CIUDAD DE BUENOS AIRES (
Paul Krugman: "La catástrofe económica se convertirá en una catástrofe en la salud pública"
El Nobel de Economía publicó en el periódico The New York Times un artículo acerca de las consecuencias de la crisis norteamericana y aseguró que "millones perderán sus seguros de salud junto con sus empleos y, por consiguiente, cualquier acceso a tratamientos médicos esenciales".
Esta situación plantea un interrogante: ¿Por qué la Administración (del presidente Barack Hussein) Obama ha guardado silencio, al menos hasta ahora, sobre una de las promesas principales de campaña del nuevo presidente, la de garantizar atención médica a todos los estadounidenses?
Ocupémonos de la magnitud del desastre que se avecina.
Casi todos los pronósticos económicos, incluyendo los provenientes de los especialistas del equipo presidencial, aseguran que nos encaminamos a un perìodo de desempleo sumamente elevado. Y un alto nivel de desocupación implica un fuerte crecimiento en el número de estadounidenses que no tendràn cobertura de salud.
Después que la economía trastabilló a comienzos de esta década, cinco millones de personas se sumaron al sector de desprotegidos en materia de seguros de salud, y ello ocurría cuando la tasa de desempleo alcanzaba solamente el 6,3%. Esta vez el gobierno de Obama admite que aun con sus programas de estímulo, la desocupación llegará al 8%, y que se mantendrá por encima del 6% hasta el año 2012. Algunos pronósticos independientes son todavía más pesimistas.
¿Por qué, entonces, no escuchamos hablar más de ampliar el acceso a la atenciòn de la salud?
Es posible que quienes nos preocupamos por este problema estemos malinterpretando el silencio del gobierno. Pero permítaseme aventurar tres hipótesis acerca de los argumentos que estaría recibiendo el señor Obama para no avanzar hacia una ampliación de la cobertura de salud, y explicar por qué carecen de fundamento.
En primer lugar, hay quienes sostienen que una expansión màs amplia del seguro de salud sería actualmente demasiado onerosa, teniendo en cuenta las enormes sumas que están por destinarse al salvataje de la economía. Sin embargo investigaciones encomendadas por el Commonwealth Fund indican que lograr lan cobertura universal en consonancia con la propuesta de campaña de Barack Obama agregaría "solamente" 104.000 millones de dólares estadounidenses a los gastos federales en 2010.
Es una cantidad nada despreciable, por supuesto, pero que no puede compararse con las deducciones de impuestos contemplados en los planes de estímulo económico de Obama.
Es indudable que la atención de salud universal se convertirà en un gasto en expansión, que se adentrará en el futuro. Pero ello siempre ha sido así y el señor Obama ha sostenido que su programa de salud era sustentable. Las erogaciones temporarias de sus planes de estìmulo no deberían modificar este cálculo.
En segundo lugar, algunos integrantes del círculo del señor Obama podrìan estar argumentando que la reforma en la salud no resulta una prioridad actual, en vista de la crisis económica.
Sin embargo ayudar a las familias a contratar seguros de salud como parte de un plan de cobertura universal, sería una forma tan efectiva de estimular la economía como las rebajas de impuestos, que representan casi un tercio del programa de estímulo, y tendría la ventaja adicional de ayudar directamente a las familias a capear la crisis, eliminando ua de las causas fundamentales de la actual angustia de los estadounidenses.
Finalmente, y sospecho que aquì reside el motivo principal del silencio del nuevo gobierno, tenemos el argumento político de que es un mal momento para estar insistiendo en un plan de salud, debido a que la atención nacional está centrada en la crisis económica. Pero si la historia puede servirnos de orientación, este argumento resulta falso.
No se tome mi palabra como única prueba. El jefe de gabinete de la Casa Blanca (sede del ejecutivo), Rahm Emanuel, afirmó que "nadie quiere que una crisis grave termine en el canasto". En verdad, Franklin Delano Roosevelt pudo establecer la Seguridad Social en parte debido a que la Gran Depresión puso en evidencia la necesidad de una red de seguridad social más poderosa .La actual crisis ofrece una buena oportunidad para ir rellenando los huecos que quedan en esa red social, especialmente en materia de salud pública.
Y seguramente el señor Obama no quiere repetir los errores de Bill Clinton, cuyo programa de seguridad social fracasó políticamente en parte porque el ex presidente actuó con demasiada lentitud: cuando su gobierno estaba listo para someter la legislaciòn al Congreso, la economía había comenzado a recuperarse y desaparecìa la sensaciòn de urgencia.
Algo más. Un clima de ira populista crece en el paìs, a medida que los estadounidenses ven cómo los banqueros obtienen suculentas indemnizaciones por despido mientras los ciudadanos ordinarios padecen.
Estoy de acuerdo con los funcionarios del gobierno que sostienen la necesidad de estas "indemnizaciones" (aunque tengo problemas con las cifras concretas). Pero tambièn concuerdo con Barney Frank, presidente del Comitè de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, quien sostiene que, tanto por motivos de necesidad política como de justicia social, la ayuda a los banqueros debe estar relacionada con el fortalecimiento de la red de seguridad social, de modo que los estadounidenses comprueben que su gobierno está dispuesto a ayudar a todos, no solamente a los ricos y poderosos.
La conclusiòn final por lo tanto, es de que no es momento de olvidar silenciosamente las promesas de campaña sobre atenciòn de salud garantizada. Es, en cambio, el momento para impulsar con fuerza el tema de la atención universal. ¡Seguro de salud, ahora!.
(x) Economista estadounidense. Premio Nobel de Economía. Editada por el diario "The New York Times", de New York, Estados Unidos de América.








