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Casi como hace 33 años, y no aprenden que "no es gritando como se hace patria"

Hace poco más de 33 años, el 20 de junio de 1973, Juan Domingo Perón retornaba a la Argentina tras pasar casi 18 años en el exilio, y lo que debía ser una fiesta terminó en una masacre -conocida como 'Masacre de Ezeiza'-. Hoy, como hace casi 33 años, lo que empezó como un emotivo homenaje por el Día de la Lealtad Peronista, concluyó en un fuerte enfrentamiento entre militantes. ¿Qué diría Perón si viviera...?

Hace poco más de 33 años, el 20 de junio de 1973, Juan Domingo Perón retornaba a la Argentina tras pasar casi 18 años en el exilio, y más de tres millones de personas se juntaron en Ezeiza para darle la bienvenida. Pero lo que debía ser una fiesta terminó en un duro enfrentamiento entre sectores de derecha e izquierda del peronismo, conocida como la 'Masacre de Ezeiza'. El 19 de junio por la mañana varias caravanas de micros arribaron hacia el lugar donde estaba el palco levantado en el cruce de la Autopista Gral. Richeri y la Ruta Provincial 205. Para poder acceder a la zona del acto era imprescindible contar con una autorización oficial, ya que todos los accesos estaban celosamente custodiados por miembros de la Juventud Peronista (JP). También hubo mucha gente que se movilizó a pie, entonando cánticos y llevando enormes carteles con la leyenda 'Montoneros', o estandartes negros con letras rojas de la J.P. Cerca del mediodía, la concurrencia quedó distribuida sobre la doble calzada de la Avenida Richeri y en los bosques adyacentes, donde se improvisaron pequeños campamentos. Este clima de alegría y fiesta se vio pronto empañado cuando, alrededor de las 15.00, se registró el primer incidente: un grupo de jóvenes Montoneros comenzó a corear la consigna "Perón-Evita, la patria socialista", que fue respondida con un "Perón-Evita la patria peronista" de parte de los miembros de la JP. Ahí nomás se produjo un intercambio de disparos que dejó como saldo varios heridos. La noche pasó sin mayores incidentes, pero la tensión se respiraba en el ambiente y por la mañana del día 20 el nerviosismo empezó a crecer. A las 14.00 llegaron contingentes con carteles de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Montoneros y Ejército Revolucionario del Puelbo (ERP), que se encontraron con grupos de la J.P. y Juventud Sindical. Allí empezaron los cánticos de "la patria peronista" y "la patria socialista", seguidos por fuertes estampidos de armas. Desde el palco oficial un grupo intercambiaba disparos con otro que lo atacaba desde un bosque situado a 100 metros. Por otro lado, varias personas se habían trepado a algunos árboles que estaban a poca distancia del palco oficial, cuando faltaban tan sólo 20 minutos para las 16.30, hora en que Perón aterrizaría en Ezeiza. Tras intentar fallidamente hacerlos desistir, el Teniente Coronel Osinde -encargado del comando de seguridad- ordenó efectuar disparos al aire para amedrentarlos. Esta acción, contrariamente a lo esperado, fue repelida con más disparos por estos "francotiradores". Tras 20 minutos de corridas, fogonazos y estampidos de armas, Leonardo Favio -el locutor oficial- anunció por los altavoces que el avión que conducía a Perón acababa de aterrizar en el aeropuerto militar de Morón. Dicha noticia crespó aún más los ánimos y reanudó los tiroteos, ahora con mayor intensidad. Cerca de las 18.00, arreció finalmente el tiroteo en el palco y sus proximidades. Una hora más tarde comenzó la gente a desconcentrarse al son de los estribillos y los golpes de bombos, mientras una media docena de helicópteros volaban sobre ellos iluminando el área con potentes reflectores. Así, la izquierda y la derecha peronistas disputaron con francotiradores, fuerzas de choque y ametralladoras la cercanía a su máximo líder y la influencia en su reconquista del poder. En el palco estaban los miembros de la UOM, la Juventud sindical peronista y otros sectores de derecha. Hacia allí fueron las FAR, Montoneros, la JP y otras organizaciones. La disputa por los primeros 300 metros de la concentración, el espacio más cercano al palco donde iba a hablar Perón, fue la excusa para que estallaran las contradicciones latentes del movimiento. "Yo ya estoy amortizado", fueron las primeras palabras que pronunció Perón tras los sucesos de Ezeiza. Al día siguiente, les bajó el pulgar a los sectores combativos: "No es gritando como se hace patria. Los peronistas tenemos que retornar a la conducción de nuestro movimiento, ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo de abajo o desde arriba". La pelea en la autopista Ricchieri marcaba el final del período que la militancia peronista llamó "la primavera camporista", una presidencia de transición, de apenas 49 días, entre el gobierno de facto del general Alejandro Lanusse —que abogó en vano por un "peronismo sin Perón" y por una representación democrática que los militares pudieran controlar desde las sombras— y el Perón del final de su vida.