LOS PRIMEROS MINUTOS....
Los primeros minutos del 20 de diciembre de 2001
A un año de los hechos que culminaron con la renuncia del presidente Fernando De la Rúa y la muerte de más de 30 personas, un usuario y cronista comparte su testimonio con los lectores de Urgente 24.
Por Andrés Ferraro
"...esta noche me huele a quilombo".
Con la cámara al hombro, muchas ganas de cenar en el estómago y largas horas de guardia en el salón de los bustos, salíamos a la calle Balcarce. Una vez afuera de la casa de gobierno, la noche era puro calor pegajoso.
En la calle, había algo raro. Pocos autos subían desde Alem por Rivadavia, y casi nadie pasaba por detrás del monumento a Colon.
Hacía pocos minutos, el Estado de Sitio reinaba entre la gente. Hacía casi un mes, los ahorros se habían esfumado. Hacía pocas horas, un Presidente se había quedado solo.
Por Avenida de Mayo, grupos de tímidos vecinos salían a la calle con silbatos, matracas y las primeras cacerolas. En cada esquina, una fogata y muchos abrazo, aunque nadie se conociera. Un acto de liberación.
Los primeros cantos e insultos para toda la política. Tardamos casi veinticinco minutos para hacer doce cuadras hasta el Congreso.
Periodistas al fin, pero sin indicaciones precisas para cubrir algo o algún lugar en especial, bajábamos del auto, e instantáneamente todos-grandes y chicos-, se abalanzaban sobre el micrófono. Así, una y otra vez. Muchas veces.
Había empezado -espontáneamente al principio- , la noche más larga y trágica de los últimos veinte años.
Minutos más tarde, como movidos por hilos invisibles y órdenes de algún lugar oculto, miles de personas con chicos en sus brazos, se lanzaron a la calle : había que salir, gritar, insultar, saltar, y por sobre todo, expresarse.
La Plaza de Mayo empezó a poblarse de gente de toda clase social, sin distinciones. A pocas cuadras, en la escalinata del Congreso, otros miles lograban saltar las vallas, mientras unos pocos policías miraban para otro lado.
Subir por la escalinata de mármol gris y llegar al Parlamento, fue para muchos, "como volver a mi casa"- recordó Aníbal, un comerciante de 52 años, y mas de treinta de militancia sindical.
En cada barrio, más cortes de calles y cacerolazos. En un hotel del centro, una reunión de dirigentes intentó a las apuradas una coalición para un nuevo gobierno.
En el piso 23 de un lujoso edificio de la avenida Libertador, febriles llamados de teléfono pidiendo protección de todo tipo. Abajo-otra vez , miles de personas con cantos e insultos.
Eran las 3 de la mañana.
En la Quinta de Olivos, alguien se dispuso a dormir. La institucionalidad y representatividad de un pais, comenzaba a resquebrajarse.







