GUALEGUAYCHÚ (
El Argentino). Desabastecimiento de alimentos básicos, falta harina para hacer el pan y los productos básicos como la leche ya son difíciles de encontrar en los comercios. Y ni qué hablar de los precios, todos se fueron por las nubes; aunque se sientan como "en casa" porque siempre estuvieron lejos de los bolsillos. Así y todo, se alejaron más de la mesa familiar. Por esta suba se intentó acusar a los productores de ser los responsables de la inflación, la realidad demostró que los productores son ajenos a esa situación y que en todo caso hay que buscarla en la cadena de distribución (que hace un pasamanos sin valor agregado).
El comercio y el turismo, para nombrar a dos actividades clave de la ciudad, apoyan al campo; pero ahora observan en carne propia que se están perjudicando por los cortes de ruta: primero los cortes de los productores, luego los del transporte, ahora ni siquiera se sabe con precisión quién corta. El resultado es el mismo: desabastecimiento, pérdidas económicas, postergación e incluso abandono de planes de inversión, ruptura de la vida cotidiana, todo a consecuencia de no volver al 10 de marzo.
El Gobierno y el campo hablan de diálogo, pero ninguno dialoga, teniendo en cuenta que el 26 de mayo el Gobierno cerró las puertas al diálogo por un capricho: se quejó de las críticas del campo en Rosario, pero en el fondo se asustó de los 300 mil autoconvocados que fueron al Monumento a la Bandera contra los apenas 20 mil que estuvieron en el acto oficial de Salta.
El desabastecimiento de la sensatez, del sentido común, de la responsabilidad deja este vacío en medio de la vida que todos los días hay que llevar hacia un mañana.
En algunas ciudades el caos es más tremendo. Villaguay, por ejemplo, está aislada: No se puede ingresar ni salir por los cortes de ruta que rodean a esa ciudad. En Paraná, no hay transporte urbano de pasajeros y en las escuelas de la capital provincial no se toma asistencia por este problema. ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo? Nadie lo sabe.
Hay desabastecimiento de sensatez, de sentido común, de responsabilidad para gobernar para todos los argentinos.
El Gobierno lleva la mayor parte, pero la dirigencia del campo (y ahora la del transporte) tiene lo suyo en este cuadro de situación. No decirlo sería tener una mirada tergiversada de la realidad.
El 11 de marzo el país conoció la medida que adoptó el Gobierno nacional con el anuncio del nuevo sistema de retenciones móviles. Desde entonces, los cortes de rutas se sucedieron a lo largo y ancho del país productor. Es lógico, es el país donde el campo es clave y esencial para motorizar la economía. No sólo eso, el campo es parte de la identidad de los pueblos.
Pero a esta altura del conflicto no se puede desconocer que las motivaciones son diferentes, según sea el interlocutor. Para algunos, y sobre todo para el ciudadano de la gran ciudad, se trata del precio de la leche, para otros el de la carne, para otros la soberbia de la presidenta, para otros la inequidad que sólo se le retenga a un sector y que encima ese sector sea productivo (no hay retenciones para las especulaciones en la "timba" financiera o para las empresas extractivas como las mineras, los hidrocarburos o las ictícolas). Y claro está, todos están contra las retenciones.
Frente a esta explosiva situación hay un signo inequívoco: como esta vez la oposición no es de un sector del justicialismo, pues hay otro "justicialismo" que espera...
Por otra parte, la presidenta no tiene necesidad de dejar el poder en helicóptero; nave que sí usó para trasladarse desde Gualeguaychú hasta Larroque (35 kilómetros). ¿Será que el gobierno de Sergio Urribarri quiso ocultar el estado real de esa ruta?
Medidas
En este largo conflicto, el Gobierno ha dictado diversas medidas, que no convencen a los productores agropecuarios. Es bueno recordarlas, sin computar la renuncia del entonces ministro de Economía, Martín Lousteau:
1) Se flexibilizó el sistema de reintegros beneficiando a los pequeños productores de soja y girasol. Algo que reclamaron las entidades del campo, porque ese beneficio sólo llegaba a las grandes empresas y corporaciones.
2) Se instrumentó un subsidio para los fletes destinado a los pequeños y medianos productores.
3) Se creó la Subsecretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar.
4) Se realizó la apertura a las exportaciones de carne.
5) Se estableció un ajuste en las retenciones móviles al ponerle un techo (US$ 600 la tonelada). Y algo similar se hizo para otros granos como el trigo, el girasol y el maíz.
6) Se "condonó" la deuda de 710 millones de pesos que cinco mil productores tenían con el Banco Nación y que estaban en la categoría de "incobrables".
7) Se estableció por decreto el destino de las retenciones a través de un Programa de Redistribución Social, aunque prevalece la desconfianza en el conjunto de la sociedad.
8) Se liberaron un millón de toneladas de trigo (que no aparecían registradas) para la exportación, luego de asegurarse las seis toneladas para el mercado interno.
Claro está, de lo más importante que son las retenciones (y lo que detonó este conflicto) no se habla ni se toca ni mucho menos se analiza de manera consensuada. ¿Se puede solucionar este drama sin abordar la causa que lo generó?
Por un principio de lógica, el Gobierno nacional tiene la responsabilidad de solucionar este conflicto, además fue quien lo generó. Hasta el 10 de marzo, el propio Gobierno manifestaba que el crecimiento económico de la Argentina era próspero. Y de la noche a la mañana, como traído de los pelos, surge la necesidad de usar ese aumento para "hospitales", "viviendas" y "caminos rurales". ¿Será que el 35 por ciento que ya retenían estaba pensado para financiar (entre las tantas obras públicas), la refacción de las vías del antiguo Ferrocarril General Urquiza, que daba vida a Carbó, Ibicuy, Cuchilla, Larroque, Irazusta, Parera, Almada y Urdinarrain? ¿O se pensaba solamente en el tren bala que los Luis D´Elía y los Hugo Moyano y todos quienes acompañan de manera interesada al matrimonio presidencial podrían disfrutarlo?
La vida cotidiana ya no es cotidiana. Una sociedad está movilizada. Pero no todos van para el mismo lado. Así, la que se aleja es la Patria.
El gobierno debería aprender que la soberbia como arrogancia es un desplante; y el campo, que la tenacidad no siempre es sinónimo de coherencia y muchas veces es de terquedad. Tomando los mismos términos (soberbia y tenacidad) sería oportuno transformarlo en algo positivo: la soberbia como orgullo (sin jactancia, claro está) y la tenacidad como persistencia. Tal vez así, cambiando actitudes, la Patria comience a estar un poco más cerca de todos los argentinos, sin vencedores ni vencidos.
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Radiografía de casi 100 días de conflicto agropecuario
Muy interesante descripción de la evolución del conflicto agropecuario realizó el autor en el diario El Argentino, de Gualeguaychú.
15 de junio de 2008 - 10:40








