EL NUEVO ORDEN

Informe Especial: El juego que ganaron rusos y árabes

Ocurren negociaciones y coincidencias muy importantes, que impactan sobre la estructura del comercio global, y las bases de un Nuevo Orden industrial. Una porción considerable de esa trama pasa por Vladímir Putin, y su madeja de vínculos. Luego de visitar a su colega chino Xi Jinping, recibió en Moscú al hombre fuerte de Arabia Saudí, Muhammed ibn Salman Al Saud, y el resultado fue muy pero muy importante. El artículo, hallazgo de Hernando Kleimans, permite comprender qué es lo que está sucediendo, y le permite un nuevo marco a Vaca Muerta.

El mismo día en que con la presencia del titular de la FIFA, Gianni Infantino, el presidente ruso Vladímir Putin junto con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Muhammed ibn Salman Al Saud, observaban la derrota de la selección saudí a manos del equipo ruso, se llevaba a cabo otro tipo de “juego” entre los representantes de ambos países. Los participantes de este partido (diferente al 5 a 0 en el partido de fútbol), por cierto, se despidieron al final, totalmente satisfechos el uno del otro y casi como amigos ejemplares.

Si hablamos con sencillez, las partes acordaron la creación de mecanismos de control sobre los mercados petroleros globales, incluyendo en el de la formación de precios.

No se trata de ningún “cartel”, por supuesto, tipo Organización de Países Exportadores de Petróleo.

Las delegaciones de la Federación Rusa y el Reino de Arabia Saudí, formalmente “apenas” acordaron trabajar conjuntamente con todos los firmantes de la “declaración sobre cooperación” para la creación de una estructura a largo plazo de interacción, así como invitar a la cooperación a los demás grandes productores de petróleo.

Sin embargo, en la práctica, ambos países tomaron para sí la responsabilidad de la estabilidad del mercado petrolero.

En los informes oficiales se señala que los participantes están dispuestos a “asegurar el respaldo del petróleo y del gas en calidad de elementos claves del balance energético mundial en la formación de la agenda mundial de regulación”.

Es decir: las acciones coordinadas

> de los miembros del cartel petrolero de la OPEP, que regulan en primer lugar precisamente los sauditas,

> más las acciones del grupo de países extractores de petróleo independientes encabezados por Rusia,

demostraron por completo la efectividad de las acciones coordinadas en los mercados mundiales. Aquí todo es totalmente evidente: el valor del barril volvió a cifras confortables para los países extractores. Si el mecanismo de semejante regulación global funciona, no existe entonces ninguna razón para cambiarlo o romperlo incluso en condiciones de la presente estabilización.

En consecuencia, tiene sentido pasar del trabajo de los coordinadores a una base permanente, establecer canales de intercambio de información y formalizar o reforzar de otro modo el orden de adopción de decisiones conjuntas.

Pero esto no es todo.

En todo lo que ocurre ahora en los mercados energéticos mundiales, además de las tendencias de precios totalmente positivas desde el punto de vista de los países extractores, existe también la sensación de una cierta injusticia general global.

No todos redujeron la extracción. En cambio, el beneficio lo reciben todos, incluyendo los que “no se unieron”.

Por eso Moscú y Riad están dispuestos a proponer a los demás países a adherirse al acuerdo global de reducción de la extracción petrolera (OPEP+).

Tal como lo consideran los analistas, se trata de los grandes productores, entre los que se destacan USA, Canadá, México y Kazajstán. No, nadie va a “arrastrar” allí a la fuerza a nadie, desde luego. Corresponde simplemente recordar que la potencia sectorial conjunta de Riad y Moscú es suficiente para regular los mercados mundiales no en nombre del interés general sino exclusivamente en sus propios intereses.

Los precios, en determinadas circunstancias, no sólo pueden crecer.

El fortalecimiento (inclusive a cuenta de nuevos partidarios) del OPEP+ presupone que, en caso de debilitamiento o, por el contrario, excepcional fortalecimiento de las cotizaciones petroleras, la poderosa organización con un centro coordinador más formalizado podrá de modo mucho más operativo manipular el mercado. Ordenar eficientemente el valor no sólo de este activo energético, sino incidir en la formación de precios en el mercado gasífero. Allí los precios, como es conocido, se determinan al fin de cuentas por el valor del petróleo.

Para las “elevadas partes concordantes” y los demás, existen otras cuestiones no menos vitales.

Por ejemplo, la especulación con el “petróleo de papel” en las bolsas, en su estado actual, no le conviene ni a Moscú, ni a Riad, ni incluso a los petroleros norteamericanos, a diferencia de los especuladores de las bolsas y hedge funds estadounidenses.

En principio, esta cuestión debe ser resuelta por los petroleros y lo mejor es hacerlo en conjunto.

Por cierto, todavía se desconoce cómo hacerlo: Arabia Saudita y Rusia por ahora apenas “acordaron hacer el próximo paso”. Pero lo importante, reiteramos, es que declararon ser capaces de “tomar la responsabilidad por la estabilidad de los mercados”.

La creación de un organismo especial coordinador (por lo que entendemos, se trata de algo así como una “comisión permanente”) ya habrá de aparecer, en cierto modo, como “el contorno de nuevo orden mundial”, por lo menos en lo que hace a energía. Sobre lo que en los últimos años tanto se ha hablado en los niveles más distintos y lo que de repente comienza directamente ahora a presentarse como inesperadas y grandes pinceladas.

Este “Nuevo Orden”, ya es comprensible, será no “etéreo-posindustrial” ubicado en el ámbito de la “economía creativa”.

No es casual que la fuerza motriz principal de la “nueva industrialización” en los EE.UU. deba ser, según la opinión del presidente Donald Trump, la extracción y elaboración de los portadores energéticos, la infraestructura y el complejo industrial militar.