BOGOTÁ (
Editorial Planeta). Después de la fuga de Íngrid y Luis Eladio pude observar cómo eran las tácticas de la guerrilla para localizar a un secuestrado que había emprendido la huida. La noche en que se fugó Íngrid era oscura y lluviosa y los guerrilleros prestaban su turno de guardia, como siempre. El relevante de guardia tenía la misión de pasar revista a sus compañeros, pero se quedaba hablando en los puestos de guardia con los otros guerrilleros y en ese tiempo nos colocaban la cadena en la muñeca.
A mí me encadenaban al capitán Bermeo. En ocasiones nos podíamos sacar la cadena de la mano, pero en otras nos era imposible, y esa noche era una de esas en que era imposible. Llovía torrencialmente.
Nos estaban haciendo un encierro con alambre de púas y ya habían construido un pequeño campamento con un tanque de agua que se abastecía con una motobomba y un baño con un sanitario que habían fijado a una base de madera, el cual vaciábamos con un galón de agua que recortaron en la parte superior para mayor comodidad.
El espacio para secar ropa era muy reducido y dispusieron tablas en el suelo para no caminar por el barro. Las casas estaban unidas unas a otras y en las noches de lluvia nos mojábamos. Ese día que iniciaron el encierro todos nos fuimos a acostar.
Antes de la instalación del sanitario íbamos a los chontos y a Íngrid le habían hecho uno aparte, cubierto con hojas de palma. El día que estaban entablando ella pidió permiso para ir al chonto y, al mismo tiempo, alias 'Mauricio' o 'Pata Grande' se dirigió hacia el monte. Ella regresó y al rato regresó el guerrillero.
Como se necesitaban tablas, 'Pata Grande' no encontró otra solución que quitárselas al cambuche de Íngrid, ella le reclamó que por qué tenían que ser esas, que siempre estaban montándosela a ella. Él se enfureció y le dijo que no se la aguantaba más, que fuera a güevoniar al gobierno. Como se exaltó tanto y fue grosero con Íngrid eso llegó a oídos del comandante alias 'Enrique' ¿en la selva todo se escucha a gran distancia¿ quien al momento se acercó y habló con Íngrid.
Después de este incidente sacaron a 'Pata' del grupo que nos cuidaba, aunque seguía perteneciendo a la compañía de guerrilleros. Con el paso del tiempo, Íngrid me contó el motivo real por el cual 'Pata' se había puesto así ese día y fue que en el momento en que ella se fue para el chonto apareció 'Pata' de entre el monte y se le abalanzó con intenciones de tocarla abusivamente, ella le lanzó una cachetada mientras lograba salir de ese lugar. 'Pata' quedó ofendido y por eso después se portó como un maldito salvaje.
En ese campamento se hacían simulacros en caso de que llegara un operativo militar para podernos sacar y ponernos fuera del alcance de un rescate. Hicieron un puente a ras del agua de difícil detección que comunicaba las dos orillas de un caño que desembocaba en el río Vaupés, creo yo.
Al día siguiente faltaban dos pares de botas, las de Amaón y las de Arteaga, quienes preguntaron por ellas a los guerrilleros. Contestaron que no sabían nada y como los guerrilleros permanecían con las botas dañadas, se pensó que algunos de ellos las habían cogido para ir a pescar, pero nada era claro.
El sargento Marulanda tenía que entregarle el radio a Íngrid. Fue al cambuche, la llamó, pero no contestó, entonces se lo dejó al lado de la cama. Cuando llegó el desayuno, pusimos la olla para que nos sirvieran y, como siempre, ellos contaron las ollas para que no se quedara nadie sin desayuno.
Cuando dijeron que hacían falta dos, todos nos preguntamos quién podía faltar, hasta que alguien finalmente dijo: "Faltan los doctores". Fueron a llamarlos para ver si iban a desayunar y la sorpresa fue que no había nadie en ese cambuche. Alertaron a todos los guerrilleros.
Amaón fue a mirar las botas que estaban en la caleta de Íngrid y, claro, eran las de él, pues la berraca de Íngrid, como sabía que los guerrilleros revisaban las botas, cogió las de Arteaga y Amaón y las puso en su caleta para que cuando alumbraran no sospecharan.
Recuperaron sus botas, pero para nada... Los guerrilleros siguieron haciendo el encierro del campamento con alambre de púas hasta dejarnos totalmente encerrados. Nos recogieron las botas y andábamos descalzos.
Les pedíamos a los guerrilleros que nos dijeran la verdad en cuanto a la desaparición de Íngrid ¿en ese tiempo se manejaba la hipótesis de que sería posiblemente liberada¿, que si era que la iban a liberar y nos estaban engañando, y por eso la habían sacado en la noche sin que nos diéramos cuenta, pero ellos decían que no, que ella se había volado.
Dentro del grupo de secuestrados había unos que deseaban que la volvieran a coger ¿lo que yo más deseaba, en cambio, era que lograra llegar a la libertad¿ por el miedo a las represalias que la guerrilla tomara contra nosotros. A mí lo que me importaba era que alguien saliera libre para poder dar un respiro a esa desesperanza a la que habíamos caído después de no ver una pronta solución a ese problema.
Entonces los guardias, que prestaban usualmente turnos de dos horas, fueron redoblados y prestaban turnos de seis horas. Quedaron pocos en el campamento, pero ya nos habían encerrado en el cerco de alambre y todo había sido perfectamente diseñado para evitar que nos detectaran. Los demás guerrilleros fueron designados para buscar a Íngrid y a Luis Eladio.
