Se ha convertido en un hecho habitual encontrarse con los cuidacoches en las inmediaciones de los estadios, en dónde se realizan grandes espectáculos. Estratégicamente ubicado, pañuelo o gamuza en mano, jamás se encuentra sólo. Distribuidos de a dos o tres por cuadra, con cierto aire de amos y señores de la calle, imponen tarifas a su antojo.
Cuidacoches en la mira: La noche, la calle y los lobos
POR JIMENA EL BITAR. Pocos oficios son tan efímeros, oportunistas y redituables como el de los famosos "buscas".
Quien haya llegado tarde al último lugar disponible en el garaje de la zona deberá someterse a las reglas del juego, aunque éste esté penado por la ley y reconocido como un sucio trabajo.
Hijos de la necesidad, sin patrón, sin uniformes ni gremio que los contenga, su forma de adueñarse de los espacios públicos ronda la marginalidad y el delito. Amparándose en el anonimato, actúan bajo los códigos de la mafia y, casi nunca, son detenidos.
En la zona de Núñez – Belgrano, por ejemplo, el estadio Obras y la cancha de River Plate son los centros obligados para recitales, shows, competencias o partidos de fútbol. Los cuidacoches hacen su negocio entre la sonrisa amable y la amenaza o el apriete.
Uno de los últimos espectáculos que convocó gran cantidad de gente fue el recital que brindaron Los Auténticos Decadentes el sábado último.. El lugar, el legendario Obras en todo su esplendor.
Fans de distintas edades, pintorescos vendedores ambulantes, un gran despliegue policial y los infaltables cuidacoches poblaron las calles aledañas momentos antes del comienzo del shows.
Tarifas de entre $3 y $10 por vehículos, estipuladas arbitrariamente, varían según la cara del cliente y la presión ejercida por el trabajador de turno.
"Si nos dejás la guita te lo cuidamos, sino cambialo de lugar", fue la máxima citada por cada uno de todos los cuidacoches de la calle Arribeños.
Los vecinos del barrio no están afuera de esta poblemática e hicieron oír sus reclamos. "Está muy mal que pongan gente a cuidar los autos, la Municipalidad tiene que hacerse cargo de esta gente", coincidieron al decir.
Más allá de las apreciaciones, el problema surge cuando alguien se niega a pagar la cifra que imponen estas personas. Amenazas, extorsiones y algún que otro insulto, son algunas de las reacciones que pueden llegar a tener.
Según fuentes de la comisaria 35º, "la policía está para brindar seguridad y para que no se produzcan desmanes. Con respecto a los cuidacoches, les notificamos que están cometiendo una infracción pero no podemos catalogarla como delito."
Necesitados o no, cebados por la plata fácil y el oportunismo, los cuidacoches pasan a confirmar esta parte oscura de la sociedad que nadie quiere ver, pero que todos aceptan. Como lobos urbanos, se defienden argumentando la falta de trabajo y el acoso del hambre, convirtiéndose la impunidad en la madre de la violencia disfrazada.
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(*) U24, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004.








