Satisfacción en el Gobierno por el saldo de la visita de Chávez (Ferro incluido)

Coyuntural, desde Néstor Kirchner se afirma, con cierta lógica: "George Bush no iba a incluir a la Argentina en su itinerario. Lo único que podíamos hacer era no dejarle a Lula da Silva y a Tabaré Vázquez todo el escenario, y lo logramos". Por lo tanto, hay satisfacción por lo que ocurrió, aún cuando se intente tomar distancia. Además hoy hay elecciones en Catamarca y se cree que mañana la agenda ya será otra. Aquí algunos comentarios dominicales:

Horacio Verbitsky en el diario Página/12:
"(...) Más allá de las estridencias discursivas, la presencia simultánea en el Cono Sur de George W. Bush y Hugo Chávez plantea distintos modelos de desarrollo económico y de relaciones internacionales, que involucran a la Argentina, Brasil y los demás países de Sudamérica.
En forma sucinta podrían describirse así:
- Un modelo de integración económica asimétrica, que desde el frustrado Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) ha evolucionado hacia múltiples acuerdos bilaterales de la gran potencia con distintos países. Ese es el planteo de Bush, que aprovecha el mal momento en las relaciones argentino-uruguayas para refregar un dedo en el ojo del Mercosur;
- Otro de acuerdos y transacciones puntuales, al estilo del extinto COMECON, el Consejo de Asistencia Económica Mutua que desde 1949 hasta 1991 reguló mediante el intercambio compensado las relaciones entre los países del socialismo real. A menudo los acuerdos ideológicos compensaban la divergencia de intereses y los distintos niveles de desarrollo. En eso consiste la propuesta de Chávez, que la ha llamado ALBA (por Alternativa Bolivariana para las Américas);
- Un tercero, de integración gradual, al estilo del proceso que en más de medio siglo condujo a la actual Unión Europea. A partir del Mercosur, avanzar de la desregulación comercial a la integración productiva, la supresión de fronteras y el establecimiento de nuevas instituciones comunes. La producción para este mercado ampliado y con una identidad propia frente al mundo es la apuesta principal de Brasil. La Argentina también está comprometida con esta vía, pero no desdeña los beneficios específicos que puede derivar de la relación con Venezuela y Bolivia, los dos mayores productores energéticos de la región.
El retraso de los vuelos impidió que Evo Morales llegara a tiempo desde Japón para la cumbre presidencial, en la que debía ratificar con Kirchner el acuerdo que hace pocos días firmó Julio De Vido con el ministro boliviano de Energía, fijando los plazos para la construcción del gasoducto que traerá el fluido boliviano a la Argentina.
Hay además ostensibles cuestiones de liderazgo, que involucran a personalidades tan especiales y que se proyectan a la escena regional y mundial como las de Bush, Chávez y Lula. En ese contexto, la Argentina debe moverse con cautela, para no malograr ninguna oportunidad, dada la difícil situación de su economía. Pese a los indicadores espectaculares de crecimiento del último lustro, la destrucción del aparato productivo, la acumulación de necesidades básicas insatisfechas, la insuficiencia de la inversión y la falta de financiamiento para la producción y la comercialización de bienes constituyen severos condicionantes
(...)
Venezuela y Brasil son los otros vértices del triángulo sobre el que la Argentina basa su política exterior, desde mediados de 2003. El ingreso de la República Bolivariana al Mercosur fue anunciado por Kirchner en cuanto asumió el gobierno, no en Venezuela sino en Brasil. La dimensión de Brasil y la personalidad de Chávez plantean una disputa por la hegemonía, en la que la Argentina no participa ni se alinea.
Brasil planteó expandir los acuerdos a la Comunidad Sudamericana de Naciones, pero Venezuela objeta esa denominación para una sola nación con varias repúblicas, e incluso ha propuesto dos nombres alternativos, de inspiración bolivariana, que debería quedar plasmada en un tratado a fin de este año.
Ambos países están interesados en la institucionalización de esa nueva realidad, pero muestran una habilidad llamativa para diferir en los momentos y los modos aplicables. Hasta noviembre, Brasil había postulado la creación de una secretaría permanente de la Comunidad Sudamericana, pero en la reunión de diciembre en Cochabamba bajó un escalón, al proponer que el Grupo de Reflexión (del que forman parte CFK, el chileno Luis Maira y el brasileño Marco Aurelio García) continuara sus encuentros más informales, para lo cual sin embargo ofreció las bellas instalaciones de la vieja sede de Itamaraty en Río de Janeiro. "El Mercosur cambia o desaparece", respondió Chávez, quien ahora adhiere a la idea abandonada por Brasil del secretariado permanente.
(...)
