CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). El contenido de la pantalla de televisión no es nada más que el reflejo de la sociedad a la cual abastece, la cual le abre las puertas del hogar. Lo bueno o lo malo se refleja en ella porque la sociedad lo apoya mirando los programas que esta le brinda. Nadie está obligado a ver televisión (en la Argentina nunca se sabe si será obligatorio más adelante). La televisión de años atrás también reflejaba a la sociedad argentina y el contenido de esa televisión era acorde con los usos y costumbres de los argentinos que convivieron con una televisión más respetuosa, dirigida a un pueblo más educado. En la medida que fue cayendo el nivel de la educación el pueblo admitió conductores que hacen del idioma una grosería y aceptó contenidos patéticos, siniestros, indecentes, desagradables. La televisión argentina refleja, afortunadamente, solo en parte lo que es el país en que vivimos. Un país decadente, donde los valores los han hecho y hemos colaborado a hacerlos trizas. Hoy, cualquier argentino se asombra de la locura que lo agobia al salir a la calle. Hemos aceptado vivir en un manicomio. Los ladrones salen a la calle o forman parte del gobierno. Los decentes temen salir a la calle y amurallan sus viviendas. La justicia se ha vuelto tan manejable que ni justicia existe. El delincuente entra y sale de la comisaría y los máximos referente del país acrecientan en beneficio propio sus propios bolsillos con dineros de todos. Los mafiosos de guantes negros se llaman barras bravas, piqueteros, gremialistas, quebracho y los mafiosos de guantes blancos se denominan amigos del poder. Se vota a un radical y termina siendo comprado por el gobierno, a los ojos de todos, para que oficie de kirchnerista. La sociedad argentina ha aceptado que el poder se convierta en un bien familiar, no solo a nivel nacional sino también provincial. El revanchismo está a la orden del día y opinar da miedo. Sin embargo, los gobernantes se llenan la boca con democratizar la libertad de expresión aunque en el fondo casi nadie desconoce que no es nada más que la búsqueda de lo contrario, cercenarla. Cómo se puede pensar que se hable de libertad de expresión en un país donde el propio gobierno oculta las cifras reales de pobres, de indigentes, de inflación, de inseguridad. Si caminar por la calle da miedo y hablar también qué se puede esperar que sea la televisión de un país que llegó a crear su propio infierno. Argentina se ha convertido o la hemos convertido en un infierno. Todos somos culpables. Gobierno, opositores, pueblo (con diferencias de matices) de haber llegado a este tiempo que degrada nuestras vidas. No busquemos culpables, se nos va el tiempo nuestro y el de nuestros hijos. La búsqueda es urgente, necesaria y tiene un solo objetivo cierto: soluciones. Sí, soluciones para un país demasiado enfermo, aunque como cada uno seamos un enfermo más quizás no nos demos cuenta. Lo ilógico doblegó a lo lógico. La violencia desplazó al diálogo. La destrucción sometió a la construcción. Hemos perdido o nos han embargado los sueños y sin sueños no hay ideales. Sin ideales no hay realizaciones y las frustraciones abundan. Las frustraciones sin pausa enferman. Somos una sociedad enferma, estresante, loca. Algunos pocos se benefician de este drama. La mayoría lo sufre. Muchos pasan hambre y viven en la miseria más miserable. Muy pocos se enriquecen cada vez más. Un país así se destruye y se está partiendo en mil pedazos. Un país no es su suelo, es su gente. Eso es lo que No se pierde de vista en los países coherentes de la Tierra. En esos países se puede llegar a hablar de la TV basura pero la basura de ellos no es ni remotamente parecida a la nuestra. La basura nuestra está en su sociedad y la TV no es ajena a ella.
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O la maldita televisión o la maldita sociedad o un país con infierno propio: Elija Ud.
Muchas veces he oído hablar de la maldita televisión. Yo me quejo, tú te quejas, nosotros no quejamos. Nos quejamos de todo y entonces le pegamos duro a la TV no sin razón pero ¿no somos culpables de la televisión que tenemos tanto como lo somos de un país con infierno propio? Yo creo que sí y Ud. ¿lo cree o no?
19 de noviembre de 2009 - 06:17








