Obviamente que el cambio de la hora no es la primera, ni la única de las reglas de juego que se modifica permanentemente, si ni siquiera se sabe con precisión cuando es feriado. Los sistemas, por ejemplo, de control de inventarios en el mundo requieren conocer con mucha precisión cuándo se trabajará y cuándo no, cuando se venderá y cuando no, cuántos son los días hábiles de los próximos años, cuándo es efectivamente la hora que uno mira en su reloj, todos éstos deben ser parámetros, no variables que se alteran según la voluntad de los funcionarios o de pseudo estudiosos que después de tomada una medida comienzan a estudiar su viabilidad. Por supuesto que si se equivocaron es correcto rectificarse, pero no se puede vivir rectificándose, porque entonces la impresión es que nada se estudia, nada se planifica, nada importa demasiado. Qué divertido dirá la tilinguería autóctona. Las pocas personas estudiosas y serias que planifican estratégicamente en la Argentina, que realizan planes a uno, a dos, a cinco años, lamentablemente éste parece el máximo horizonte de planeamiento posible, son buscadas por las empresas más importantes del mundo. Estas tienen experiencia y adiestramiento en manejarse en niveles de incertidumbre o de riesgo tan altos, con una cantidad tan amplia de variables, que cuando se los transfiere a contextos mucho más serios, donde se sabe por lo menos el día y la hora, cuándo será feriado, donde los transportes de personas y mercancías sólo se ven entorpecidas por grandes catástrofes, no por piquetes, cortes de ruta, o reparaciones temporarias que ya llevan años; donde las leyes existen, permanecen y se cumplen, los expertos argentinos demuestran niveles de eficiencia que asombran. Ahora se pretende sostener que nuestro problema en el tema horario es la extensión este-oeste, felizmente antes que aparezca la mediocridad imperante don Arturo Jauretche en su Manual de Zonceras argentinas, ya nos había dejado bien en claro que para ningún país del mundo la extensión es un problema. Existen países mucho más anchos y mucho más largos que el nuestro dónde conviven desde hace años husos horarios muy diferentes y todas las actividades se realizan sin ninguna dificultad y hace mucho tiempo que no modifican ni los feriados ni la hora, pero seguramente también igual están realizando estudios e investigaciones para ver si esto es lo que más les conviene. Quienes creen manejar el pensamiento popular por estas tierras seguirán creyendo que investigan eso porque están aburridos y ya no tienen qué investigar. La conclusión es que el mundo, por lo menos los países serios del mundo, investigan, estudian, son previsibles, tienen noción del daño infinito que causan cuando modifican reglas establecidas. A su vez, respetan a quienes conocen los temas, los convocan y se sostienen en ellos, lo cual permite la existencia de sistemas industriales, comerciales, bancarios, de seguridad, de turismo, de transporte, de comunicaciones, de administración, de planificación y muchos otros de una altísima precisión que les permiten ser eficaces y eficientes, cuidar sus recursos, alentar las inversiones, dar reglas de juego claras y serias, algunas de ellas casi perennes, que además son las que permiten ser flexibles y dinámicos en otras cuestiones adecuándose a contextos turbulentos y cambiantes. No se pretende tanto pero que por lo menos se sepa qué hora es. En tan poco tiempo volver a modificar el huso horario más allá de las presiones es muy, muy poco serio.
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Crisis energética: Una convocatoria al aburrimiento
Por estas latitudes como se tuvo la imprevisión de no estimar el consumo futuro de energía, hubo repentinamente que comenzar a ahorrarla, se supone que se realizaron estudios serios, se investigó y se decidió que la hora debía ajustarse a otro huso horario. Ahora se chocó con la realidad, aparentemente se volvió a estudiar, se volvió a investigar y se dice con una ligereza que espanta, que hay que volver a cambiar la hora. A respecto, U24 reprodujo una nota pubicada en la sección editorial del diario La República, de la ciudad de San Luis.
23 de junio de 2004 - 04:56








