Cómo se construye la oposición: El caso de Chile

Después de haber comprado, con algunos amigos, el club de fútbol más popular de Chile, el Colo-Colo (pese a ser socio de la UC e insistir en que no lo hace por especulación política), Sebastián Piñera hizo algo más arriesgado: saltar por 1ra. vez en paracaidas, a los 56 años. Ya tenía los carnets de buzo y de parapentista. En tanto dice que le dará 100 días de tregue a Michelle Bachelet y luego le "marcará la cancha", según le explicó al diario El Mercurio, que lo consultó acerca de cómo hará para liderar la oposición.

POR MAURICIO CARVALLO

El instructor le dio un golpe en la pantorrilla, luego dos más. Era la señal, pero Piñera estaba aterrorizado la mañana del domingo pasado.

-Aferrado al pescante de la avioneta, me encontraba absolutamente paralizado -reconoce con la adrenalina todavía a flor de piel-. Cuando el instructor me golpeó por segunda vez, me dije qué hago aquí, a 10.000 pies de altura, colgando de un ala, con el fuerte viento en contra. Estaba a punto de arrepentirme cuando recibí el tercer golpe, mucho más fuerte, como diciéndome salta h...

Se dijo que desistir era un fracaso; que tendrían razón sus hijos que le plantearon, "mira el carnet; no vas a aprobar el curso y si lo pasas, no te vas a tirar".

-De hecho, mis instructores me dijeron que había una alta probabilidad de que no aprobara el curso y que era muy común que aprobándolo no saltara. Pero la verdad es que me sentía preparado. Además, les había dicho a mis hijos por qué no creían en quien, a pesar de sus 56 años, sigue teniendo el espíritu joven y la voluntad firme...

Piñera se soltó. "La primera sensación es de pánico. Me advirtieron que tenía que controlarme porque uno de los grandes problemas de los primerizos es que se paralogizan, simplemente caen a 250 kilómetros por hora y dependen de un pequeño paracaídas auxiliar que se abre por diferencia de presión. A pesar de todo, no perdí nunca la conciencia ni la concentración si bien di muchos vuelcos en el aire".

Esta experiencia describe a Sebastián Piñera mejor que un siquiatra. Es buzo, parapentista, piloto de helicóptero, ha bajado ríos torrentosos y escalado respetables montañas, y aun busca nuevas sensaciones. En todo campo.

El fin de semana siguiente (éste) lanzó su proyecto político en el consejo ampliado de su partido, Renovación Nacional.

Con la experiencia de la segunda vuelta presidencial y de la meditación en sus vacaciones ("las mejores de mi vida") Piñera trazó profundamente lo que quiere de aquí al 2009. "Quiero seguir en el servicio público. Es un compromiso y vocación de vida", sostiene, quien se sabe dueño de un capital mayor de votos que el de los partidos de la Alianza.

Y acuñó un nuevo término, "la democracia de las alternativas", distinto al de la "democracia de los acuerdos", que creó RN en el gobierno de Aylwin.

(...)

-¿Con qué expectativas volvió?

-En primer lugar, en la campaña logramos grandes cosas: la unidad de la Alianza, sembrar ideas, aprender del contacto con la gente y además obtuvimos casi la mitad de los votos. Así que tengo muchas expectativas. En el terreno político, distingo dos períodos: del 2006 al 2007 y el del 2008 al 2009. En el primero se desarrollará la luna de miel con Michelle Bachelet y la etapa más fecunda para que pueda hacer lo que prometió. Para eso, debe entrar desde el primer día con las ideas claras, las voluntades firmes, los equipos afiatados y el acelerador a fondo. Algo que le falta demostrar.

En este período no pretendo quedarme en la primera línea de la contingencia, sino estar presente en el mundo que más me fascina: el de las ideas, de las propuestas en materia de políticas públicas y también el de los proyectos físicos, reales, como el de hacer navegable una vez por todas el río Mapocho. Estoy trabajando intensamente en el parque Tantauco, en Chiloé; en el proyecto de las ballenas, y con los de la Fundación Futuro. En cambio, el segundo período será netamente electoral: habrá elecciones municipal, parlamentaria y presidencial.

-¿Y qué piensa hacer entonces?

-Comienza en marzo de 2008, y si le interesa, hablaremos en ese momento...

