Presidente se dedicara a sanarse, pero las apetencias de poder pudieron más que la razón y la sindéresis.
 
Sin embargo, no fue esa etapa por la conquista de los votos cuando el capítulo de las mentiras alcanzó su clímax. Lo más escandaloso estaba por llegar.
 
Apenas dos meses después de ser reelecto, el presidente Chávez anunció un nuevo viaje a La Habana, el que a la postre sería su último contacto con los venezolanos. Desde esa fecha y hasta el día de su muerte, desde el gobierno se desarrolló toda una campaña de manipulación para engañar a los venezolanos y, en particular, a quienes respaldaron al finado Presidente.
 
Nunca se dijo la verdad, pues jamás se reconoció que Hugo Chávez no podría volver a ejercer el poder, algo que los médicos tratantes, por muy piratas que fueran, debieron habérselo advertido. En este engaño tuvieron participación todos los poderes públicos.
 
El TSJ, que prestó sus servicios para amoldar la Constitución, como el sastre con un traje, para adaptarla a la medida de las necesidades del cogollo chavista.
 
La Asamblea Nacional permitiendo que el usurpador presentara un informe anual que no le correspondía. A ese coro se unieron las representantes de la Fiscalía y la Defensoría. Cuando desde la calle se exigió que se dijera la verdad sobre la salud del Presidente, el gobierno a través del yerno del mandatario, mostraba unas fotografías y afirmaba que se había producido una mejoría.
 
De hecho, su regreso al país se "vendió" como una prueba más de que el estado de salud del Presidente mejoraba. Todos vimos al ministro de Información coreando en VTV el "volvió, volvió, volvió", como si hubiese despertado el 13 de abril de 2002. Lo que quisieron transmitir es que todo iba por buen camino.
 
Volvieron a engañar a los venezolanos. La verdad, tristemente, se impuso apenas unos días más tarde. Hay un refrán muy criollo que suele advertir a los coberos cuando se nos acercan con sus invenciones: "la mentira, amigo, siempre tiene patas cortas".