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Lo que dejó 2003: Howard Dean, el candidato que parió Internet

POR MARÍA RAMÍREZ (*) Mal vestido, brusco, con mal genio, poco amigo de las computadoras e hijo de millonarios. ¿Cómo puede Howard Dean recaudar US$ 100 millones y ser la esperanza demócrata contra George W. Bush?

SALEM, New Hampshire, USA. Cuando cae la noche en un día de noviembre, las únicas luces en la carretera hacia Salem son las de los faros de los pocos coches que se cruzan en la noche, las de algún semáforo colgante y las que adornan árboles y casas para el Día de Acción de Gracias. Entre ráfaga y ráfaga, apenas se vislumbran las sombras de casas bajas de madera, algunas semidestruidas, otras cerradas con enormes candados oxidados junto a un trapo renegrido de barras y estrellas. Los que habitan esas casuchas aisladas, sin quiosco, ni librería, ni más tienda que un Burger King o un Toys 'R' Us de carretera, deciden cuáles serán las dos opciones, los 2 candidatos a presidente de USA. En New Hampshire, un diminuto estado de la Costa Este, cerca de 200.000 votantes marcan con sus primarias quién será el elegido. Hasta ahora. Depende, o dependía, de votantes como Christine Ewing. Una sonriente, mofletuda y sonrosada ama de casa de edad indefinida, entre los 30 y tantos y los 50, que vive en Manchester, la ciudad más grande del estado, con las mismas casuchas bajas y las mismas carreteras vacías, pero con un par de casi-rascacielos y de avenidas con almacenes que venden de todo un poco. Una mañana otoñal, Christine se escapa, antes de ir a buscar a sus 3 niños al colegio, a escuchar, en una guardería local, a su preferido, el demócrata Howard Dean. "Le conocí en un acto que organizó el pastor de mi iglesia. Desde entonces, intento seguirle. Es el único que puede decir que ofrece algo diferente de Bush", explica Christine. A esa hora, a más de 7.000 kilómetros de distancia y 4 usos horarios de diferencia, Jonathan Kreiss-Tomkins apenas se ha levantado en Sitka, el pueblo más grande de una pequeña isla de Alaska. Su instinto es encender la PC, chatear sobre las novedades de la campaña con sus colegas y actualizar la última base de datos que le ha tocado. El 27 de enero, cuando se celebren primarias en New Hampshire, y Christine deposite su papeleta a favor de Dean -como harán, según las encuestas, la mayoría de los votantes de su estado-, a Jonathan aún le faltará una semana para cumplir los 15. "Este año, he dejado de jugar al basquetball o ir a fiestas, por la campaña. Pero me encanta saber que si Dean está arriba en las encuestas también es por mí, porque soy parte de un gran movimiento. Me encanta conocer a gente interesante", cuenta el chico por teléfono. Alaska ni siquiera celebra primarias, Jonathan no puede votar ni donar dinero a la campaña ni recaudarlo de manera explícita. Pero si Howard Dean, un desconocido gobernador del 2do. estado más pequeño del país, es el favorito para la nominación demócrata entre 9 candidatos, si acorta distancia con el presidente George W. Bush, y si ha recaudado más de US$ 25 millones en la Red -la donación media es de US$ 77-, es más gracias a Jonathan que a Christine. En último término, será un chico de 14 años de Sitka y no una votante cuarentona de Manchester quien coloque a Dean allí donde llegue. "Internet ha cambiado todo en esta campaña", dice Carol Darr, directora del Instituto de Política, Democracia e Internet de la Universidad George Washington. Gane o pierda, incluso sus imitadores rivales coinciden en que Dean ha transformado el modo de hacer política en USA. Los chat, los meetup (encuentros en cafés entre desconocidos organizados a través de la Red), los deanlink (basados en friendster, un programa de Microsoft para conectar a amigos de los amigos), los blog (ciber-debates organizados sin apenas filtro o censura de la campaña) y casi todas las tácticas para encontrar amor, amistad o sexo en Internet han sido trasplantadas para conquistar admiradores, votantes y voluntarios para Dean. Darr compara la revolución de Internet de Dean con la de Franklin D. Roosevelt y la radio, o la de John F. Kennedy y la televisión. "Internet va mucho más allá" -explica Dean, como siempre muy rápido y contundente, durante un debate con universitarios en Manchester- "se trata de que los estadounidenses retomen su país, que vuelvan a participar en el proceso. En lugar de juntar a 50 amigos multimillonarios republicanos, que tendrán mucha influencia en la política pública, lo que vamos a hacer es pedirle US$ 100 a US$ 2 millones de estadounidenses". Aparte de la influencia en las campañas de pocos grandes donantes (los republicanos ya han superado los US$ 100 millones, a través de la estrategia tradicional, es decir, sobre todo, cenas-conferencia con los Bush, una colección de chistes y mensajes patrióticos a cambio de US$ 2.000 por cubierto), los que votan en USA son cerca de la mitad, la mayoría blancos y con recursos