-No es difícil de imaginar... ¿Mientras, cuál debería ser el papel de la oposición frente a Bachelet?

-Hay algunos términos que hay que desterrar del léxico de estos tiempos, como ser blando, ser duro, negar la sal y el agua y ser incondicional. Creo en una oposición patriótica, leal e inteligente. Eso significa tener un espíritu constructivo, pero no equivale a esperar y apoyar pasivamente las propuestas del gobierno con las cuales coincidimos, sino también plantear activamente nuestras propias propuestas y convocar al gobierno para que las apoye. Debemos ser capaces de hacer una fiscalización mucho más profesional, rigurosa, fecunda y sistemática que lo que hemos hecho hasta ahora. No es sólo nuestro derecho, sino obligación con el país. Si la oposición no fiscaliza al gobierno, nadie fiscaliza, y eso constituye un verdadero caldo de cultivo para la corrupción.

-¿Qué entiende por oposición constructiva?

-En esto hay etapas. Durante los primeros 100 días, Michelle Bachelet tiene el compromiso de sacar adelante sus 36 medidas, y, por tanto, durante este tiempo ella va a tener gran parte de la iniciativa. Y nosotros, para ser consecuentes, tenemos que apoyar en forma entusiasta y resuelta todas aquellas propuestas que coincidieron con nuestro programa de gobierno. Ejemplo de este rol de apoyo es respaldar de inmediato la propuesta de aumento del 10% a las pensiones mínimas y la creación de la pensión asistencial universal. Pero también intentaremos corregir, modificar y eventualmente rechazar todas aquellas iniciativas con las cuales simplemente discrepamos. Aquí se encuentra el rechazo al aumento de las contribuciones a la clase media. Es decir, hay tres actitudes nuestras: construtiva, pasiva y activa de fiscalización. La prioridad y el liderazgo van ir graduándose: los primeros cien días serán básicamente de Bachelet y después esperamos tomarlos nosotros.

-Es decir, ¿le da 100 días de gracia?

-No, eso parece un ultimátum prematuro. Simplemente, es exigir consecuencia. Los dos primeros años, pero especialmente los cien días iniciales, Bachelet tendrá la gran oportunidad de cumplir lo que prometió. Tanto el gobierno y como la oposición deben ser consecuentes con sus respectivos programas de gobierno.

-¿Y después de los 100 días?

-Vamos a tomar la iniciativa. Plantearemos nuestras propias propuestas, especialmente en aquellos temas en que la Concertación no ha sido capaz de resolver los problemas, o donde sus propuestas de futuro son de gran pobreza. La iniciativa deberá ser cada vez más compartida entre gobierno y oposición. El espíritu constructivo nunca debe ser pasivo, y tiene que ir transformándose en una democracia de las alternativas, en que nosotros seamos capaces de proponer medidas y convencer al gobierno de apoyarlas.

Espero que esta actitud constructiva-activa se vaya fortaleciendo a medida de que nos acerquemos al término del mandato de Bachelet. Por ejemplo, en este campo deben tener primera prioridad los temas que la Concertación no ha sido capaz de abordar en el pasado, y en que las propuestas de Bachelet son pobres. Por ejemplo, mejorar la calidad de la educación; empezar a derrotar a la delincuencia; innovar y modernizar las estructuras del Estado; fortalecer las áreas de innovación, ciencia y tecnología, e incorporar mayor flexibilidad a la sociedad y economía chilenas para adecuarse a los nuevos tiempos, cuya esencia es el cambio.

-¿Quedó atrás el referente que iba a formar con la UDI?

-No, la Alianza está viva, pero tiene por delante grandes tareas y transformaciones. Como en la campaña, sigo creyendo que no basta con ella. Si realmente queremos llegar al gobierno tenemos que construir una coalición mucho más amplia. Que sea capaz de incorporar a mucha gente de centro, independiente, que pueda haber estado con la Concertación, pero que hoy comprende que no es el mejor camino. Esa tarea fue uno de los grandes logros de mi campaña presidencial. A nivel parlamentario, la Alianza sacó el 38%; en cambio, a nivel presidencial, 48,5% en primera vuelta y 46,5% en la segunda. De hecho, RN a nivel parlamentario sacó 15 puntos y yo en la primera vuelta saqué 26,5. Es decir, logramos incorporar entre un 10 y un 11%, que no estuvieron con la Alianza y sí con mi candidatura presidencial.

