por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
Los caníbales de la centroderecha y el cuchillo bajo el poncho de Ella
Decepción ha provocado la centroderecha argentina, con tanto amague y tan escasa capacidad para convivir con disidencias que son mínimas, tan solo un disfraz para egos enormes, desproporcionados. En tanto, Cristina se recluye en el espacio mínimo que conserva pero confía en que puede sobrevivir aún a un resultado adverso. Al fin de cuentas, según su punto de vista, ganar o perder... todo depende de la convicción conque se trabaje después del resultado, que si es adverso se desconocerá, siempre. Buena reflexión de Claudio Chiaruttini.
16 de junio de 2013 - 10:22
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). La presentación de alianzas ante la Justicia Electoral dio una confirmación y dos sorpresas. El Frente para la Victoria intento hacer una demostración de fuerzas que a nadie impresionó, la centroizquierda logró una serie de acuerdos que permiten aprovechar las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) para dirimir sus internas y el panperonismo sólo ganó tiempo para seguir negociando.
Temprano la Casa Rosada anotó al Frente para la Victoria con sus aliados. En la Provincia de Buenos Aires, la conforman 34 partidos, 11 en la Ciudad de Buenos Aires y 12 en todo el país. Sin embargo, la larga lista de aliados y partidos tributarios no pasan de ser una suma de sellos de goma donde sólo el Partido Justicialista cuenta con estructura, militancia y cantidad de votos interesantes para la Casa Rosada.
Pero la puesta en escena del Frente para la Victoria no levantó el amperímetro político ni despertó temor entre las oposiciones. Por primera vez desde 2003, el Partido para la Victoria y sus aliados jugarán separados del peronismo en 5 provincias, una de ellas, Santa Cruz, donde la agrupación creada por Néstor Kirchner, corre peligro de salir segunda o tercera.
Como la elección de octubre se definirá en la Provincia de Buenos Aires, poco importa que el Frente para la Victoria esté aliado a otros 33 sellos de goma (algo que hace muy complejo el proceso de armado de listas y puede jugar en contra de las intenciones de la Casa Rosada, dado que no todos podrán satisfacer sus reclamos de espacios de poder), sigue siendo clave que la Casa Rosada no tenga candidatos para encabezar la lista.
Traciones a la carta
A nivel familiar, se habló de Alicia, Máximo o Florencia Kirchner; entre los ministros o ex ministros aparecen Florencio Randazzo o Julián Domínguez; entre los intendentes se mencionan a Martín Insaurralde (de Lomas de Zamora) hasta Darío Giustozzi (de Almirante Brown, que por estas horas negocia con Sergio Massa encabezar la lista del intendente de Tigre). Cualquiera sean los nombres, no levantan el amperímetro en el electorado.
Así, la fortaleza política en la Provincia de Buenos Aires no es tener muchos o pocos aliados, muchas o pocas listas colectoras, muchos o pocos sellos de goma que puedan ser usados para bajar la presión cuando se arman las listas a nivel distrital. Para ganar en territorio bonaerense se requiere aparato político, penetración territorial y candidatos atractivos. Ninguno de esos tres factores puede faltar. Incluso, con ellos, no está asegurado el triunfo de un frente o partido político.
En 2009, Francisco de Narváez le ganó a una lista encabezada por Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa. No alcanzaron los nombres ni el clientelismo políticos. Fue en las divisiones de los aparatos a nivel territorial (fruto de la traición de muchos intendentes) que el empresario nacido en Colombia logró imponerse por unos pocos miles de votos.
No es casual que desde comienzos de año, Cristina Fernández haya ordenado a Julio de Vido negociar acuerdos con los intendentes de todas las provincias, pasando por arriba de los gobernadores. En octubre, la Presidente de la Nación no quiere que se repita el “efecto traición” que en 2009 le costó perder Buenos Aires.
