CAMBIOS EN EL REAL MADRID

Cuestionado por el plantel, Mourinho en caída (duró más que Eduardo Inda)

José Mourinho choca con el plantel del Real Madrid, Mourinho está de salida. ¿Qué será de la vida de Eduardo Inda, quien cuando era Nº1 del diario deportivo español Marca pedía la cabeza de Manuel Pellegrini para incorporar a Mourinho, el que lo iba a ganar todo y resulta que no ha ganado aquello que desea el Real Madrid....

Manuel García Quilón, agente del DT Rafa Benítez, apareció en el estadio de Real Madrid... por 2da. vez en 1 semana.

Entonces, vamos a 2 noticias que hay que vincular entre sí.

 
 
Justo dos días después de criticar en público el juego de su equipo, Cristiano se cayó de una convocatoria por decisión técnica por primera vez en la temporada. Una coincidencia significativa apenas analizada por José Mourinho, parco en palabras en la sala de prensa.

"Él puede decir lo que quiera. Es su opinión. No es un problema para mí", explicó el técnico, sin aclarar si se trataba de un castigo tras las palabras de su jugador o de un mero descanso previo a la vuelta de semifinales de Champions en el Nou Camp.

 
Tras 11 partidos de Champions, 30 de Liga y ocho de Copa, la gran estrella del Real Madrid se queda fuera de una lista sin un problema físico de por medio. Toda una novedad en su congestionado curso, donde sólo ha sido cambiado tres veces y donde sólo fue suplente en cinco ocasiones. Los 41 partidos restantes los jugó al completo, incluidos algunos tan intrascentes como el 8-0 ante el Levante en Copa, el 7-0 de Liga ante el Málaga o la vuelta ante el Tottenham en White Hart Lane.
 
Números significativos que ilustran la total confianza de Mou, pero que también admiten otras lecturas. Desde la irrefrenable ambición del futbolista por jugarlo todo hasta la pelea por el pichichi liguero con Messi, que de momento le aventaja en un gol (31-30). "Cristiano tiene que estar medio muerto para no jugar", comentó en diciembre Aitor Karanka antes de viajar a Auxerre. Ahora mismo, ese no parece el problema.
 
Por eso, extraña su ausencia en una lista donde también fueron descartados Lassana Diarra, Xabi Alonso, Raúl Albiol y Pedro León. Cuatro ejemplos que admiten una explicación más clara que la de CR-7. Los dos primeros "están muertos" de cansancio, según Mou, tras pelear en inferioridad de condiciones el miércoles en el Bernabéu. Y el central también descansa porque Pepe y Ramos, sancionados para la vuelta en Barcelona, volverán a la titularidad en Liga. Y la ausencia de Pedro León, distanciado desde otoño con su técnico, hace mucho tiempo que dejó de sorprender a nadie.

El caso del murciano fue el primero que ilustró la férrea política de Mourinho ante cualquier atisbo de indiscilina o escasa implicación en los entrenamientos. En noviembre, el portugués se enfadó mucho con Sergio Ramos cuando marcó de penalti ante el Athletic saltándose el orden de lanzadores. Una semana después, tras la lesión del sevillano, Mou elogió a su máximo competidor: "Arbeloa se ha ganado la titularidad".
 
 
 
Algo se movió ayer en el vestuario de Valdebebas cuando los jugadores del Madrid fueron llegando al entrenamiento después del día de descanso. La mayoría no se habían vuelto a ver desde la derrota ante el Barcelona del miércoles, en la ida de las semifinales de la Champions (0-2). 

Según se presentaban, los ánimos se fueron encendiendo. Comenzaron con un par de confesiones. Luego, se oyeron voces altisonantes. Voces de protesta. Voces de malestar. "¡Esto es una vergüenza!", repetían. "¡Somos el Real Madrid!". "¡No podemos volver a jugar así!". "¡Estos planteamientos hacen que quedemos como unos inútiles!".

Estaban todos. Incluso los jugadores más adeptos al entrenador, José Mourinho, bajando la cabeza, asintiendo en señal de aprobación o, simplemente, poniéndose las botas en silencio, como Cristiano Ronaldo, sin contradecir a nadie para defender al que, hasta hacía unos días, había sido un técnico cómplice. 

