CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) Con un poco más de tiempo para analizar la letras chica y el impacto del envío al Congreso el proyecto de ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que –de ser aprobado- reemplazará a la actual de Radiodifusión (la 22.285), los grandes medios escritos plasmaron esta mañana en sus ediciones impresas su parecer. Aquí, los detalles.
Clarín
Dice Diarios Sobre Diarios sobre el Gran Diario Argentino: Rechazo total de Clarín al proyecto de ley "para controlar a los medios"
El principal diario argentino utiliza toda la tapa, un "mensaje" de Ernestina de Noble y un extensísimo editorial para cuestionar la iniciativa que –advierte- "avanza sobre la prensa independiente".
Entre los diarios de interés general, Clarín es el que rechaza con mayor énfasis la iniciativa del Gobierno, y lo siguen La Nación y, en menor medida, Crítica. En cambio, Página/12 y La Prensa la presentan con un tono "neutro". Clarín le destina casi la totalidad de la portada al proyecto oficial. Bajo el título "Presentan la ley para controlar a los medios", el matutino alerta que el Ejecutivo "quiere avanzar sobre la prensa independiente", y consigna que la Presidenta afirmó que "es el primer gobierno" en enviar un proyecto sobre medios al Congreso; pero, en "verdad, ya lo habían hecho, con propósitos diferentes, los de Alfonsín, Menem y De la Rúa".
Además, Clarín -que cumple hoy 64 años de vida- exhibe en la foto central a un grupo de militantes celebrando el anuncio presidencial frente a la Casa Rosada, y publica cuatro recuadritos: expone el "mensaje" de la directora Ernestina Herrera de Noble: "‘Ningún apriete torcerá nuestro compromiso con la sociedad’", indica el "Unánime rechazo de la oposición", alerta sobre "Nuevos ataques contra oficinas del Grupo Clarín", y plantea que "Lo que molesta es la impotencia para controlar y manipular a los medios".
Radiodifusión, el día después: Qué escribieron los medios sobre el tema
Las ediciones impresas de los diarios más grandes manifestaron sus postura el día después del lanzamiento del polémico proyecto de ley de Radiodifusión. Las plumas de La Nación, Clarín, Página/12 y Critica.
28 de agosto de 2009 - 10:01
Discurso completo de Ernestina Herrera de Noble publicado en
Clarin:
"Ningún apriete torcerá nuestro compromiso con la sociedad"
Después de entregar las medallas y distinciones, la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, pronunció un breve discurso ante el personal.
"Queridos amigos: Clarín cumple 64 años de periodismo, al servicio del desarrollo del país. Hemos construido nuestra fuerza en la fidelidad a la gente. Y eso muchas veces termina molestando al poder de turno", comenzó el discurso, al lado de sus hijos Marcela y Felipe Noble Herrera.
"Hoy -agregó- sufrimos nuevos embates por defender nuestra integridad periodística. Ataques disfrazados con argumentos falsos y contradictorios. Campañas de una virulencia inusitada, originadas en zonas oscuras del poder. A las que incluso se prestan algunos que creen lucrar con eso. No es la primera vez, ni será la última".
Y concluyó: "Ningún 'apriete' torcerá nuestro compromiso con la sociedad. Nuestra misión y principios están expresados públicamente. Se reflejan todos los días en nuestros medios. A ellos nos atenemos".
Según el redactor, "las palabras de la directora recibieron un fuerte y cálido aplauso de todos los presentes".
en tanto la Editorial señala:
Lo que molesta es la impotencia para controlar y manipular a los medios
Existe una concepción muy particular de la democracia y de la libertad de expresión en un Gobierno cuyos principales voceros, comenzando por la propia Presidenta, se empeñan en señalar que los medios de comunicación independientes constituyen una suerte de interferencia, estorbo o amenaza para la ciudadanía. En base a esa idea, se ha lanzado una verdadera campaña de acoso contra las empresas periodísticas que no pueden controlar, presentándolas como un obstáculo o una desviación del interés colectivo.
Para esto no sólo están haciendo un uso desvergonzado de las herramientas del poder público, con acciones oficiales o paraoficiales, como lo es la propaganda difamatoria en la Capital o en el interior del país, sino también confluyen otros factores que tratan de esconder sin éxito, tras una pátina de pretendido profesionalismo, sus desmesuradas ambiciones particulares. Confluyen así, objetivamente, con la arrogancia y soberbia del poder.
La obscena demostración de pragmatismo y oportunismo ramplón al anunciar un acuerdo para televisar el fútbol, en el que la Presidenta cometió un gravísimo error al comparar un negocio de la AFA, su actual socio, con los desaparecidos sólo ha sido posible por ese peligroso clima de triunfalismo que favorece esa incontinencia verbal. Ayer, al anunciar el envío del proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales volvió a cometer otro grave error al desconocer no sólo los proyectos anteriores que habían sido remitidos al Congreso sino las 147 reformas legislativas que se introdujeron a la actual ley.
La aventurada mención a la "libertad de extorsión" es una acusación gratuita y debería ser dirigida a una administración que no ha hecho otra cosa que tratar de silenciar al periodismo mediante la presión directa, la descalificación y la extorsión económica. El manejo arbitrario de la pauta publicitaria, premiando a los amigos y sofocando a los enemigos, es una demostración palmaria de los que utilizan los métodos que cínicamente denuncian.
La creencia equivocada que la derrota electoral ha sido producto de la información y crítica del periodismo independiente y, en particular, del Grupo Clarín, es una coartada para ignorar la contundencia de la decisión popular, y ha determinado esta suerte de declaración de guerra santa, con la activa colaboración de quienes, de manera ilusoria, ingenua o interesada, creen que van a quedar a salvo de esta concepción autoritaria que anima a esta administración.
Una sociedad libre y desarrollada se distingue como tal por la calidad y cantidad de sus medios de expresión y comunicación. Las libertades, la igualdad de oportunidades y las posibilidades de generar prosperidad económica se articulan con el ideario democrático no sólo como preceptos constitucionales o promesas abstractas sino como valores concretos, encarnados en las prácticas individuales y sociales.
