CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- Por un lado, el vicepresidente de la Cámara de Importadores (CIRA), Diego Pérez Santisteban, los criticó por poner más frenos a las importaciones. Por el otro, los supermercadistas minoristas pasaron de aliados a enemigos de la Casa Rosada. El vicepresidente de la CIRA sostuvo hoy que el Gobierno utiliza las restricciones a las importaciones como "una carta electoral", pero advirtió que la administración de Cristina de Kirchner tiene "una actitud equivocada para defender la producción nacional". El dirigente empresario también subrayó a radio 'El Mundo', según la agencia 'DyN', que "si hay salida de divisas del país no es por las importaciones", y puntualizó que "75% de lo que se importa va a la producción". Por lo tanto, aseguró que "no se está afectando la producción nacional de ninguna manera", y afirmó: "Tampoco hay un problema de balanza comercial derivado de las importaciones". En ese sentido, explicó que "las importaciones vienen cayendo muy fuerte en lo que va del año, en el orden de más de 35%". Así concluyó que "ir en contra de las importaciones es una carta electoral", y advirtió que el Gobierno "entiende equivocadamente que con eso se beneficia el empleo". "Hay una actitud de defensa de la producción nacional que se entiende equivocadamente como una cuestión electoral. Forma parte de esta carrera electoral que espero que termine pronto", subrayó Santisteban, quien estimó que "en julio pueden llegar a normalizarse muchas cosas en la Argentina". El vice de CIRA precisó que del total de productos que se importa en la Argentina, "40% son bienes de capitales para fábricas y 35% son materias primas e insumo que la Argentina no tiene". Remarcó que "solo 1,2 dólares de cada 10 se importan por consumo", y afirmó que "el perfil importador está casi totalmente ligado a la producción". El dirigente empresario señaló que en las últimas semanas y en pleno proceso electoral "se incrementaron sensiblemente instrumentos que ya existían, pero se volvieron más fuertes que antes de la crisis". Al respecto, indicó que "en el caso de las licencias automáticas, que son para productos que el Gobierno quiere tener un monitoreo estadístico, en 48 ó 72 horas se habilitan", por lo cual evaluó que "es un proceso poco molesto". En cambio, destacó que "para las licencias no automáticas, el Gobierno tiene 30 días para entregarlas, aunque acá se entiende que son 60 por una cuestión de interpretación distinta de la norma de la Organización Mundial del Comercio (OMC), y a veces hasta se estira un poquito ese plazo". Por lo tanto, remarcó que "hay importadores que dejaron de hacerlo por la incertidumbre, y a otros se les encarecieron los productos por el tiempo que pasaron sin ser habilitados", e insistió con que "todas estas decisiones responden a cuestiones electorales". Por su lado, los autoservicios asiáticos comenzaron su propia puja con la Rosada. El enojo oficial fue por el fracaso de la canasta de 120 productos con rebaja, publicitada antes de las elecciones. Recordemos que Guillermo Moreno gastó miles de pesos en publicitar una canasta inexistente mediante afiches en la vía pública y una importante campaña de avisos en los medios de comunicación. Así se terminó el idilio entre el Gobierno y los dueños de autoservicios. Los 'chinos' pasaron de ser los principales aliados, entre los comercios de consumo masivo, al campo enemigo por no haber ofrecido a sus clientes la canasta económica que promocionó Guillermo Moreno, con un 20% de rebaja en 120 productos. El objetivo oficial era convertir esos descuentos en un arma electoral, pero finalmente quedaron en un mero afiche publicitario. Por eso el secretario de Comercio bajó a los orientales de la "mesa de carnes" que reúne en su despacho a dueños de frigoríficos, supermercadistas y carniceros. Los chinos lo acusan de haber optado "por las grandes cadenas multinacionales" a la hora de intercambiar ofertas al público por beneficios para las empresas. Con más de 5 mil locales en todo el país, la mitad concentrados en la Capital y el conurbano, los súper chinos se convirtieron en parte del paisaje urbano durante los 90. Tras la crisis de 2001, también se consolidaron como factor de poder. En la Capital hay uno cada nueve manzanas. Y en muchos barrios de clase media y populares –incluso en villas de emergencia– son la única opción de la población para abastecerse de bienes de primera necesidad. La Cámara de Autoservicios Propiedad de Residentes Chinos (CASRECH) se sumó siempre a los acuerdos de precios que propuso la administración Kirchner, desde que Felisa Miceli los inauguró a fines de 2006. Pero ahora su jefe, Miguel Calvete, dispara munición gruesa contra el Gobierno por su 'abandono' del sector. "Estamos de acuerdo con la política económica, pero parece que a Moreno ahora le sirve más canalizar las ofertas a través de los híper y supermercados y no de las 130 mil bocas que tiene el canal tradicional, incluyendo a los almacenes de barrio y locales más chicos", dijo Calvete a 'Crítica de la Argentina'. Desde el mes pasado, su cámara dejó de estar invitada en las reuniones semanales donde se monitorea el precio de la carne y se negocian los descuentos que fomenta el Ejecutivo en otros rubros de la canasta básica. –¿Usted sugiere que el Gobierno incentiva la concentración del comercio en manos de los grandes jugadores? –En este punto sí, se está concentrando la economía. Los comercios chicos y medianos son los que le dan de comer al 70% de la población. Pero es más fácil acordar con los ejecutivos de tres o cuatro multinacionales que con miles de comerciantes chicos.
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Los Kirchner siguen sumando enemigos: hoy, importadores y supermercadistas chinos
Los enemigos siguen siendo firmes enemigos. Por eso ahora, aunque suene extraño, el verdadero problema de los Kirchner son los amigos. En su peor momento y cuando está a punto de plebiscitarse la gestión K, los aliados comienzan a cambiarse de bando.
12 de junio de 2009 - 01:00