Kirchner se cuidó de aparecer en ese contexto. Rehusó incluso la propuesta de Chávez de concertar el encuentro presidencial el sábado por la mañana y luego viajar juntos a Bolivia, donde la Argentina fue el primer país en llegar con ayuda para las poblaciones afectadas por las inundaciones en la zona llana de Trinidad, consecuencia del calentamiento global.
Recibió a Chávez el viernes, en el ámbito reservado de Olivos, y luego voló a su provincia como casi todos los fines de semana. Pero en año electoral no le disgustó la presencia de Chávez quien, según la encuestadora preferida del Banco Mundial, la chilena Latinobarómetro, tiene en la Argentina uno de los más altos índices de popularidad (38%, contra 32% de Lula y apenas 6% de Bush). El militar venezolano retribuyó el acceso a la tribuna que Kirchner le concedió con repetidos elogios al presidente argentino y el compromiso obtenido de sus partidarios de la paleoizquierda local de no silbar ni abuchear. Su disciplina es admirable: soportaron en silencio hasta la crítica de Chávez por la soledad en que los partidos comunistas dejaron al Che Guevara hace 40 años. (...)"

Mariano Grondona en el diario La Nación:
"Fue un intenso fin de semana en América latina. Lula y Bush restablecieron en San Pablo, en torno del formidable emprendimiento del biocombustible, la amistad preferencial, el eje que ya había unido al gigante norteamericano y al gigante lusoamericano en otros momentos de su historia. Chávez, por su parte, confirmó en Buenos Aires su pretensión de liderar el movimiento antinorteamericano.
Chávez busca sorprender. Casi siempre lo consigue. Esta vez, al invitar al presidente boliviano, Evo Morales, al acto de Ferro, si bien no logró al fin traerlo a tiempo desde Japón, el caudillo venezolano dio la señal que quería dar: que en la Argentina se siente tan a gusto que puede darse el lujo de invitar a otros mandatarios extranjeros como si él, y no Kirchner, fuera el dueño de casa.
Tanto el eje brasileño-norteamericano como el liderazgo venezolano en nuestra región, que se manifestaron con mayor intensidad que nunca en este fin de semana, pueden ser criticados o elogiados, pero habrá que reconocer que, por lo pronto, existen. Equivocados o no, tanto los Estados Unidos como Brasil y Venezuela tienen una política latinoamericana .
Cada uno con su estilo y con sus metas, en este fin de semana los presidentes americanos aceleraron un tiempo común a todos ellos: el tiempo de las definiciones. Al pasar Bush por sus países, presidentes como el brasileño Lula, el uruguayo Tabaré, el colombiano Uribe y el mexicano Calderón miraron, más allá del atribulado presidente norteamericano que los visitaba, en dirección de la única superpotencia económica y militar que quedó en el mundo y que seguirá ahí de aquí a dos años, cuando Bush se vaya.
Bush, que no tuvo una política latinoamericana en sus seis años de gestión, ahora empieza a diseñarla para que la haga madurar su sucesor. Lula, que vaciló un tiempo ante el gigante norteamericano, ahora encuentra en él su gran socio en dirección de los biocombustibles. Chávez, por su parte, busca reemplazar a Castro como el caudillo antinorteamericano. Después de muchas incertidumbres, presidentes como Calderón, Alan García y Tabaré Vázquez optan por el acompañamiento norteamericano. Otros como Morales y el ecuatoriano Correa miran en dirección contraria.
Podríamos decir entonces que nos hallamos frente a un movimiento general de alineaciones en nuestra región. Cada país atiende su juego. Pero una excepción confirma esta regla. ¿Dónde se ubica, hoy, la Argentina? ¿Con los Estados Unidos y contra Venezuela? ¿Contra los Estados Unidos y con Venezuela? ¿Cuál es nuestra definición? Por ahora, nuestra definición es la gambeta (...)".

Eduardo van der Kooy en Clarín:
"(...) Desde algún lugar del poder se hizo lo imposible para que Chávez compartiera el escenario con Evo Morales. Pero el mandatario de Bolivia estaba muy lejos, en Japón, y no pudo llegar. Tenía además trabas constitucionales por el permiso limitado que le había concedido el Congreso para dejar su país. "La presencia de los dos hubiera sonado quizás menos provocativa", se conformó un ministro. Varios funcionarios prefirieron dejar el viernes la ciudad para no verse en la obligación de cumplir con las invitaciones cursadas para participar del mitin.
Bush salió de recorrida por América latina impulsado por dos necesidades. Domésticas: el voto latino viró drásticamente en las últimas legislativas estadounidenses en favor de los demócratas que siempre endilgaron al republicano su descuido con la región. Externas: impedir la expansión del chavismo apuntalando a gobiernos que, aun de izquierda, exhiben moderación.
