A seis años del asesinato de José Luis Cabezas

Han pasado seis años del asesinato de José Luis Cabezas y aún quedan muchos puntos oscuros de los hechos de aquel verano cuando Carlos Menem y Eduardo Duhalde se hicieron enemigos irreconciliables, para siempre.

A seis años del brutal asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas, no se ha resuelto una cantidad de cuestiones vinculadas con su muerte.

Según Gabriel Michi, cronista que lo acompañó en su último trabajo periodístico, para la revista Noticias de la Semana, "A José Luis Cabezas lo secuestraron al salir de la fiesta de cumpleaños del empresario telepostal Oscar Andreani. Fue golpeado, esposado, torturado y conducido a una cava ubicada en pleno campo a 11 kilómetros de Pinamar. Allí lo ejecutaron con dos tiros en la cabeza y luego quemaron su cuerpo dentro del vehículo que la revista nos había alquilado para cubrir esa temporada. Por una razón fortuita, yo me había retirado apenas unos minutos antes de aquella fiesta, donde estuvimos con José Luis por última vez, y eso salvó milagrosamente mi vida".

El asesinato llegó en un momento donde la prensa en el país era la institución con mejor imagen para la sociedad. Gozaba de la mayor credibilidad por parte de la gente que vertía en ella un rol fiscalizador.

Cuando aún no había pasado un mes del asesinato se detuvo a una banda de cinco prostibularios de la ciudad balnearia de Mar del Plata, en cuyo poder se encontró la supuesta arma homicida.

A esta banda, conocida como los Pepitos, se había llegado a través de un misterioso informante policial (Carlos Redruello). Este finalmente terminó detenido,implicado como participe del homicidio.

Luego, durante varios días, hubo un cimbronazo en la hasta entonces amistosa relación entre el gobernador bonaerense Eduardo Duhalde y los jefes policiales. Se habló de purgas, hubo gorras policiales arrojadas en señal de protesta en los escalones de la Gobernación, se afirmó que la cadena de mandos estaba interrumpida, y más tarde llegó la tregua entre las partes. Nada cambió en la relación entre Duhalde (quien inicialmente había afirmado que le habían arrojado el cadáver de Cabezas, ya que él transitaba ese camino para ir a pescar) y la Bonaerense.

Entonces, un mes y medio después del asesinato, detuvieron a un policía de la provincia de Buenos Aires –Gustavo Prellezo– y a cuatro ladrones de poca monta denominados los horneros, por ser oriundos de la localidad bonaerense de Los Hornos. Ellos eran Horacio Braga, Sergio Gustavo González, José Luis Auge y Miguel Retana. Este último se había quebrado y confesó a un empresario su participación en el crimen. A través de este intermediario, el dato había llegado a oídos del entonces gobernador Duhalde.Según cuenta la historia oficial, Duhalde convenció al joven para que declarara en la causa.

Luego, sus tres socios también confesaron su participación en el asesinato pero siempre se defendieron diciendo que el policía Prellezo los había contratado para apretar (amenazar con violencia) a una persona y no para matarla. Los horneros mantuvieron firme en su declaración que fue Prellezo quien disparó contra Cabezas. Sin embargo, por la forma en que se produjeron los impactos, siempre quedaron sospechas de que uno de ellos –Horacio Braga- hubiese sido el ejecutor o co-ejecutor.

Prellezo era un oficial inspector de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que había cumplido funciones de subcomisario en Pinamar pero que poco tiempo antes del asesinato había sido trasladado a otro balneario. Sin embargo, mantenía contactos con la policía local. Poco tiempo después también eran detenidos otros dos policías de la zona –Sergio Cammarata y Anibal Luna–, que habrían preparado la inteligencia previa al asesinato.

Más tarde, la esposa de Prellezo, la policía Silvia Belawsky, de quien se descubrió que pidió los antecedentes de José Luis Cabezas apenas un mes y medio antes del crimen.

