OPINIÓN

Una sociedad envilecida: Corrupción para todos (y todas)

Cuando las muertes innecesarias se suceden a diario no se le puede echar la culpa al infortunio. En una sociedad impregnada de corrupción esta ronda como fantasma que circula constantemente provocándolas; quién puede negarlo. ¿Ud. se atreve?

por JORGE HÉCTOR SANTOS
Twitter: @santosjorgeh
 
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). La sociedad argentina que acepta ,convive, practica, se maravilla, entiende, dice no entender, ignora, contempla, le brinda altos ratings a un programa de TV que la denuncia; y no reacciona; termina siendo cómplice de la corrupción,  por acción u omisión.
 
El país se ha  acostumbrado a que la corrupción mate.
 
La corrupción también se llama, fraude electoral, y una ciudadanía aletargada debió ser convocada por periodistas, redes sociales y una ONG para que se aliste como fiscales voluntarios para que el gobierno de Cristina Kirchner, no le robe el voto.
 
La corrupción también se hace presente en la falta de controles o en controles “comprados” que hacen volar edificios, caer sillas de un parque de diversiones, chocar o no hacer frenar trenes, o la no realización de obras de infraestructura vial mientras se venden autos que cada día ruedan con mayor velocidad mientras los trenes no funcionan y Aerolíneas Argentinas resulta una enorme sangría de dinero.
 
La corrupción va desde el vendedor de entradas de un cine que guarda muchas de “dos de las buenas” localidades para hacerse unos pesos extras para su bolsillo; pasando por la falta de fiscalización de inspectores que roban para sí y para los de “arriba”, por el caso exCiccone; hasta las bolsas que almacenan euros.
 
La lista de los casos de corrupción  y el listado de los corruptos es tan enorme que muchos de los funcionarios actuales y anteriores que administran y administraron  el Estado nacional, los provinciales y los municipales deberían estar juzgados, condenados y en prisión.
 
¿Ud. lo vió juzgados, condenados y presos?
 
La única es María Julia Alsogaray.
 
Este caso resulta tan insuficiente y ridículo, que solo en un país altamente corrupto, dan ganas de solidarizarse con ella.
 
¿No puede tomar conciencia la mentada “doña Rosa”, de Bernardo Neustadt, que un corrupto en un gobierno,  administrando el Estado, le roba sus impuestos; el que ella paga hasta cuando compra el pan y la leche para sus hijos?
 
Que ese corrupto y la multiplicidad de corruptos en un gobierno que llena al Estado de acomodados con altas remuneraciones y “adicionales” le quita el futuro a sus hijos, restándole posibilidades de educación, de salud, de trabajo, de vida; en síntesis, a la misma y esforzada doña Rosa.
 
La corrupción, también, es la que se encarga de hacer negociados con la droga, la trata de mujeres, los prostíbulos, la prostitución, la inseguridad.
 
Todo acto o forma de corrupción aniquila vidas de una u otra forma.
 
La corrupción es la causa de la mayoría de los males que soporta un ciudadano integrante de una población corrupta.
 
Corrupto es el funcionario que engaña con estadísticas falsas, que lucra con el dolor ajeno para ganar un voto, que oculta las verdades con  las que usted sufre, que vulnera la Constitución Nacional a la que juró respetar.
 
Ud. dirá: “pero esto último no lo enriquece”. Correcto, lo beneficia para enriquecerlo o beneficiarlo, más tarde, aún más.
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Por eso, si las muertes innecesarias le causan dolor; que la corrupción se encargue de hacerlo; la cual es la responsable directa de muchos de los males que degradan y atormentan su vida.
 
Sin una justicia independiente del poder polìtico y con jueces capaces, dignos; difícilmente, se pueda cambiar esta historia.
 
Para esto no hay que democratizar la justicia; hay que jerarquizarla y respetarla.
 
Esto puede alcanzarse si el pueblo sale de su letargo, aúna esfuerzos, abandona enfrentamientos y retoma el sendero de los valores esenciales. 
 
Las piedras en el camino son muchísimas, porque la corrupción crea mafias y estas operan y se defienden.
 
Sortear los obstáculos es una constante de la vida, que brinda menos sinsabores que contemplarlos desde el balcón, criticando, asombrándose, teniéndose como víctima injusta.
 
El sabor de los logros parciales brinda dichas; vale decir,  quita desdichas, esas tantas que hoy perturban cada día suyo, y de tantos más.