Hace cuatro años, 100 intendentes bonaerenses juraban fidelidad a Néstor Kirchner y les agradaba que Daniel Scioli y Sergio Massa encabezaran las listas. Hoy, 16 dicen seguir a Sergio Massa, Gustavo Posse asegura tener 12 alcaldes bajo su control, unos 50 juran lealtad a Daniel Scioli y todos buscan subsidios y obras de la Casa Rosada.
Que el viernes pasado el intendente de Almirante Brown, Darío Giustozzi, anunciara públicamente que encabezaría la lista del Frente Renovador de Sergio Massa y que sería acompañado por la esposa del alcalde de Tigre; Malala Galmarini; y Felipe Sola, al mismo tiempo que intentaba negociar ser uno de los tres primeros postulantes del Frente para la Victoria confirman el nivel de potencial traición que existe y existirá hasta el 22 de Junio en la Provincia de Buenos Aires y en todo el peronismo.
Sergio Massa consiguió lo que quería: ser el centro de las negociaciones preelectorales del 2013. Toda la promoción ganada, todo el capital político acumulado, todos los contactos y promesas realizadas pueden esfumarse en minutos si se equivoca desde ahora hasta el miércoles a la noche. Hasta acá, el marketing y el armado político han gobernado sus pasos. Es tiempo que la fibra de político se imponga y tome la decisión correcta.
No sea que le pase como a Roberto Lavagna, que por tanto querer hacer cotizar su nombre, terminó aliado de un sello de goma que ha representado grupos religiosos y agrupaciones racistas.
La centroizquierda
El realismo político dominó las negociaciones en las centroizquierda. Para unos, salir segundos; para otros, no poder alcanzar 2% de los votos en 2011, los hizo dar un baño de realpolitik y encararon las negociaciones con la conciencia de que juntos pueden sumar y que nadie sabe muy bien cuantos votos tiene. Por eso resolvieron usar las PASO para resolver quién ocupa qué lugar en las listas. Eso es pragmatismo del más puro estilo peronista, pero que el peronismo ha perdido en los últimos 15 años.
Ahora, será el votante quién decida el orden de las listas para diputados y senadores en octubre. La oferta electoral, es inmensa. Por la estrategia de armado elegida, la centroizquierda coloca en la cabeza de las listas a sus nombres más famosos y los que atraen más votos, una doble fórmula para sumar potenciales votantes independientes o que sufragaron por el radicalismo, el socialismo o por Elisa Carrió en el pasado.
Todo voto para la centroizquierda suma y ordena. Los egos quedarán sepultados bajo las urnas. Los proyectos personalistas quedarán subsumidos por los proyectos políticos. Además, ofrecen una cantidad de candidatos muy atractivos para los votantes progresistas que se han desilusionado por la matriz de corrupción y fascismo que ha exhibido el Frente para la Victoria desde que ingresó en su etapa cristinista.
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Es cierto que no todo es amor en la centroizquierda. Héctor “Toty” Flores promete romper el Frente Amplio Progresista en la Provincia de Buenos Aires si Adrián Pérez forma parte de la lista de la alianza opositora. La Unión Cívica Radical se animó a participar en forma solitaria sólo en Córdoba, Entre Ríos, San Juan, Tierra del Fuego y Río Negro (un claro signo de la decadencia que tiene el radicalismo) y dejó huérfano al FAP. Por su parte, el Frente Amplio Progresista sufre una crisis en Catamarca, donde una parte de la agrupación decidió armar un frente con el kirchnerismo.
Sin embargo, no se puede negar el esfuerzo y la inteligencia que la centroizquierda imprimió en las negociaciones preelectorales y que, casi con seguridad, serán premiadas con un importante caudal de votos que ubicarán al Frente Amplio Progresista como la segunda fuerza más votada en octubre próximo, sumados todos los distritos.
Desilusión con la centroderecha
Muy diferente es el panorama de la centroderecha y el panperonismo no kirchnerista. Los choques de personalismo han sido la principal barrera en las negociaciones. Todos piden demasiado y nadie cede nada. Además, por la insólita actitud conservadora de sus dirigentes, lo mejor que podría poner en la cancha esta ala política no se postulará.
