En Madrid, las empresas españolas debaten qué hacer en Latinoamérica

Reunión en Madrid de las empresas españolas para evaluar qué pasa con sus inversiones latinoamericanas, y la aguda pluma de un periodista para interpretar el encuentro.

Por Jesús Cacho (*)

Todo un elenco de primeras espadas de la empresa española con causa abierta en el cono sur se dio ayer cita en el Hotel Palace de Madrid, para asistir a la primera jornada del IV Foro Europeo de Empresas Latinoamericanas, un evento que contó con la venia de su alteza el Príncipe de Asturias, alumno últimamente muy aplicado en distintos foros de carácter económico-financiero. Que sea para bien.

Ejerció como primero de la clase, ya pueden imaginarse, el ministro de Economía, don Rodrigo Rato, y, tras él, presidentes y equivalentes de la talla de Francisco González, César Alierta, Antonio Brufau, Ignacio Sánchez Galán, Rafael Miranda o Francisco Luzón. Efectivamente, ni a Manuel Pizarro ni a Emilio Botín se les vio el pelo. ¿Tendrá algo que ver con la temática del foro: las inversiones en Latinoamérica?

Rato, entre amigos, insistió en la necesidad de garantizar un contexto de estabilidad favorable para la inversión española en la región. Fue el único en apuntar un tono crítico, aunque destacó los ejemplos de México y Chile, que "han logrado superar las coyunturas económicas negativas sin inestabilidades graves".

Los empresarios, muy en su papel, se centraron en el futuro de sus negocios. Defendiendo sus respectivos terrenos, leyeron discursos preparados y cumplieron protocolariamente con el expediente, excepción hecha de Alierta, inesperadamente espontáneo en su exposición.

Nada de lo dicho sorprendió a la audiencia. Los eléctricos reclamaron aumento de tarifas y lamentaron su castigo en bolsa, mientras que los banqueros, fe la suya, mostraron su confianza en Latinoamérica, pero condicionaron las inversiones futuras a la anhelada recuperación.

Dentro de la tradicional cobardía de la clase empresarial española y su congénito pavor a hablar claro, ninguno se atrevió a entrar en harina: ¿ha sido un acierto o un fracaso la expansión empresarial en Latinoamérica? ¿No se han puesto demasiados huevos en esa cesta? ¿No se desembarcó alegremente, como quien sale una tarde de compras por El Corte Inglés? ¿Se analizaron adecuadamente los riesgos políticos de la aventura? ¿Se ha hecho algo por consolidar la estructuras democráticas de la región? ¿Se pagó demasiado por los activos comprados? ¿Hubo corrupción de por medio?

Los empresarios españoles prefieren pasar de puntillas sobre los asuntos espinosos. Y es que, de entrar en materia, algunos tendrían que sacarse unas espinas de tal calibre que podrían quedar lisiados de por vida. Mejor no meneallo.

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