Washington hace previsiones sobre el futuro de Chávez. Su peso en Latinoamérica podría verse restringido si se produce una caída en los ingresos provenientes de la venta de petróleo. Su incidencia política mermaría en la medida en que se debilite el papel de Fidel Castro en Cuba. De allí la sorpresa y la inquietud por el sostén que le brinda Kirchner.
El Presidente no parece tener un problema visible con EE.UU. pero sí lo tiene con Bush. No puede haber reconciliación entre ellos: Kirchner quiere cederle en octubre el sillón a Cristina, su mujer. Bush ingresó en el eclipse de su doble ciclo presidencial. De hecho el Presidente acompaña a Washington en temas centrales —el terrorismo internacional— de su política exterior. Pero aquella enemistad personal, atizada por el desinterés de Bush sobre la crisis argentina y la realidad latinoamericana y por ciertas bravatas inútiles de Kirchner, ha servido para seguir trabando negociaciones de la Argentina con las principales potencias del mundo.
Resulta legítimo el derecho al disenso, cualquiera sea el oponente, sobre todo cuando se actúa en defensa del interés nacional. La pregunta que cabe es qué precio pagará Kirchner y pagará el país por hacer del desafío una costumbre política!"

Joaquín Morales Solá en La Nación:
"(...) No le gustó que Bush fuera a Uruguay en medio de un conflicto con la Argentina. Fue así de simple. ¿Le hubiera gustado a Néstor Kirchner que el presidente norteamericano viniera a Buenos Aires? Tampoco. Eso explica, más que otra cosa, la excitación chavista de las últimas horas y el hecho inédito de que un presidente le preste un país a otro presidente para que hable mal de un tercer presidente. No hay registro histórico de semejante transgresión, ni aun en la Argentina, que agobió al mundo con transgresiones.
Kirchner suele decir dos cosas: que el acto de anteanoche en Ferro fue una decisión de Chávez que él no podía prohibir, y que no está molesto por la visita de Bush a Uruguay en medio de la tensión por las papeleras del litoral. Se trata, desde ya, de puras formalidades. Muchos funcionarios de su gobierno participaron de la organización y del aporte de recursos y de militantes para el acto contra Bush. En el rígido mundo de Kirchner eso no se hace sin su explícito consentimiento.
Las cosas que no molestan ni siquiera se mencionan. Dicen que Kirchner, en cambio, las nombra una y otra vez. Está molesto, entonces, con la presencia de Bush en Uruguay. Y el acto de Ferro fue naturalmente disolvente del Mercosur. Dos socios de esa alianza, la Argentina y Venezuela, montaron un espectáculo casi agraviante para otros dos países del Mercosur, Brasil y Uruguay. No importa. Kirchner ha definido al Mercosur como una "ficción buena, pero ficción". Sólo le importan los petrodólares de Venezuela y algunas cosas de Brasil. Nada más.
Su vocación aislacionista es cada vez mayor. En el año 2006, Kirchner tuvo sólo dos actos internacionales con agenda propia: la visita a Buenos Aires de la reina de Holanda y una visita oficial suya a Madrid. La única relación reincidente e infaltable es con Chávez. Con él ha hecho importantes acuerdos comerciales y esas cosas no están en discusión. El problema es que la falta de una clara diferenciación política por parte de Kirchner lo está emparentando demasiado con el Duce de Venezuela. Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Jorge Castañeda, entre otros intelectuales destacados de América latina, acaban de fusionar a los dos en un mismo haz político.
(...)
Bush es un político en decadencia, con graves problemas internos, con tres guerras inconclusas en Medio Oriente (Irak, Afganistán y el Líbano) y con díscolas llamaradas de fuego en varios lugares de América latina. Su presidencia languidece, irremediablemente.
El otoño de Bush es una cosa y otra, el sistema de gobierno de ese país. Hay cuestiones, modos y políticas que son permanentes para ese sistema, sea quien sea el próximo presidente norteamericano o el partido político que gobierne la principal potencia mundial.
Kirchner sabe que puede hacer retos sin grandes riesgos. ¿Los haría ante un Bush en la plenitud de su poder? Seguramente no. Pero, por las dudas, está enhebrando otros acuerdos con Washington sobre lavado de dinero, narcotráfico y terrorismo. La condición de Kirchner es que los acuerdos no se noten y esos temas son secretos por naturaleza. Estas coincidencias no opacan, de cualquier manera, el estupor washingtoniano -y hasta el inocultable malestar- por los arrebatos "anti-Bush" de Kirchner al lado de Chávez.
Los riesgos no son muchos, pero algunos hay. El primero de ellos es que Washington eligió definitivamente como aliado estratégico de la región a Brasil. El presidente Lula no ha cambiado nunca sus posiciones de fondo sobre algunas políticas de Washington, muchas veces activamente críticas, pero no las ha llevado al maltrato político ni al agravio personal. Washington sabe que tiene en Brasilia a un interlocutor seguro.
