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Democracia defraudada: Avance del indigenismo en Latinoamérica

Esta semana la revista EDICIÓN i presenta el ensayo de Julio Cirino y Andrés Benavente Urbina, 'La Democracia Defraudada', acerca del boom del populismo revolucionario en Latinoamérica. La expansión está apoyada fuertemente en trabajadores rurales, 'piqueteros' urbanos y en los pueblos indígenas remanentes. En su Nº60, el semanario publicó una investigación propia sobre el indigenismo que se muestra activo, no solamente en Bolivia y Ecuador, donde se plantea el gobierno o el cogobierno, sino aún en la Argentina. U24 reproduce esa investigación:

"(..) Soy duro e invariable, compacto y sonoro / soy resistente, soy principal y más que poderoso / el solsticio me llama en Primavera y Verano / espíritu tencal / recio, ave macho" (Doy fel tañi küme ulkantun / tachi üñüm koyautukelu / üllkantukey / fill trokiñ tripantü / yafüngen / leuliñkulen / kuralen / ka chigagken pañillwelen / wünelen / ka doy newengen). En muchos países latinoamericanos la proliferación de nuevos "actores armados" se vincula a una progresiva organización de grupos étnicos que reclaman una mayor cuota de autonomía territorial y política. En Bolivia, el Movimiento al Socialismo(MAS) de Evo Morales; en Ecuador, la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie); y en Perú, el Movimiento Etnocacerista (ME) denuncian la discriminación étnica de "naciones originarias". Incluso en Venezuela algunos sectores del ‘chavismo’ hablan de una supuesta lucha de la oligarquía contra mestizos y mulatos. La analista venezolana Elizabeth Burgos define el proceso ‘bolivariano’ como un "nacional-populismo-etnicista con rasgos neofascistas", una especie de racismo invertido que Chávez promueve como parte de su revolución continental. Las consecuencias económicas podrían ser peligrosas si ese fenómeno pone en peligro la explotación de recursos naturales –gas, petróleo, oro…– en territorios donde la presencia de comunidades indígenas es importante. En su estudio sobre tendencias mundiales durante los próximos 15 años , titulado Mapping the Global Future: Report of the National Intelligence Council’s 2020 Project, el Consejo Nacional de Inteligencia (CNI) de USA, dedica muy pocas páginas a América latina, pero su diagnóstico sobre la principal amenaza a la seguridad de la región es inequívoco: el fracaso de los gobiernos para encontrar soluciones a la pobreza extrema y a la ingobernabilidad podría alimentar el populismo, el indigenismo radical, el terrorismo, el crimen organizado y el sentimiento antiamericano. Por su parte, Dirk Kruijt y Kees Kooning, en su libro ‘Armed Actors: Organized Violence and State Failure in Latin America’ subrayan que la proliferación de "actores armados" en la región obedece en parte a tensiones étnicas que están irrumpiendo violentamente en varios países, especialmente en el núcleo de los Andes centrales: Ecuador, Perú y Bolivia. Algunos grupos rechazan la globalización, percibida como un fenómeno homogeneizador que mina sus culturas con un modelo económico basado en la explotación de las poblaciones indígenas y sus ecosistemas. Michael Radu, del Foreign Policy Research Institute, ha criticado la "parálisis" de Washington frente a la "creciente radicalización de los indígenas en la región andina". A su vez, Michael Weinstein prevé un nuevo "ciclo de inestabilidad" en los Andes centrales cuyas señales son "marchas masivas de protesta, bloqueo de carreteras, toma de instalaciones oficiales, rebeliones regionales, desarraigo de los gobiernos e intentos de los gobiernos para extender anticonstitucionalmente sus poderes". Colombia, precisamente el Cauca y su Valle, es escenario de una marcha multitudinaria, que puede convertirse en la simiente de un movimiento indigenista que enlaza gran parte del continente. ¿Es posible?... No lo dude. ¿Imaginan una marcha indígena que arranque desde México y termine en la Patagonia?... ¿Les parece descabellada la idea? No crean que es imposible. En América latina se está gestando un movimiento indigenista para reclamar por sus derechos, una corriente de magnitud que está dentro de la realidad. La reflexión surge observando la marcha indígena que llega a Cali, ciudad que se ha preparado para recibir a todo un pueblo, pues más de 40.000 personas son un pueblo. La