OPINIÓN

Señoras y señores, apuesten y debatan pero no exageren...

Intenso debate cruza a muchos funcionarios públicos y políticos acerca del juego de azar y su contribución financiera-tributaria al Estado. Resulta clave obtener la información precisa en vez de fabular. Por lo tanto, Urgente24 le solicitó a uno de los mayores conocedores del negocio de las actividades lúdicas que elaborase una nota de opinión respecto de todo lo que se especula por estas horas. Aquí el contenido, muy interesante:

 

por D. V. A.
 
CIUDAD DE BUENOS AIRE (Urgente24). El debate acerca de las finanzas bonaerenses actualizó la polémica -en la que no falta la especulación alentada, en parte, por la desinformación- acerca del juego de azar, sus ingresos, márgenes de utilidad y participación del Estado.
 
De pronto irrumpe en el mercado hasta una bibliografía que, desafortunadamente, no se encuentra documentada en forma conveniente.
 
De paso se propone reestatizaciones que en la Provincia de Buenos Aires obliga a remontar a los tiempos de las apuestas clandestinas del juego de la quiniela ya que una actividad concentrada en el Estado provocaría irregularidades que van mucho más allá de los anhelos de los cuestionadores del sistema de concesión a privados.
 
Lo que no hace el juego de azar legal, regulado y controlado en cualquier sociedad moderna, lo hacen las apuestas clandestinas. Una sociedad sin actividades lúdicas puede ser soñada, pero es irreal.
 
Así, el dinero que provee la industria del juego de azar como salvataje a las finanzas asfixiadas de la provincia de Buenos Aires pone en evidencia cierta falta de memoria y bastante desconocimiento sobre algunas actividades demonizadas por ciertos sectores de la sociedad que -curioamente- no siempre defienden lo que dicen defender.
 
Ni la actividad lúdica es reciente ni ha tenido efectos no deseados sobre la mayoría de los apostadores; para eso las sociedades han creado modelos de contención.
 
Algunos números son muy importantes deslizar: cada $100 jugados, el Estado se lleva $ 4,0 y el privado que explota, $ 1,25, es decir, el Estado se lleva más de 3 veces de lo que se lleva el privado:
 
Premios para el apostador...........$92,50                                         
Impuestos Varios……………………..$4,0           
Costos……………….………….……..$2,25        
Subotal………………………..…...…$98,75
 
Ganancias de la empresa…..……..$1,25  
Total.............................................$ 100 
 
Volviendo a aquella provincia de Buenos Aires poblada por los 'quinieleros' clandestinos, detrás del juego ilegal, más allá de la falta de tributación, se esconde el fraude, la usura, la trata de personas, la explotación de menores y el financiamiento de otro tipo de actividades. A su vez, se suma la posibilidad de hacer inmensos negocios fuera de todo control social, estadual y fiscal.
 
En el siglo 21, la mejor opción es la existencia de un Estado regulando y cobrando altas cargas fiscales directas sobre la explotación del juego y destinando una parte de estos recursos a moderar los efectos no deseados de la actividad.
 
Resulta sumamente llamativo que protagonistas de la política lleguen a abogar por la eliminación lisa y llana de la actividad. Las mismas personas que mantienen reuniones con reconocidos operadores o capitalistas del juego ilegal o clandestino, resulta que son las que denuncian a empresas legalmente constituídas, que en muchos casos cotizan en bolsas de valores locales o extranjeras o son reguladas por estrictas normas legales, tales como las que rigen en el estado de Nevada, USA.
 
Es cierto que esta actividad es un buen negocio. Por ello debe pagar impuestos altos y estar sometida a estrictos controles y regulaciones estatales. Y también por eso es importante explicar cómo son los modelos de distribución de los juegos de azar.
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Por cada $ 100 que se juegan en la quiniela:
 
> regresan en premios a los apostadores entre $ 63 y $ 66, 
 
> se paga en comisiones a los agencieros y expendedores entre $ 20 y $ 22. 
 
> Los gastos de captura, procesamiento y transporte de la información generan un costo de $ 7 cada 100 jugados, y
 
> al Estado le quedan entre $ 5 y $ 10. 
 
En el caso de las llamadas máquinas tragamonedas o slots, por cada $ 100 que se juegan, la legislación vigente establece en la provincia de Buenos Aires que la máquina debe devolver en premios no menos de $ 85.
 
No obstante, por razones de mercado, las máquinas pagan aproximadamente $ 92,5, con excepción de las ruletas electrónicas y otras máquinas multipuesto, que suelen pagar más. 
 
De los $ 7,5 que quedan se paga 
 
> el impuesto del 34% directo que cobra el gobierno de Buenos Aires, 
 
> ingresos brutos,
 
> un porcentaje no inferior al 1% para una entidad de bien público, 
 
> el proporcional de ganancias y 
 
> el cánon extraordinario, que suman en total $ 4 cada $ 100.
 
Los costos operativos de una sala de juegos oscilan entre el 23% y el 28%, dependiendo de la calidad de su gerenciamiento, por lo que se deben considerar $ 2,25 cada $ 100. El resto es la ganancia de la empresa a cargo de la explotación comercial.
 
Esto no quiere decir que el juego de azar no resulte rentable. Todo lo contrario, y que sea rentable asegura a los apostadores la certeza del cobro de la recompensa. Nadie jugaría si hubiese incertidumbre acerca de la posibilidad de cobro de un premio.
 
Pero de lo que se trata es de conocer la información apropiada que, además, desmitifica algunas irrealidades. Nunca es malo conocer la verdad.

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