En una concepción genuina y realista de la democracia, la actividad privada y la acción pública no se plantean como constelaciones antitéticas sino como componentes necesarios de la dinámica social, aun cuando puedan suscitarse naturales conflictos y tensiones.
El presupuesto básico de la existencia de medios de comunicación independientes está apoyado en pilares fundamentales. Uno de los principales es la credibilidad.
No existe fortaleza posible si un medio no es creíble en las informaciones que transmite, en las interpretaciones y análisis que difunde, en las visiones alternativas y enfoques que puede ofrecer para la mejor formación de la opinión pública. Esta fortaleza que se refleja en la preferencia de lectores, televidentes, oyentes, cibernautas, clientes y anunciantes, no es factible sin un respaldo económico que permita, precisamente, garantizar condiciones de independencia respecto de cualquier manipulación o presión por parte de gobiernos, funcionarios o grupos de interés e influencia.
Cuando una empresa periodística carece de rentabilidad, construida y obtenida en base a reglas y a códigos de conducta, pasa a depender de los subsidios públicos o privados, y en consecuencia inevitablemente queda asociada a los intereses de quienes proveen su sustento. Su credibilidad, más temprano que tarde, se verá mellada e irá desapareciendo.
Lo que verdaderamente molesta a los Gobiernos que se enfrentan a medios de comunicación de amplia difusión, con calidad periodística y solvencia económica, no es tanto dicha fortaleza como la impotencia para domesticar, controlar o manipular su presencia y evitar el reconocimiento en la sociedad. Por eso es que se ataca sus dos pilares: credibilidad e independencia. Recordamos así las campañas que se han lanzado que rezan que "Clarín miente" en la que se involucró personalmente el matrimonio Kirchner y cuyo punto de partida fue aquel insulto al prestigioso y célebre artista, Hermenegildo Sábat.
La concepción equivocada de que los votantes dan un gigantesco cheque en blanco a los gobernantes lleva invariablemente a considerar hostiles al periodismo que, desde la autonomía, ejerce la crítica y mantiene el escrutinio permanente de funcionarios, gestión pública y sistema político. Esa creencia de "democracia delegativa", lleva a cometer estos errores graves que son, en realidad, el afán e interés de mantener el control del poder con una concepción autoritaria, aunque se envuelvan en banderas "democráticas".
Solamente esa idea distorsionada, la que coloca a los gobernantes como exclusivos representantes de la voluntad popular y de los intereses de la Nación, puede llevar a confundir el lugar de los medios de comunicación independientes con el de una corporación cerrada, un competidor político o, en el peor de los casos, un enemigo existencial que hay que destruir.
También se pretende desvirtuar esa condición de independencia asociándola a los intereses económicos del medio, como si éstos fueran en detrimento de su credibilidad. La declaración de la UNESCO que instituyó el Día Mundial de la Libertad de Prensa, es muy clara al respecto: "Por prensa independiente debe entenderse una prensa sobre la cual los poderes públicos no ejerzan ni dominio político o económico, ni control sobre los materiales y la infraestructura necesarios para la producción y difusión de diarios, revistas y otras publicaciones periódicas".
Los medios de comunicación no son meras correas de transmisión entre la sociedad y el Estado (o entre el Estado, el Gobierno, y la sociedad), como lo sostiene una visión estrecha, simplista, ideologizada e interesada. Los medios, hay que recordarlo, son fundamentalmente un vehículo para ejercer un derecho fundamental de los ciudadanos.
En las sociedades actuales, y merced a las formidables oportunidades y herramientas surgidas de la revolución tecnológica, los nuevos soportes y formatos, los medios de comunicación -diarios, canales de televisión, radios, portales, blogs, etc.- son también espacios sociales donde se desarrollan intercambios, se reflejan temáticas e inquietudes, se denuncian negociados y corruptelas, se originan proyectos, se debaten ideas, se polemiza apasionadamente, se construyen proyectos.
Lo peor que pueden hacer los Gobiernos es pretender apropiarse de esos espacios de libertad, orientarlos y maniatarlos, con el pretexto de que se está "democratizando" la información. Un Gobierno que sistemáticamente ha sido enemigo de la práctica profesional del periodismo, trabando y obstaculizando la labor de informar, manipulando las estadísticas oficiales a su gusto, oscureciendo su gestión e impidiendo un seguimiento cercano de los actos oficiales, en todas sus etapas, no puede arrogarse banderas que en sus manos se convierten en mentiras verdaderas.
Si algún modelo sirviera de aproximación a la concepción verdadera del kirchnerismo sobre la función y desempeño de los medios, habría que rastrearlo en los períodos hegemónicos de los gobiernos ejercidos por Néstor Kirchner en Santa Cruz. En ellos surge que a través de una combinatoria de medios adictos, sojuzgados por el arbitrio de una pauta publicitaria diseñada para silenciar voces críticas, se impuso en esa provincia un curioso reinado de la libertad proclamada sin libertades efectivas, como no hayan sido las del poder sin límites y las expresiones disidentes conculcadas, las mismas que ahora se presume defender.
La genuina representación democrática no es la que se concentra en una persona, figura o institución: es el resultado del libre juego entre las instituciones, representaciones y mediaciones políticas y sociales.
Es por eso que no existe democracia sin pluralismo. Una democracia es débil y pobre cuando sus medios de comunicación son débiles y maleables. La democracia se desvirtúa cuando los gobernantes se atribuyen la exclusividad de la representación popular y se disfrazan de víctimas frente a las manifestaciones plurales de una sociedad libre.
La promoción de una prensa con libertad, independiente y pluralista es un componente esencial de toda sociedad democrática. La ausencia de democracia coarta la libre expresión, pero el deterioro de la libertad de prensa afecta inequívocamente la vigencia plena de las libertades e instituciones democráticas.