movilización arrancó en Santander de Quilichao y participaron indígenas de diferentes pueblos del sur de Colombia, especialmente de la etnia paez, reclamando su autonomía y el derecho a vivir en paz. Lo que sí llama la atención es que en su pliego de peticiones figuren exigencias como desmontar la reforma previsional, rechazar el Tratado de Libre Comercio con USA y desactivar el ‘paquetazo’ tributario que prepara el gobierno de Álvaro Uribe. En varias oportunidades, en el caso del Cauca, las Farc han tenido que ceder en sus pretensiones al ser rechazadas por los pueblos indígenas, que les exigen salir de sus territorios o entregar a dirigentes secuestrados, como sucedió hace poco con el alcalde de Toribío, Arquimedes Vitonás y cuatro acompañantes. En cuanto a los otros reclamos, es curioso, por decir lo menos, que enarbolen banderas un poco lejanas a ellos, como el régimen de pensiones. Claro que esto puede ser interpretado como un gesto y una acción de solidaridad con los demás colombianos. Ya en lo que respecta a la marcha en sí, se destacó el orden, la disciplina a toda prueba y por eso se han ganado el apoyo de varios sectores de la población y la admiración de la gran mayoría de los colombianos. Estos millones de hombres están muy conscientes de su condición cultural distinta a la de derivación europea. Hace 28 años, en el 1er. Congreso Indigenista Interamericano celebrado en Pátzcuaro, México, se organizó el Instituto Indigenista Interamericano, con el propósito "(...) de servir de vínculo para todos aquellos quienes, a través del Continente Americano, participan en el concepto de que las aspiraciones culturales autóctonas americanas son merecedoras de la atención de los Gobiernos; de contribuir al conocimiento de los anhelos culturales, tanto materiales como espirituales de las masas indígenas del Continente; y de asesorar a los gobiernos en todo lo que a la satisfacción de estos anhelos se refiere (...)". Para muchos, el indio americano ha desaparecido física y culturalmente pero estadísticas oficiales afirman algo diferente. La población india de Guatemala se calcula en 1.800.000; de Bolivia en 2.200.000. en Ecuador es más o menos 1.000.000; del Perú es casi 5.000.000. Rosenblat llega a una cifra total de 15.000.000 de indios de las Américas. En la Universidad Interamericana de Panamá se admitió un total de 23.000.000 de indios en las Américas. Las divergencias se explican por ser imposible establecer una diferencia neta entre indio y blanco en América latina: la línea divisoria entre indio y blanco queda neta mientras nos atenemos a la lengua que el individuo habla en su vida de cada día, pero cuando el grupo étnico en cuestión se sirve del mismo idioma español como los blancos, y cuando las tradiciones culturales ancestrales que el grupo guarda son sólo algunas usanzas y costumbres, es muy difícil o arbitrario encontrar una línea divisoria entre tal grupo indígena y el resto de la población. Piedras y palos Son mayoría en Bolivia, Perú, Ecuador, México y Guatemala. En Iberoamérica rondan los 40 millones. Forman tribus, comunidades, reservas escondidas en la selva amazónica, en las ciénagas de Paraguay, en las calles de Santiago de Chile, en todos los rincones del continente. Algunos caminan a paso lento sobre el altiplano andino. En estos días, como el resto del año, bajaban por la mañana a La Paz y subían de noche a El Alto, donde está el aeropuerto turístico, en columnas. Las marchas de los aymaras, quechuas, mestizos, campesinos, artesanos... tenían un objetivo: recuperar la propiedad de la tierra, el fruto de la ‘pacha mama’ que hoy explotan las multinacionales petroleras y que ellos consideran un ultraje. Por el gas, por la gasolina, por la nafta, por todo lo que escupe la naturaleza están dispuestos a luchar y a morir. Por el asalto al poder, también. "Los indígenas no pensamos como los blancos. Estamos preparados para entregar la sangre y la vida por una causa sagrada. Podemos sitiar por meses, años. Las piedras y los palos nunca se van a acabar", dice Felipe Quispe, jefe del Movimiento Pachakuti. Él aprendió historia en la Universidad y guarda el rencor de los capítulos sobre la Conquista, en la funda del machete. Le han visto preparar la guerrilla con la que, a pesar de estar enfermo y retirado de la última batalla en Bolivia, pretende algún día, "refundar la República del