Primero iniciaron por los alrededores del campamento e hicieron escuadras para hacer un barrido en busca de trillo o rastro. Eran escuadras de diez hombres que cubrían cerca de cinco o seis metros por hombre y cincuenta o sesenta metros a orillas de los caños o ríos.
También escuchábamos cómo gritaban llamando a Íngrid, pero sin éxito. Veíamos regresar a los guerrilleros, extenuados, después de largas caminatas en busca de aquellos que iban tras su libertad. Cuando salían llevaban solo la ropa puesta y un morralito que ellos denominaban 'minicrucero', donde echaban unas libras de arroz, una olla y no sé qué más cosas que les permitían sobrevivir con lo mínimo.
En aquel campamento nos visitó el comandante alias 'Arturo', que nos recibió cuando nos entregó alias 'Sombra'. Venía enfermo, con paludismo. Él era un guerrillero negro y alto que operaba en Calamar (Guaviare), pero nos visitó porque también estaba buscando a Íngrid. Revisó el campamento e hizo una observación acerca del tanque del agua porque estaba muy sucio.
El tanque se abastecía por medio de una motobomba desde un caño que pasaba cerca, era construido en tabla y le colocaban un plástico para que retuviera el agua, pero ese plástico se rompía y constantemente lo teníamos que reparar con una cinta que ellos nos daban.
Los guerrilleros salían y buscaban a Íngrid, gritaban su nombre pero no obtenían respuesta. Se pasaron a la otra orilla del río, pero tampoco. El guerrillero alias 'Pata Grande' o 'Mauricio' decía «esos deben estar por ahí escondidos, esos no han salido de por aquí». Alias 'el Tigre' estaba de guardia y le pareció escuchar gritos en una dirección, dio la alerta y un grupo de guerrilleros salió hacia allá, pero volvieron a la hora, todos tristes y preocupados, pues ya estaban sentenciados a muerte: se decía que si Íngrid lograba volarse matarían a los responsables de la seguridad.
Al cabo de cinco días, Castellanos dijo: «Buenos días, doctora, ¿cómo le fue en el paseo? Y como él era gracioso no le creímos, pero al girar la cabeza vimos que venían entrando Luis e Íngrid, totalmente cansados y muy delgados. Les dieron el almuerzo, pero ellos no tenían ganas de comer; después de ese descalabro apenas probaron la comida.
Llegaron los guerrilleros para encadenarlos ¿era la primera vez que los iban a encadenar¿; primero procedieron con Lucho y luego con Íngrid, pero ella se resistía. Llegó 'Gira', una guerrillera que era la segunda al mando de la compañía que nos cuidaba y cumplía las funciones de enfermera. Íngrid le decía que no permitiera que la encadenaran, que eso era una violación, que ella era mujer y que le ayudara.
La tenían entre dos guerrilleros, uno era muy pequeño y el otro era el negro 'Efrén'; ella se resistía, pero terminaron por ponerle la cadena a la fuerza. Íngrid le decía a 'Gira' que se le grabara esa imagen porque no la olvidaría nunca, pero la guerrillera le decía "cállese que usted no tiene moral" Y le decía eso porque supuestamente fugarse es inmoral para ellos. ¡Qué locura pensar que eso es inmoral! ¿Qué es moral para ellos entonces?
En ese entonces, antes de la fuga nos habían proporcionado madera para que hiciéramos mesas con unas tablas, y las hicimos. Teníamos una mesa con Lucho e Íngrid para que ella nos enseñara francés. Logré avanzar en lo básico y después de la fuga a ella le prohibieron hablar con todos y permaneció encadenada las 24 horas del día durante muchos meses. Íngrid me enseñó "La Marsellesa", unos cuentos infantiles que me ayudaban a comprender mejor, ya que desde niño uno los sabe en español, un cuento del cuervo y el zorro, y habíamos empezado con un poema, pero todo quedó allí.
Cuando llegaron nos contaron brevemente lo que había sucedido. El problema fue que Luis Eladio se empezó a sentir mal de salud y lo poquito que llevaron de comida se les terminó, entonces ellos contemplaron la posibilidad de pedir ayuda a algún pescador que pasara por aquel lugar y vieron unos que venían en una canoa.
Se les ocurrió pedirles ayuda, pero cuando se acercaron se llevaron la sorpresa de que eran guerrilleros. Les dijeron "súbanse, gran 'hp'" y los llevaron al campamento de nuevo. Lucho e Íngrid durante esos días tuvieron un desgaste físico impresionante, llegaron totalmente deteriorados, delgados y demacrados.
Desbarataron aquel campamento, sacaron el alambre de púas y lo recogieron para llevarlo a otro sitio donde nos construirían un nuevo campamento.
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La fuga de Íngrid Betancourt, según John Frank Pinchao
John Frank Pinchao fue un secuestrado de las Farc pero pudo escapar. Él fue quien reveló que Clara Rojas había sido madre en cautiverio por una relación con un guerrillero. Ahora, Pinchao publica un libro titulado 'Mi fuga hacia la libertad', de Editorial Planeta, dueña del diario colombiano El Tiempo, que anticipó un capítulo:
20 de enero de 2008 - 12:45







