Si todavía viviera el capitán ingeniero Álvaro Alsogaray probablemente la del título sería la consigna que plantearía frente la actual coyuntura económica.
VICTOR BEKER
La melancolía por la inflación de los años impares
La inflación no es un fenómeno exclusivamente monetario ni exclusivamente fiscal sino multicausal. El éxito de la estrategia anti-inflacionaria requiere de un ataque simultáneo a todos los factores inflacionarios. Y resulta muy difícil proponerlo sin tener una política de ingresos. Pero la Administración Macri lo propone para intentar corregir lo que hizo mal desde diciembre de 2015. La coyuntura no provoca expectativas alentadoras, al menos en lo que queda de 2018, recuerda el autor, ex Director de Estadísticas Económicas del INdEC, y profesor de la Universidad de Belgrano y de la UBA.
Argentina se encuentra sumida en un proceso de estanflación, esto es de recesión con inflación. O sea que estamos en el peor de los mundos posibles: aumentan significativamente los precios y, simultáneamente, cae el nivel de la actividad económica.
La inflación marcó un pico en setiembre con un incremento del 6,5% en los precios al por menor y del 16,0% en los mayoristas; por otra parte, la actividad económica cayó un 4,2% en comparación con igual periodo de 2017.
Las perspectivas no son mejores para lo que resta del año. La mayoría de los pronósticos coincide en que la inflación minorista no será inferior al 45% anual y que el PBI caerá al menos un 2,5%.
La conducción económica –con el aval del FMI- adhiere a la teoría que la inflación es un fenómeno exclusivamente monetario y propone, en consecuencia, enfrentarla con una sola herramienta: la política monetaria. Esta se expresa en la regla de emisión cero hasta junio del año próximo.
En realidad, la inflación es un fenómeno multicausal y para hacerle frente se requiere de un plan integral y coordinado que ponga al servicio de este objetivo el conjunto de los instrumentos de la política económica: la política monetaria pero también la política fiscal, cambiaria y de ingresos –acuerdo de precios y salarios. Todos ellos deben converger al logro de la meta de inflación prefijada. El éxito de la estrategia anti-inflacionaria requiere de un ataque simultáneo a todos los factores inflacionarios.
La clave reside en utilizar todos los instrumentos conjuntamente. Cualquier medida parcial no da resultado. En particular, reducir la emisión monetaria aisladamente sólo producirá más recesión ya que los precios seguirán aumentando y el ajuste se hará vía caída del nivel de actividad: el resultado será una profundización de la estanflación.
Plantearse un objetivo de emisión cero con una inflación en torno al 45% equivale a clavar súbitamente los frenos a un tren bala que marcha a 300 km por hora: lo más probable es que descarrile.
Posiblemente logre el objetivo de estabilizar el tipo de cambio pero al costo de profundizar la recesión con la consiguiente caída en las horas trabajadas, suspensiones de personal, cierre de empresas y aumento en los niveles de pobreza.
En efecto, supongamos que se duplican los precios y la cantidad de dinero permanece constante, inevitablemente la cantidad de transacciones en la economía caerá a la mitad.
Por consiguiente, parece difícil avizorar mejoras en el panorama económico para lo que resta del año, más allá de alguna merma en la inflación mensual luego del pico registrado en septiembre.
Recién a partir de marzo, con el comienzo de la comercialización de la cosecha fina –y siempre que las condiciones climáticas favorables se mantengan- se iniciará cierta reactivación económica centrada en el complejo agroindustrial.
También es posible prever para el próximo año un aumento de las exportaciones industriales hacia Brasil, lo cual mejorará la situación de la industria automotriz, que ha recurrido a las suspensiones de personal ante la fuerte caída experimentada en sus ventas al mercado interno.
También el sector turismo puede hacer una contribución positiva al nivel de actividad en la medida que la paridad cambiaria estimule el turismo receptivo.
Más difícil resulta hacer previsiones en materia de inflación. Todo despenderá del comportamiento que tengan el tipo de cambio, las tarifas y los salarios.
El Presupuesto prevé un tipo de cambio sin mayores cambios, las tarifas seguirían el ritmo de la inflación pero en un año electoral parece difícil volver a recurrir al atraso salarial como variable de ajuste. Un objetivo deseable sería volver a la inflación de los últimos años impares: en 2013, 2015 y 2017 estuvo en torno al 25%.