La Argentina y gran parte de la América latina lo han experimentado en carne propia a lo largo de décadas de autoritarismo, intolerancia y censura. La existencia de gobiernos democráticos no es, en tal sentido, un punto de llegada sino el requisito mínimo para la vigencia y desarrollo de las libertades y las oportunidades. Socavar la existencia de medios independientes no es otra cosa que socavar esos fundamentos que nos alejan del silencio y del monólogo; que nos defienden de la imposición de cualquier autoritarismo.
Los Gobiernos deberían aprender de la historia. Los aliados circunstanciales, también.
La aventurada mención a la "libertad de extorsión" es una acusación gratuita y debería ser dirigida a una administración que no ha hecho otra cosa que tratar de silenciar al periodismo.
No existe democracia sin pluralismo. La promoción de una prensa con libertad, independiente y pluralista es un componente esencial de toda sociedad democrática.
"Ningún apriete torcerá nuestro compromiso con la sociedad"
Después de entregar las medallas y distinciones, la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, pronunció un breve discurso ante el personal.
"Queridos amigos: Clarín cumple 64 años de periodismo, al servicio del desarrollo del país. Hemos construido nuestra fuerza en la fidelidad a la gente. Y eso muchas veces termina molestando al poder de turno", comenzó el discurso, al lado de sus hijos Marcela y Felipe Noble Herrera.
"Hoy -agregó- sufrimos nuevos embates por defender nuestra integridad periodística. Ataques disfrazados con argumentos falsos y contradictorios. Campañas de una virulencia inusitada, originadas en zonas oscuras del poder. A las que incluso se prestan algunos que creen lucrar con eso. No es la primera vez, ni será la última".
Y concluyó: "Ningún 'apriete' torcerá nuestro compromiso con la sociedad. Nuestra misión y principios están expresados públicamente. Se reflejan todos los días en nuestros medios. A ellos nos atenemos".
Según el redactor, "las palabras de la directora recibieron un fuerte y cálido aplauso de todos los presentes".
en tanto la Editorial señala:
Lo que molesta es la impotencia para controlar y manipular a los medios
Existe una concepción muy particular de la democracia y de la libertad de expresión en un Gobierno cuyos principales voceros, comenzando por la propia Presidenta, se empeñan en señalar que los medios de comunicación independientes constituyen una suerte de interferencia, estorbo o amenaza para la ciudadanía. En base a esa idea, se ha lanzado una verdadera campaña de acoso contra las empresas periodísticas que no pueden controlar, presentándolas como un obstáculo o una desviación del interés colectivo.
Para esto no sólo están haciendo un uso desvergonzado de las herramientas del poder público, con acciones oficiales o paraoficiales, como lo es la propaganda difamatoria en la Capital o en el interior del país, sino también confluyen otros factores que tratan de esconder sin éxito, tras una pátina de pretendido profesionalismo, sus desmesuradas ambiciones particulares. Confluyen así, objetivamente, con la arrogancia y soberbia del poder.
La obscena demostración de pragmatismo y oportunismo ramplón al anunciar un acuerdo para televisar el fútbol, en el que la Presidenta cometió un gravísimo error al comparar un negocio de la AFA, su actual socio, con los desaparecidos sólo ha sido posible por ese peligroso clima de triunfalismo que favorece esa incontinencia verbal. Ayer, al anunciar el envío del proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales volvió a cometer otro grave error al desconocer no sólo los proyectos anteriores que habían sido remitidos al Congreso sino las 147 reformas legislativas que se introdujeron a la actual ley.
La aventurada mención a la "libertad de extorsión" es una acusación gratuita y debería ser dirigida a una administración que no ha hecho otra cosa que tratar de silenciar al periodismo mediante la presión directa, la descalificación y la extorsión económica. El manejo arbitrario de la pauta publicitaria, premiando a los amigos y sofocando a los enemigos, es una demostración palmaria de los que utilizan los métodos que cínicamente denuncian.
La creencia equivocada que la derrota electoral ha sido producto de la información y crítica del periodismo independiente y, en particular, del Grupo Clarín, es una coartada para ignorar la contundencia de la decisión popular, y ha determinado esta suerte de declaración de guerra santa, con la activa colaboración de quienes, de manera ilusoria, ingenua o interesada, creen que van a quedar a salvo de esta concepción autoritaria que anima a esta administración.
Una sociedad libre y desarrollada se distingue como tal por la calidad y cantidad de sus medios de expresión y comunicación. Las libertades, la igualdad de oportunidades y las posibilidades de generar prosperidad económica se articulan con el ideario democrático no sólo como preceptos constitucionales o promesas abstractas sino como valores concretos, encarnados en las prácticas individuales y sociales.
En una concepción genuina y realista de la democracia, la actividad privada y la acción pública no se plantean como constelaciones antitéticas sino como componentes necesarios de la dinámica social, aun cuando puedan suscitarse naturales conflictos y tensiones.
El presupuesto básico de la existencia de medios de comunicación independientes está apoyado en pilares fundamentales. Uno de los principales es la credibilidad.
No existe fortaleza posible si un medio no es creíble en las informaciones que transmite, en las interpretaciones y análisis que difunde, en las visiones alternativas y enfoques que puede ofrecer para la mejor formación de la opinión pública. Esta fortaleza que se refleja en la preferencia de lectores, televidentes, oyentes, cibernautas, clientes y anunciantes, no es factible sin un respaldo económico que permita, precisamente, garantizar condiciones de independencia respecto de cualquier manipulación o presión por parte de gobiernos, funcionarios o grupos de interés e influencia.
Cuando una empresa periodística carece de rentabilidad, construida y obtenida en base a reglas y a códigos de conducta, pasa a depender de los subsidios públicos o privados, y en consecuencia inevitablemente queda asociada a los intereses de quienes proveen su sustento. Su credibilidad, más temprano que tarde, se verá mellada e irá desapareciendo.
