Nadie puede afirmar, con precisión, qué día nació Jesús de Nazareth. Pero con bastante seguridad nunca ocurrió un 24 de diciembre. Nochebuena y Navidad son convenciones con una historia muy compleja, antigua y contradictoria respecto de las necesidades de paz y amor expresadas en el 24 y 25 de diciembre. Probablemente por esto ambas jornadas carecen de significado religioso para la mayoría de las personas, aún en los países occidentales; y en cambio tienen implicancias relacionadas con la familia, con el reencuentro y con la compra de obsequios. Así, Nochebuena y Navidad son ocasiones para que los consumidores concreten un 'pico' de consumo, y los comercios logren un 'pico' de ventas; nada que ver con el teórico nacimiento de un niño humilde en un establo en Belén -durante un censo ordenado por Roma-, cuya misión sería cumplir una profecía de redención de la humanidad. Probablemente esto obligaría a los creyentes a la reflexión, a la fraternidad, a la misericordia y al reencuentro con Dios. Sin embargo, la fiebre de shopping demuestra el fracaso de elegir una fecha pagana para instalar un festejo cristiano. También no solamente pone en duda la representatividad del Cristianismo en la cultura de masas contemporánea, sino también la pérdida de confianza en muchos de sus valores y tradiciones probablemente por la hipocresía de sus líderes y representantes. Así, Nochebuena y Navidad terminan teniendo un significado 'a medida' de cada individuo, en un marco de necesidad colectiva de creer en que la Humanidad tiene un mañana mejor, aunque esto no resulte escrictamente verificable. Si bien se desconoce el día exacto del nacimiento de Jesús de Nazareth. En el relato del apóstol ex publicano Mateo se afirma que Jesús nació en tiempos de Herodes el Grande; en Lucas, el discípulo de Pablo, que el viaje de María y José a Belén tuvo lugar siendo Quirino gobernador de Siria. Muy probablemente el nacimiento ocurrió en el intervalo de 10 años entre 4 adC y 6 ddC. Por una convención se adoptó como su fecha de nacimiento la calculada en el siglo VI por Dionisio el Exiguo, basada en cálculos erróneos. Es decir: la mentira se acepta como verdad. Así se construye la historia que celebramos. A mediados del siglo IV, el papa Julio I estableció la fecha del 25 de diciembre, día próximo a muchas fiestas del solsticio de invierno que se celebraban en la antigüedad. Fue un pedido de Juan Crisóstomo y Gregorio Nacianzeno. La tradición católica afirma que en el año 385, Silvia de Burdeos (o Eteria) quedó profundamente impresionada por las espléndidas fiestas sobre la infancia del Señor Jesús celebradas en Jerusalén. Pero la evidencia histórica coincide en que en el 385, el 25 diciembre no era observado en Jerusalén. En las cartas entre Cirilo de Jerusalén y el papa Julio I, con el propósito de conseguir que en Armenia se celebre la Navidad el día 25 diciembre que en evidencia que en Roma la Navidad se celebraba el día 25 de diciembre desde antes del 354; en Oriente, en Constantinopla, no antes del 379. Por lo tanto, la fecha llegó a Oriente desde Roma, por el Bósforo, durante el reavivamiento anti-arriano, y gracias a los defensores de la ortodoxia católica romana. Julio I fue obispo de Roma (Papa para la Iglesia Católica Apostólica Romana pero en aquellos tiempos del catolicismo original la organización era diferente), y su gestión se caracterizó por la defensa de la ortodoxia católica frente a las impugnaciones de los arrianos. Arrio fue presbítero de Alejandría entre 318 y 335, y para él Jesús fue totalmente mortal, no era divino sino un maestro inspirado. Julio I fue elegido obispo de Roma cuando, a la muerte del emperador Constantino, se permitió regresar a sus respectivas diócesis a los obispos que estaban en el destierro. Fue el caso de Atanasio, quien volvió a Alejandría, donde los arrianos habían elegido para obispo a Pisto. Julio I apoyó a rajatabla a Atanasio. Y terminó enviando una encíclica a los obispos de Oriente con algunas amonestaciones, y reclamando la autoridad de la sede romana respecto de Alejandría, Antioquía y otros obispados. Julio I negoció con el poder secular para resolver el problema del clero y, con la ayuda de Constancio y Constante -hijos de Constantino y ahora emperadores-, él organizó el Concilio de Sárdica, clave en la historia del cisma católico. Los orientales exigieron que Atanasio, Marcelo y los demás obispos depuestos por ellos fueran excluidos del concilio, a lo que se negaron los occidentales. Los orientales se retiraron del concilio, fueron a Philippópolis, redactaron una nueva fórmula de fe y renovaron la condenación de Atanasio. Los occidentales permanecieron en Sárdica -100 obispos presididos por Osio- y rehabilitaron a Atanasio y Marcelo, y lanzaron la excomunión de los eusebianos o arrianos. En aquellas negociaciones, Julio I aprobó la fecha 25 de diciembre como fiesta cristiana, para lograr que el pueblo prestara menos atención a las fiestas paganas del solsticio de invierno, en el Hemisferio