Entonces se esbozaron dos líneas investigativas:

** una, apuntaba a la Policía de la Provincia de Buenos Aires;

** otra, señalaba a uno de los empresarios más poderosos y misteriosos, Alfredo Yabrán.

Más tarde se decidió esbozar una 3ra. línea:

** la mezcla de ambas hipótesis.

La hipótesis que ubicó a la Policía Bonaerense en el centro de las sospechas era lógica: varios meses antes del crimen, la revista Noticias publicó una investigación en su tapa titulada Maldita Policía, artículo escrito por el fallecido periodista Carlos Dutil, junto a un equipo de investigación de siete personas, que denunció las formas y los personajes de la policía más corrupta y violenta del país. Prostitución, narcotráfico, juego clandestino, crímenes de gatillo fácil, participación en atentados antisemitas, enriquecimiento ilícito, etc.

La fotografía de tapa había sido tomada por Cabezas al entonces jefe de la fuerza, comisario mayor Pedro Klodzyck, hoy ya muerto.

La hipótesis que apuntó a Yabrán se basaba en que él se jactaba de que ni los servicios de inteligencia tenían una foto suya ("Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la cabeza"), y Cabezas le había tomado una fotografía, el 16 de febrero de 1996, a quien Domingo Cavallo decía era "el jefe de la mafia". A esto se le sumaba la torpeza de Yabrán, rodeado de ex jefes de fuerzas de seguridad y militares, algunos de ellos ex represores.

Según Michi, "Esa temporada teníamos como objetivo máximo poder conseguir una entrevista con el enigmático empresario. Durante la búsqueda tuvimos varios episodios al menos sospechosos: una fuente le advirtió a José Luis que la gente de Yabrán había intentado averiguar su domicilio en Buenos Aires; recibió comentarios sobre su beba de parte de gente cercana al empresario; a él y a mi nos cortaron el neumático del vehículo cuando montábamos una guardia periodística frente a la playa donde había estacionado el magnate; y, entre otras cosas, su custodia me obligó a retirarme de las afueras de un restaurante donde festejaban el cumpleaños de su esposa. Pocos días después vendría el asesinato de José Luis".

Cuando se pudo relacionar a Prellezo y a Yabrán, utilizando el software Excalibur, proporcionado por Sun Microsystems, que reveló una gran cantidad de llamados entre el policía y el jefe de seguridad de Yabrán, un ex sargento del Ejército, Gregorio Ríos (llamados que se multiplicaron durante los días anteriores al crimen y se cortaron abruptamente justo después del 25 de enero de 1997), nació la 3ra. hipótesis.

Más tarde, la mujer de Prellezo se quebró y el 15 de mayo de 1998, dijo que su marido le había confesado que detrás del crimen estaba Yabrán. El voluble y poco confiable juez José Luis Macchi dispuso la detención de Yabrán, quien se dio a la fuga.

Cinco días después –el 20 de mayo– cuando una comitiva policial ingresó al casco de su estancia San Ignacio, en la provincia de Entre Ríos, Yabrán se habría pegado un tiro con una escopeta en la boca. No se puede entender cómo uno de los hombres más poderosos del país fue tan fácil de localizar y, por ejemplo, Horacio Conzi no.

En el crimen de Cabezas aún quedan grandes sospechas de que hubo una zona liberada y que por eso la policía no intervino ante un llamado telefónico de una vecina de la fiesta en donde fue visto por última vez el fotógrafo. La vecina había alertado a la comisaría local sobre la presencia de personajes sospechosos en las inmediaciones del predio.

El caso Cabezas y el siguiente caso Yabrán fueron disparadores de la irreconciliable relación entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde.

Algo más: la Policía Bonaerense sigue tan sospechada de corrupción como entonces, y el poder político, básicamente el PJ bonaerense, sigue manteniendo una bochornosa relación con los efectivos más corruptos.

¿Cuál habrá sido la verdad de aquel verano?