Entonces hay allí una tremenda disyuntiva: si la Alianza aspira solamente a ser el 38% significa que acepta su destino de minoría, y además, minoría decreciente, porque en alguna oportunidad sacamos el 44% a nivel parlamentario. En cambio, si la Alianza se da cuenta de que es el 48,5%, significa que estamos a las puertas del futuro gobierno. Lo mismo pasa con RN. Si se contenta con los 15 puntos significa que seremos el partido pequeño dentro de una minoría decreciente. En cambio, si recuperamos mi 26,5%, podemos ser el partido líder dentro de una mayoría que se prepara para llegar al gobierno.

-Es decir, ¿se siente un capital político que no se debe desperdiciar?

-Mire, no me gusta personalizar, pero tampoco soy ciego. Estoy plenamente consciente de que los candidatos a parlamentarios de RN sacaron un millón de votos y yo un millón 750 mil; es decir, un 75% más. Es algo que no podemos tirar por la borda. Y también tengo conciencia de la encuesta El Mercurio-Opina respecto de los liderazgos de la centroderecha: me pone en un primer lugar muy destacado, con el 40% y el siguiente (Lavín) con el 17%. Y, por lo tanto, siento esa responsabilidad y no voy a defraudar a todos aquellos que confiaron en nuestras propuestas, ideas y persona.

-¿Y RN necesita un fuerte liderazgo para que sus votos no se le escapen?

-Los partidos políticos, como todas las organizaciones, deben tener ideas y propuestas claras. Requieren también instituciones, organización. Pero, finalmente, y esto es insustituible, requieren liderazgos que encarnen, que representen estas ideas y esas organizaciones. Sin duda, RN necesita un liderazgo más moderno, democrático, más amplio, global, tolerante, con mayor capacidad de acoger.

-¿Por qué no se presentó entonces para presidirlo?

-Porque yo creo en los equipos de trabajo. Y cada uno tiene su rol. Yo cumplí el mío como candidato presidencial y ahora voy a cumplir aquel que ya le planteé.

-El senador Alberto Espina habría podido apoyarlo. ¿Por qué se bajó?

-Tengo muy buena opinión de Espina, de Carlos Larraín y Pedro Sabat. No quiero personalizar esta discusión, pero creo que hemos puesto la carreta delante de los bueyes. Porque la elección es a fines de mayo, y faltan todavía dos meses. Lo lógico era hacer un diagnóstico de lo que está pasando con Chile desde un punto de vista político, económico, social, cultural y tecnológico; ver cómo estamos insertos en la sociedad, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades, cuál es nuestro proyecto de futuro. Recién entonces deberíamos encontrar los equipos y los liderazgos. Desde este punto de vista, critico a ciertas candidaturas que, en forma irreductible, han creado listas e iniciado el proceso electoral de conquista de adhesiones antes de estar con la mente y corazón abiertos para este debate.

-Espina explicó por qué no se presentó: no habría lista unitaria, existe pugna por el poder y carencia de ideas...

-Espina manifestó que no estaban dadas las condiciones; ésa fue su apreciación y la respeto. Pienso que RN está preparada para vivir un verdadero renacimiento. Recordemos que surgió a la vida política a fines de los 80 con un protagonismo sin igual, y después sufrió un período de decadencia. Pero ahora noto en su interior lo fundamental: ganas, voluntad, la fuerza. Por lo tanto, quiero pedir a todos los candidatos que sean capaces de contribuir a que este renacimiento tenga larga vida. Que actuemos con la altura, generosidad, grandiosidad que se requieren cuando se viven estas grandes oportunidades.

-El senador Sergio Romero sostuvo que la directiva de RN no debe servir para proyectos personales...

-Bueno, sin duda que la política y los partidos no pueden girar en torno a proyectos personales sino a proyectos compartidos. ¡Pero también requieren liderazgos! Si lo que plantea Romero es que el liderazgo debe estar en función de una causa, estoy de acuerdo con él. Pero estoy en desacuerdo si plantea que las causas no deben tener liderazgos.

-¿Ve en los candidatos que quedan, Sabat y Larraín, alguna propuesta para conservar sus 750 mil votos?

-No conozco proyectos ni propuestas de ninguno de los candidatos. Y creo que es muy necesario que esas ideas y esos proyectos salgan a la luz pública.