Kirchner compite -y pierde- con Ahmadinejad

… al presidente argentino le atraen la ordinariez que despliega Chávez y su explosiva retórica. Tan es así que, en tan sólo tres años y medio de gestión por parte de la administración kirchnerista, se firmó nada menos que el 39% de los 119 tratados bilaterales que nuestro país acordó con Venezuela todo a lo largo de la historia. Treinta y siete, concretamente. Uno cada cinco semanas. Casi uno por mes. ¡Pavada de ritmo!

BUENOS AIRES ( Economía para todos) .- Un verdadero aluvión de temas y de papel, entonces, que debiera generar un intercambio bilateral más intenso que nunca entre ambos países.
Sin embargo, si uno recuerda el aluvión de convenios comerciales suscriptos por la Argentina con los países del mundo socialista en tiempos de otro conocido compañero de ruta, de idénticos perfiles ideológicos (me refiero al audaz José Ber Gelbard), cabe aspirar a que no terminemos ahora como en ese caso, esto es, llenos de créditos a cobrar, alguna vez, eventualmente. Tan sólo eso.
Muchos (en todos los rincones del mundo) parecen competir por tratar de obtener una sonrisa (acompañada ciertamente de algunos dulces petrodólares) de Hugo Chávez, quien acaba de lograr transformar su anterior trío de países latinoamericanos pertenecientes a la izquierda radical en lo que ahora es ya todo un quinteto al que, además de Bolivia, Cuba y Venezuela, se han incorporado recientemente también Ecuador y Nicaragua. Con todos sus mandatarios actuando sin corbata; simbolizando algo que no se sabe bien qué es, pero algo ciertamente. Quizás, el repudio de Occidente
Todos y cada uno de esos países (y sus sociedades) están cautivos de una retórica marxista absolutamente retrógrada que, disfrazada de siglo XXI, sirve todavía para vender ilusión, al menos por un rato.
Es cierto que, entre todos esos países, no suman mucho. Pero, como son desagradablemente descorteses –e incansablemente vociferantes–, hacen mucho ruido, sin parar, y, con su extraño amor a la patología, desequilibran y confunden a muchos en la región toda. Incluyendo a algunos de sus mandatarios.
La competencia por el "bolsillo profundo" de Chávez atrae no sólo a las naciones de la región, sino también a algunos países de otros continentes, como es el caso de Bielorrusia, Corea del Norte e Irán, todos abiertamente hermanados en la lucha que el presidente de Venezuela plantea y personifica contra el resto del mundo en su conjunto y contra los Estados Unidos, muy en particular.
La Argentina de Néstor Kirchner (embelesada por el apoyo financiero, caro pero oportuno, recibido del "bolivariano", reemplazante oficial del Fondo Monetario Internacional para un país que, pese al autobombo, aún no puede acceder a los mercados internacionales de crédito) no se ha quedado demasiado atrás, como veremos enseguida.
Es que al presidente argentino le atraen la ordinariez que despliega Chávez y su explosiva retórica. Tan es así que, en tan sólo tres años y medio de gestión por parte de la administración kirchnerista, se firmó nada menos que el 39% de los 119 tratados bilaterales que nuestro país acordó con Venezuela todo a lo largo de la historia. Treinta y siete, concretamente. Uno cada cinco semanas. Casi uno por mes. ¡Pavada de ritmo!
Un verdadero aluvión de temas y de papel, entonces, que debiera generar un intercambio bilateral más intenso que nunca entre ambos países.
Sin embargo, si uno recuerda el aluvión de convenios comerciales suscriptos por la Argentina con los países del mundo socialista en tiempos de otro conocido compañero de ruta, de idénticos perfiles ideológicos (me refiero al audaz José Ber Gelbard), cabe aspirar a que no terminemos ahora como en ese caso, esto es, llenos de créditos a cobrar, alguna vez, eventualmente. Tan sólo eso.
Como es sabido, pese a su enorme deseo de estrechar firmemente las manos de sus dos nuevos correligionarios –Daniel Ortega, en Managua, y las del joven Rafael Correa, en Quito– nuestro presidente no pudo juntarse con ellos. Y debió conformarse con mandar a sus fieles suplentes.
Seguramente porque no se animó (en un año clave, esto es electoral) a cruzarse públicamente con el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, después de haberse lanzado (tardíamente) contra todos los oligárquicos clérigos iraníes en la causa de la AMIA. Tenía, quizás, alguna pavura al papelón, o a los incidentes. Porque, en materia de estilos confrontativos y capacidad de generar conflictos, nuestro Néstor Kirchner, comparado con Mahmoud Ahmadinejad, no vale gran cosa. Paga poco. Y en materia de frases duras e insultos constantes, Ahmadinejad también lo supera. Por poco, quizás, pero lo supera.
Para peor, pese al excelente promedio de Kirchner en materia de suscripción de tratados con Venezuela, Ahmadinejad lo dejó, de pronto, seco. De un solo viaje, el persa aprovechó la reciente visita a Caracas para firmar allí nada menos que 120 distintos acuerdos. Cuatro veces más que Kirchner, al que dejó cual pigmeo. Con una capacidad de suscripción de acuerdos que recuerda a la AK-47. Una actitud para el Libro Guiness de los Récords, por supuesto. Un número de acuerdos, por su nivel y por la diversidad de temas que incluye, absolutamente imbatible. Ni por Kirchner.
Por esto está bien claro que, con Irán, respecto del corazón de la izquierda venezolana, personificada en Hugo Chávez, Kirchner perdió feo. Por goleada.
No somos nada, don Néstor. Y lástima haberse perdido dos viajes al exterior, especialmente cuando se trataba de encuentros en los que casi todos hablaban (a su manera) el castellano; lo que hubiera evitado que usted estuviera, como sucede en otros escenarios externos en los que se hablan otros idiomas, en la "luna de Valencia". Así son las cosas.