De pronto, la lealtad granítica que la gran mayoría había demostrado últimamente a Mourinho comenzó a debilitarse. Las certezas consolidadas por la algarabía efímera de la final de Copa, esa fe en la táctica de la renuncia al balón, del roce físico, de la presión baja y el pelotazo rápido, tan celebrada hace unos días, se había tornado en dudas. De súbito, todos empezaban a sospechar que, quizá, estaban haciendo el ridículo.

La manifestación fue espontánea, pero significativa. El Madrid es un equipo que, desde hace muchos años, carece de un grupo de líderes veteranos con experiencia en la capitanía. Así lo han querido Florentino Pérez, el presidente, y los máximos ejecutivos del club, en virtud de la política deportiva que practican desde que Hierro y Del Bosque fueron invitados a dejar la casa. La plantilla actual es joven en todo el escalafón. Tierna y mayormente compuesta de chicos moderados, con poco recorrido en la institución.

Desde que se inició la temporada, estos jugadores han vivido medio inhibidos bajo la estrecha vigilancia de Mourinho, a quien el club ha concedido todo el poder. Si Pérez se siente intimidado por el portugués, el grueso de los futbolistas le observan con una mezcla de respeto y pánico. 

Muy pocos se han atrevido a cuestionar sus métodos estando en la ciudad deportiva de Valdebebas y cuando lo han hecho siempre ha sido bajando la voz, en pequeños conciliábulos, en los rincones del gimnasio, en el desayuno, en las duchas o en el aparcamiento, cuando no se sentían observados por los numerosos empleados que se mueven en el espectro del técnico. 

El director de coordinación, Javier García Coll; el preparador físico, Rui Faria; el ayudante de campo, Aitor Karanka, y el analista de rivales, José Morais, son percibidos por muchos jugadores como agentes de Mourinho. Hombres de su confianza ante quienes no pueden permitirse sincerarse del todo porque todo lo que ellos escuchen lo acabará sabiendo el entrenador.

(...) Fue un hecho insólito esta temporada. Nuevo por la vehemencia de los gestos, por el número de asistentes y por la soltura con que se expresaron ideas contrarias a las que les había transmitido el entrenador durante tanto tiempo. Un titular del miércoles expuso argumentos subversivos: "Jugando metidos todos atrás, parece que los jugadores no somos nadie. Todo lo que ha planeado Mou ha sido para que, si ganamos, gane siempre él".

El malestar comenzó a manifestarse inmediatamente después de la derrota del miércoles desde el seno del grupo de los hasta ahora incondicionales del técnico. Fue Cristiano el que quitó la espoleta cuando confesó que no se sentía cómodo jugando con una táctica tan poco cuidadosa del pase: "A mí no me gusta jugar así, pero tengo que adaptarme. ¡Es lo que hay!".

Según sus compañeros, Cristiano, que se cree más importante que el entrenador, estaba furioso porque el equipo no le había ayudado a presionar arriba para poner en peligro al Barça y sobre todo porque, jugando así, tendría muy pocas posibilidades de arrebatarle el Balón de Oro a Messi.


Cristiano le había pedido a Mourinho jugar siempre. Se lo pidió en Bilbao y Valencia para superar a Messi en la clasificación del Trofeo Pichichi y el técnico le reservó para su disgusto. Que le dejara fuera de la convocatoria de ayer, para recibir hoy al Zaragoza, fue interpretado como una venganza. El entrenador, a su vez, debió de sentirse traicionado por sus declaraciones. "Estos dos tienen egos tan grandes que la herida no cerrará fácilmente", decía ayer un empleado del club.

Las confidencias cómplices, las bromas, el intercambio de impresiones que caracterizó la relación de Cristiano y Mourinho en los entrenamientos esta temporada se extinguió en seco ayer. Ni se hablaron ni se miraron en una sesión precedida por las distancias prudenciales, los gestos desafiantes y los nervios. Dicen que hasta los chicos aparentemente más cándidos, como Benzema u Özil, se atrevieron a lanzar ojeadas retadoras a Mourinho, que, sin hablar casi, ejerció, más que de entrenador, de monitor.