Un partido que parecía terminar con una triturante victoria de Tigre frente a Chacarita finalizó en un empate. Después de que el arquero del Matador se “rayara” con el árbitro del encuentro, un impensado jugador hizo historia: el arquero Eduardo Pibona Alterio.
Un desacuerdo y un perjuicio
El 9 de agosto de 1931 no era un buen día para Chacarita: con dos goles de Juan Carlos Haedo y uno de Roberto Olmo, su derrota como visitante en el estadio de su archirival parecía más que inminente. Sólo le quedaban 30 minutos para darlo vuelta, una hazaña que parecía casi imposible.
Sin embargo, el milagro ocurriría de la mano del menos pensado: paradójicamente, el arquero de Tigre. Resulta que en un momento dado, el árbitro de aquel duelo decretó penal para el club Funebrero, una decisión con la que el encargado de defender la portería del Matador no estaba de acuerdo.
¿Quién se encargó de patear aquel penal? Ni más ni menos que Eduardo ‘Pibona’ Alterio, el arquero de Chacarita, que había pedido hacerlo. Tan molesto estaba su homólogo por la decisión del juez que, en señal de protesta, se quedó pegado a uno de los palos.
De más está decir que el tiro que pateó Alterio fue más que exitoso: no sólo cerró un poco la brecha frente al equipo local, sino que además hizo historia. Se había convertido en el primer arquero del profesionalismo argentino en anotar un penal.
El milagro de Pibona
Con el marcador ahora en un más alentador 3-1, los jugadores de Chacarita parecieron renovar sus ánimos. Aquellos que imaginaban que esa tarde la gloria se la llevaría Tigre hubieran estado más que justificados, pero se equivocaban. Porque el abismo se cerró hasta terminar en empate.
Emilio Sampayo, con dos goles, terminó desactivando la victoria del plantel victoriense. De esta manera, el duelo finalizó en un increíble empate de 3-3. Una tarde que tuvo de todo: un arquero protestón, otro arquero pionero del fútbol y un giro de los acontecimientos más que emocionante.