Coyasuyo", es decir, regresar al pasado y rescatar el mapa previo a la colonización. Su discurso le sirvió para lograr, en el año 2002, que por primera vez en la historia los indios tuvieran representación en el Congreso. Consiguió los tres primeros escaños de su vida. Cinco años antes Evo Morales, líder cocalero, aunque sea un aymara, había ocupado, con otros dos campesinos del Chapare, otras tres butacas del Parlamento. La modesta victoria de Morales, al frente del Movimiento al Socialismo (MAS), se multiplicó en el año 2002 cuando estuvo, para su sorpresa, a un paso de ganar las elecciones. "Cuando vi que podíamos ganar, pensé: y ahora qué hacemos", confesó al finalizar el escrutinio. Desde entonces ha aprendido las lecciones de Hugo Chávez Frías e indagó desde Muhammad Gadafi, en Libia, hasta dirigentes de USA (y comenzó a aparecer en la CNN en Español). Dice que hoy ya no tiene miedo de ser Presidente. Morales ya se ha cargado a dos jefes del estado boliviano. Por mérito propio, a Gonzalo Sánchez de Lozada, en octubre de 2003, después de que el ex presidente dejara un río de muertos en Bolivia, y, con la ayuda de los partidos tradicionales, esta semana pasada, a Carlos Mesa. Jamás imaginó que la carrera al poder pudiera ser tan rápida. En Perú, Alejandro Toledo tuvo éxito reivindicando aspectos de la cultura indigenista. Toledo se autodenominó ‘el Cholo’, y agregó: "Indio terco y rebelde con causa", recurriendo a sentimientos ancestrales para cuestionar al ‘Chino’ Alberto Fujimori. Su ‘Marcha de los cuatro Suyos’ (Puntos cardinales del antiguo imperio Inca) hizo temblar a Perú, pero fue puro marketing electoral. Luego Toledo olvidó sus promesas, solamente provocó desencanto y hoy es un cadáver político mientras Fujimori puede regresar al poder. Los peruanos viven mal y detestan la filosofía de vida de Toledo: frívola y corrupta. Su última aventura con una joven guardaespaldas ha llegado hasta el Congreso, el nepotismo, los ingresos irregulares de sus parientes, y las maniobras fraudulentas del partido que creó para que pudiera presentarse en las elecciones, han desencadenado el hartazgo. En Bolivia, hasta en los mercados piden "un Presidente como nosotros, no un cara (blanco)", pero en Perú se repite: "Ya no queremos más cholos". La escalada de los indígenas al poder no está dando los resultados que merecería una espera de siglos. En Ecuador, los indígenas ayudaron a Lucio Gutiérrez a llegar al poder, pero el coronel jubilado ofreció una experiencia decepcionante. Caído en desgracia, fue expulsado, de mala manera, de una Presidencia que no supo defender. Superada la humillación e incapaz de acostumbrarse al exilio tropical de Brasil, está dispuesto a regresar para, si no logra recuperar la Presidencia, al menos vivir en su tierra. Pero ni la Conaie, Confederación de Nacionalidades Indígenas, ya le quiere ver de su lado. La decepción que le produjo que un miembro de su comunidad cayera en las mismas tentaciones de avaricia que los blancos complica el camino al próximo que quiera aspirar a ocupar el Palacio de Carondelet. Mapuches Al otro lado de los Andes, la cosas son distintas. En Chile, los "mapuches, moluches, araucanos o indios del sur", como se autodenominan estas "reducciones", todavía están lejos del Palacio de la Moneda. Sus aspiraciones siguen siendo recuperar las tierras ocupadas por otros y conservar su religión, idioma, sangre e historia. "Estamos orgullosos de haber resistido la dominación española pero debemos admitir que fuimos derrotados por el Estado de Chile, aunque no hemos sido vencidos", afirma Eleaser Millaleo. Entregados a un dios único, Gnechen, al que rinden culto (ngillantun) sólo en Chile son un millón, puros o mezclados con tehuelches. En el caso de la Argentina, apenas son 90.000, están peor organizados aunque en los últimos tiempos han ocupado espacios en la prensa internacional por los conflictos territoriales con la familia italiana Benetton. Se distribuyen entre Chubut, Río Negro, La Pampa, Buenos Aires y Neuquén. En esta última provincia patagónica, en Bahía Cañicul, los mapuches (gente de la tierra) se dejan llevar bajo el mando del cacique Armando Aníbal, de 45 años. Al frente de un restaurante en el Parque Natural, quiere aclarar algo que le molesta profundamente: "Mucha gente dice que somos indios pero no, somos mapuches, el indio es el de la