Gargarella vs. Mocca, ética y tropezones del 'modelo'
En la noche del jueves 16/08, ocurrió un muy interesante debate en el programa 678, de la TV pública, entre el politólogo/periodista kirchnerista cristinista Edgardo Mocca, y el filósofo y jurista independiente Roberto Gargarella. Se acompañan los videos para que cada uno, más allá de la opinión del columnista, pueda realizar sus propias conclusiones.
17 de agosto de 2012 - 10:54
por EDGAR MAINHARD
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Sin duda la ética fue el tema en debate: ¿Cristina Fernández debiera mantener la ética de una propuesta supuestamente progresista que ambiciona modificar la política argentina, o es válido renunciar a ese enunciado en nombre de la continuidad en el poder?
Ese interrogante recorre a todo el oficialismo por estas horas, a medida que se instala la prisa por la necesidad de la reforma constitucional, y aterrizó en el programa 678.
Trasfondo inevitable del debate es la inminente entrega de un documento del colectivo Carta Abierta, solicitando una Constitución "que habilite la continuidad institucional del actual liderazgo" (o sea la re-re), con la discrepancia del filósofo Ricardo Forster, integrante de Carta Abierta, para quien es un error encadenar la continuidad del modelo a la permanencia de Cristina Fernández de Kirchner en el poder.
Sin duda que el debate sobre ideas que ocurrió en la noche del jueves 16/08 en Canal 7, no fue dedicado al público fascinado con las peripecias de Charlotte Caniggia, ni tampoco al que sigue cada noche las ficciones de Telefe. Pero es bueno que la realidad argentina vaya un poco más allá de tan limitado universo, y resultó muy interesante, en especial por la franqueza que tuvieron ambos polemistas.
Si bien tanto Edgardo Mocca como Roberto Gargarella tienen algunas perspectivas similares acerca de diversos temas -ninguno podría ser considerado un pensador de la centroderecha, ni siquiera del centro, y por eso resultó un debate diferente al de Iván Petrella, de la Fundación Pensar, y Glenn Postolsky, de Ciencias de la Comunicación de la UBA, por TN el miércoles 15/08-, el intercambio tuvo su propio atractivo.
De un lado, Edgardo Mocca, politólogo y periodista, admirador y hasta colaborador de Juan Carlos Portantiero (el sociólogo que brilló en días de Raúl Alfonsín, ideólogo de aquel famoso discurso sobre el "3er. movimiento histórico"). Mocca es columnista regular del semanario Debate (publicación que fue de Héctor Timerman y Marcelo Capurro, hoy controlada por cercanos a Rudy Ulloa Igor) y del diario Página/12. Obviamente kirchnerista cristinista.
Del otro, Roberto Gargarella, 13 años más joven, filósofo y jurista, especialista en derechos humanos, discípulo de otro personaje que brilló en días de Raúl Alfonsín, el abogado Carlos Nino.
Mocca es panelista frecuente del programa 678, así como durante los días de la alianza entre Néstor Kirchner y Grupo Clarín, fue columnista regular del matutino hoy considerado "el diario del monopolio".
Mocca ha explicado y reivindicado su participación en 678, y en su propio perfil en Wikipedia, él afirma:
"En 678 hay una actitud de defensa publicitaria del Gobierno, no voy a decir que no hay un recorte ni un sesgo en lo que hace este programa porque no sería justo ni cierto. (...) que está pensado para desanudar la red de protección mediática de los principales grupos empresarios― para mostrar el contraste de lo que dicen los grandes medios de comunicación en Argentina (...)".
Gargarella hizo foco en las promesas incumplidas del kirchnerismo, y en que pareciera no preocuparlo ese incumplimiento ni se impone plazos para afrontar la asignatura pendiente.
De acuerdo a sus enfoques conocidos, Gargarella defendió la construcción ética de la política, reivindicó los principios morales, y reclamó que la Administración Cristina asuma virtudes cívicas elementales y acepte estándares mínimos del sistema democrático.
