POR ARIEL BÚMBALO A ese sector del "establishment" académico que le reprocha incorrecciones varias, seguramente le resultará menos sencillo hallar argumentos para cuestionar la originalidad de Felipe Pigna a la hora de encarar su trabajo como historiador. Su nuevo libro "Lo pasado pensado" es un ejemplo de esa capacidad para ofrecer enfoques nuevos, al menos en el ámbito de la divulgación de sus saberes como investigador de la Historia. En "Lo pasado pensado", Pigna enfoca una fracción de la Historia Argentina, el período que va de 1955 a 1983, para reconstruirlo no a través de los documentos escritos o audiovisuales si no mediante el testimonio oral de sus protagonistas. Así, en "Lo pasado..." se puede acceder a acontecimientos centrales de nuestra historia en la segunda mitad del siglo pasado, a través de las voces de quienes los vivieron. Políticos, economistas, sindicalistas, militares, artistas, una amplia gama de testigos, a veces muy directos, de lo que ocurrió. En la entrevista que ofrecemos a continuación, Felipe Pigna habla de su nuevo libro pero también da batalla contra sus críticos y detractores. -¿Cómo definirías "Lo pasado pensado"? ¿Es una continuación de "Los Mitos..."? -No. "Lo pasado pensado" es un trabajo independiente de la serie "Los mitos de la Historia Argentina". Es un libro que resume 10 años de investigación y de labor histórico-periodística. Reúne entrevistas que realicé para la serie de documentales "Historia Argentina", que dirigí y produje para la Universidad de Buenos Aires; entrevistas que hice para las revistas Noticias, Tres Puntos y Caras y Caretas y para el programa "Vida y vuelta" que conduzco por Canal 7. Están editadas en forma temática y cubren el período 1955-1983. -Me sorprendió -para mí una revelación- que Isabelita fuera espía de la "Libertadora"... ¿Estos testimonios directos de los hechos agregan datos hasta ahora inéditos sobre nuestra historia? ¿Podrías reseñar algunos de los principales? -Efectivamente, según los testimonios de Andrés López y Ramón Landajo, los colaboradores de Perón durante su primer exilio, Isabel espiaba para los servicios argentinos de la "Libertadora". Lo "gracioso" es que cuando les pregunté por qué Perón admitía una espía a su lado, me responden que el general les decía que Isabel "no servía ni para espiar". Hay varias revelaciones interesantes en el libro, como el rol que tuvo la "operación Malvinas" en la caída de Viola, el proyecto político de Levingston, datos y detalles sobre la trama secreta del golpe del ’55. -¿Por qué la elección del período 1955-1983? ¿Y por qué elegiste contarlo desde la voz de sus protagonistas? -Creo que el centro del libro es la dictadura militar ’76-’83 y me pareció muy importante analizarla desde un contexto amplio, que para mí arranca evidentemente en el ’55. Todo el proceso previo es sumamente explicativo, nunca justificativo, de lo que ocurrirá a partir del 24 de marzo de 1976. La elección de hacerlo a través de los protagonistas tiene que ver con la idea de una historia oral, en la que el lector puede elegir la versión que más lo convenza o no quedarse con ninguna, o simplemente confrontarlas para sacar sus propias conclusiones. -A raíz de "Los mitos..." y especialmente luego de "Algo habrán hecho" te convertiste en el historiador más exitoso y, al mismo tiempo, en el más vapuleado por tus pares. ¿A que atribuís esta reacción? -No sé si vapuleado es la palabra correcta, pero sí, algunos colegas, no todos, sino una selecta minoría de colegas que hacen del exclusivismo, del elitismo, su estilo de trabajo y de vida, se enojaron porque más de dos millones de personas eligieron en un horario central ver un programa de historia en vez de ver a un señor en el horno o alguien consumido por las pirañas. Allá ellos. El programa no fue pensado para las cortas mentes de los autodenominados "académicos", sino para un público amplio al que invitamos a ingresar a la historia, y la invitación fue todo un éxito. Trabajamos para la gente, para los miles de docentes argentinos, para los millones de pibes de las escuelas, y a ellos llegamos y son ellos los que nos paran por la calle, los que nos mandan miles de cartas y mails, los que nos piden copias del programa, los que quieren ver la segunda parte, los que nos llenan de emoción a Mario y a mí y nos comprometen a seguir por este camino. -Se te cuestiona una "falta de rigor científico" y el que tomés partido al relatar la historia... ¿Son posibles la objetividad y la imparcialidad en los historiadores? -La verdad es que esos cuestionamientos no me interesan en lo más mínimo porque parten de la soberbia. Sólo un soberbio puede proclamarse imparcial, cualidad que hasta algunos jueces evitan atribuirse. Los grandes historiadores, aquellos que admiro y marcan mi camino, como Eric Hobsbawm, tienen una definición ideológica precisa y no hacen uso de la hipócrita "imparcialidad". Es muy gracioso porque mis críticos no leen mis libros, hacen sus críticas basándose en lo que les cuentan o escuchan por ahí. Si los leyeran verían que uso el método histórico, que trabajo con documentos, como todos nosotros, y que emito opiniones y hago análisis de fuentes como todos los historiadores argentinos de Mitre para acá. Mis críticos, en su inmensa mayoría, les faltan el respeto a sus lectores porque no cumplen con la regla básica de la crítica histórico-literaria, la lectura de los libros a criticar completos y no sólo de sus solapas.
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"No me interesan mis detractores", dice Pigna, el historiador de los Santa María
Víctor y José Francisco Santa María no sólo tienen debilidad por Alberto Fernández sino que apoyan a Felipe Pigna, con el dinero de los afiliados al sindicato de porteros y encargados, con la pasión que antes le prodigaban a Gustavo Béliz. Por ejemplo, pusieron la revista 'Caras y Caretas' para que Pigna la dirija. En tanto, Pigna sigue escribiendo y para promocionar su nuevo libro un cronista, que evidentemente es un fan de Pigna antes que periodista, le hizo una entrevista en el diario Los Andes, de Mendoza:
25 de febrero de 2006 - 04:55