como para saltarse horas de trabajo para ir a votar (el martes de noviembre en que se elige al presidente es un día laborable cualquiera). "Los votantes más probables", dice un informe del Censo, "son mayores, propietarios de casas, casados con más educación e ingresos más altos". "Por 1ra. vez desde 1960, el cambio está en las manos de una nueva generación de jóvenes a los que hay que dar un motivo para votar", repite Dean. En la actualidad, el 70% de los jóvenes estadounidenses no votan. La Generación Dean de los veintitantos invierte esta tendencia. Conseguir nuevos votantes -la verdadera esperanza para batir a Bush- es sólo posible porque, dice Dean, "Internet ha acelerado el ciclo tan rápido que puedes hacer de todo". Jonathan, quien se apasionó tanto por la oposición a la guerra de Dean como por el sentido de pertenecer a "un movimiento" de amigos adultos, que le entendían más que sus compañeros de clase, es el mejor ejemplo. "Si utilizas Internet para construir una organización con base popular, aumentas la eficacia de todas las tácticas", cuenta desde Sitka. "Es mucho más productivo que llamar a la gente o repartir papeletas. Te da más salida para tu causa. Te sientes además más interconectado". Dean, de 55 años, sólo "está aprendiendo", confiesan en su campaña, a manejar su PC y a navegar en la Red. Durante décadas, prefirió la máquina de escribir y nunca hubiera sabido de la existencia de friendster si no hubiera sido por sus jóvenes asesores cibernautas. "Delega, ésa es la clave, nos deja hacer lo que creemos debe hacerse", explica Matthew Garner, otro veinteañero que abandonó su carrera de abogado para unirse a la campaña en New Hampshire. "Todos me esperaban de vuelta en un par de meses, y aquí estoy 8 después con el líder", dice con una sonrisa inocente. Dean no es ni cibernauta ni campeón del proletariado, como le pintan detractores y seguidores. El 'cuasi-comunista' Dean -como lo define la mayoría de la prensa estadounidense- nació en una mansión de Park Avenue, en uno de los tramos más 'pijas' de una de las avenidas más 'reconchetas' de Manhattan, hijo de una familia de brokers de Wall Street. Se crió en un colegio de elite, rodeado de chicos buenos, blancos y ricos -tenía de compañero de clase a un Rockefeller-, veraneaba en los Hamptons (el hogar, en la playa, de la aristocracia neoyorquina) y estudió en Yale, la misma universidad donde se graduó Bush. # El general, el rival Entró en la carrera demócrata como un misil, pero pronto empezó a perder de vista el objetivo. Wesley Clark ha perdido la estrella por el camino, y al general ya sólo le falta arrimar el ascua a estrellas como Madonna y Michael Moore, que acaban de pedir el voto por él en un mitin en Los Angeles.El general se lanzó a las primarias con la vitola del gran protegido de Clinton, pero el ex presidente y Hillary no han querido salir en la foto. Toda la campaña de Clark ha destilado desde el principio un aire marcial, desde el "comando central" de Arkansas hasta el lema-bandera del "nuevo patriotismo". El general ha sido fiel a su fama de autócrata y no ha sabido o no ha podido crear esa sinergia en la tropa. Por mucho que se quite los galones y se suba las mangas de la camisa, su estilo es frío y hierático. Sus antecedentes probélicos y sus devaneos constantes con el Partido Republicano siguen pesando entre los votantes demócratas. Muchos tienen aún fijada en la retina su labor como comentarista de guerra para la CNN, explicando el último avance de "nuestras tropas" y jugando como un niño con los cazasbombarderos sobre el mapa de Irak. Su conversión al frente antibélico ha creado más desconcierto que otra cosa. Muchos le ven como un halcón con uniforme de camuflaje. En las encuestas Clark sigue siendo el Nº 2 detrás de Dean, aunque seguido muy de cerca por el candidato oficial, Dick Gephardt, y por el moderado Joe Lieberman. En Iowa y New Hampshire, donde empieza a decidirse la partida, el general no ha logrado sin embargo descollar en el pelotón de los demócratas. Las 2 primeras batallas pueden hacerle perder la guerra. # Las contradicciones En tanto Dean, el supuesto 'extremista', que está en contra del matrimonio gay, a favor del derecho a portar armas o de la pena de muerte, es "un peligro para el centro demócrata" -como sostiene el Consejo del Liderazgo Demócrata, un grupo conservador del partido- por oponerse a la invasión de Irak, defender la extensión de la cobertura sanitaria, criticar los conglomerados empresariales o los recortes de impuestos de Bush y, tal vez, no ir a misa y decir que USA tiene que ser más neutral en Oriente Medio. Durante su mandato de 11 años como gobernador de Vermont, aprobó, tras una sentencia del Tribunal Supremo, la 1ra. ley de uniones civiles. Entonces dijo sentirse "incómodo" con la idea del matrimonio gay, pero impulsó una legislación a la que se oponían la mayoría de sus ciudadanos en año electoral. Ese verano se dedicó a ir de pueblo en pueblo