por RAÚL ACOSTA (*)
MEMORIAS DE LA REDACCIÓN
Periodistas por poder, dinero y revolución, pero, en especial, aplausos
Las viejas redacciones eran diferentes. Estaban repletas de historias. Ahora, los periodistas se van corriendo de las redacciones, cuando las historias todavía no han nacido. De todos modos, la ambición sigue intacta. Fue, es y será la misma. Y lo cuenta un testigo de aquellas redacciones, y también de estas.
07 de junio de 2011 - 16:19
ROSARIO (Especial para Urgente24). La mejor anécdota y no me importa su veracidad, es la que se le atribuye a Roberto Arlt:
-¿Señor, usted es periodista?
-No, pibe, soy pianista en un quilombo.
Me la contaba Osvaldo Ardizzone.
-¿Qué hizo hoy, Osvaldo?
-Me tocó Bochini.
-¿Y?
-Suerte. Cinco carillas sin hablar con él.
Juan de Biase se subía al escritorio y decía: -Basssssta, yo maté a Norma Mirta Penjerek. Hace 15 dìas que no escribo otra cosa. No jodan que voy a confesar.
Esteban Peicovich entraba y salía del diario La Razón la noche del 22 de agosto. Escasos partes de diversas agencias contaban una dura historia de Trelew.
El bar de enfrente estaba doblemente frío. Me acompañaba un amigo del alma, el gordo Pedro Uzquiza, que trabajaba en Deportes en el diario que dirigía Laiño. Peicovich no me daba mucha bola. Recuerdo una frase que burló sus dientes. No se podrá olvidar esta noche, pero desde aquí ¿Qué contás?
La realidad del siglo XXI dispara sobre los recuerdos, con el sepiado humedeciéndose.
Eduardo García Aliverti, a quien fusila Lanata, es parte de un dibujo. De un show.
La sexualidad de González Oro, la filosofía de Chiche Gelblung, el ellos y nosotros tal como quería Schmit.
De algo hemos sido culpables. Somos parte. Pertenecemos.
Un amigo, ya muerto insistía. Viven como príncipes, cobran como mendigos. Ya no es tan cierto.
Otro, tan maldecido, pobre negro, me refiero a Pepitito Gómez Fuentes sostenía: Me dejan mirar los naipes, pero ellos juegan a las cartas.
Alguien a quien nunca terminé de entender, Evaristo, que me daba un lugar como partner para -según él- usarme para aprender, sostenía. Finalmente, Bigote, se trata de un lugar bajo el sol.
A su modo Lito Nebia lo sostiene: solo se trata de vivir.
Sí. Pero no. El periodismo es actor. Nunca. Nunca más de partiquino. Arlequino sí. Sí que sí. Ya nunca nadie ni nada ni como ni minga que puede sostener el independientismo. No existe el periodismo independiente. Hasta el precio de la soja se lee tendenciosamente. Es justo que tal sea. Somos fantasmas circulares. Unos encarnados en otros, que son otros.
Roberto Rial, Pinky Rial, debe su sobrenombre a que re escribía, en Clarín, los artículos de Lidia Satragno, cuando el viejo Noble se cruzó con esa mina y el consiguiente metejón.
Je. Recuerdo qué cantaba el platero, Diego Lucero, cuando la otra señora aparecía. Se fue. Le pagaron hasta su muerte, pero lo fueron.
Provincias no es Capital. Todavía hay cierta paz para buscar tortitas negras, con masa de panadería, tibias, un domingo a la mañana y llenarlas de manteca y cagarse en los hidratos de carbono, la diabetes, el fin del mundo.
Tiempos de verbos regulares e irregulares, de correctores, de frases bien escritas. Tiempos sin gugle. Sin centimil. Sin ratin minuto a minuto.
Muchachos no hay mas periodismo. Hay actores de uno u otro libreto.
El mejor que, personalmente, conocí fue Osiris Troiani. A la mañana escribía los partes de guerra para el diario socialista La Vanguardia. A la tarde “daba vuelta” los mapas y banderillas y escribía el triunfo del Eje, para el periódico El Pampero, obviamente nacionalista.
De muchos de los muchachos que se trenzan en combates admiro la capacidad de olvido de sus propios cadáveres. De todos envidio las mujeres flacas, que me gustan mucho. No importa si hablan y si, en mitad de lo único valioso, no tienen límites. Mejor.
“Si el santo de la historia es un ladrón, y alterna el zanagoria con napoleón, no se te importe un higo, dáguele, servime de testigo y tene fé, grita conmigo viejo: y a mi qué”.
El autor de estos versos se iba a llamar Descanso Dominical. El que debía anotarlo convenció al rosarino José González Castillo que cambiase por Cátulo. Don José era anarquista. Qué periodismo aquel de las ideas.
En Rosario, los domingos muchos sobrios señores (conozco un vendedor de seguros y combos de lápidas para cementerios gremiales, también una profe jubilada, con buena jubilación provincial, que recorre el mundo en tres viajes/tours anuales y, al menos, un empleado del IMFC), me comentan al mediodía lo bueno que son los editoriales de alguno de los hombres que avanzan por la izquierda y cobran por la derecha. También de otros que avanzan por la derecha y cobran por izquierda.
Dos frases:
> interpelado Laiño, mientras caminaba con un frasco en las manos, por los pasillos de La Razón, de Avenida de Mayo.
-¿Señor, usted es Laiño?
-No, yo soy el que repongo la tinta en los tinteros.
> Joaquín Gianuzzi, mirándome a través de su máquina, enfrentada con la mía, con el sistema de dos escritorios pegados en el piso de ASI del edificio de Crónica. “Estamos enterrados hasta las orejas, Raúl, hoy no vamos a poder leer los rusos”.
El periodismo entró en la etapa del pavorrealismo. Tinelli avanza por América Latina (¿Vendrá Chávez a bailar?).
Me tienen podridos los periodistas que discuten para mantenerse y facturar. Me tienen podrido pero los comprendo.
Creo que el mendocino Rodolfo Bracelli, en la redacción de Gente, sostenía su independencia, cuando escribía, con una frase: cuando escribo no quiero que nadie me corte la mayonesa. Qué decía cuando decía lo que decía. Decía no quiero a nadie a mis espaldas. De eso se trata. Esa es la verdadera independencia. Nadie en las espaldas.
El periodista es cría de Carson Maccullers. Y desea guita, fama, poder, revolución, pero, por sobre todas las cosas: aplausos.
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(*) Testigo.







