ENCUENTRO IMPORTANTE EN ALEMANIA
La nueva derecha europea promete "el inicio de una primavera patriótica"
En Coblenza, ciudad alemana donde confluyen los ríos Mosela y Rin, se reunieron la francesa Marine Le Pen, el holandés Geert Wilders, la alemana Frauke Petry y el italiano Matteo Salvini, entre otros, autodenominados “líderes de la nueva Europa”, decididos a transformar el continente en las elecciones que se celebrarán en 2017 en al menos los 3 primeros países. El encuentro comenzó horas después que Donald Trump asumió como Presidente de USA: un outsider que ellos consideran un caso a imitar.
“Su mundo se derrumba, el nuestro está siendo construido”.
Florian Philippot,
Frente Nacional,
09/11/2016.
La presidenta del partido ultraderechista francés Frente Nacional (FN) y candidata a las elecciones presidenciales, Marine Le Pen, se ha mostrado convencida de que tras el 'Brexit' y la victoria de Donald Trump en EEUU, "2017 será el año del despertar de los pueblos de la Europa continental".
En un congreso del grupo de Europa de las Naciones y las Libertades (ENF) del Parlamento Europeo organizado en Coblenza (oeste de Alemania) por el partido de la derecha radical Alternativa para Alemania (AfD), Le Pen pronunció un discurso eurófobo plagado de críticas a los partidos tradicionales.
"Vivimos el fin de una era y el nacimiento de una nueva", declaró la política gala durante la celebración de un congreso que reúne en la ciudad alemana de Coblenza a la plana mayor de la ultraderecha europea.
Coblenza o Confluentes (en alemán: Koblenz), a 92 Km. de Colonia, se extiende a ambos lados del Rin en su confluencia con el río Mosela. Unos 110.000 habitantes para una localidad que era uno de los puestos militares establecidos por Druso el Mayor en el 8 a.C. (soldado de gran prestigio y popularidad que nació como Nerón Claudio Druso Germánico, hijo de Livia y de su primer esposo, Tiberio Claudio Nerón. Hermano del que sería emperador, Tiberio, fue muy favorecido por el emperador Augusto, 2do. esposo de Livia).
Coblenza exhibe unas extensas fortificaciones defensivas que circundan la ciudad al oeste, y la fortaleza Ehrenbreitstein al lado opuesto del Rin. A la Orden Teutónica se le concedió un espacio para fijar su casa de los caballeros alemanes (Deutschherrenhaus) justo en la orilla de ambos ríos, por lo que se le conoció más tarde como Esquina Alemana (Deutsches Eck), recuerda Wikipedia.
A finales del siglo XIX se construyó un monumento a la gloria del Imperio alemán (recientemente constituido gracias a Otto von Bismarck), cuya pieza central era una escultura ecuestre del Emperador Guillermo I de Alemania.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la estatua del Emperador fue destruida por el ejército estadounidense. La administración francesa de ocupación intentó derruir completamente el monumento y quiso reemplazarlo con uno nuevo.
En 1953, el presidente de la República Federal de Alemania Theodor Heuss dedicó el monumento a la unidad de Alemania, añadiendo signos de los otros estados federales del oeste, así como los perdidos en el este. La bandera de Alemania fue colocada sobre el pedestal que antes portaba el monumento al Emperador. El Sarre fue añadido cuatro años más tarde tras definirse el Estatuto del Sarre.
El 3 de octubre de 1990, el mismo día que se unieron los estados de la difunta República Democrática Alemana, sus signos fueron añadidos al monumento.
Como la reunificación alemana se consideró completa, y las áreas bajo la administración polaca fueron cedidas a Polonia, el monumento perdió su propósito oficial activo, siendo, pues, un recuerdo de la historia pasada. En 1993, la bandera de Alemania fue reemplazada por una copia de la estatua del Emperador, donada por una pareja local. Posteriormente se han agregado banderas de diferentes estados de la Unión Europea.
"La canciller alemana (por Angela Merkel) se presenta en los medios franceses como una heroína humanitaria por haber acogido a los refugiados, pero no se les pregunta a los alemanes qué piensan de esta política migratoria", agregó Le Pen.