Lo que verdaderamente molesta a los Gobiernos que se enfrentan a medios de comunicación de amplia difusión, con calidad periodística y solvencia económica, no es tanto dicha fortaleza como la impotencia para domesticar, controlar o manipular su presencia y evitar el reconocimiento en la sociedad. Por eso es que se ataca sus dos pilares: credibilidad e independencia. Recordamos así las campañas que se han lanzado que rezan que "Clarín miente" en la que se involucró personalmente el matrimonio Kirchner y cuyo punto de partida fue aquel insulto al prestigioso y célebre artista, Hermenegildo Sábat.
La concepción equivocada de que los votantes dan un gigantesco cheque en blanco a los gobernantes lleva invariablemente a considerar hostiles al periodismo que, desde la autonomía, ejerce la crítica y mantiene el escrutinio permanente de funcionarios, gestión pública y sistema político. Esa creencia de "democracia delegativa", lleva a cometer estos errores graves que son, en realidad, el afán e interés de mantener el control del poder con una concepción autoritaria, aunque se envuelvan en banderas "democráticas".
Solamente esa idea distorsionada, la que coloca a los gobernantes como exclusivos representantes de la voluntad popular y de los intereses de la Nación, puede llevar a confundir el lugar de los medios de comunicación independientes con el de una corporación cerrada, un competidor político o, en el peor de los casos, un enemigo existencial que hay que destruir.
También se pretende desvirtuar esa condición de independencia asociándola a los intereses económicos del medio, como si éstos fueran en detrimento de su credibilidad. La declaración de la UNESCO que instituyó el Día Mundial de la Libertad de Prensa, es muy clara al respecto: "Por prensa independiente debe entenderse una prensa sobre la cual los poderes públicos no ejerzan ni dominio político o económico, ni control sobre los materiales y la infraestructura necesarios para la producción y difusión de diarios, revistas y otras publicaciones periódicas".
Los medios de comunicación no son meras correas de transmisión entre la sociedad y el Estado (o entre el Estado, el Gobierno, y la sociedad), como lo sostiene una visión estrecha, simplista, ideologizada e interesada. Los medios, hay que recordarlo, son fundamentalmente un vehículo para ejercer un derecho fundamental de los ciudadanos.
En las sociedades actuales, y merced a las formidables oportunidades y herramientas surgidas de la revolución tecnológica, los nuevos soportes y formatos, los medios de comunicación -diarios, canales de televisión, radios, portales, blogs, etc.- son también espacios sociales donde se desarrollan intercambios, se reflejan temáticas e inquietudes, se denuncian negociados y corruptelas, se originan proyectos, se debaten ideas, se polemiza apasionadamente, se construyen proyectos.
Lo peor que pueden hacer los Gobiernos es pretender apropiarse de esos espacios de libertad, orientarlos y maniatarlos, con el pretexto de que se está "democratizando" la información. Un Gobierno que sistemáticamente ha sido enemigo de la práctica profesional del periodismo, trabando y obstaculizando la labor de informar, manipulando las estadísticas oficiales a su gusto, oscureciendo su gestión e impidiendo un seguimiento cercano de los actos oficiales, en todas sus etapas, no puede arrogarse banderas que en sus manos se convierten en mentiras verdaderas.
Si algún modelo sirviera de aproximación a la concepción verdadera del kirchnerismo sobre la función y desempeño de los medios, habría que rastrearlo en los períodos hegemónicos de los gobiernos ejercidos por Néstor Kirchner en Santa Cruz. En ellos surge que a través de una combinatoria de medios adictos, sojuzgados por el arbitrio de una pauta publicitaria diseñada para silenciar voces críticas, se impuso en esa provincia un curioso reinado de la libertad proclamada sin libertades efectivas, como no hayan sido las del poder sin límites y las expresiones disidentes conculcadas, las mismas que ahora se presume defender.
La genuina representación democrática no es la que se concentra en una persona, figura o institución: es el resultado del libre juego entre las instituciones, representaciones y mediaciones políticas y sociales.
Es por eso que no existe democracia sin pluralismo. Una democracia es débil y pobre cuando sus medios de comunicación son débiles y maleables. La democracia se desvirtúa cuando los gobernantes se atribuyen la exclusividad de la representación popular y se disfrazan de víctimas frente a las manifestaciones plurales de una sociedad libre.
La promoción de una prensa con libertad, independiente y pluralista es un componente esencial de toda sociedad democrática. La ausencia de democracia coarta la libre expresión, pero el deterioro de la libertad de prensa afecta inequívocamente la vigencia plena de las libertades e instituciones democráticas.
La Argentina y gran parte de la América latina lo han experimentado en carne propia a lo largo de décadas de autoritarismo, intolerancia y censura. La existencia de gobiernos democráticos no es, en tal sentido, un punto de llegada sino el requisito mínimo para la vigencia y desarrollo de las libertades y las oportunidades. Socavar la existencia de medios independientes no es otra cosa que socavar esos fundamentos que nos alejan del silencio y del monólogo; que nos defienden de la imposición de cualquier autoritarismo.
Los Gobiernos deberían aprender de la historia. Los aliados circunstanciales, también.
La aventurada mención a la "libertad de extorsión" es una acusación gratuita y debería ser dirigida a una administración que no ha hecho otra cosa que tratar de silenciar al periodismo.
No existe democracia sin pluralismo. La promoción de una prensa con libertad, independiente y pluralista es un componente esencial de toda sociedad democrática.
La Nacion
Diarios Sobre diarios analiza: "Lanzan la ley de radiodifusión con un duro ataque a la prensa", así encabeza la sábana La Nación, y muestra a militantes frente a Balcarce 50 y a Cristina Fernández disertando en un atril. En la bajada, el diario señala: "‘Libertad de expresión no es libertad de extorsión’, dijo la Presidenta; el proyecto reduce el número de licencias que puede tener un mismo grupo empresario y da más poder al Estado para controlar al sector". Según Joaquín Morales Solá, el matrimonio Kirchner entiende al periodismo como "una presencia maldita para los gobernantes".