para convencer a sus vecinos de que la ley era una cuestión de igualdad. Y, casi por casualidad, ése es su mayor logro "izquierdista", además de su oposición a la guerra en Irak desde el principio, cuando Bush tenía índices récord de popularidad. En un partido donde la mayoría de sus contrincantes votaron a favor de la guerra, en un país donde extender la cobertura sanitaria pública se considera un premio a los 'losers' (los perdedores) y donde el presentador de la cadena de noticias 24-horas más vista del país, la Fox, sale en directo con una pistola, dispuesto a cazar a Bin Laden, Dean es tachado de"«extremista". "Si Dean hubiera sido presidente en la 2da. Guerra Mundial, estaríamos hablando alemán", repite Joe Scarborough, presentador de la cadena NBC. Con su carácter directo y brusco en ocasiones -por ser médico, trata de defenderse él-, Dean se ha ganado fama de sincero o de "iracundo", según la versión. El candidato, bajito, con sus corbatas de gusto discutible, sus trajes arrugados y sus camisas siempre arremangadas, es capaz de lanzar 30 palabras mientras Bush ha esbozado media. Sus discursos son muy veloces. Tanto como para poner en pie, con su energía, teatros enteros. Tanto como para no calibrar sus palabras y soltar que el Partido Demócrata tiene que cortejar también a "esos sureños que llevan banderas confederadas en sus camiones". El símbolo segregacionista, por el que este otoño, tras 2 semanas de polémica, tuvo que pedir disculpas, casi le cuesta perder la etiqueta de "ala demócrata del partido demócrata" con la que se presentó a las elecciones. Su temperamento, algo intimidante cuando mira fijamente al entrevistador o al votante que lo interroga, parece estar siempre a punto de estallar. Es natural y populista, pero también muy poco cuidadoso. Una noche en Salem, en el salón de actos del instituto local, Linda McCarthy es capaz de encender la mecha. Enfermera retirada, de aspecto apacible con su melena rubia algo despeinada, Linda se levanta de las primeras filas y pregunta al candidato cómo puede defender la extensión de la cobertura sanitaria en USA, "si en Vermont cortó la financiación para los medicamentos de Medicare [la limitada sanidad pública]". No le ha dado tiempo a sentarse, cuando, apuntándola con el dedo, Dean niega cualquier recorte y la acusa de infiltrada: "Supongo que habrá obtenido esa información de otra campaña". "No, sólo veo canales de noticias-24-horas", replica la votante, con voz apenas audible. "Debe saber que no hay que fiarse de las noticias", la corta el candidato, aún más brusco. Como de costumbre, un par de preguntas laudatorias después, Dean parece arrepentido. Vuelve sobre la cuestión de 'la señora' y admite su error: "No cortamos el programa, pero limitamos su crecimiento. En eso tiene usted razón". Al terminar su discurso, con su cierre habitual ("Yo no tengo el poder. Ustedes tienen el poder de recuperar este país"), lo primero que hace el candidato es bajarse del escenario para pedir perdón a Linda. Mientras se escapa por el pasillo, Linda McCarthy desmiente relación alguna con el partido republicano: "Soy demócrata de toda la vida", cuenta, algo incómoda, "se ha disculpado, muy amable, después del acto. Me ha parecido un buen orador". # La máquina La máquina de Internet se mueve sola, casi al margen de los jefes.Los voluntarios celebran fiestas, recaudan dinero, organizan encuentros para los amigos de los amigos y llevan una campaña que el jefe, Joe Trippi, un especialista político que emigró a Silicon Valley en los '90, ya no controla. La máquina también mueve los cauces oficiales y tradicionales. Ha sido el medio para conseguir que gente como Christine Ewings vote a Dean, que el partido de Washington le defienda, y que sus pesos pesados le apoyen. Cuando, a principios de diciembre, el vicepresidente Al Gore levantó el brazo con Dean en el Teatro Negro de Harlem, en un escenario rodeado de estatuas africanas, el rito estaba consumado. El cibernauta izquierdista (en realidad, centrista poco letrado en Internet) se había convertido en el candidato del partido. Al menos del líder que ganó las elecciones de 2000 en votos populares y las perdió por uno en el Tribunal Supremo, que decidió, tras el escandaloso recuento de papeletas de Florida, darle la victoria a Bush. Una noche de campaña, en el Avalon de Manhattan, una iglesia reconvertida en discoteca -un acto muy Dean, con las actrices Whoopi Goldberg y Janeane Garofalo como estrellas invitadas- la mayoría de la audiencia apenas farfulla la letra de las canciones de Bob Dylan o Gloria Gaynor, de la generación del candidato.Son demasiado jóvenes para recordarlas. El objetivo para el 31 de diciembre es sumar US$ 14.831.982,61. Pero ellos, antes apáticos y enganchados a la pantalla, están dispuestos, como dice Jonathan Kreiss-Tomkins, a "romperse el culo" trabajando por Dean. Y ésa es la verdadera revolución. ----------------- (*) Crónica, El Mundo, Madrid, España, 2003.