De acuerdo a una publicación del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) en la revista Medicina, entre abril y octubre podría haber entre 6000 y 9000 muertes por afecciones cardio y cerebrovasculares por la falta de consulta médica.
GUARDIAS VACÍAS
"¿Dónde han ido todos los ataques cardíacos?”: Las muertes que no vemos por el COVID-19
“¿Dónde están todos los pacientes que faltan?, ¿dónde han ido todos los ataques cardíacos?”, se preguntaba un cardiólogo estadounidense en abril. El fenómeno llegó a la Argentina. Guardias y hospitales vacíos. La gente en su casa por miedo al COVID-19, hace todo lo posible por evitar ir a la guardia. Pero eso puede traer consecuencias graves.
Sucede que desde que apareció la pandemia del COVID-19 y la correspondiente cuarentena para contenerla, bajaron drásticamente las visitas a guardias y consultorios por otros motivos que no sean COVID-19.
Incluso se conoció en abril el caso de una joven en Córdoba que falleció tras, según la denuncia de sus padres, haber sido rechazada en la guardia varias veces (a pesar de presentar síntomas): "Le dijeron que no volviera si no tenía coronavirus".
Sin llegar a esto, lo cierto es que gran parte de la población hoy por hoy tiene miedo de ir al médico. Ningún panorama parece asustarnos más que la posibilidad de contagiarnos del patógeno. Esto se suma al pedido de médicos y autoridades de que no recurramos a la guardia excepto casos de gravedad para contribuir a que no colapse el sistema.
En una nota del diario La Nación, Sebastián Ameriso, jefe del Centro Integral de Neurología Vascular del Fleni, indicó que desde el inicio de la cuarentena se vio un descenso aproximado del 20% en consultas de urgencias por accidentes cerebrovasculares y del 70% por episodios de ataques isquémicos transitorios, percibidos como más leves.
"El ACV causa un 10% de las muertes en la Argentina, alrededor de 12.000 anuales. Pero desde que se inició la pandemia bajó el pedido de atención aun en casos graves y es muy probable que veamos entre 100 y 200 más muertes más por mes debido a la falta de atención en agudo de ACV o strokes. El ACV, por otra parte, es la primera causa de discapacidad, aquí y en el mundo. Cuanto más se demora la consulta en agudo, más riesgo de lesiones posteriores, temporarias o permanentes", dijo Ameriso.
En cuanto al corazón, el panorama es peor. "6 de cada 10 personas con un infarto se quedan en su casa, algo muy peligroso, ya que 1 de cada 2 no tratados fallece y quienes sobreviven pueden tener complicaciones como insuficiencia cardíaca o arritmias y una mala calidad de vida", dijo Diego Grinfeld, presidente del Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI), al diario.
La gran paradoja señalada por el doctor Gerardo Bozovich, director médico del Instituto de Diagnóstico y Tratamiento (IADT), es que hoy los sanatorios y clínicas privadas, por donde pasa el 70% de los episodios de atención médica en el país, están al 50% de su capacidad.
"Los sanatorios están vacíos -afirma-. Pero hoy es más riesgoso ir al supermercado que hacerse una colonoscopía".
Según una investigación de la Asociación de Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de la República Argentina y la Cámara de Entidades de Diagnóstico y Tratamiento (Adecra/Cedim), sobre 32 instituciones médicas del país, en abril cayeron un 73% los ingresos a emergencias con síntomas de infarto y un 46% los ingresos por ACV, entre otros datos.
En Nueva York, las muertes por infartos en el hogar por falta de atención aumentaron un 800% durante la pandemia. “Del 30 de marzo al 5 de abril se registraron 1.990 llamadas -cuatro veces más que en el mismo período en 2019- por pacientes con paros cardíacos, de los cuales 1.429 fallecieron”, subraya el sitio especializado angioplasty.org.
También se han visto reducidos los tratamientos oncológicos a causa del temor al COVID-19. El director del Instituto Alexander Fleming, Federico Coló, señaló a La Nación que hubo una disminución del 60% de las cirugías oncológicas y una gran reducción en las consultas.
En una nota publicada en el diario The New York Times en abril, el cardiólogo Harlan Krumholz manifestó su preocupación ante los hospitales "inquietamente silenciosos". “¿Dónde están todos los pacientes que faltan?, ¿dónde han ido todos los ataques cardíacos?”
Para el momento de la publicación de la nota, en USA ya habían bajado un 50% las admisiones por ataques cardíacos en hospitales. Lo mismo pasaba en España: durante la última semana de marzo, las emergencias por problemas cardíacos se habían reducido un 40% en relación a lo que sucedía antes de la pandemia.
"En todos los hospitales de la Ciudad se está viendo el mismo fenómeno: bajaron notoriamente las consultas ambulatorias y a la guardia llega la mitad de los casos que llegaban antes. Normalmente atajamos infartos todos los días. Y no es que la gente ahora no se enferma. Estamos seguros de que ahora hay más infartos de lo habitual. Es más, estamos muy atentos esperando el pico de infartos y en la realidad diaria de los hospitales pasa todo lo contrario”, dijo en abril Fernando Botto, especialista del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, a Clarín.
Un mes después, tenemos datos más precisos de las consecuencias que eso puede traer.
También en el artículo de Clarín, el jefe de Cardiología del Fleni, Juan José Herrera Paz, alertaba: “Nosotros sabemos que el invierno es la temporada alta para los problemas cardíacos porque están ligados a la gripe y las patologías respiratorias. Lamentablemente en Argentina va a coincidir el pico del Covid-19 con el pico de infartos”.
Botto alertó en el artículo de Clarín:"Hay que decirle a la gente que si le duele el pecho o siente algo raro que consulte a su médico. El infarto y el ACV son las primeras causas de muerte en los mayores de 40 años. En Argentina en 2019 murieron 100.000 personas por estas patologías. Son enfermedades que matan entre 2 y 3 veces más que el coronavirus”.