Diarios Sobre diarios analiza: "Lanzan la ley de radiodifusión con un duro ataque a la prensa", así encabeza la sábana La Nación, y muestra a militantes frente a Balcarce 50 y a Cristina Fernández disertando en un atril. En la bajada, el diario señala: "‘Libertad de expresión no es libertad de extorsión’, dijo la Presidenta; el proyecto reduce el número de licencias que puede tener un mismo grupo empresario y da más poder al Estado para controlar al sector". Según Joaquín Morales Solá, el matrimonio Kirchner entiende al periodismo como "una presencia maldita para los gobernantes".
El periodista
Joaquín Morales Solá escribe: Seis años después del arribo de los Kirchner al poder sabemos exactamente, por fin, qué piensan y qué quieren del periodismo. Hubo agresivos discursos previos y algunas actitudes no menos belicosas, pero ninguno de ellos fue tan expresivo como el mensaje de ayer de Cristina Kirchner.
En síntesis, el periodismo es una presencia maldita para los gobernantes, salvo que difunda lo que el poder necesita que se difunda. Esa sería la mejor receta para lograr la defunción de la prensa, pero ¿no es eso, en última instancia, lo que están buscando?
La Presidenta echó mano de una retórica cargada de violencia e intolerancia. Miles de incondicionales partidarios aplaudían en la Plaza de Mayo mientras ella aporreaba verbalmente a los medios y a los periodistas. Hay que creer en los milagros, porque hubiera sido muy fácil un ataque físico contra la sede de cualquiera de los más importantes medios periodísticos de la Capital o contra los periodistas que cubrían las efusividades paraoficiales. Los que manejan el poder habían concedido la autorización implícita para la agresión mediante el sermón presidencial. A veces las palabras anticipan los hechos. La Argentina estuvo ayer demasiado cerca de parecerse a la Venezuela de Hugo Chávez.
Esa radicalización del matrimonio presidencial, que ya se había expresado en los últimos tiempos, es precisamente lo que hace inviable su proyecto de ley de radiodifusión. Una legislación tan sensible, porque regulará nada menos que la relación entre los medios audiovisuales y el Gobierno, sea éste cual fuere, debe cumplir el mínimo requisito de la neutralidad del poder que la estimula. El contexto esparce también la desconfianza; el periodismo en general viene de años en los que debió enfrentar el ninguneo, la persecución o la calumnia del kirchnerismo.
Un solo artículo del proyecto inicial muestra la verdadera intención del Gobierno: estipula que los canales de televisión y las radios deberán someter sus licencias a una revisión del Gobierno cada dos años. Si ese artículo se conservara y fuera aprobado por el Congreso, la consecuencia es muy previsible: será el fin de la libertad del periodismo televisivo y radial. Cualquier gobierno estaría siempre en condiciones de amenazar, presionar y condenar a los dueños de las licencias de canales y radios.
Aquí, la política vive una ficción. El Gobierno ejerce el poder como si no hubiera ocurrido la derrota del 28 de junio. Está haciendo uso y abuso de una mayoría parlamentaria artificial, que no expresa a la sociedad que ya se manifestó hace dos meses. "Todo lo que le hagamos ahora a la oposición, ella nos lo hará después del 10 de diciembre", decía poco después del fracaso electoral uno de los ministros más importantes del gabinete actual. Ese concepto le llegó a Kirchner, pero éste decidió esquivar, otra vez, el más básico sentido común.
La oposición reclamó ayer que se respetara la relación de fuerzas que surgió de la última elección y que el proyecto de ley de radiodifusión sea tratado por el Congreso después del 10 de diciembre. Es lo que debería suceder en cualquier democracia que se precie de tal. Esas palabras se deslizaban, sin embargo, en medio de un extraordinario e innecesario clima de tensión, en el que se mezclaban contra el periodismo las amenazas y las maldiciones de la cima con las vociferaciones de abajo, en la destemplada calle. Parecía la representación (¿sólo fugaz?) de un perfecto día chavista.
Bajo el titulo, 'la obsesión por ser primera' Pablo Sirvén escribió: Avidos de ser primeros en algo -que es la sutil forma en que los autoritarios sugieren que la historia sólo tiene sentido desde que ellos llegan al poder-, el matrimonio Kirchner erró la adjudicación de dicha delantera en varias ocasiones.No fueron ellos los primeros mandatarios demócratas en juzgar las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura, sino Alfonsín; tampoco revitalizaron ellos antes que otros la economía tras el desastre de 2001, sino Duhalde. Y nuevamente ayer, en ese afán continuo de querer primerear, la presidenta Cristina Kirchner dijo que no hubo previamente a ella quien enviara un proyecto de ley de radiodifusión al Congreso desde la restauración democrática, en 1983.
En realidad está llegando tercera, detrás de Raúl Alfonsín (1989) y Fernando de la Rúa (2001), los presidentes radicales que la precedieron sin éxito en ese movimiento.
Habría sido cierto, en cambio, si hubiese dicho que fue la primera mujer en hacerlo (más cierto que insistir en que es la primera presidenta de la historia argentina y desconocer a su no tan ilustre antecesora, María Estela Martínez de Perón).
Pero si logra que antes de terminar su mandato el proyecto oficial enviado al Parlamento sea sancionado -ahí sí-, conseguirá algo realmente inédito: que una ley de radiodifusión lleve al pie, por primera vez, la firma de un civil y no de un militar, lo que no es poco cosa. Su nombre quedará así inscripto detrás de los de Agustín P. Justo, Edelmiro J. Farrel, Juan Domingo Perón, Alejandro Agustín Lanusse y Jorge Rafael Videla, los otros jefes de Estado que en el pasado promulgaron leyes de medios.
De que hace falta una ley de radiodifusión a tono con los tiempos políticos y tecnológicos que corren no cabe ninguna duda. Pero ¿por qué la democracia le dio largas al asunto (consintió 26 años la supervivencia del decreto ley de Videla) y ahora quiere hacerlo a toda velocidad, sin esperar la nueva conformación legislativa votada mayoritariamente el 28 de junio último?
¿Por qué el gobierno peronista de Carlos Menem (1989-99) no reguló los alcances de los negocios de los grandes multimedios y permitió la extranjerización salvaje del sector?