La candidata del Frente Nacional a las elecciones francesas fue la primera política de la ultraderecha europea en tomar la palabra durante el acto que está concebido como el inicio de la campaña electoral de cara a las citas con las urnas que este año tendrán lugar en Francia, Alemania y Holanda.
Tras la decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea (UE) y de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, Le Pen señaló que 2017 será "el año del despertar de los pueblos de Centroeuropa".
"El tiempo en el que los nacionalistas en Europa eran grupos marginales se ha terminado. En esta nueva etapa se trata de lograr mayorías en las urnas", insistió Marine Le Pen en su primera participación pública en Alemania, la líder del FN tuvo también palabras para los militantes del partido populista de derechas Alternativa para Alemania (AfD), una formación que a la que las encuestas sitúan como tercera fuerza política de cara a las elecciones de septiembre de este año.
"Ustedes son el futuro de Alemania", les dijo la política francesa a los simpatizantes de esta formación de tintes xenófobos al final de su intervención.
Meses atrás, esta reunión habría sido imposible. Frauke Petry, copresidenta de los populistas antiinmigración de Alternativa para Alemania (AfD), negaba hasta hace poco cualquier vínculo con figuras como Le Pen o Wilders.
El trauma del nacionalsocialismo aún pesa en Alemania, por lo que los populistas estaban habituados a un lenguaje algo más moderado. Pero el éxito de Trump en USA y las cada vez mejores expectativas electorales de AfD –las encuestas les pronostican un cómodo tercer puesto-, han convencido a sus dirigentes de las ventajas de un tono cada vez más bronco y de mostrar una creciente sintonía con los radicales europeos.
AfD, un partido que se presenta como liberal-conservador pero que coquetea cada vez más abiertamente con la ultraderecha, ha protagonizado esta semana una nueva polémica que muestra su voluntad de romper tabúes que parecían intocables.
Björn Höcke, líder regional del partido y representante de su ala más radical, escandalizó a muchos al reclamar “un giro de 180 grados” en la cultura imperante en Alemania de mantener vivo el recuerdo de los crímenes nazis. Él protestó por formar parte del único país del mundo que dedica un espacio en el centro de su capital al episodio más negro de su historia, en referencia al monumento de Berlín en recuerdo del Holocausto judío. Y para ello usó una expresión confusa, que tanto podía significar “monumento vergonzoso” o “monumento en recuerdo de la vergüenza”.
La propia Petry, rival interna de Höcke, arremetió contra su compañero de partido, al que definió como “un lastre para AfD”. Otros líderes le han llamado directamente “nazi”.
Tras el escándalo, el protagonista dijo que se le había malinterpretado, repitiendo una mecánica ya habitual en esta formación: alguien lanza declaraciones explosivas que más tarde pueden ser matizadas. Los populistas logran así un doble objetivo: acaparar la atención durante unos días y contentar a sus bases más radicales. Y a los más moderados se les tranquiliza con el argumento de que todo se debe a una malinterpretación interesada de “la prensa mentirosa”.
No es casual que AfD negara la entrada al acto de Coblenza a esos mismos periodistas a los que acusa de mentir. El partido se negó a acreditar a medios tan importantes como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Der Spiegel, o la televisión pública ARD, aunque a última hora cambió de opinión. Los populistas alemanes emulan así otra de las prácticas del recién estrenado presidente de EE UU, que en su última rueda de prensa negó la palabra al periodista de la CNN, canal al que acusó de ser la encarnación de las fake news (noticias falsas).
Por su parte, el líder del ultraderechista Partido por la Libertad (PVV) holandés, Geert Wilders, ha clamado contra la "islamización" del continente y augurar "el inicio de una primavera patriótica en toda Europa".
"Ayer, una nueva América; hoy, Coblenza; y mañana, una nueva Europa", afirmó Wilders, quien encabeza las encuestas para las elecciones legislativas de marzo en Holanda, consideró "inaceptable" que los ciudadanos europeos teman por su futuro o su seguridad o que las mujeres alemanes "tengan miedo de mostrar su pelo rubio".
A su juicio, los gobiernos y las élites europeas -los partidos tradicionales, las iglesias y los medios- ocultan la verdad y apoyan incluso la islamización de la sociedad, sin ser capaces de denunciar, por ejemplo, que "el islam no respeta la igualdad entre hombres y mujeres".