Fue evidente la incomodidad de Mocca a la hora de tener que defender la canasta de $6, las truchadas del INdEC, la expropiación de la ex Ciccone ("de quien seguimos sin saber quién era el dueño", le recordó Gargarella, y Urgente24 agrega que se intervino la empresa sin una orden judicial previa), los acuerdos con los Barones del Conurbano Bonaerense y la alianza con Gildo Insfrán, el gobernador de Formosa que somete a las comunidades aborígenes con métodos discutibles.
Mocca dijo que, de todos modos, nada debía impedir reconocer la expropiación de YPF, la nueva Carta Orgánica del Banco Central y el desafío al establishment que según él, mantiene el gobierno del Frente para la Victoria, y dijo que eso era inédito en sus 45 años de actividad política (él ya tiene 60 de vida).
Para Mocca, ejemplos de embestir contra el establishment es llevar a juicio a Carlos Pedro Blaquier, el dueño de la empresa Ledesma. Obvió que Cristina Fernández fue interlocutora de Blaquier, quien hasta le dedicó una poesía publicada en su momento en el diario La Nación, y que su jefe de Asuntos Públicos integra frecuentemente las delegaciones que acompañan a la Presidente en sus desplazamientos internacionales.
Mocca citó también "los Fortabat" pero no se entendió qué quiso decir. Amalia Lacroze de Fortabat ya falleció, no hay herederos suyos en actividades de relevancia pública, y ella quedó con el notable prestigio de haber sido la única empresaria argentina que, por decisión suya y asumiendo los costos personales que fueren, su empresa no incurrió en default cuando el Estado defaulteó, en la calamidad de 2001/2002.
Acertó Gargarella al mostrarle a Mocca la contradicción de que, para emprender su ofensiva contra Grupo Clarín (donde escribió Mocca), Cristina tenga que recurrir a Daniel Vila y José Luis Manzano.
Mocca negó que el gobierno de Cristina utilice a Vila/Manzano, aun cuando hay constancia de numerosas reuniones, e inclusive visitas recientes a Juan Carlos Zannini, secretario Legal y Técnico de la Presidencia. El solo hecho que permanezcan en firme las licencias del Comfer/Afsca a una empresa que lleva 12 años en permanente convocatoria de acreedores y con sentencias judiciales adversas, avala lo dicho por Gargarella, aunque éste desconozca esos datos.
Gargarella también apuntó sobre la inutilidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en cuanto a asegurar la pluralidad de medios de comunicación. Mocca le respondió que prospera una radio para la comunidad mapuche, como ejemplo de la pluralidad.
Ninguno de los 2 mencionó un concepto que Urgente24 machaca: la pluralidad no depende solo de la oferta sino también de la demanda. Si el público no quiere escuchar las radios/los canales de relato oficialista y sostenidas por el Estado Nacional, no habrá legislación que los obligue.
Pero resultó un momento decisivo del debate cuando Gargarella planteó la necesidad de que los intelectuales -aún cuando sean oficialistas- tengan la capacidad y posibilidad de la autocrítica, porque de lo contrario pierden un valor esencial de cualquier intelectual. Cuando la genuflexión arrebata al intelectual, éste muta en militante, a veces clientelar.
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Mocca, ya en ese momento más militante político que intelectual, respondió que gobernar es poder y para lograrlo hay que construir mayorías y eso obliga a alianzas, aún con quienes discrepan (los Barones del Conurbano, los gobernadores como Insfran, etc.).
Para Mocca, la cuestión (él habló del "problema") es el poder, el mérito del kirchnerismo cristinista es haber obtenido ese poder, no importa el precio que tuvo que pagar, y hasta deslizó una crítica a la búsqueda de 'transversalidad' a comienzos de la Administración Néstor, porque no garantizaba el volumen necesario para asegurar el poder.
Bien Gargarella cuando rechazó que Mocca justificara algunas cuestiones (la legislación anti-lavado que incluye la cláusula sobre terrorismo) en razones de Estado (argumento anti ético habitual, quienquiera lo utilice), y además le marcó que el GAFI no había pedido tanto, y que si lo exigiera habría que mantener la misma crítica que persiste con el FMI, para ser consecuentes.
Mocca le exigió a Gargarella "no sacrificar el todo a causa de las partes", y en nombre del todo debía seguirse defendiendo a Cristina Fernández.
Y resultó muy apropiado que Gargarella considerase a ese enfoque "un espanto".
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