SI SIENTE FRÍO, ES SU IMAGINACIÓN

Otra vez la carencia energética (que no existe, dicen Cristina y De Vido)

Cristina Fernández afirma que no hay inflación ni crisis energética. Julio De Vido coincide con lo que le compete. Por lo tanto, todo lo que ocurre parece imaginación de los consumidores argentinos. Un informe de Ecolatina actualizó la situación. Las bajas temperaturas invernales no sólo tienen impacto sobre la inflación sino que también afectan el normal desarrollo de la actividad.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Ecolatina). A pocas semanas de la llegada del invierno comienzan a encenderse nuevamente luces de alarma. Las bajas temperaturas no sólo tienen impacto sobre la inflación sino que también afectan el normal desarrollo de la actividad.

 
Por el lado de los precios, las heladas y fríos intensos condicionan los resultados de la producción de frutas y verduras, reduciendo drásticamente su oferta. Por caso, en 2007 los precios de estos productos registraron subas récord del orden de 80% como consecuencia del clima adverso.
 
Cabe destacar que dado el peso relativo de esos rubros en los hábitos de consumo de las familias, cada punto de inflación en frutas y verduras aporta cerca de 0,04 puntos porcentuales al Índice de Precios al Consumidor.
 
Por su parte, la actividad económica también podría verse afectada con el arribo del invierno, básicamente por los problemas estructurales en el sector energético. La diferencia con el caso anterior es que allí el problema es exógeno, mientras que el impacto sobre la actividad se deriva de la política energética adoptada.
 
La oferta primaria de energía en el país depende casi exclusivamente de los hidrocarburos, en especial, del gas natural. En efecto, la participación de este fluido en la matriz energética supera 50% cuando en el mundo es de 20%.
 
Por la escasa diversificación y la producción en retroceso, la oferta local de gas no alcanza para abastecer la creciente demanda. De hecho, desde 2005 la producción cae (a un ritmo promedio de 1,8% anual) por la elevada madurez de los yacimientos existentes y la escasa incorporación de nuevos pozos.
 
La escasez energética se hace evidente durante la época invernal cuando la mayor demanda de los hogares obliga al racionamiento del fluido. Tal como se observó en los últimos años, ante la falta de gas el Gobierno privilegia el consumo residencial en detrimento de las industrias.
 
Si bien existen fundamentos que justifican esta decisión, los límites en el abastecimiento energético del sector productivo afectan seriamente la actividad económica. Por caso, los cortes de gas desaceleraron la producción industrial en los inviernos de 2007, 2008 y 2010.
 
En estos últimos años, la respuesta oficial frente a la escasez energética apuntó a subsidiar las importaciones de gas durante los meses de invierno. En este sentido, a la planta regasificadora de Gas Natural Licuado (GNL) que opera desde 2008 en Bahía Blanca pronto se le sumará una segunda en Escobar (se espera que entre en funcionamiento a fines de mayo).
 
Si bien estas políticas sirven para paliar los efectos negativos en el corto plazo, en la medida en que no se implemente un plan energético consistente que aporte soluciones estructurales, el problema se seguirá agravando. Más aún mientras la producción continua en caída y la demanda sigue creciendo.
 
El normal abastecimiento y acceso a las fuentes de energía constituye un pilar esencial para la sustentabilidad del desarrollo económico. De allí la necesidad de establecer una estrategia sectorial con un horizonte de largo plazo.
 
Por lo pronto, el impacto este año dependerá de cuán duro sea el invierno. Si las temperaturas son muy bajas, es posible que se vuelva a interrumpir el normal abastecimiento de gas a las industrias y suban los precios de las frutas y verduras. 
La mala noticia es que por el efecto residual del fenómeno climático de la Niña, se espera un clima invernal con temperaturas por debajo de la media.
 
El impacto en los superávits gemelos
 
Como fuera mencionado, la acción oficial de corto plazo para compensar la brecha entre demanda y oferta de combustibles y energía se centra en la mayor importación de fluidos y crecientes subsidios para mantener estables las tarifas.
 
Es comprensible que por el prolongado período en el que maduran las inversiones en el sector energía, el curso de acción descripto sea el único posible para sortear los períodos en los que la demanda sube estacionalmente (verano e invierno).

Sin embargo, en ausencia de un plan estratégico e inversiones de envergadura, este tipo de política cortoplacista se viene repitiendo y afecta cada vez con mayor fuerza a los superávits gemelos (fiscal y comercial).

 
Superada la recesión de 2009, el año pasado los subsidios destinados al sector crecieron 63% i.a. y alcanzaron un nivel récord de $ 26.029 millones (1,8% del PBI).

El incremento de estas erogaciones explicó dos tercios del aumento total en subsidios. Puntualmente, las empresas CAMMESA (privada – energía eléctrica) y ENARSA (pública – importación de combustibles) concentran los mayores montos.

 
Se observa que lejos de revertirse esta tendencia, en el primer trimestre de 2011 los subsidios del sector energía crecieron 151% en relación al mismo período del año pasado.

La cifra es muy elevada si se considera que todavía no comenzó el invierno y ya se anunció que el gas continuará siendo subsidiado. En particular, los destinados a ENARSA se duplicaron (+134% i.a.) y los de CAMMESA se cuadruplicaron (+323% i.a.).

 
El punto a destacar es que los subsidios para la energía son cada vez más pesados para las cuentas públicas. Por caso, en 2010 las transferencias destinadas al sector energético alcanzaron 8,6% del gasto primario de la Administración Pública Nacional (APN), 1,5 p.p. por encima de 2009 y casi 3 p.p. más que en 2006, aunque por debajo del máximo alcanzado en 2008 (9,6%) .

Otra forma de observar  la creciente carga fiscal de los subsidios a la energía consiste en ver que en 2010 representaron 13,4% de los recursos tributarios de la APN, 1,6 p.p. por encima de 2008 y el doble que en 2006.

 
Por su parte, en 2010 el superávit comercial de combustibles y energía fue el más bajo en quince años. Si bien los ingresos por exportaciones se mantuvieron en relación a 2009, las importaciones prácticamente se duplicaron y minimizaron el resultado del intercambio con el resto del mundo.
 
Cabe señalar que las cantidades exportadas descendieron a niveles similares a los de 1993 y el impulso de los ingresos sólo descansa en la extraordinaria suba de los precios de estos productos (se cuadruplicaron desde ese año). Pero las cantidades importadas de combustibles y energía alcanzaron un récord en 2010.
 
Cuando se analizan las cifras del primer trimestre se observa que el superávit del sector energía fue prácticamente nulo. Este resultado contrasta con los registros de años anteriores para ese período, cuando estacionalmente se registraba un resultado superavitario (promedio de US$ 1.000 millones desde 2007).
 
En síntesis, la distorsión en las tarifas y la falta de un plan estratégico con horizonte de largo plazo –para incrementar la oferta de combustibles y energía– está impactando en la economía. Si bien la escasez actual es consecuencia de un proceso de larga data, no se observan medidas tendientes a revertir una situación que deteriora además sostenidamente a los superávits gemelos, otrora pilares del modelo productivo.