¿Por qué otro gobierno peronista, el de Néstor Kirchner (2003-07), profundizó esa tendencia al extender por diez años las licencias de los canales de TV y bendecir la fusión de Multicanal y Cablevisión (que acaba de respaldar la Corte Suprema de Justicia)?
¿Y por qué un nuevo gobierno peronista, el que encabeza Cristina Kirchner (2007-11), aspira ahora a pasar de la desregulación extrema impuesta por sus predecesores a un virulento intervencionismo estatal que esmerile y controle la actividad privada en ese campo en general y del Grupo Clarín en particular?
Hay más histrionismo que voluntad real y seria de reordenar equilibradamente el espectro telerradiofónico y de cable, no sólo por la épica pomposidad de los dichos presidenciales, sino también por el bullanguero acompañamiento de barras de militantes y la profusa distribución de literatura y afiches panfletarios que están muy lejos de buscar objetividad alguna.
La propia Presidenta últimamente viene vaciando de contenido el texto que se pretende sancionar, porque ya con anterioridad se anunció la conformación de un sistema satelital para la TV estatal y la nueva comercialización del fútbol, en tanto que es inminente la elección de la norma de TV digital que adoptará la Argentina.
En su proceder de facto, de todos modos, tampoco será la primera de la fila: también se le anticiparon los presidentes no elegidos que en el pasado legislaron en tópicos similares.
Pagina/12
Dice DsD: Página/12 arma el título "Tirando ondas", y remarca que el "proyecto prevé otorgar licencias de radio y TV al sector público y a organismo de la sociedad civil, además de a las empresas de medios".
En síntesis, el periodismo es una presencia maldita para los gobernantes, salvo que difunda lo que el poder necesita que se difunda. Esa sería la mejor receta para lograr la defunción de la prensa, pero ¿no es eso, en última instancia, lo que están buscando?
La Presidenta echó mano de una retórica cargada de violencia e intolerancia. Miles de incondicionales partidarios aplaudían en la Plaza de Mayo mientras ella aporreaba verbalmente a los medios y a los periodistas. Hay que creer en los milagros, porque hubiera sido muy fácil un ataque físico contra la sede de cualquiera de los más importantes medios periodísticos de la Capital o contra los periodistas que cubrían las efusividades paraoficiales. Los que manejan el poder habían concedido la autorización implícita para la agresión mediante el sermón presidencial. A veces las palabras anticipan los hechos. La Argentina estuvo ayer demasiado cerca de parecerse a la Venezuela de Hugo Chávez.
Esa radicalización del matrimonio presidencial, que ya se había expresado en los últimos tiempos, es precisamente lo que hace inviable su proyecto de ley de radiodifusión. Una legislación tan sensible, porque regulará nada menos que la relación entre los medios audiovisuales y el Gobierno, sea éste cual fuere, debe cumplir el mínimo requisito de la neutralidad del poder que la estimula. El contexto esparce también la desconfianza; el periodismo en general viene de años en los que debió enfrentar el ninguneo, la persecución o la calumnia del kirchnerismo.
Un solo artículo del proyecto inicial muestra la verdadera intención del Gobierno: estipula que los canales de televisión y las radios deberán someter sus licencias a una revisión del Gobierno cada dos años. Si ese artículo se conservara y fuera aprobado por el Congreso, la consecuencia es muy previsible: será el fin de la libertad del periodismo televisivo y radial. Cualquier gobierno estaría siempre en condiciones de amenazar, presionar y condenar a los dueños de las licencias de canales y radios.
Aquí, la política vive una ficción. El Gobierno ejerce el poder como si no hubiera ocurrido la derrota del 28 de junio. Está haciendo uso y abuso de una mayoría parlamentaria artificial, que no expresa a la sociedad que ya se manifestó hace dos meses. "Todo lo que le hagamos ahora a la oposición, ella nos lo hará después del 10 de diciembre", decía poco después del fracaso electoral uno de los ministros más importantes del gabinete actual. Ese concepto le llegó a Kirchner, pero éste decidió esquivar, otra vez, el más básico sentido común.
La oposición reclamó ayer que se respetara la relación de fuerzas que surgió de la última elección y que el proyecto de ley de radiodifusión sea tratado por el Congreso después del 10 de diciembre. Es lo que debería suceder en cualquier democracia que se precie de tal. Esas palabras se deslizaban, sin embargo, en medio de un extraordinario e innecesario clima de tensión, en el que se mezclaban contra el periodismo las amenazas y las maldiciones de la cima con las vociferaciones de abajo, en la destemplada calle. Parecía la representación (¿sólo fugaz?) de un perfecto día chavista.
Bajo el titulo, 'la obsesión por ser primera' Pablo Sirvén escribió: Avidos de ser primeros en algo -que es la sutil forma en que los autoritarios sugieren que la historia sólo tiene sentido desde que ellos llegan al poder-, el matrimonio Kirchner erró la adjudicación de dicha delantera en varias ocasiones.No fueron ellos los primeros mandatarios demócratas en juzgar las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura, sino Alfonsín; tampoco revitalizaron ellos antes que otros la economía tras el desastre de 2001, sino Duhalde. Y nuevamente ayer, en ese afán continuo de querer primerear, la presidenta Cristina Kirchner dijo que no hubo previamente a ella quien enviara un proyecto de ley de radiodifusión al Congreso desde la restauración democrática, en 1983.
En realidad está llegando tercera, detrás de Raúl Alfonsín (1989) y Fernando de la Rúa (2001), los presidentes radicales que la precedieron sin éxito en ese movimiento.
Habría sido cierto, en cambio, si hubiese dicho que fue la primera mujer en hacerlo (más cierto que insistir en que es la primera presidenta de la historia argentina y desconocer a su no tan ilustre antecesora, María Estela Martínez de Perón).
Pero si logra que antes de terminar su mandato el proyecto oficial enviado al Parlamento sea sancionado -ahí sí-, conseguirá algo realmente inédito: que una ley de radiodifusión lleve al pie, por primera vez, la firma de un civil y no de un militar, lo que no es poco cosa. Su nombre quedará así inscripto detrás de los de Agustín P. Justo, Edelmiro J. Farrel, Juan Domingo Perón, Alejandro Agustín Lanusse y Jorge Rafael Videla, los otros jefes de Estado que en el pasado promulgaron leyes de medios.