India". Sin aspiraciones políticas como sucede con sus vecinos del otro lado de la Cordillera, reconoce que "el cacique, en algunas comunidades es un cargo vitalicio pero en Argentina, según nuestros estatutos, se renueva cada dos años, aunque podemos ser reelectos tantas veces como se quiera". El nacionalismo mapuche se ha hecho un hueco en internet, donde se suceden las páginas y se expresan más de una treintena de comunidades. Eleaser Millaleo, escribe sobre el orgullo por su bandera, "una estrella blanca de cinco puntas sobre fondo azul" y por su lengua, el ‘mapuchedungun’, la lengua de la tierra, de la que no hay restos de grafía original", lamenta. ¿Cómo se dice, por ejemplo, ‘cisne de cuello negro’ en mapuchedungun? Piupiukürúpelkawün. Los grupos de indígenas se multiplican en este continente. Sólo en Brasil, se calcula que hay más de 200 tribus con 200.000 indígenas pero desconocen qué o dónde está la civilización de unas hectáreas más allá. Conflicto en progreso Un informe publicado por el Banco Mundial lamenta que en los últimos 10 años, las condiciones de los indígenas de toda Iberoamérica no hayan variado sensiblemente. Algunos de los protagonistas políticos son la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) de Ecuador, el Movimiento Etnocacerista (ME) de los hermanos Ollanta y Antauro Humala en el Perú, el Movimiento al Socialismo (MAS) del líder cocalero boliviano Evo Morales y el Movimiento Indigenista Pachacutik del dirigente aymara Felipe Quispe, que busca la fundación de un Estado quechua-aymara en el sur peruano y el norte boliviano al que denomina ‘Collasuyo’, el nombre de la región durante el imperio incaico. Los discursos de Quispe y Antauro Humala son abiertamente xenófobos contra los criollos, en una suerte de racismo invertido. En Bolivia las manifestaciones más violentas se han registrado en las comunidades de inmigrantes quechuas y aymaras asentadas en El Alto, un suburbio superpoblado de La Paz, que conserva la fuerte cohesión originaria de las comunidades rurales, que le da una capacidad organizativa muy eficaz para bloquear carreteras, paralizar los mercados e incluso emboscar patrullas policiales y militares. A este escenario se han añadido las protestas campesinas de las más importantes zonas agrícolas –las Yungas y el Chapare– contra las campañas gubernamentales para erradicar los cultivos de coca. En Sicuani, Puno, el departamento peruano limítrofe con Bolivia, el pasado 8 de abril Morales con otros 10 diputados del MAS asistieron a la fundación de la versión peruana de su partido. En una entrevista con el diario chileno ‘El Mercurio’, Morales habló de la necesidad de "internacionalizar" el MAS promoviendo movimientos sociales antiimperialistas en toda la región andina. En Ecuador, la Conaie y su brazo político –el partido indigenista Pachakuti, que respaldó en 2000 el levantamiento del coronel Lucio Gutiérrez contra el entonces presidente Jamil Mahuad– ha jugado un papel fundamental en las últimas crisis políticas. Según Weinstein, la movilización étnica toma la forma de la acción directa porque el segmento indígena de la población andina ha conservado sus vínculos comunitarios. La venezolana Elizabeth Burgos incluye a Hugo Chávez entre los líderes "etnonacionalistas", con el discurso de una Venezuela rota en dos mitades: una, con un imaginario occidental y criollo, y otra llena de ancestros mestizos y mulatos. Al definir la confrontación en términos casi raciales –"No nos quieren. La oligarquía nos desprecia. Siempre se ha burlado de nosotros"– Chávez pulsa los resentimientos, acude a las diferencias y a las experiencias de rechazo. La historiadora Margarita López Maya dijo ante la Asamblea Nacional venezolana, en agosto de 2004, que con el ‘chavismo’ está emergiendo un país "de ancestros mulatos y mestizos" que estaba escondido y silencioso. El diario ‘Jornal do Brasil’, abierto partidario de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil, editorializó: "Venezuela se ha convertido en el primer motivo de desacuerdo entre USA y Brasil. Chávez tiene dinero y está lejos de ser inofensivo (…) pretende encontrar un villano para justificar la creación de una milicia popular y armar a su ejército". La mezcla de ‘peronismo’ y ‘guevarismo’ de Chávez es la confirmación de la fuerza del populismo que recorre toda América del Sur y que incluso podría