Bush y Lula se volverán a ver en menos de un mes en Camp David, la exclusiva residencia de campo de los presidentes norteamericanos. Están urdiendo una alianza sobre biocombustibles y la Argentina podría ser una inevitable beneficiaria, porque produce lo que hace falta. ¿Seguirá, en cambio, hipnotizada por la billetera del caraqueño? (...).

Eugenio Paillet en La Nueva Provincia:
"(...) Se dice entre susurros, en pasillos oficiales, que la mismísima Cristina Fernández, conminada por su marido a guardar las formas mínimas, encabeza el lote de un sector moderado de la administración que ha puesto en la lupa la ligazón política --no la económica, que para todos ellos sigue siendo un buen negocio-- con Venezuela.
La primera dama, enfrentada secretamente con Julio de Vido por el exacerbado alineamiento que el ministro de Planificación muestra hacia el coronel bolivariano, sería cabeza de playa de un movimiento que propone poner en su justo término la relación entre Buenos Aires y Caracas.
Ella --dicen confidentes-- tiene más interés que ninguno, y de hecho más que su propio marido, en no romper del todo lanzas con Estados Unidos y con el mundo desarrollado, que mira espantado los avances de Chávez en el escenario latinoamericano y sus asociaciones peligrosas, como las que construye con Irán.
Se dice que si Cristina Fernández va a ser la candidata de la Casa Rosada en octubre, lo primero que reclama es evitar que en algunos círculos diplomáticos y empresarios, tanto de aquí como del exterior, en especial de Washington y Nueva York --donde CFK viene tejiendo sólidas relaciones con la comunidad demócrata-- se profundice la lectura según la cual Chávez parece moverse en su relación con Kirchner como si, en verdad, la Argentina fuese una provincia de Venezuela.
Hay un par de ejemplos. Nadie lo dirá públicamente, pero tanto Cristina como otros influyentes funcionarios del gobierno, entre ellos Alberto Fernández, que ahora aspiraría a seguir en su puesto si aquélla triunfara en octubre, decidieron tomar distancia y guardar prudente silencio sobre el show en contra de George Bush que Chávez montó en un estadio de fútbol ante grupos piqueteros y sociales del oficialismo solventados por la billetera gubernamental. Del mismo modo, son de los que dentro del andamiaje kirchnerista no se han entusiasmado ni un poquito con la foto que recorre el mundo por estas horas: Bush con Lula, con Tabaré Vázquez, con otros presidentes del continente, como los de Méjico y Colombia, pero lejos de Buenos Aires.
Es cierto que Kirchner, obligado a navegar a dos aguas entre los inagotables petrodólares de Chávez y la necesidad de no romper con el mundo del cual Bush forma parte, prefirió evitar cualquier gestión para incluir a la Argentina en la gira del mandatario norteamericano. Se dijo entonces --y el análisis no ha cambiado-- que esa presencia podría ser utilizada por la oposición para incomodar al gobierno en pleno arranque de la campaña electoral.
Entonces, mejor mantener a Bush lejos, al menos en esta instancia. Así fue. Pero aquel sector moderado no deja de lamentarse por el impacto que pueda tener en el exterior la foto del viernes, donde no aparece la Argentina.
Cristina no se ha cuidado de promover gestos adicionales que, para quienes quieran ejercitar la doble lectura de sus movimientos, vienen a cuento. Dejó correr la versión según la cual deliberadamente no acompañó a su marido en el anterior viaje a Venezuela, quizás molesta por el excesivo protagonismo que se le estaba dando a Chávez. Pero, además, como gesto ostensible de un distanciamiento con el bolivariano.
Ahora, irá el 24 de este mes a Caracas, invitada a un acto por la comunidad judía local, que quiere escucharla como oradora principal. La senadora no prevé mantener ningún contacto con Chávez o con funcionarios de su gobierno, bajo el paraguas de que se trata de una invitación de un organismo no gubernamental y de carácter privado. Pero no hay que buscar en los archivos para encontrar las graves acusaciones que los dirigentes judíos venezolanos han hecho contra el coronel. Se lo dijeron a Kirchner, cuando a su pedido éste los recibió en su último paso por la capital caribeña.
Conviene decir las cosas como son. Cristina Fernández quiere acomodar su figura internacional, y no es justamente pegada a Chávez. Pero la visita a Buenos Aires y el acto anti-Bush en Ferro Carril Oeste le fueron arrancados a Kirchner por el venezolano durante aquel encuentro en Caracas, hace un par de semanas. Hay más: fue De Vido, aliado furioso ultrachavista a los ojos de sus enemigos internos, quien sugirió a su jefe la conveniencia de no desatender el pedido. Si le hubiese sido permitido elegir, quizás tampoco NK habría convalidado una concentración que lo incomoda y lo deja mal parado ante gobiernos e inversores extranjeros (...)".