Ricardo Faerman, empresario de la salud que ganó los comicios de la Confederación General Económica e intenta darle nuevos bríos a la entidad gremial empresaria, presentó ayer a Peter Landelius, embajador a cargo de las Relaciones Interregionales del Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia, un país de economía muy interesante para su estudio en la Argentina.
Interesante regreso de la CGE
Con la heterogénea presencia de Ricardo López Murphy y Carlos West Ocampo, la CGE aprovechó un agasajo al sueco Peter Landelius para iniciar el cambio de imagen.
Más allá de los méritos del agasajado Landelius, resultó interesante la convocatoria de la CGE, en el piso 21 del hotel Emperador: desde Ricardo López Murphy, líder de Recrear Argentina; hasta Carlos West Ocampo, secretario general de los trabajadores de la salud (Fatsa) y uno de los 'gordos' de la CGT; pasando por el escritor Marcos Aguinis, el profesor Carlos Escudé, y los investigadores de opinión pública Carlos Rouvier y Jorge Giacobbe.
La CGE tuvo sus años de gloria cuando José Ber Gelbard la convirtió en un instrumento de acceso al poder, habiendo logrado en 1973 que tanto Juan Domingo Perón como Ricardo Balbín respaldaran sus postulados.
Luego, la CGE fue castigada por José López Rega y el peronismo místico-ortodoxo; por el golpe cívico-militar de 1976 (José Alfredo Martínez de Hoz, Guillermo Walter Klein y sus colaboradores 'estigmatizaron' a la entidad); y por dirigentes 'mediocres' que la administraron desde 1983.
La CGE tiene un gran potencial por la cantidad de pequeñas y medianas empresas existentes en el país y porque la mayoría de las grandes no son gestionadas por sus dueños sino por gerentes, en muchos casos de 3er. o 4to. nivel en el organigrama global. En cambio las pymes son gestionadas, en su mayoría, por sus dueños, y entonces el proceso de toma de decisiones es diferente.
Por alguna ridícula decisión (que no fue la única ridícula decisión que tomaron durante los últimos años), la banca comercial local nunca procuró agilizar la operatoria y disminuir el riesgo crediticio de las pymes.
Un ejemplo claro fue el boicot al 'factoring' que proponía calcar la factura conformada que rige en Brasil, pero que por legisladores imbéciles o corruptos y por funcionarios obtusos terminó convertida en la inútil herramienta actual que carece de sentido.
Cuando Aníbal Fernández asumió en el Ministerio de la Producción, U24 le propuso revisar la operatoria pero el entonces funcionario de Eduardo Duhalde jamás hizo algo al respecto.
Fuerza social importante y de volumen económico considerable en su suma total, las pymes han sido objeto de diversos intentos gremiales. Algunos, de lobby nefasto como la Coordinadora de Actividades Mercantiles Empresarias (Osvaldo Cornide); otros de presión ideológica, como Apymes; y también de contenido indescifrable como el de la Unión Industrial Argentina (Organización Techint necesitaba engordar sus filas en la puja electoral interna).
¿Puede la CGE recuperar la iniciativa de otrora y adaptar su discurso a estos tiempos? El tiempo permitirá evaluar la tarea de Faerman, pero el desafío es interesante si se considera lo que logró la Unión Europea en términos de microempresas, pequeñas empresas y empresas individuales, que tienen un elemento básico de la política pública de promoción del espíritu empresarial.
Es verdad que el sistema argentino creado por burócratas y grandes empresas, castiga al emprendedor; le dificulta su tarea con la secreta esperanza de que abandone su empeño o bien que lo venda a precio vil. Pero si Suecia logró mutar de país con el mayor déficit de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (12,3% del PBI) a país estable, hay que intentarlo...