terminar afectando a la Colombia de Uribe y al Chile de la Concertación. El ex presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada acusó a Chávez de haber financiado el "movimiento indigenista y cocalero" que puso fin a su mandato. Evo Morales ha sido un asiduo visitante de Caracas, donde fue recibido en varias ocasiones por Chávez. Morales es un agitador que denuncia a las multinacionales y al imperialismo. Venezuela es el principal proveedor de crudo y gas en América latina. Algunos analistas especulan conque Hugo Chávez podría utilizar a Morales y al MAS como factor de presión sobre las inversiones que puedan competir con Venezuela y vincular a Bolivia a su proyecto ‘bolivariano’. Evo Morales tiene cierto eco en Perú y Ecuador, países con condiciones parecidas a Bolivia. Esas especulaciones son tomadas muy en serio en Washington. La secretaria de Estado, Condoleeza Rice, declaró ante el Senado que la Administración Bush "conoce muy bien las dificultades que Chávez está causando a sus vecinos". En el Pentágono se cree que Chávez está usando el dinero del petróleo para intervenir en la política interna de sus vecinos y que está eligiendo para ello a los que tienen un tejido social más vulnerable, en algunos casos mediante métodos abiertamente subversivos. En el Perú varios analistas han denunciado que Chávez dio apoyo –ideológico y quizá económico– al asalto de una comisaría en Andahuaylas el pasado 1 de enero de los 165 paramilitares del ME, en el que murieron cuatro policías. Al cabo de 36 horas Humala se entregó a las autoridades. Ha sido encarcelado en un penal de máxima seguridad mientras espera juicio. Tras el asalto la policía incautó a los ‘etnocaceristas’ 110 fusiles de asalto, 50 granadas, 60 pistolas, cuatro vehículos y munición abundante. En su visita a Cuzco en diciembre de 2004 para la ceremonia de creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones, Chávez –que hizo un apasionado elogio del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975)– fue vitoreado por los seguidores de Humala. El ME –que tendría alrededor de 4.000 militantes– reivindica el legado del gobierno de Velasco, a pesar de que éste nunca utilizó el nacionalismo étnico o el racismo. Sin embargo, el régimen velasquista oficializó el quechua e hizo de Túpac Amaru el icono de la ‘Revolución Peruana’. La asonada de Humala para exigir la renuncia de Alejandro Toledo fue ejecutada al estilo de la de Chávez en 1992 y la de Lucio Gutiérrez en 2000: una insubordinación que les sirvió de antesala para su exitosa carrera política al poder. El eclecticismo ideológico de Chávez le lleva a apoyar movimientos que defienden una combinación de nacionalismo étnico y un populismo izquierdista pero que en el caso del ME utiliza profusamente una simbología fascistoide: uniformes, boinas rojas, banderas, estandartes con águilas y brazaletes, en una suerte de identificación entre el uniforme y la "raza originaria". El asalto de Humala fue anticipado por analistas que advirtieron de una organización paramilitar que reclamaba la "globalización de la guillotina contra los corruptos". En octubre de 2000 los hermanos Humala encabezaron un levantamiento abortado contra el gobierno de Alberto Fujimori, poco antes de que éste huyera del país. El gobierno de Valentín Paniagua amnistió a Ollanta Humala, quien se reintegró en el ejército, pero su hermano Antauro se dedicó a organizar el ME, que pronto fue acusado de financiarse con el narcotráfico por su apoyo a las protestas cocaleras. El ME es algo parecido a una secta: dice defender un reconstituido "código moral de los Incas" y la memoria del mariscal Avelino Cáceres, un héroe de la guerra con Chile (1879-1883) que organizó milicias campesinas contra los invasores. El ME predica el odio de los cobrizos contra los blancos del Perú, Chile, USA e Israel, en ese orden. Nadie ha pedido la libertad de Humala, lo que revela su orfandad política, pero su discurso ‘etnonacionalista’ revela las tensiones sociales larvadas en Perú. La cuestión racial no había formado parte del programa de ningún actor político. El ME ha sido el primero en hacerlo, aunque la Coordinadora Permanente de los Pueblo Indígenas del Perú ha denunciado en términos inequívocos la violencia preconizada por el ME. Es una realidad que los pueblos indígenas se han convertido en actores políticos y sociales