21 de Noviembre de 2001 (el Infierno cumple un año): O quita o default

Hoy hace un año que recomenzó la guerra entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde, que había alcanzado una tregua desde los comicios de 1999. También se cumple un año del día en que se instaló la dificultad de pago del Estado argentino (Daniel Marx fue quien lo dijo) pero los obtusos acreedores no lo quisieron ver.

El martes 20 de 2001, por la noche, cuando Carlos Menem se aprestaba a dejar la quinta de Don Torcuato, la organización neoyorquina Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) galardonó con un Premio Internacional a la Libertad de Prensa a Horacio Verbitsky.

El presentador de NBC News, Tom Brokaw, fue el conductor de la ceremonia. También intervino en la conducción Dan Rather, presentador de CBS News. Después de que se mostrara en una pantalla gigante un video sobre el trabajo de Verbitsky, Alberto Ibargüen, director del diario The Miami Herald, le entregó el premio.

En la Ciudad de Buenos Aires, la situación era diferente. Hacia el mediodía del miércoles 21, el riesgo-país se encaminaba a romper otro record: los 3.200 puntos, con un nuevo desplome de los títulos públicos, motorizada por declaraciones del viceministro Daniel Marx, quien por 1ra. vez convirtió en realidad el fantasma de los inversores extranjeros: habría una quita de capital sobre los bonos que ingresen en el canje internacional.

Ante la reacción negativa de los mercados, Marx se vio obligado a salir al cruce de lo que él mismo había insinuado. "Desmiento que nosotros estemos trabajando con la hipótesis de una quita", se retractó el funcionario.

Un grave error de apreciación de parte de los inversores acerca de cuál era la situación real de la Argentina, desconocimiento que pagarían carísimo poco tiempo después y siguen pagando un año más tarde.

En cuanto al gobierno argentino, ni Fernando De la Rúa ni Domingo Cavallo podían admitirlo pero Marx tenía razón. En verdad, Charles Calomiris y Allan Meltzer lo habían planteado en abril de 2001.

En medio de la crisis económica, la solvencia del Estado era un tema clave. Domingo Cavallo optaba por la estrategia de lanzar un canje para abaratar la deuda pero, simultáneamente, se propuso seguir pagando los vencimientos. Sin financiamiento, el Gobierno dependía de las reservas del Banco Central y de la recaudación para poder pagar. Pero la recaudación caía en picada y, en un contexto de descenso de los depósitos, las reservas del BC también se achicaban.

Como la Carta Orgánica del Banco Central prohibía la utilización de las reservas para pagar deuda, se utilizaba un mecanismo indirecto: el Banco Central le prestaba los dólares al Nación (a través de un pase) y, a su vez, la entidad financiera lo deposita en la Tesorería para que esta oficina les pague a los acreedores. Por este motivo, los pases activos registraron un fuerte salto, a US$ 3.000 millones.

La gran incógnita era hasta cuándo soportaría ese esquema. Cavallo dependía de que el volumen del canje que vencía a fin de mes fuese lo suficiente como para bajar los vencimientos de diciembre, que en principio sumaban US$ 1.188 millones.

Pero todos descontaban que, además, Cavallo necesitaría de un waiver del Fondo Monetario y que el organismo multilateral desembolsara US$ 1.260 millones, a los que se sumarían otros US$ 600 millones del BID y del Banco Mundial.

Aquel miércoles, Domingo Cavallo regresó, de madrugada, imprevistamente, tras una visita de menos de 24 horas a Lima, Perú, de donde partió sin participar de la reunión de ministros de Economía de Iberoamérica.

El presidente de Perú, Alejandro Toledo, había reclamado "un esfuerzo colectivo para darle una mano a la Argentina (...), por solidaridad y porque puede tener un efecto de arrastre" sobre otros países en caso de que el primero se caiga.

Según fuentes oficiales, Cavallo mantuvo una extensa reunión con el ministro de Economía de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, un empresario y economista que también se desempeño en la Argentina. Frente a él trazó un detallado panorama sobre las posibilidades que se abren a partir del canje de deuda y la necesidad que tiene Argentina de bajar la tasa de interés que paga por sus compromisos externos.

Menem vs. Cavallo

El miércoles 22 de noviembre de 2001, Carlos Menem le declaró la guerra a Eduardo Duhalde, reeditando así un clásico de la interna justicialista.

Lo hizo al anunciar su inminente reasunción como presidente del PJ, a pesar de los intentos del por entonces senador nacional electo por desplazarlo de ese cargo.

La pelea con Duhalde no era secundaria. Se sabía que, quien conduciera el PJ, manejaría los tiempos internos. Y Menem necesitaba controlar esos tiempos para poder reconstruir su poder, que todas la encuestas mostraban averiado. Por eso anunció que el miércoles siguiente reasumiría la presidencia del Consejo Nacional Justicialista.

Duhalde había organizado 10 días antes un Congreso partidario que le quitó la conducción al ex Presidente y se lo había entregado a los 14 gobernadores del PJ, para que ellos decidieran la fecha de la interna presidencial.

Menem envió a César Arias a pedir la impugnación del Congreso duhaldista. La presentación se hizo en el juzgado federal de María Romilda Servini de Cubría.

El escrito hablaba de "irregularidades" en la convocatoria –por haberse realizado fuera de tiempo– y en la nominación de los congresales. Pero también cuestionaba el "cercenamiento" de las facultades del Consejo Nacional Justicialista.

Pignanelli en escena

El miércoles 22 de noviembre de 2001 también marcó el arribo del por entonces director del Banco Central, Aldo Pignanelli, a la prensa nacional.

Pignanelli desató una polémica cuando, en uno de los paneles de la VII Conferencia Industrial, reconoció que el BCRA "ha sostenido la solidez del sistema financiero, pero no su liquidez, lo que perjudicó a los consumidores y productores de valor agregado".

Pignanelli impulsó, ante el beneplácito del público industrial, la creación de la figura de los operadores financieros que intermedien entre las Pyme y los bancos, cuya reducción en estructura y número en los últimos años les impide atender la pequeña y mediana empresa. La reducción de las normas de calificación de deudores fue otra de las sugerencias del director del BCRA. "Son un verdadero pelotón de fusilamiento", atacó.

El Grupo Productivo ya se sentía llegando a la Casa Rosada.