De que hace falta una ley de radiodifusión a tono con los tiempos políticos y tecnológicos que corren no cabe ninguna duda. Pero ¿por qué la democracia le dio largas al asunto (consintió 26 años la supervivencia del decreto ley de Videla) y ahora quiere hacerlo a toda velocidad, sin esperar la nueva conformación legislativa votada mayoritariamente el 28 de junio último?
¿Por qué el gobierno peronista de Carlos Menem (1989-99) no reguló los alcances de los negocios de los grandes multimedios y permitió la extranjerización salvaje del sector?
¿Por qué otro gobierno peronista, el de Néstor Kirchner (2003-07), profundizó esa tendencia al extender por diez años las licencias de los canales de TV y bendecir la fusión de Multicanal y Cablevisión (que acaba de respaldar la Corte Suprema de Justicia)?
¿Y por qué un nuevo gobierno peronista, el que encabeza Cristina Kirchner (2007-11), aspira ahora a pasar de la desregulación extrema impuesta por sus predecesores a un virulento intervencionismo estatal que esmerile y controle la actividad privada en ese campo en general y del Grupo Clarín en particular?
Hay más histrionismo que voluntad real y seria de reordenar equilibradamente el espectro telerradiofónico y de cable, no sólo por la épica pomposidad de los dichos presidenciales, sino también por el bullanguero acompañamiento de barras de militantes y la profusa distribución de literatura y afiches panfletarios que están muy lejos de buscar objetividad alguna.
La propia Presidenta últimamente viene vaciando de contenido el texto que se pretende sancionar, porque ya con anterioridad se anunció la conformación de un sistema satelital para la TV estatal y la nueva comercialización del fútbol, en tanto que es inminente la elección de la norma de TV digital que adoptará la Argentina.
En su proceder de facto, de todos modos, tampoco será la primera de la fila: también se le anticiparon los presidentes no elegidos que en el pasado legislaron en tópicos similares.
Pagina/12
Dice DsD: Página/12 arma el título "Tirando ondas", y remarca que el "proyecto prevé otorgar licencias de radio y TV al sector público y a organismo de la sociedad civil, además de a las empresas de medios".
El proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual entrado en el Congreso tiene 144 artículos, dotados de una profusa fundamentación, insólita para los usos parlamentarios actuales. Fue editado en un libro de casi 150 páginas, usado como disparador en foros realizados en todo el país. Esa dinámica previa le hace honor, su contenido también.
El texto no fue una invención del kirchnerismo. Sintetiza aportes oriundos de la sociedad civil y del mundo académico decantados en el último cuarto de siglo. Los sonados "21 puntos" cristalizaron parte de esa producción, también hubo proyectos de legisladores de varias bancadas, incluyendo a varios radicales, que fueron pioneros.
El cronista, que forma parte del pelotón que brega por esa norma desde que se inauguró la actual etapa democrática, considera que es un buen proyecto, de clara raigambre democrática e igualitaria. Un debate honesto podría mejorar zonas grises, errores o limitaciones. El cronista señala dos, a su criterio.
- El primero es la eventual amplitud de posibilidades abiertas a las telefónicas, que quizá no amerite borrarse de un plumazo, pero sí tener restricciones más ceñidas.
- El segundo alude a un objetivo encomiable, la protección a la producción nacional. Nada que objetar salvo que su definición es muy imprecisa.
Pasible de esas anotaciones o de otras, el proyecto avanza en aras de la libertad de información, de ampliar el espectro de emisores, de poner coto a los monopolios y oligopolios. No hay ninguna alusión, siquiera lateral, a la limitación de contenidos y sí varios artículos que defienden la libertad de expresión y la de los periodistas. Entre otras experiencias de otros países se recoge la de Defensoría del Público.
Desde luego, afecta poderes establecidos, que tienen razones y derecho de defender su patrimonio. Podrían hacerlo polemizando con calidad afín a la propuesta en cuestión. Eligen otro camino, el del poder desnudo.
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El poder y los ultras: Asombra la baja calidad de los argumentos de los medios que enfrentan esta ley. Pocas notas firmadas, un síntoma de que no es fácil reclutar afinidades aun en sus propios elencos. Y un abandono casi absoluto del razonamiento o del análisis minucioso. Se ostenta la rabia editorial, se muestran aliados de aquende o allende las fronteras, así sean corporaciones de mala fama, como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
La renuncia al espacio discursivo no ha de ser casual, es una opción. En el ágora, la polémica franca puede dejar mal parados a los damnificados. Por eso se elige la lógica de la "batalla campal", por usar la calificación con que designó el senador Carlos Reutemann al conflicto del "campo".
Los defensores de la ley son estigmatizados. No brotaron ayer, de una unidad básica recién creada. La mayoría proviene de un amplísimo movimiento social que insta la reforma, con enorme base en organizaciones no gubernamentales, radios y medios alternativos, universidades públicas y hasta algunas privadas.
El sentido común mediático describe a los académicos como "intelectuales K", en tanto que los movimientos sociales que se embanderan son "ultrakirchneristas". Todo un detalle: la condición de ultra sólo califica a los oficialistas. Ningún opositor es "ultra" nada. Ni el patotero Alfredo De Angeli ni el golpista Hugo Biolcati son ultrarruralistas. Tampoco es ultragolpista (ni siquiera golpista) Mariano Grondona, instigador, justificador y encubridor de todos los golpes de Estado de los últimos 55 años. Marcos Aguinis exalta la evasión fiscal, tampoco es ultra...
Sin embargo, vaya si hay ultras en la coalición del rechazo a la norma. Un vistazo a los diarios de ayer puede ser ilustrativo. Vaya, pues, una digresión parcial.