que exigen que las diferencias étnicas reales sean reconocidas social y jurídicamente. Lula busca una salida En 1980 se creó el Consejo Indio de América del Sur (CISA) en Ollantaytambo, Cuzco. En los años ‘60 ese tipo de organizaciones apenas eran un puñado. En los 90 eran ya centenares: locales, intercomunitarias y regionales, con una intensa actividad internacional. En sus versiones extremistas iniciales articularon un discurso entre mesiánico y renovador que denunciaba a los partidos políticos, de izquierda y de derecha, por estar controlados por criollos. De ahí que incluso la revolución socialista fuese criticada como insuficiente y ajena; en todo caso, incapaz, por su origen étnico, de comprender y plantear adecuadamente el problema indígena. El énfasis en ese tipo de discurso se refleja en posturas como las de Demetrio Cotji, de la etnia kaqchiquel y catedrático en la Universidad San Carlos de Guatemala, quien sostiene que cada quien teoriza según la etnia a la que pertenece en una "sociedad colonizada"; es decir, que si un marxista pertenece a la etnia dominante, pensará necesariamente en función de esa perspectiva. Desde los años ‘80 las organizaciones indígenas comenzaron a realizar congresos, publicar manifiestos, dirigir peticiones a los gobiernos y a los organismos internacionales y, con mayor frecuencia, manifestaciones, marchas de protesta, ocupaciones de tierras y movilizaciones nacionales para protestar contra la depredación de sus tierras, exigiendo derechos territoriales, representación política y la preservación del medio ambiente. Las más importantes de esas luchas fueron las organizadas por la Conaie en Ecuador en 1990, 1993, 2000 y 2001, que paralizaron el país y obligaron al gobierno a negociar cuestiones agrarias y reformas constitucionales. A escala internacional, su actividad logró que la ONU proclamara 1993 como el "Año Internacional de las Poblaciones Indígenas" y el "Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas", que comenzó en 1995. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA comenzó a elaborar ese año un instrumento jurídico interamericano sobre derechos indígenas. El énfasis inicial en la idealización de un pasado mitificado dio paso a reivindicaciones más concretas, como el acceso a la tierra, al crédito agrícola, a la educación, la salud y la cooperación técnica. La Federación Shuar-Ashuar de Ecuador niega, por ejemplo, querer formar un Estado dentro del Estado, y defiende su participación dentro de la sociedad ecuatoriana desde sus propios valores culturales, territorio y sistema político organizado. Probablemente nunca ha habido sociedades totalmente homogéneas en términos raciales, lingüísticos o religiosos. Y mucho menos en América Latina. Los mapas étnicos no coinciden con los lingüísticos, ni la voluntad de los ciudadanos con las formaciones históricas de los Estados nacionales: la realidad multicultural presenta una imagen de múltiples estratos que se superponen y confunden. Cualquier nuevo Estado entraría inmediatamente en conflicto con minorías irredentas que se sentirían legitimadas a ejercer su propio derecho a la autodeterminación. El principio de los derechos colectivos, ‘in extremis’, tendría que aceptar la legitimidad de la autodeterminación de todas las unidades sociales, por pequeñas que fueran y segregarlas, en uno u otro sentido, en una miríada de cantones étnicos. Como en otros terrenos, Brasil está tomando la iniciativa a través de medidas de discriminación positiva, siguiendo el modelo de la ‘affirmative action’ de USA. El gobierno de Lula ha decidido disminuir las desigualdades sociales estableciendo cuotas raciales para el acceso a universidades y las administraciones públicas. Desde el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, tres ministerios federales y la municipalidad de São Paulo ya aplican una cuota del 20% de ‘afrobrasileños’ en los principales cargos. Pero esto no incluye aún a los indígenas. La proporcionalidad aún no llega a los verdaderos nativos de Brasil sino a los descendientes de los esclavos, comercializados por los portugueses desde sus colonias africanas. Lo cierto es que –tal como concluye Luis Esteban González Manrique- "América latina sabe ahora que tiene un problema racial, pero está aún lejos de saber cómo resolverlo". ---------------------------- Copyright by EDICIÓN i, 2005.