CIUDAD DE BUENOS AIRES (Ecolatina). El Dólar se encuentra en su valor nominal más bajo –en relación a un conjunto de monedas extranjeras– de los últimos tres años. Ese nivel es similar al alcanzado en los momentos previos al estallido de la crisis internacional de 2008, cuando diversos activos alcanzaban cotizaciones récord.
UN NUEVO ESCENARIO QUE DEBE CONSIDERAR AMADO BOUDOU
Ecolatina advierte sobre los desafíos que impone un Dólar débil
El Dólar luce su valor nominal más bajo –en relación a un conjunto de monedas extranjeras– de los últimos 3 años, nivel similar al previo al estallido de la crisis global. Las cotizaciones de las commodities se ubican cerca del máximo de junio de 2008 (precrisis). El ingreso de divisas es positivo pero provoca una apreciación de la moneda local, restando competitividad a las exportaciones. Y el alza de las commodities y el elevado crecimiento acelera la inflación minorista.
17 de abril de 2011 - 12:49
La pérdida de valor de la divisa norteamericana se explica, fundamentalmente, por la flexibilidad con la que se manejó la política monetaria de ese país. El diferencial entre las tasas de interés que dispuso la Fed y otros bancos centrales del mundo desalentó las posiciones en Dólares.
Además, la debilidad en la recuperación y el desborde de las cuentas públicas de aquél país, restaron confianza en su moneda. Como consecuencia de estas acciones, y en vista de la mejor performance exhibida en otros mercados, el exceso de liquidez comenzó a volcarse nuevamente en activos –reales y financieros– con mayores rendimientos.
Por caso, el índice de commodities agropecuarias, metalíferas y energéticas que elabora el FMI se ubica muy cerca del máximo alcanzando en junio de 2008. En particular, según el Banco Mundial los alimentos ya superaron el récord previo, empujando a 44 millones de personas por debajo de la línea de la pobreza en el último año (ingresos inferiores a US$ 1,25 por día).
La debilidad del Dólar también tiene como correlato la revaloración de muchas otras divisas. A raíz del fuerte posicionamiento inversor en mercados que presentan mejores desempeños y mayores rendimientos, se generan fuertes presiones para la apreciación de esas monedas.
El Euro es la moneda que más subió respecto al Dólar, pues también es ampliamente utilizada como reserva de valor. Pero muy cerca en el ranking se observa al Peso chileno y al Real brasileño. Ambos países reciben adicionalmente fuertes ingresos de divisas por mayores precios de sus commodities exportadas.
El actual proceso de pérdida de valor de la moneda norteamericana vuelve a poner en discusión las mismas tensiones que se registraban previas al estallido de la crisis internacional.
En este sentido, en los países emergentes resurge el desafío de sostener la competitividad exportadora de la industria no ligada a commodities y controlar las presiones inflacionarias. Si bien este contexto favorable genera crecientes desafíos es preferible al experimentado tras el estallido de la crisis financiera internacional.
El dilema de administrar la abundancia
La abundante liquidez mundial y las bajas tasas de interés en los países desarrollados, sumado al fuerte crecimiento de los emergentes crean un contexto muy favorable para la entrada de capitales en los países de América Latina.
Si bien el ingreso de divisas en la economía es algo positivo, también provoca una apreciación de la moneda local, restando competitividad a las exportaciones industriales e incentivando el reemplazo de producción local por manufacturas importadas. En última instancia, esto pone en riesgo el empleo local.
Ante esta situación, los países vecinos han comenzado a implementar una serie de acciones con el fin de desalentar el excesivo ingreso de capitales de corto plazo (Brasil, por ejemplo, dispuso restricciones a las ventas cortas de Dólares contra el Real) y profundizaron la intervención en el mercado cambiario.
Sin embargo, la apreciación cambiaria no es el único desafío de la región. Por el alza de las commodities y el elevado crecimiento, la inflación minorista se está acelerando. Para contener la suba de precios y las expectativas, la mayoría de países de la región han ajustado sus tasas de interés en mayor medida que las principales economías del mundo.
En efecto, a excepción de México, todos los países de la América Latina elevaron sus tipos de interés de referencia en el último año. El caso más notorio es el de Brasil donde la SELIC pasó de 8,75 a 11,75 en apenas 12 meses.
Como se ha mencionado, el elevado retorno atrae la entrada de capitales exacerbando la apreciación cambiaria. Por lo que subir la tasa de interés para paliar la inflación se contrapone al objetivo de debilitar la moneda local.
En líneas generales los países de América Latina han decidido, en primer lugar, controlar la inflación y relegaron a un segundo plano la necesidad de mejorar la competitividad externa.
Si bien la posibilidad de la pérdida de empleos en la industria como consecuencia de la apreciación del tipo de cambio real es preocupante, los costos sociales que provoca la inflación son aún más graves: el encarecimiento de los alimentos puede traducirse en un aumento de la pobreza y la indigencia.
En última instancia, prefieren perder competitividad por la apreciación nominal de sus monedas y no por el desborde de los precios internos. Esta particularidad puede observarse al descomponer la inflación en Dólares de los países de la región entre la inflación doméstica y la variación del tipo de cambio nominal.
En la mayoría de los países de América Latina la inflación en Dólares supera el dígito, pero la suba de los precios internos es acotada. Por caso, Chile presenta una inflación local de 4,5% i.a. y una apreciación de su moneda del orden de 10,7%. Una situación similar se observa en Brasil, México, Uruguay y, en menor medida Paraguay.
En cambio, el caso de Venezuela y Argentina la elevada inflación en Dólares no responde a la apreciación de sus monedas sino al alza de sus precios internos. De hecho, pese a la depreciación nominal de sus monedas, ambos países lideran el ranking de inflación en dólares.
Algunos gobiernos han decidido utilizar la herramienta fiscal para intentar alinear simultáneamente los dos objetivos: en el presupuesto 2011 Brasil anunció una reducción del gasto público del orden de 1,2% del PBI, mientras que Chile lo bajará en 0,4 p.p. del producto. Una política fiscal contractiva puede moderar las presiones inflacionarias y aumentar los recursos disponibles para intervenir en el mercado cambiario (pero implica un desafío político importante).
Afortunadamente, los ingresos extraordinarios generados por los elevados precios de las commodities permiten a estos países implementar planes de asistencia social y estímulos a las empresas para compensar, en parte, los efectos nocivos de la mayor inflación y la pérdida de competitividad.