Norte. El solsticio de invierno es el día más corto del año porque la Tierra está más inclinada con respecto al Sol, y por ello recibe menos luz. La noche de Navidad tiene lugar 2 ó 3 días después del solsticio de invierno, la noche más larga del año. Es el momento en que el Sol entra en Capricornio en el zodíaco y anuncia simbólicamente la resurrección del Sol, ya que es a partir de dicho instante cuando los días se irán alargando y las noches se irán acortando, hasta el equinoccio de primavera, cuando la luz triunfa frente a las tinieblas, y el día es más largo que la noche. El día del solsticio de invierno era una jornada de celebración en muchas civilizaciones antiguas de todo el mundo, en las que el culto al Sol tenía un papel predominante. Hay una cierta convención de los historiadores que establece que el emperador romano Aurelio, en el siglo III, declaró el 25 de diciembre día de la fiesta del Sol (Natalis Solís Invocti o nacimiento del sol invicto), para celebrar el culto a Mitra, muy apreciado por las legiones romanas y cuyo origen parece remontarse a los persas al menos 6 siglos antes de Jesucristo, aunque no es posible afirmar que, en aquel comienzo, se tratase de un dios exclusivamente solar. Hay quienes comparan el Mitra de los persas con el Mitra del hinduismo, divinidad solar que junto con Varuna, regente de la noche, son los guardianes del Ciclo y la Tierra, según los Vedas (textos de la doctrina sagrada de los hindúes cuyo origen se remonta al año 1500 AC). El Saturnal romano comenzó a festejarse en honor de Saturno, dios de la agricultura, con 7 días de bulliciosas diversiones y banquetes: del 17 al 24 de diciembre, y el 25 de diciembre correspondía precisamente al día del solsticio de invierno en el calendario romano. Así, el día del "nacimiento del sol invicto" se transformó en el del "nacimiento de Cristo" para los romanos convertidos al cristianismo. Constantino, emperador romano fundador de Constantinopla, hizo que las fiestas paganas se convirtieran en fiestas cristianas. En tiempos de los celtas, la noche del 21 al 22 de diciembre era llamada Noche del Abeto Plateado. Los celtas tenían la costumbre de quemar ese día un enorme tronco de abeto. Esta costumbre ha perdurado a través de muy diversas variantes, que comprenden desde el tan difundido y ornamental arbol de Navidad, del que brotan los regalos. En el Norte de Europa se le celebraba una fiesta de invierno conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses para conseguir que el Sol brillara con más fuerza. A la vez, cuando en invierno los árboles perdían sus hojas, los germanos los vestían para que los espíritus buenos que en ellos habitaban regresaran pronto. Los adornos más comunes eran manzanas o piedra pintadas, origen de los adornos (las bolas de cristal se incorporaron alrededor de 1750 en Bohemia). Buena parte de la tradición del árbol de Navidad tuvo su origen en una leyenda europea: durante una fría noche de invierno, un niño busca refugio en la casa de un leñador y su esposa, que lo reciben y le dan de comer. Durante la noche el niño se convierte en un ángel vestido de oro. Para recompensar la bondad de los ancianos, toma una rama de un pino y les dice que la siembren, prometiéndoles que cada año daría manzanas de oro y nueces de plata. ¿Por qué nos hacemos regalos por Navidad? La costumbre también se remonta a las saturnales romanas, aquellas fiestas que se celebraban entre el 17 y el 24 de diciembre, durante el solsticio de invierno, en honor a Saturno. Para esa ocasión, se invertían todos los roles de la sociedad romana: los esclavos se convertían en amos y éstos quedaban a su servicio. Se autorizaban todos los excesos imaginables. Y los participantes en estas saturnales se ofrecían regalos el 25 de diciembre, celebrando así el Día del Año. Hay quienes afirman que la Fiesta de los Locos -en la que se inspiran los carnavales modernos-, que se celebraba en la Europa medieval, hasta el siglo 15, entre el día de Navidad y el de la Epifanía, era una prolongación de las saturnales romanas. La Navidad tal como la conocemos hoy, es una creación del siglo 19. En 1846 se imprimió en Londres la 1ra. tarjeta postal navideña, pero la costumbre de enviarlas como salutación comenzó a utilizarse a mediados de 1870. Desde luego, desde Urgente24 aprovechamos esta oportunidad para -tal como lo deseamos durante cada día del año- anhelar que Ud. pueda gozar de la felicidad que espera y necesita, y seguir construyendo juntos una Humanidad más tolerante, digna y solidaria.
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Nochebuena y Navidad, y la necesidad de un festejo universal
Occidente en general, y los cristianos en particular, festejan por estas horas la Nochebuena y la Navidad, que en verdad son fiestas paganas incorporadas al calendario clerical por necesidades políticas y demandas socioculturales. Una curiosta historia sobre las contradicciones y los famosos 'choques culturales'.
24 de diciembre de 2006 - 02:26