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La efigie de la SIP: Vale la pena leer de cabo a rabo la necrológica, anónima, de Diana Julio de Massot, publicada ayer en La Nación. Su título ("Defensora infatigable de la prensa libre") da cuenta de la valoración que merece. Su condición de miembro de número de la SIP y de Adepa es un dato resaltado. Hay algunos lugares comunes con que La Nación condecora a los defensores de la clase dominante y sus ideas. Lo que sorprenden, en su despojada brutalidad, son los elogios a su alineamiento político con todos los gobiernos antidemocráticos que asolaron este suelo. Vaya un párrafo como muestra: "Durante los años de fuerte influencia militar en las decisiones políticas argentinas, La Nueva Provincia constituyó el periódico de lectura insoslayable para conocer el pensamiento dominante en la Armada y sobre todo en el ámbito naval de Puerto Belgrano, Bahía Blanca y su zona de influencia". Aclaremos, por si hace falta. Se la lisonjea por haber conducido un house organ de todas las dictaduras y por reflejar en la última el pensamiento vivo del genocida Emilio Massera. Esa noble influencia inspiró sin duda el editorial del 24 de marzo de 1976, evocado ayer en Página/12 por el periodista Diego Martínez. "Al enemigo es menester destruirlo allí donde se encuentre sabiendo que sobre su sangre redentora debe alzarse la segunda república", escribían entonces los corifeos de la Armada.
Pasadas dos décadas y media de rutinas republicanas, la SIP y Adepa (una de cuyas figuras viene de fallecer) son vanguardia de la oposición a una norma democrática, defendiendo "infatigables" lo que ellos entienden como "prensa libre".
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El porotómetro: Así parezca un ritornello, una ley de calidad amerita un debate legislativo acorde. Las primeras reacciones muestran a varias fuerzas opositoras enardecidas, con poco ánimo de discutir constructivamente. El oficialismo deberá sumar trabajosamente los votos necesarios, no le será sencillo.
La planilla de asistencia del acto presidencial de ayer puede ser una señal de alineamientos futuros. Los gobernadores de Neuquén (Jorge Sapag, del MPN) y de Río Negro (Miguel Saiz, radical K) pegaron el faltazo. Tampoco estuvieron los gobernadores peronistas Juan Manuel Urtubey y Mario Das Neves. El salteño sigue cerca del oficialismo, el chubutense le muestra los dientes todo el tiempo. Sus diputados y senadores votaron a favor de las facultades delegadas, en defensa de la gobernabilidad y la sustentabilidad fiscal del gobierno central, que les conviene e interesa.
En materia de medios audiovisuales, su acompañamiento es menos seguro. El temor a la vendetta de los poderosos es un disuasivo. "No es un quilombo nuestro", explican en confianza, aunque sin adelantar si enfrentarán al gobierno nacional, lo (justo es subrayar) que sería otro entuerto, de diferente naturaleza.
Con el aval de los partidos de centroizquierda en Diputados, quizá la clave del equilibrio parlamentario pase por el socialismo. El gobernador Hermes Binner ha apoyado desde el llano iniciativas afines a la que se tratará. El tono de la ley es progresista, consistente con el ethos del socialismo y hasta algún funcionario del gobierno santafesino participó en los foros ya mencionados, con actitud amigable. Binner sin duda estará tironeado por su prosapia progresista, por sus alineamientos previos versus la presión mediática y la de sus actuales aliados, que apoyan sin rubor a las corporaciones rurales y mediáticas.
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Jugar a más: La información es una riqueza que, como todas, está mal distribuida. Es también un atributo de la ciudadanía social, que no se puede reducir a un derecho del consumidor. Toda ampliación del espectro de emisores lo es también de los derechos republicanos, máxime si ganan terreno organizaciones sin fines de lucro.
Es una mutilación circunscribir la ampliación de ciudadanía de "Rosa de Caballito" o "Carlos de Lugano" a dejar un mensaje de 50 segundos en su radio favorita.
Comunicarse implica informarse e informar, escuchar y hacerse oír. La ampliación del espectro mediático con nuevos protagonistas es un objetivo de alta calidad institucional. Con un añadido digno de mención, que también preocupa a gobernadores de variadas camisetas. La vivacidad de la sociedad argentina, la tradición de su periodismo de trinchera y la de las radios comunitarias augura un nuevo escenario que no será complaciente ni seguidista con ningún gobierno.
Cunde entre nosotros la llamada "ley de Godwin". Mike Godwin, lo parafraseamos, explicó que "a medida que una discusión se alarga la posibilidad de que se mencione a Hitler o al nazismo propende al ciento por ciento". Hablaba del ágora informática, la mediática funciona de modo similar. La tendencia a la simplificación, al panfleto es una vertiente naturalizada de la comunicación de masas. En estas pampas, Hitler suele ser sustituido por Hugo Chávez. La apelación al cuco releva de cualquier razonamiento estructurado, de cualquier lectura fina de las circunstancias o de una ley parida en muchos años.
Así están las cosas, cuando el proyecto entra al Parlamento, con una mora de casi tres décadas y con final abierto.
Critica
Dice DsD: Por su parte, Crítica plantea que "El miedo es el mensaje", y opina que el proyecto "pretende alterar el mapa del poder mediático" en el país, ya que la "intención no declarada del Gobierno es reducir el poder de los grupos que hoy concentran el negocio, facilitando la creación de nuevos holdings afines, con la complicidad de las telefónicas".
La Prensa:
Dice DsD: En tanto, La Prensa encabeza la tapa con el rótulo "Ley de medios".
Los cinco diarios anuncian que productores rurales iniciaron esta madrugada un cese de comercialización de granos y de hacienda, que se extenderá por ocho días. Sólo Página/12 cuestiona la medida impulsada por el ruralismo pampeano.
Dice DsD: En tanto, La Prensa encabeza la tapa con el rótulo "Ley de medios".
Los cinco diarios anuncian que productores rurales iniciaron esta madrugada un cese de comercialización de granos y de hacienda, que se extenderá por ocho días. Sólo Página/12 cuestiona la medida impulsada por el ruralismo pampeano.







