La investigación 'La camarilla en guerra', sobre el aprovechamiento lucrativo de los tiempos nacionalsocialistas por parte de grandes familias empresariales del país, le costó en 2006 al prestigioso semanario alemán 'Der Spiegel', vía judicial, una histórica rectificación en su portada.
La publicación reconocía "graves errores" en la investigación de su colaborador firmante, el historiador Ingo Niebel.
3 años después, la responsable de cabeceras diarias como 'Berliner Zeitung', 'Kölner Stadt-Anzeiger' y 'Frankfurter Rundschau', y poseedora del 25% de las acciones del israelí 'Haaretz', decidió arreglar públicamente las cuentas con su pasado más cuestionado y encargó un informe público al historiador Manfred Pohl, especialista en sagas familiares de grandes empresas.
Pohl ha contado con la bendición del actual patriarca del holding, Alfred Neven Dumont: "Damos las gracias al profesor Pohl y a sus colaboradores", señaló en un comunicado la empresa con sede en Hamburgo. "El trabajo proporciona una amplia y comprensiva imagen del pasado (...) Sin él mucho se habría olvidado o quedaría expuesto a especulaciones", añade.
La historia que contiene el libro de 543 páginas es similar a la de cualquier otra gran empresa alemana de principios de los años 30 del siglo XX. Desde la llegada democrática de Adolf Hitler a la Cancillería de Berlín, la presión del partido nazi para que su gran diario 'Kölner Zeitung' se someta a los dictados del poder son crecientes.
De hecho, narra Pohl, la Ley de Editores del 4 de octubre de 1933 exige a los periódicos que omitan cualquier material "que pueda debilitar el poder del Reich fuera o dentro del país": la editorial Dumont miró a otro lado, como tantos otros millones de alemanes, durante más de una década.
El historiador informa, sin embargo que, para el entonces patriarca del grupo, Kurt Neven Dumont, se trataba de la supervivencia de la propia empresa, ya que sufría el acoso de que su imperio cayera en manos de un propietario más dócil.
Según Pohl, la familia Dumont se avino a una formalidad necesaria. De todos modos, aún queda por aclarar la compra de una editorial propiedad de un ciudadano judío al irrisorio precio de 38.000 marcos imperiales. O la de una inmobiliaria por 27.116.
Además, Kurt Neven Dumont pactó con las autoridades alemanas la venta de miles de ejemplares extra de su 'Kölner Zeitung', para repartirse entre las tropas desplegadas por Europa.
Al final de la guerra los aliados vencedores de la II Guerra Mundial desatada por Hitler cerraron el Kölner Zeitung, el diario bandera de los Dumont, por actividades pronazis.
Hoy en día la red de sus publicaciones incluye al semanario 'Express' y los diarios 'Kölnischer Rundschau', 'Berliner Kurier' y el 'Hamburger Morgenpost', la TV regional TV Halle, la cadena radial NRW, la 91.4 Berliner Rundfunk, etc., sitios web como Lizzy Net.
No debería perderse de vista, en tanto, el ensayo del belga Jacques R. Pauwels, acerca de la verdadera posición de USA durante la 2da. Guerra Mundial. Para muestra, un botón: La planta de Coca-Cola en Essen, por ejemplo, prosperó a cuenta de la guerra, porque sus ventas y operaciones de embotellado subieron considerablemente cuando la subsidiaria alemana siguió a la victoriosa Wehrmacht a los países ocupados, como Francia y Bélgica.
Cuando fue imposible importar el sirope de Coke de USA, después de Pearl Harbor, continuó haciendo negocio con una nueva bebida refrescante, Fanta, de la que se vendieron en 1943 casi 3 millones de cajas. Sin embargo, en USA, Coke "simbolizaba la libertad de América y todas las cosas buenas por las que luchaban los soldados americanos".
"De acuerdo con Edwin Black, autor de un reciente estudio muy completo sobre las actividades de IBM en la Alemania nazi, la tecnología de esa empresa, vía su subsidiaria alemana Dehomag, no sólo puso el relámpago en la Blitzkrieg, sino que su tecnología de tarjetas perforadas, precursora de la computadora, capacitó a los nazis para una "persecución automatizada". IBM suministró al régimen de Hitler las calculadoras Hollerith y otros equipos que se usaron para "generar listas de judíos y otras víctimas, que se usaron para su deportación" (…)
ITT, dirigida por Sosthenes Behn, había adquirido el 25% de las acciones de la fábrica de aviones Focke-Wulf en los años '30 y estuvo involucrada durante la guerra -al menos indirectamente- en la construcción de cazas que derribaron cientos de aviones aliados (…)
Además, "Sin los equipos de comunicaciones suministrados por ITT en los primeros pasos de la guerra, Alemania no habría sido capaz de infligir a sus enemigos las derrotas con lo que se conoció como Blitzkrieg, que necesitaba ataques altamente sincronizados por aire y por tierra. Después de Pearl Harbor, ITT suministró a Alemania los sistemas de comunicación más avanzados, que ayudaron a identificar el código diplomático de los estadounidenses. (…)
Las fábricas alemanas de General Motors se convirtieron en productoras de equipos bélicos tras la reunión de Hitler y Göring con ejecutivos de la GM, el 19 y 20 de septiembre de 1939 en Berlín. La factoría Opel, en Brandenburgo, fundada en 1935, pasó a producir el Blitz, modelo de camión para la Wehrmacht, mientras que la Opel, en Rüsselsheim, comenzó a trabajar para la Luftwaffe. Hubo un momento en que General Motors y Ford juntas fabricaron no menos de la mitad de la producción de tanques en Alemania. (…)".
Otra investigación sobre las huellas del pasado nazi
El austríaco Adolf Hitler, enfrascado en la lectura de la prensa, en su despacho: ¿Se aprovechó la editorial alemana M. Dumont Schauberg (MDS) de sus vecinos judíos durante los trágicos días del Führer? (No sería el único caso, por cierto).
02 de mayo de 2009 - 12:31