Así, mirarán la elección de octubre desde sus escritorios Daniel Scioli, Hugo Moyano, Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, José Manuel de la Sota y, quizás, Sergio Massa. Algo realimente insólito.
La centroderecha y el panperonismo no kirchnerista han optado por una estrategia de desgaste y aislamiento del enemigo interno, de extender el plazo de negociación al máximo posible y de considerar que todos son dueños de los votos y de los aparatos políticos.
El resultado de esta estrategia es un Roberto Lavagna aislado, un Mauricio Macri que quedó con un PRO extendido en 22 provincias pero con posibilidad de salir 5to., 6to. o 7mo. en 21 de ellas; con un Francisco de Narváez que ha confiado su suerte a la endeble promesa de votos y apoyo que le hicieron Daniel Scioli y Hugo Moyano; y con un Sergio Massa que baila en medio de un campo minado.
No se entiende que Hugo Moyano vaya a las elecciones con tres partidos, Gerónimo “Momo” Venegas con otros tres o cuatro, que el PRO haya hecho una alianza de boleta corta con Gustavo Posse, que Graciela Ocaña apareciera como perteneciente a la centroderecha o con el macrismo poniendo piedras en la conformación de frentes en las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Córdoba, en vez de buscar caminos para sumar.
La centroderecha y el panperonismo nunca pensaron en usar las PASO para que ordenara las listas y alineara a las fuerzas políticas agrupadas como hizo la centroizquierda. El marketing político y los proyectos mirando hacia el 2015 no permitieron ver que es necesario ganar en 2013 para poder pensar en proyectos presidencialistas dentro de dos años. Al final, optaron por una opción que resta y que hará que se fagociten votos entre fuerzas que debieron ser aliados electorales. Fue una estrategia piantavotos.
Cuchillo bajo el poncho
De esta forma, hoy, sin tener los nombres de los candidatos sobre la mesa, el Frente para la Victoria podrá presentarse como la primera minoría. Sin embargo, eso no proporcionará el nivel de triunfo buscado por la Casa Rosada para lanzar la reforma de la Constitución Nacional. Pero, tal como ocurrió hace cuatro años, la Casa Rosada tiene la mayor capacidad para poder minimizar el efecto de una derrota electoral.
La centroizquierda sumará votos y “limpiará” la selva de egos que encabezarán sus listas. Eso representa una ventaja (ordena un poco el escenario para el 2015) y es un problema (dado que los perdedores podrán sentirse traicionados y, en vez de asumir la derrota, romper a futuro las alianzas tejidas, causando un desbande que pueda ser capitalizado por la Casa Rosada). Pero, en el fondo, hay mucho más por ganar que por perder, en especial, en vista de los resultados legislativos del 2009 y 2011.
Por fin, la centroderecha y el panperonismo va a un proceso de canibalización donde la estructura peronista puede quedar muy debilitada y tornarla muy endeble para encargar una lucha en igualdad de condiciones contra el Frente para la Victoria en el 2015. Así como los egos y las soberbias destrozaron a la Unión Cívica Radical en el pasado, y la convirtieron en un fantasma electoral, el panperonismo puede ir hacia ese camino si no comienza a dejar de lado los personalismos y traiciones.
Es cierto que se han dado pasos muy importantes para debilitar al Frente para la Victoria en las urnas en octubre próximo. También es verdad que es la acción política del Gobierno es la que causa más daño al cristinismo talibán, como se vio con el accidente ferroviario de Caseros. Sin embargo, lejos está de haber desaparecido el proyecto hegemónico de Cristina Fernández. Quizás, eso debería tener como prioridad las fuerzas opositoras que, por estas horas, tejen las listas de candidatos. Todavía, tienen tiempo de arreglar muchos de los errores cometidos en la noche del miércoles.








