“Hemos publicado datos que sugieren que la principal causa de la obesidad creciente a lo largo de las últimas 5 décadas es el declive dramático en la actividad física”, observó según el Dr. Chip Lavie, del Instituto Cardiaco y Vascular John Ochsner, en Nueva Orleans (USA).
AVANCE CONTRA LA OBESIDAD
Duro debate sobre genes vs. obesidad pero moverse es buenísimo
Los estudios muestran que las personas con una variante particular del gen de la obesidad, llamado FTO, tienen un mayor riesgo de obesidad. Pero los efectos del gen no son inevitables. La investigación ha encontrado que las personas que portan 2 copias de la variante FTO (una heredada de cada progenitor) pesan unas 6.5 libras (casi 3 kilos) más, en promedio, que las que no las portan. Los nuevos hallazgos subrayan una forma de contrarrestar el impacto del gen: hacer ejercicio. La divulgación del estudio se superpone con otro, publicado en la revista Cell Metabolism, que reveló que las personas suben de peso al alcanzar la mediana edad por el efecto de una enzima.
“Hay genes que parecen tener un impacto directo en el peso, pero los efectos son pequeños”, apuntó la investigadora líder Mariaelisa Graff, de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill.
Los resultados del estudio no son sorprendentes, según dijo el Dr. Timothy Church, profesor de medicina preventiva en el Centro de Investigación Biomédica Pennington de la Universidad Estatal de Luisiana: “Esto muestra una vez más que los genes no son el destino”.
Church dijo que el ejercicio regular es particularmente importante para prevenir el aumento excesivo de peso, en primer lugar, y para evitar recuperar el peso después de haberlo perdido.
El ejercicio es menos efectivo para ayudar a las personas obesas a perder peso, señaló Church. En ese caso, los cambios en la dieta son esenciales.
El ejercicio es importante, independientemente de los genes, según Chip Lavie, quien no participó en el estudio, pero apuntó hallazgos de su propia investigación: dejando de lado las membresías en los gimnasios, hoy en día los estadounidenses son menos activos en el trabajo, en casa y durante el tiempo de ocio.
Y los beneficios del ejercicio van más allá del control del peso, enfatizó. La actividad física mejora los niveles de aptitud de las personas, lo que, según Lavie, es esencial para prevenir la enfermedad cardiaca y vivir una vida más larga y sana.
Los nuevos hallazgos se basan en más de 200.000 adultos, la mayoría de ascendencia europea, que participaron en estudios de salud anteriores.
Graff y sus colaboradores analizaron información sobre su peso y sus hábitos de ejercicio, y observaron cómo esos factores “interactuaban” con 2.5 millones de variantes genéticas.
Y en general, su equipo encontró que las personas activas que portaban la variante del FTO vinculada con la obesidad parecían ser más resistentes a sus efectos que las sedentarias.
En promedio, el ejercicio debilitó los efectos de la variante en más o menos un 30%, reportaron los investigadores en la edición de la revista PLOS Genetics.
Hubo ciertas pistas de que el ejercicio también afectaba a otros genes relacionados con el peso. Pero la única relación clara fue con la variante del FTO, según Graff.
Anotó que podría estar relacionado con la forma amplia en que el estudio examinó el ejercicio. Se consideró que el 23 % de las personas que eran menos activas eran “inactivas”, mientras que todas las demás se consideraron como “activas”.
Church dijo que cree que la investigación sobre la genética del peso corporal se hará cada vez más útil.
Si ciertas variantes genéticas afectan la respuesta de las personas a una dieta baja en carbohidratos o al ejercicio aeróbico, por ejemplo, eso podría ayudar a “personalizar” los planes para perder peso, sugirió.
Otro enfoque de la obesidad
La divulgación del estudio se superpone con otro, publicado en la revista Cell Metabolism, que reveló que las personas suben de peso al alcanzar la mediana edad por el efecto de una enzima.
La investigación, realizada en el Instituto Nacional del Corazón, Pulmones y Sangre de Estados Unidos, apunta a encontrar razones genéticas para la obesidad en los adultos, más allá del estilo de vida o la falta de ejercicio.
En el estudio, los científicos administraron a un grupo de ratones alimentados con grasas un inhibidor que bloqueaba el efecto de esta enzima, mientras en otro conjunto la dejaron funcionar normalmente.
Así hallaron que en el grupo que había recibido el inhibidor, la subida de peso era un 40% menor.
“Este trabajo indica que nuestra tendencia a aumentar de peso no se debe solo a malas elecciones en el estilo de vida o a la falta de voluntad”, apuntó Jay Chung, uno de los autores del estudio e integrante del Laboratorio de Investigación en Obesidad y Envejecimiento.
“Hay un programa genético que lo maneja”, agregó.
La investigación vincula por primera vez la acción de esta enzima con la edad y la obesidad, lo que para los investigadores tiene también derivaciones hacia la búsqueda de una solución a otras enfermedades crónicas como la diabetes.
Los expertos saben que bajar de peso es más difícil a partir de entre los 30 y 40 años, pero no terminan de comprender los cambios biológicos que provocan que las personas suban de peso a partir de la mediana edad.
Al investigar estos cambios en animales, encontraron que la enzima DNA-PK aumenta su actividad con la edad.
La enzima no solo estimula la conversión de nutrientes en grasas, sino que disminuye la cantidad de mitocondrias, los espacios en las células que toman esa grasa y la transforman en energía para el cuerpo.
Para los investigadores, este descubrimiento abre la puerta para el desarrollo de un nuevo tipo de medicación para perder peso que puede funcionar inhibiendo la actividad de la DNA-PK.
Sin embargo, advirtieron, los fármacos que inhiben la enzima todavía no han sido probados en humanos.
Precisamente, a los investigadores les gustaría desarrollar un mejor inhibidor, según dijo Chung.









